<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710</id><updated>2012-01-14T15:51:15.954-04:30</updated><category term='FARC'/><category term='Colombia'/><title type='text'>Guerra nuestra</title><subtitle type='html'>Crónicas de José Roberto Duque. Acá leerán las policiales, publicadas en El Nacional y El Mundo (1996-2000), y otras. Pueden disponer de ellas libremente. En el caso de las policiales tengan en cuenta, por favor, que los casos, nombres, referencias y lugares son reales. Les pido además que, al publicarlas, citen su procedencia y su autoría</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>63</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-3671354999156705485</id><published>2008-05-22T17:44:00.002-04:30</published><updated>2008-05-22T17:48:24.910-04:30</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='FARC'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Colombia'/><title type='text'>Colombia: Cóndor herido</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:85%;" &gt;En &lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(255, 0, 0);"&gt;septiembre del año 2000&lt;/span&gt;, el autor fue al sur de Colombia, en una zona de despeje pactada en ese entonces con el presidente Andrés Pastrana, para realizar una serie de crónicas y reportajes para el peripódico Tal Cual. Acá publicaré la primera de esas crónicas, tal como fueron publicadas en su momento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;______________&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;La serie de reportajes que hoy se inaugura es producto de una visita realizada a la zona de despeje o de distensión, justo cuando la guerra tiende a recrudecer y es un hecho la implantación del Plan Colombia. Hoy el análisis se centrará en el pueblo de San Vicente del Caguán, capital del municipio ubicado en el departamento del Caquetá que ha servido de escenario de las conversaciones de paz, para darle un respiro territorial a la guerrilla y para aproximarse a lo que es, de hecho -aunque no de derecho-, un municipio gobernado por las FARC. En entregas sucesivas se hablará de la vida en un campamento guerrillero, se presentarán entrevistas con algunos comandantes y se hará el registro de una visita a un cultivo y un laboratorio de coca&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;___________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En San Vicente del Caguán, lo único que resulta más fácil que toparse de frente con un guerrillero es toparse de frente con una guerrillera. Después vienen las tabernas, los lugares plenos de música a toda hora, y los comercios. En ese orden. Ese decorado deja una sensación que puede asemejarse a la de la prosperidad, pues el espectáculo de tantos ciudadanos entregados a la recreación y a las compras no deja lugar para el olor a miseria. Sólo que existe cierta frontera donde la felicidad se confunde con la simple euforia, y es allí donde comienzan a percibirse los primeros desajustes: un pueblo cuyos bares y tabernas están abiertas (y llenas) el domingo a las seis treinta de la mañana tiene que ser un pueblo demasiado feliz o demasiado ansioso de entregarse a la evasión y al olvido.&lt;br /&gt;Para quien escuchó decir en Bogotá, el día anterior, que San Vicente es el municipio más seguro de Colombia, puede parecer natural el que las requisas en los lugares nocturnos (y vaya que hay lugares nocturnos en ese pueblo) sean realizadas apenas por un puñado de policías civiles “armados” con sendos rolos de madera. Un vistazo más detenido aclara las cosas: hasta el más borracho o el más libertario de los comensales permite que los policías ¬requisen y pidan documentos a placer sólo porque allá afuera, a escasos metros (y a veces en el interior mismo del local) permanece una escuadra de combatientes de las FARC, y esto ya cambia un poco el panorama: el respeto que un triste rolo de madera no logra infundir en el ánimo de nadie, lo infunde con su sola presencia de un fusil de asalto AK-47 de fabricación soviética.&lt;br /&gt;Pero, más allá del fetichismo maquiaveliano de las armas, está el hecho de que las FARC hacen las veces de gobierno en muchos aspectos de la vida que en el papel le corresponderían a las autoridades municipales. La guerrilla tiene en las afueras una oficina de Quejas y Reclamos adonde los ciudadanos llevan toda clase de denuncias: allí se escuchan casos como el del padre que no le da la pensión correspondiente a su hijo, el del empleado de la zapatería a quien botaron justa o injustamente, el del vecino que derribó una cerca y no hay querido pagarla, el del pichón de delincuente que robó o causó algún estrago. Según el caso, la guerrilla le impone al infractor una sanción que puede ser una multa o unos días de trabajo en el campo o la carretera en construcción. Cuando se trata de un hampón, un consumidor o distribuidor de drogas, se le exige que abandone el municipio. Al acusado le queda otra alternativa, pero huele demasiado a sangre y a pólvora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mejor postor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche del miércoles 30 de agosto, en el bar El Mexicano, el de prestigio más explosivo de la zona, un cartelito hacía un anuncio espectacular: “Hoy, 11 pm, gran streep tease, dos hermosas chicas incluyendo la rifa de una de ellas, más una caneca de aguardiente. Valor de la ficha: 2.500 pesos”. Súbito ataque de moralismo. Había que hacer algo para detener aquel acto de entrega de la mujer-botella, así que tomamos cartas en el asunto: compramos cuatro números. La noche prometía.&lt;br /&gt;Casi 1.000 kilómetros hacia el norte, en la ciudad de Cartagena, otra rifa grandiosa ponía en la ruleta de la historia el destino de muchos colombianos: Bill Clinton daba algunas declaraciones decisivas mientras recorría las calles y apretaba manos y cachetes por doquier. El Plan Colombia estaba, ahora sí, en plena marcha. Al presidente Pastrana la sonrisa no le cabía en la cara; la bolita comenzó a girar en la rueda y él tenía en sus arcas el grueso de la apuesta. La visita de Clinton le subió la popularidad de 24 a 45 por ciento, mientras la de las FARC debe haber bajado de 3 a 1,5 por ciento con los últimos ataques. Las perspectivas son de lo más interesantes.&lt;br /&gt;La bolita deja al fin de girar y se detiene en un número. Un grito etílico hace volver las miradas hacia el ganador, un borracho que seguramente no disfrutará en lo absoluto de la chica y tampoco de la botella de aguardiente; la muchacha se ha salvado del bochorno de una entrevista y nosotros hemos perdido 10 mil pesos. En Cartagena un avión acaba de despegar, su pasajero principal ha dejado una apuesta de 7 mil millones de dólares en la mesa. La bolita está detenida hace rato y la escena está congelada, como la sonrisa de Pastrana: todos saben cuál es el número ganador pero nadie ha mostrado la ficha ganadora. La paz colombiana es una muchacha esquiva con una botella de aguardiente en la mano.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-3671354999156705485?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/3671354999156705485/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=3671354999156705485&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/3671354999156705485'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/3671354999156705485'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2008/05/colombia-cndor-herido.html' title='Colombia: Cóndor herido'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-3225222904742469838</id><published>2008-05-21T11:50:00.004-04:30</published><updated>2008-05-21T11:58:11.897-04:30</updated><title type='text'>El engañado (Dos crónicas y media)</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El conjunto de tres textos transcriptos      abajo es un intento de reparación, quizá tardío, de un gravísimo error cometido      por el autor en 1998. Más exactamente: es mi insignificante homenaje      póstumo a la joven Carolina Rodríguez Fernández (1971- 1995), y una quizá      inútil solicitud de disculpas a su familia y amistades.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;__________&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Las dos crónicas que siguen abajo fueron escritas con cuatro años y cinco meses de distancia temporal una de la otra. Si mis dotes de investigador no hubieran fallado de manera tan rotunda al momento de recopilar datos para redactar la primera (&lt;b&gt;Manual de trampas para policías&lt;/b&gt;), la primera en aparecer debió ser la otra (&lt;b&gt;Último paseo por Caracas&lt;/b&gt;). Pero de este desperfecto, y de otros más graves, sólo me di cuenta al publicar la última de las mencionadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Ocurrió así. En abril de 1998 llegó a la redacción de &lt;i style=""&gt;El Nacional&lt;/i&gt; un caballero que se identificó como hermano de un ex funcionario de la policía municipal de Baruta. Este gendarme, de apellido Villanueva, no sólo había sido expulsado del cuerpo en un humillante acto público, sino que además pagaba condena en el Retén Judicial de El Junquito. La versión del preso, y de su hermano, era que allá en PoliBaruta lo habían querido perjudicar; alguien le montó un “peine”, una vil trampa mediante la cual hicieron parecer que el ex agente fue sido sorprendido &lt;i style=""&gt;in fraganti&lt;/i&gt; mientras cometía un robo. Unos falsos testigos, unos agentes de la Policía Judicial y una víctima también preparada a tal efecto montaron un teatro que dio como resultado su encarcelamiento. La versión de la policía es que, en efecto, Villanueva estaba robando un apartamento y que por eso había sido expulsado y luego hecho preso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Investigué lo básico y resultó encajar en el clásico conflicto: el hombre es acusado por un delito y él se defiende asegurando que no lo cometió. El producto de la confrontación de ambas versiones es la crónica titulada &lt;b&gt;Manual de trampas para policías&lt;/b&gt;, la cual fue publicada en El Nacional el 19 de abril de 1998. El único problema con ese trabajo fue que no investigué el &lt;i style=""&gt;porqué&lt;/i&gt; del encono que tenían las autoridades de PoliBaruta contra ese funcionario. Le montaron una trampa, es verdad; como periodista – investigador debí averiguar por qué lo hicieron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Cuatro años y fracción después, como se dijo arriba, tuve enfrente otra tarea, más relajada si se quiere. El diario &lt;i style=""&gt;Últimas Noticias&lt;/i&gt; quería que reescribiera algunas historias sobre casos criminales del pasado reciente. Hurgué al azar en la hemeroteca y me interesé en la infame tragedia que le costó la vida a una joven de nombre Carolina Rodríguez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Esta muchacha desapareció de su casa el 3 de diciembre de 1995. Tras unas navidades angustiosas para sus familiares y allegados, apareció el 27 de diciembre, asesinada, en uno de esos barrancos cercanos a la Universidad Simón Bolívar. La reconstrucción de los hechos arrojó luces sobre la puerca realidad: la joven Carolina había sido asesinada por su novio, quien, para deshacerse del cuerpo, le pidió ayuda a un amigo suyo, policía de Baruta para más señas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;En el momento de escribir este pasaje, basado tan sólo en lo que decían los periódicos de la época, no me sonó familiar en lo absoluto el nombre del policía. Pero una vez publicada la crónica en &lt;i style=""&gt;Últimas Noticias&lt;/i&gt; sí comenzó a inquietarme. Unos días después descubrí con mucha indignación y vergüenza que quien había ayudado al amante homicida a “desaparecer” el cadáver de su chica había sido aquel policía de la primera crónica, José Luis Villanueva. No me sirve en lo absoluto de consuelo, pero no puedo dejar de comentarlo: el periodista y entonces diputado Vladimir Villegas también fue o pudo haber sido engañado, ya que en algún momento intervino para lograr que a Villanueva, ya detenido, se le garantizaran sus derechos fundamentales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;El punto es que este servidor, ignorante del caso de asesinato y de la intervención de Villanueva en tan sórdido percance, ni siquiera hizo mención a este crimen, ni a la joven asesinada. Aunque, increíblemente, cierto azar hizo que Carolina estuviera allí presente de alguna manera. Explico: una de las personas mencionadas en la primera crónica lleva en la vida real el nombre de Carlota. En vista de que los hechos de los cuales se le acusaba no pudieron ser confirmados por quien escribe, decidí proteger su identidad colocándole otro nombre. Escogí &lt;b&gt;Carolina&lt;/b&gt;. Por nada en particular; probablemente porque comienza con las mismas letras que el nombre de la persona aludida. ¿Azar o intervención de algún elemento intangible que me solicitaba justicia?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;A continuación reproduzco las dos crónicas, en el orden de su publicación.&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style=""&gt;_____________&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: trebuchet ms;"&gt;La primera crónica escrita por este escribidor engañado es la que sigue:&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 2.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Manual de trampas para policías&lt;/b&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 14pt;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;(&lt;i style=""&gt;El Nacional&lt;/i&gt;, 19 de abril de 1998)&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Por lo general, cuando uno ve un intercambio de piñazos y dentelladas en plena calle tiende a ponerse lejitos, al margen de la cosa –sobre todo si hay algún hierro de por medio–, pero al final la idea de quedarse a ver en qué termina aquel candelero impone su seducción. Es entonces cuando a uno lo confunden con uno de los involucrados y toma, perro: dos dientes menos, una costilla desprendida y una ceja abierta, por mirón. El morbo, mano, el morbo. Por eso se leen tanto los medios amarillistas y las páginas de sucesos. Tantos entretenimientos hermosos e inofensivos que hay en este país y todavía hay tipos empeñados en reseñar la violencia y la miseria humana. Vergüenza debería darles.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Sin embargo, cuando el problema es entre policías el instinto enfila hacia otro lado: bien lejos, caballero, del final de este rollo me enteraré mañana por la televisión. Guerra entre ciudadanos es espectáculo; guerra entre policías es asunto privado. Ni se les ocurra meterse en un pleito de esos, ni para mirar ni para defender a nadie, mi gente. Igual que en las peleas entre marido y mujer, lo más seguro es que la pareja se reconcilie y usted termine pateado y mordido por los dos actores. Es de sabios mantenerse a distancia, no intervenir.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Ahora, ¿a que no adivinan quién está metido justo ahora en un rollo entre policías, escuchando unas y otras versiones para escribirlas a continuación?&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;Función estelar: Los expulsados&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La noticia original llegó a oídos de la familia Villanueva de una manera intempestiva. En Venevisión apareció de pronto el anuncio de una primicia que iba a ser transmitida en el noticiero de la noche, cierto acto que se iba a llevar a cabo en la sede de la policía de Baruta. El evento era algo original: la destitución de un par de funcionarios de ese cuerpo, a quienes habían sorprendido robando un apartamento. Cosa tan insólita como plausible: la gente estaba acostumbrada a presenciar ascensos, actos de imposición de medallas y condecoraciones, pero nunca uno de remoción por causas tan tórridas. Uno de los expulsados resultó ser José Luis Villanueva; el otro, Douglas Sánchez.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Según la versión que trascendió, originada en la PTJ y refrendada por el Director de Polibaruta, a ambos agentes los capturaron cuando desvalijaban un apartamento en el piso seis del edificio Fondo Común, en la avenida Urdaneta, luego de atar y amordazar a una señora que habitaba en el lugar. Un transeúnte que pasaba por allí escuchó unos gritos dentro del inmueble, bajó a la avenida, abordó a la primera comisión policial que encontró en su camino (un par de funcionarios de la PTJ de nombres Reinaldo Sabala y Luis Silva) y le habló de su inquietud. Los judiciales subieron, tocaron la puerta, un sujeto muy grosero les abrió y no los dejaba entrar, pero ellos entraron a la brava y se encontraron con que había una dama atada en uno de los cuartos. Así que manos arriba, cobardes, entréguenme sus armas, y allá van presos Villanueva, Sánchez y un hombre a quien en lo sucesivo llamaremos Gerardo Soto, y de quien en un principio se dijo que era abogado (de él y de su pareja, a quien llamaremos Carolina Tosta. Se dicen de ellos algunas cuestiones que no pudimos comprobar, de modo que sólo por esta vez perdónennos el repentino ataque de delicadeza).&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La PTJ reconstruyó las cosas en dos días: los tipos estaban asaltando el apartamento de la pobre señora, que por cierto es la suegra de Gerardo Soto, y gracias al oído alerta de un caballero que caminaba por el pasillo los funcionarios de la PTJ evitaron que se consumara el hecho, y para rematar la Policía de Baruta es tan rápida a la hora de la limpieza institucional que no tardó en destituir a los funcionarios involucrados para que la Justicia actuara sin mayores obstáculos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Fin de la versión oficial. Veamos de qué color pinta el cuadro el ex policía Villanueva.&lt;/p&gt; &lt;br /&gt;   &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El súper agente&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Ya todos sabemos lo difícil que es ganarse la vida en este país con un solo sueldo. Fue para salirle al paso a esa situación que José Luis Villanueva fundó y registró una compañía de vigilancia e investigación, de ésas que pueden averiguarle a usted desde la autenticidad de una licencia de conducir hasta la cantidad de veces que su esposo o esposa ha estado en el hotel Las Cumbres, en la carretera Panamericana. Visítenlo, es muy bueno el jabón de allí.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Villanueva hizo lo que procede en esos casos: registró su compañía, puso un aviso en el periódico y esperó a que llegaran los clientes para contratar sus servicios. Realizó varios trabajos, unos más duros que otros, hasta que apareció vía telefónica un tal Gerardo Soto que lo necesitaba para llevar a cabo un desalojo en La Candelaria. Se entrevistó con el señor y su novia, la abogada Carolina Tosta, quienes iban a ejecutar el mencionado embargo. ¿Y qué tengo que hacer yo allí? Nada, viejo, nada más muestre su estatura, ponga cara de malo y si nos van a linchar sáquenos con bien del problema. Okey, son 100 mil bolívares. Trato hecho.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El desalojo se realizó sin mayores traumas, Villanueva no tuvo que destripar a nadie, asunto concluido... a medias, porque Soto le dio al agente-detective un cheque por 50 mil bolívares y lo citó para encontrarse después para darle el resto. En la nueva cita, José Luis Villanueva llegó al sitio convenido y ya Soto lo estaba esperando, pero no con la otra parte del pago sino con una caja de cartón y una nueva proposición.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;–Hermano-, le dijo, ¿te acuerdas de mi novia, Carolina? Bueno, yo creo que me es infiel, y quiero contratarte para que la vigiles. Lleva esta caja al edificio tal, piso seis, en la avenida Urdaneta; esa es la casa de ella. Allí te voy a pagar los 50 mil que te debo y de paso vas a comprobar que esa mujer pérfida y traicionera recibe paquetes de otro hombre en su casa. La muy malvada.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Villanueva escuchó todo esto con la misma naturalidad con que hubiera visto caer nieve en Maracaibo, pero consideró su situación y decidió seguir aquellas instrucciones. Antes de ir al lugar, sin embargo, llamó a Douglas Sánchez, un compañero de trabajo a quien le debía un dinero, para que lo acompañara; con aquellos 50 mil iba a pagarle al amigo y de paso dar inicio al nuevo trabajo propuesto por Soto. Llegaron al apartamento, tocaron la puerta. Les abrió una señora bastante mayor. “Buenas. Traemos algo para Carolina Tosta o Gerardo Soto”. Ella no estaba, pero la señora llamó a Gerardo y éste le dijo: “Ábrales la puerta, que ya es Navidad, no hay problema”.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Entraron al apartamento, le entregaron la caja a la señora y ésta les firmó un recibo. Estaba en eso cuando de pronto el abogado Soto dijo ¿Te fijas? ¿Que hasta alcahueta tiene?, le saltó encima a la doña y le metió un derechazo de esos que duelen con sólo recordarlos. Horrible. La señora intentó morderle una oreja al estilo Tyson pero el abogado Soto, por más que sea, tiene unos treinta años menos que la doña, con quien comenzó a forcejear y causaba la ligera impresión de que incluso podía ganarle la pelea. Villanueva y su amigo no podían permitir aquello, así que intervinieron en la cuestión y le quitaron la señora de encima al impulsivo abogado.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Una vez medio calmados los ánimos, alguien comenzó a tocar la puerta del apartamento. Villanueva se asomó por el ojo mágico y vio a dos efectivos de la PTJ; uno de ellos, el nombrado Reinaldo Sabala, era conocido suyo, y por cierto unos días atrás le había presentado a Gerardo Soto y a su novia para que los ayudara a poner una denuncia. En fin, si quieren olvidar este último detalle háganlo, entendemos que ya la cuestión se está enredando más de la cuenta.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La PTJ entró, vio a la señora medio maltrecha que aprovechó la presencia de los efectivos para acusar a aquellos malditos y bueno, lo demás es fácil de imaginar: cédula contra la pared, entréguenme esas armas y ese dinero y vámonos para la Central. Al otro día vino lo de la destitución televisada, el regreso a la PTJ y la paliza de su vida en contra de José Luis Villanueva, quien fue incomunicado, preso y torturado, descendió a los calabozos, según su testimonio. El diputado Vladimir Villegas se enteró de la cuestión, realizó denuncias formales y reclamos para que al menos dejaran ver al detenido, cosa que se le permitió a sus familiares durante breves minutos, los suficientes para percatarse de que le habían causado lesiones en todo el cuerpo. Actualmente padece de una flebitis en una pierna a causa de los maltratos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;Lo que no cuadra&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La familia Villanueva se ha movilizado largo y duro para tratar de conseguir una decisión favorable al ex agente, que como se ha dicho está detenido y en espera de una decisión judicial, que será dictada por el tribunal 46 penal. Entre las cosas que a estas personas “no les cuadran” (sí, todavía hay más cosas que no cuadran), ellos insisten en señalar las siguientes:&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;*Gerardo Soto no es abogado, tampoco karateca o boxeador. Es escribiente y labora para un tribunal de la república. Se le dictó auto de detención como autor material e intelectual del intento de robo y ese auto fue ratificado en audiencia pública. Tres meses después quedó en libertad.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;*En el informe inicial de la PTJ, que da cuenta de la detención de los tres hombres, no se hace indicación de objetos robados, pero dos meses después aparece otro informe contentivo de una larga lista que incluye dinero y joyas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;*Existe el testimonio de una vecina del apartamento donde ocurrieron los hechos. Según el mismo, la mujer no escuchó ningún tipo de violencias a la hora de la acción, y eso que estaba en el apartamento de al lado. ¿Recuerdan al transeúnte que supuestamente sí escuchó todo y dio parte a la comisión de la PTJ? Recuérdenlo, recuérdenlo. No es que sea muy importante, pero parece ser un tipo con un oído muy fino.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;__________________&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-family: trebuchet ms;"&gt;Esta es la historia que escribí cuatro años más tarde, y que debí haber escrito antes o al iniciar la escritura de la anterior:&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;Último paseo por Caracas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;(&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Últimas Noticias,&lt;/span&gt; 15 septiembre de 2002)&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Esa muchacha, recostada ahí contra la ventanilla en el puesto del copiloto; allí, en el Ford EscortOrión color vino tinto. Esa joven hermosa, Carolina Rodríguez Fernández, 24 años, estudiante de Economía, llevaba casi cuatro horas dejándose llevar en errático viaje: el conductor, Clemente Patricio León Bravo-Malo, se había aplicado desde la 5:30 de la tarde a pasear sin rumbo definido por Caracas con ella, su ex novia. De pronto tuvo a bien llamar a un amigo, un efectivo de la Policía de Baruta para más señas, y que él suponía iba a ayudarlo a salir de un grave problema -después de todo, era el mismo funcionario que lo había ayudado a meterse en él. El policía le escuchó y, como todo buen policía que escucha una propuesta indecente, se negó.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-No me jodas, Clemente, qué clase de favor es ese.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-Bueno, si quieres no lo veas como un favor. Dime cuánto me cobras por el servicio.&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El policía puso una tarifa. León Bravo-Malo analizó la cifra unos segundos y aceptó pagar. Eran las 9:00 pm y tenía que hacer algo con urgencia.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Carolina, por su parte, siguió en lo mismo: dejándose llevar, recostada a la ventanilla.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Ni se enteró siquiera del momento en que el policía entró al asiento trasero del carro, no sintió el olor de los pinos y los eucaliptus al enrumbar el vehículo por la subida hacia Tazón, no se inquietó cuando su ex novio torció el rumbo hacia Sartenejas y se detuvo en un paraje cerca de la Universidad Simón Bolívar, ni sintió el perro adiós del par de hombres que la despegaron del asiento y la echaron a volar por uno de esos barrancos de Dios. Aquel había sido su último paseo por Caracas, y los dos balazos que León Bravo-Malo le había encajado en las costillas cuatro horas atrás no le habían permitido disfrutarlo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;Dos semanas de ausencia&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Ese día, 3 de diciembre de 1995, Carolina quedó en encontrarse con su amiga Sandra Rodríguez para viajar juntas a la playa. Antes de salir de su casa, le dejó dicho a su familia que iba a tomar el Metro, pero en realidad quien iba a llevarla a su destino era Clemente León Bravo-Malo. Este caballero había llevado a extremos insoportables su despecho y su persecución: Carolina le había dicho docenas de veces que no quería continuar su relación con él, pero León Bravo-Malo insistía en pedirle que siguieran intentándolo. Cualquiera sospecharía que el hombre iba a continuar con sus escenas mientras llevaba a la muchacha a encontrarse con su amiga, como en efecto.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Sandra Rodríguez esperó a Carolina durante varias horas y luego decidió bajar sola al litoral.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Desde allá le informó a la familia de su amiga que jamás se concretó el encuentro, así que los padres de la joven fueron a denunciar su desaparición; por primera vez se ausentaba toda una noche de la casa sin comunicarse ni dejar rastros, y esto tenía inquietos a todos sus allegados. El propio León Bravo apareció al día siguiente por la casa de la familia con un concierto de mocos, lágrimas y temblores: estaba preocupado por la suerte de Carolina, decía.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;La ausencia de noticias de la joven duró tres semanas y tres días: el 27 de diciembre de 1995, la PTJ fue a levantar un cadáver descompuesto en las inmediaciones de la Universidad Simón Bolívar, que resultó ser el de Carolina Rodríguez.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;Puro despecho&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El siguiente desaparecido fue el asesino, Clemente León Bravo-Malo: ninguno de sus conocidos volvió a verlo, ni siquiera en el funeral de su padre, ocurrido -cruel destino- un día después del asesinato de Carolina. Ya habría forma de atraparlo, pero ¿cómo? Fácil: las pruebas de balística arrojaban luces sobre el origen de la pistola con que fue ultimada la muchacha, y adivinen qué: en PoliBaruta comenzaron a mirar feo a un funcionario de apellido Villanueva. En marzo, este Villanueva, que no había confesado nada de nada, &lt;b style=""&gt;fue capturado en un intento de atraco en un apartamento de la Av. Urdaneta&lt;/b&gt;, y él se defendió diciendo que aquello había sido una emboscada para encasquetarle la corresponsabilidad del homicidio.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Días después, el 7 de abril de 1996, Clemente León fue apresado también en Puerto La Cruz, disfrazado de árabe pero haciéndose pasar por portugués.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Una vez en Caracas confesó -en perfecto castellano- que le había dado muerte a la chica porque ésta había abortado un hijo de ambos, “Que llevaba en su vientre” (dónde más, León Bravo-Malo, dónde más) y porque durante aquel paseo final por Caracas, ella le había dicho que amaba a otro hombre.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;De ser cierta esa especie, conmueve más su inmolación: Carolina murió por querer dejar en el pasado un pésimo error de salvaje triple apellido.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-3225222904742469838?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/3225222904742469838/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=3225222904742469838&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/3225222904742469838'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/3225222904742469838'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2008/05/el-engaado-dos-crnicas-y-media.html' title='El engañado (Dos crónicas y media)'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-115938192627322288</id><published>2006-09-27T14:31:00.000-04:00</published><updated>2006-09-27T14:36:47.863-04:00</updated><title type='text'>Si usted vive en Petare, es un delincuente</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Wilmer Valdespino creció en el barrio 5 de Julio, en Petare. Estudió con los salesianos, fue catequista, animador cultural, músico, organizaba planes vacacionales, era técnico en Electrónica; tenía una salud más puntual que el guante de Omar Vizquel, tomaba con suficiente sentido del humor la mamazón' inherente a todo habitante de barrio, y cuando la muerte lo atrapó se encontraba descansando en su casa, tomándose uno de los pocos recesos que le proporcionaba su última ocupación: era funcionario de la Policía de Baruta. Un compañero suyo llamado Vicente Páez -un laico de la comunidad salesiana a quien le ha correspondido, en los últimos días del 97 y primeros del 98, movilizarse en todas las instancias legales con una denuncia sorprendente en las manos- lo recuerda así, como el muchacho sanote, organizador de actividades infantiles, que sorprendió a todo el mundo con su repentina decisión de convertirse en funcionario policial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su muerte ocurrió, de acuerdo con testimonios de sus vecinos, de la siguiente manera: estaba durmiendo el 25 de diciembre a eso de la una de la madrugada -imagínense si era sano: acostarse a dormir mientras los demás mortales hemos liquidado y pensamos liquidar unas cuantas botellas de lo que sea-, cuando uno de sus hermanos fue a levantarlo de la cama porque acababa de tener un encontronazo con un malandro del sector que andaba armado y venía persiguiéndolo. Wilmer se levantó, salió a la puerta con el arma de reglamento, y no había divisado bien al agresor de su hermano cuando éste le disparó varias veces, dejándolo inerte en el piso. Antes de caer, sin embargo, logró alcanzarlo también con una bala, pero como a veces los choros están protegidos por mejores potencias divinas pudo correr y salvarse aprovechando la confusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El nombre del malandro es Johnny Molina, tiene 22 años y le dicen El Chiguerote. En su casa, quizá para simplificar un poco las cosas -¿quién sabe qué diablos es un chiguerote?- le dicen El Papito. Papito, chiguerote o lo que sea, lo cierto es que ya estaba identificado y la policía no tenía sino que proceder directamente, atendiendo al testimonio de decenas de testigos. Cosa que desecharon para irse por el camino más difícil, como se verá más adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto al joven policía, no pudo ser más amargo su fin: en plena Navidad, en presencia de su familia, a manos de un bicho que más temprano o más tarde morirá de la misma manera. Más amargo y triste es el hecho de que el director del cuerpo al cual pertenecía Wilmer Valdespino, Alfredo Sáez Conde -me suena ese apellido, chico, me suena-, se haya dedicado a insultarlo a él, a su familia y al barrio en que habitaba, para justificar lo que vino después, que parece más bien un compendio de la locura o de la borrachera colectiva de toda una institución policial. Y no se ofendan: es preferible que a uno le digan loco o borracho y no que hizo ciertas cositas asquerosas en plenitud de sus facultades mentales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los estragos&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Una hora más tarde, en el barrio 12 de Octubre, cerca de donde mataron a Valdespino, varios jóvenes se encontraban entregados a la celebración, con una corneta del equipo de sonido en la puerta y el rumbón armado dentro de la casa, cuando vieron a dos patrullas de la Policía de Baruta detenerse afuera, en la calle. Varios agentes bajaron, sacaron de la casa a varios de los muchachos empeñados en seguir bailando y le metieron una ración de plomo al equipo de sonido; adiós música, todo el mundo contra la pared y no me mires a la cara porque el Niño Jesús no me trajo nada y ando medio arrecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuatro de los jóvenes intentaron preguntar cuál era el motivo del abuso y como recompensa los golpearon sin dar explicaciones. A seis más los metieron a la fuerza en las patrullas y se los llevaron detenidos. Una señora se asomó en un balcón para ver de dónde venía toda esa bulla y los policías le dispararon una ráfaga de plomo que por fortuna no la hirió, pero pueden estar seguros de que esa doña no va a asomarse más nunca en un balcón por el resto de sus días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más arriba, en el mismo barrio, otra unidad de esa misma policía interceptó al señor Samuel Quintero en la puerta de su casa, y como éste no respondió a la voz de alto en una fracción de segundo, le zamparon un tiro en la pierna derecha. Barrio 19 de Abril: una unidad de Poli Baruta abordó a un ciudadano llamado Nicolás Cáceres, le pidieron sus documentos, y como no les gustó la cara que tenía ese señor en la cédula, le dieron varios cachazos en la cabeza y en el rostro. Ahora, para verlo de cerca es recomendable tener unos lentes tridimensionales, porque de otra forma no se sabe cuáles son los dientes y cuál es la oreja izquierda en esa cara deforme. Quienes presenciaron esta demostración pública de cirugía plástica intentaron socorrer al caído, pero los funcionarios policiales amenazaron a los vecinos con darle más de lo mismo al que se metiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Barrio 24 de Julio: un transeúnte escuchó y acató la voz de alto, pero de todas formas le dieron una golpiza, le fracturaron el brazo derecho y además le desaparecieron la cartera y el celular. En el mismo barrio hay una muchacha llamada Raquel Peraza que no puede retener alimento alguno en el estómago porque enseguida vomita, y ella sospecha que el trastorno a lo mejor -quizás, tal vez, posiblemente, puede ser- se debe a los patadones que le dieron los uniformados a pocos metros de su casa. Y un joven de 16 años a quien le dieron tres culatazos en la boca y que, a raíz de ello, no puede pronunciar la palabra "socioestructuralizado" sin que los colmillos le cercenen la lengua y las muelas se aplasten entre sí con un sonido siniestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La parte sabrosa: unas declaraciones&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Durante la misa del 25 de diciembre, a eso de las 11 de la mañana, fue cuando éstas y otras personas descubrieron que sus navidades habían tenido algo en común, y que todas tenían en alguna parte el sellito de Poli Baruta. Vicente Páez, aquel salesiano amigo del agente policial muerto, ha recopilado, puesto en orden y colocado en su sitio todas las denuncias; en total son 44 personas maltratadas, sólo porque en la madrugada del 25 de diciembre estaban más o menos cerca de donde asesinaron al buen Wilmer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no crean que la policía de Baruta perdió eficacia a causa de lo anterior. Nada de eso. Luego de un arduo, pesado y penoso trabajo de inteligencia, ubicaron al asesino de Wilmer Valdespino en una clínica de La Urbina, con una herida de bala. Gran vaina. Cualquier discapacitado mental lo hubiera hecho también, con un par de llamadas telefónicas y sin necesidad de causar tantos desastres en el cuerpo y la moral de tanta gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de esto la Policía de Baruta ha debido enfrentar serias críticas, entre ellas las de sus colegas de Poli Sucre, quienes les han exigido que se mantengan bien lejos, allá en su jurisdicción. Ellos, a su vez, se han defendido. Y lo han hecho a través de unas declaraciones que causarían mucha risa si estuviéramos en otro contexto, y si no provinieran de los labios de Alfredo Sáez Conde, director de la Policía de Baruta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En primer lugar, dijo que a los funcionarios que fueron a Petare los recibieron a disparos. A él le consta, ya que los escuchó a través del radio transmisor de un agente que lo llamó temblando para pedirle permiso para actuar. Hágame el favor: el 25 de diciembre a las 2 de la madrugada alguien escucha unos tiros a través de la radio y ya, listo, determina que esos son disparos efectuados por una pistola calibre 9 milímetros, marca Glöck, y no las detonaciones de los miles de triqui traquis y cohetones que se supone revientan en las Navidades. Luego dijo -palabras textuales-: "En esos barrios (se refiere a Petare) hasta en las familias más honestas hay uno o dos malandros".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es decir, que si usted vive en Petare y no tiene un familiar medio choro no se desanime, busque bien, porque Sáez Conde ha determinado que por allí debe tener alguno escondido. Dijo también: "Los mismos vecinos protegen a los delincuentes". Pues resulta que, según la nómina de personal de la Policía de Baruta -datos de octubre de 1997- 38% de los agentes de ese cuerpo residen en Petare. Y entre ellos estaba Wilmer Valdespino, el policía muerto el 25 de diciembre. Analicen la cuestión, funcionarios de Poli Baruta, y díganme si no está ofendiéndolos a ustedes y al difunto su propio director, a quien habría que recomendarle: si Petare es la cuna de la corrupción, pues búsquese sus agentes en otros lugares de la ciudad. ¿En Chacao, por ejemplo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en cuanto a usted, corrupto lector petareño, márchese de allí, acostúmbrese a la idea o jódase: vivir en Petare equivale a ser cómplice de docenas de crímenes de todo tenor. Lo dijo Sáez Conde. Qué le vamos a hacer. Y sigue sonándome muy familiar ese apellido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;____________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;En El Nacional, el 31 de diciemre de 1997&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-115938192627322288?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/115938192627322288/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=115938192627322288&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/115938192627322288'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/115938192627322288'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/09/si-usted-vive-en-petare-es-un.html' title='Si usted vive en Petare, es un delincuente'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-115703733196005214</id><published>2006-08-31T11:12:00.000-04:00</published><updated>2006-08-31T11:15:31.996-04:00</updated><title type='text'>Descubran al asesino (sin olvidar a la víctima)</title><content type='html'>María Amparo Blanquicet, de 13 años, piel oscura, chama humilde; tanto, que para ayudar a la familia a llevar el pan al hogar, trabaja como doméstica en casa de unas personas, lejos del barrio donde ella vive. Qué agudos son los lectores de esta página. Apenas han leído las breves líneas anteriores y ya saben que esa muchacha -negra, pobre, joven y mujer- será quien llevará la peor parte en la historia de hoy. Pero no canten victoria; ustedes no saben qué le ocurrió exactamente, ni en qué circunstancias. Sólo intuyen que hay una cuestión muy mala alrededor de todo esto, de la chica y de sus días. Y no porque ustedes tengan un don sobrenatural, sino esa reconocida capacidad de observación; es que, lamentablemente, ya saben que esta página se alimenta de noticias malas. Qué le podemos hacer.&lt;br /&gt;Además, pocas líneas más abajo nos veremos en la necesidad de escribir algunas frases en tiempo pasado, y entonces ya ni siquiera podrá el cronista acudir al factor sorpresa. La inteligencia de ustedes impedirá, entonces, que el caso de hoy genere mayores escalofríos.&lt;br /&gt;Pero sigan adelante, todavía hay mil detalles que ustedes no conocen. No saben, por ejemplo, que María Amparo tenía su residencia en el barrio Alexander Burgos, de Valencia, y la familia para la cual trabajaba, la familia Hernández, vive en la urbanización Ricardo Urriera. Ustedes no saben dónde quedan uno y otro sector, pero el hecho de que a uno de ellos se le llame "barrio" y al otro "urbanización", ayuda a ordenar mentalmente el contexto. Es preciso acotar, sin embargo, que la familia Hernández no es multimillonaria. Simplemente vive con alguna comodidad, y entre las cosas que puede pagarse están los servicios de una chica para las labores diarias, la mencionada María Amparo, quien se mudó a vivir con ellos. El sostén de la familia es Domingo Ramón Hernández, comerciante; su señora, de nombre Delia, tiene nueve meses de gestación. Nada más tranquilo y fuera de sobresaltos que una familia con esas características.&lt;br /&gt;Ahora le cedemos la pluma y la voz a las personas que estuvieron más cerca de los acontecimientos que se suscitaron la semana pasada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué dicen los Blanquicet y algunos testigos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jueves 16 de julio, los Hernández decidieron ir al barrio Bicentenario para participar en la fiesta de la Virgen del Carmen, y llevaron con ellos a la joven María Amparo. A eso de las 10 de la noche, el jefe de la casa consideró que ya estaba bueno de fiesta y de vírgenes, y le dijo a sus dos acompañantes que abordaran la unidad (una Ford Pick-Up azul) para emprender el viaje de regreso a la casa. Ha quedado bastante pesada esa última frase, pero ustedes saben que eso es consecuencia de leer muy seguido la revista Crónica Policial. Los estilos se pegan. Los esposos Hernández subieron al vehículo y se instalaron en la cabina, como corresponde, y María Amparo lo hizo en la parte de atrás. Sí, ésa misma, la parte descubierta, la que queda a la intemperie. No hagan más conjeturas y sigan, por favor, el hilo de la historia.&lt;br /&gt;Cuando transitaban por la prolongación de la avenida Sesquicentenaria, la camioneta hizo un ruido extraño, ejecutó unas toses tremendas y el motor dejó de funcionar. Domingo Ramón Hernández salió del vehículo, levantó el capó, dio un vistazo, removió unos cables, y sus conocimientos del funcionamiento fisiológico de su máquina le indicaron que la falla estaba debajo. Se dispuso, pues, a meterle una mano al caballo dislocado, para lo cual se quitó la camisa que llevaba puesta. Redoble de tambores, trompetas susurrantes; la cámara se abre, las luces enfocan un lugar impreciso hacia el fondo de la pantalla, y ya el lector sabe que ahora viene el momento crucial, la escena que hace detonar el drama. Imposible engañarlo. El lector tiene el ojo entrenado.&lt;br /&gt;Cuando Hernández efectuaba el movimiento necesario para despojarse de la prenda, apareció en la esquina una patrulla de la Policía del estado Carabobo. Y lo primero que vieron los funcionarios que viajaban en esa patrulla fue que el caballero ese, el descamisado de la noche, llevaba en la cintura un pistolón de respetable tamaño. Y seguro que nadie ha adivinado qué: se bajaron de la patrulla, apuntaron al unísono y comenzaron a disparar contra aquel sujeto, seguramente un antisocial a quien Satanás purifique en sus pailas. Plomo, carajo, y aunque Hernández pudo accionar también su arma, no fue suficiente contra las balas justicieras de los de uniforme. Los policías se aproximaron al cuerpo de Hernández, que presentaba heridas múltiples pero todavía estaba con vida, y entonces se percataron del resto de la situación: en la parte de atrás de la camioneta yacía María Amparo, fulminada con dos disparos en el cuerpo; y en la parte delantera, la señora de Hernández, con una crisis de nervios y un hijo a punto de salírsele unos días antes de lo previsto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué dice la Policía de Carabobo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jueves 16 de julio, a eso de las 10:00 de la noche, la Policía de Carabobo recibió una llamada según la cual en la avenida Sesquicentenaria se estaba cometiendo un crimen, así que un comando integrado por tres funcionarios fue hasta allá, para ver quién era el desalmado que estaba cometiendo semejante monstruosidad. ¿Cuál monstruosidad? No sé, no sé, pero vamos para allá y después te digo.&lt;br /&gt;Al llegar al sitio indicado en la llamada, vieron cuando Domingo Ramón Hernández discutía con una mujer, se bajaba del carro al mismo tiempo que ella, la perseguía brevemente y de pronto le disparaba, mientras ella se protegía tras la puerta. Los policías le dieron la voz de alto, pero Hernández tenía tal engorilamiento en el cerebro que le apuntó a los policías y les disparó varias veces.&lt;br /&gt;Entonces a los policías no les quedó más remedio que disparar también (con el dolor de su alma, pues no hay nada que le guste menos a los policías que disparar. ¡Ah!, cuándo será que van a dejar de obligar a esa pobre gente a cargar armas encima, para ellos es un martirio). Como suele ocurrir cada vez que se enfrentan las fuerzas del mal y del bien, la justicia salió vencedora aquí y Domingo Ramón Hernández, el malo, resultó herido en la refriega. ¿Y qué más? Ah, y una joven, a quien no habían visto mientras duraba el violento cotofio, murió a causa de dos impactos de bala. Efectuados, seguramente, por ese bandido sin escrúpulos, ese vil canalla a quien la policía logró reducir con gran eficiencia.&lt;br /&gt;Pero un momento: un día antes de producirse esta declaración oficial, había trascendido otra, que fue recogida por los periodistas del vespertino Notitarde. Según ésta, los tres agentes circulaban por el sector en su ronda de rutina, cuando se toparon con una escenita muy fuerte: un señor disparándole a una dama en plena avenida Sesquicentenaria. Lo demás sigue igual: voz de alto, reacción violenta de Hernández y resultado adverso para él. ¿Y qué más? Ah, una joven de nombre María Amparo Blanquicet que resultó muerta, y que presentaba dos balazos en el tórax.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué dice la PTJ-Carabobo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La PTJ-Delegación Carabobo ha recogido hasta ahora sólo las declaraciones de los tres agentes policiales que intervinieron en el hecho. Los tres están destacados en el comando de Bella Vista. La versión de Hernández y su señora no ha podido ser recopilada porque ambos se encuentran en un estado de salud crítico.&lt;br /&gt;El cuerpo de Domingo Ramón Hernández presentó impactos de bala en el cuello, en el muslo izquierdo y en la espalda. ¿Y el de María Amparo Blanquicet? Ah, el cadáver de la joven presentó un orificio en la axila derecha y otro en la izquierda. ¿Qué pudo haber ocurrido? Según el subcomisario Vicente Núñez, es posible que una bala -disparada por Domingo Ramón Hernández- haya entrado por un lado, y otra, disparada por los policías, por el otro lado. Tú sabes, mitad y mitad, para que no salga tan caro. Aunque no se descarta que a la muchacha la haya alcanzado una sola bala -quizá disparada por Domingo Ramón Hernández- que entró por un flanco y salió por el otro. Qué brillantes investigadores. Por mi parte, yo propongo que se investigue si una bala disparada por Hernández pudo haber entrado por un lado, salirse, dar la vuelta y entrar por el otro lado. Por si acaso. Uno nunca sabe. Nadie ha visto a un policía matando a ningún ciudadano por error. Qué va.&lt;br /&gt;Epílogo necesario: quizá ya ustedes se hayan paseado por todas esas versiones sin siquiera leer la crónica. Todos saben que habrá forcejeos, intercambio de acusaciones, emisión de versiones, mucha argumentación en pasta; toma, defiéndete, ahora dame. Al final se decretará un empate técnico, o perderá Hernández... o quizá se le salga una rueda a la carreta y la responsabilidad terminará por recaer en los policías estadales. Entonces, sea como sea, se compondrán cantos a la verdad y a la justicia, que por fin habrá triunfado en la tierra.&lt;br /&gt;Pero, ¿y María Amparo Blanquicet? Ah, María Amparo Blanquicet. Ella está muerta. Y así se quedará, muerta y al margen de la celebración.&lt;br /&gt;__________________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Publicado el 26/07/98 en El Nacional.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-115703733196005214?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/115703733196005214/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=115703733196005214&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/115703733196005214'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/115703733196005214'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/08/descubran-al-asesino-sin-olvidar-la.html' title='Descubran al asesino (sin olvidar a la víctima)'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-115221443921942640</id><published>2006-07-06T15:29:00.000-04:00</published><updated>2006-07-06T15:33:59.236-04:00</updated><title type='text'>¿Disculpas para qué?</title><content type='html'>Hay cosas cuyo remedio puede encontrarse en las palabras. Una disculpa, una declaración, un mea culpa, una indemnización y ya, todo el mundo satisfecho y a olvidarse de las heridas. Pero hay otras que no se remedian ni con palabras, ni con gestos, ni con buenas intenciones, mucho menos con los desesperados intentos de ocultarlo todo a base de malicia, primero, y después a base de seducción. Pregúntenselo a Boris Alberto Fariña y a su madre, a quienes les tocó pasar por la situación más amarga de sus vidas a causa de los desmanes de un funcionario de la Policía Metropolitana. Okey, de acuerdo, no me miren así, les juro que voy a ser más cuidadoso que hace dos domingos, pero si no pudiéramos ni siquiera nombrar a equis institución estas crónicas no tendrían sentido, y además serían de lo más aburridas. ¿O no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El flechazo&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La casa de Boris Fariña y familia se encuentra en la avenida Leonardo Ruiz Pineda, la principal de San Agustín del Sur. Son gente humilde; la madre, Ana Fariña, trabaja como cocinera en un restaurante -un restaurante, ¿ya ven? hay temas que lo persiguen a uno-, y con ese y otros medios no siempre afortunados se la han arreglado para conseguir recursos de supervivencia. Boris Alberto -20 años de edad-, por ejemplo, repartía tarjetas de una fábrica de ropa; sus otros hermanos, siete en total, son demasiado jóvenes como para buscarse un oficio que ayude a engrosar las arcas de la familia. Quisiéramos continuar el relato con un párrafo del tipo: "En general, se trata de una familia promedio cuyo entretenimiento favorito consiste en ver Sábado Sensacional y jugar al Kino", pero esta no es la crónica de Max Haines. A Dios gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En algún momento, hacia el mes de julio 1997, el muchacho empezó a fijarse en una joven llamada Mariela -nombre ficticio- que todas las tardes iba de visita a su casa para conversar con su hermana. Poco a poco fue enterándose o percatándose de algunos detalles de su vida, sobre todo los que más le interesaban. Tenía 15 años, estudiaba con la hermana de Boris Alberto, vivía en el mismo barrio aunque varias calles más arriba, no tenía eso que llaman "pareja fija", tenía un par de piernas de esas que uno mira a pesar de lo que sea -incluso una amenaza de divorcio-, unas piernas que posiblemente fueron moldeadas a fuerza de subir 294 escalones diarios o a fuerza de bailar toda la noche en cuanta rumba se dejaba escuchar por esas praderas. En cualquiera de los casos era un encanto inobjetable que el joven Boris Alberto no tenía por qué dejar pasar. Y no lo hizo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cronología de la relación resulta fácil de reproducir. En julio se presentó ante ella formalmente. En agosto hizo que durante las visitas las conversaciones fueran más cortas con su hermana y más largas con él. En septiembre las visitas no eran a su hermana sino a él, porque ya salían juntos a fiestear. Sin eufemismos: se empataron, vale. En octubre la madre de Boris le dio la humilde bienvenida al calor del hogar a su nueva integrante. Con cariño, chama. Pero eso sí, de vez en cuando tienes que lavar la ropa y pasar un coleto, qué vao, yo tengo este colorcito pero no soy cachifa de nadie. En noviembre todo era unión y luna de miel para los enamorados, pero a Boris empezaron a llegarle unos rumorcitos incómodos sobre su Mariela, rumorcitos que tanto a él como a la joven comenzaron a agriarles el carácter. Y no hay nada más explosivo que un habitante de San Agustín del Sur cuando se le agría el carácter.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Y en diciembre ...&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En diciembre ya se habían producido algunos conatos de incendio entre los muchachos, a causa del reguero de pólvora en que se había convertido el bla bla bla respecto a las juntas de la chica y sus hábitos extra hogareños. La cosa reventó por el lado gordo la noche del 12 de diciembre, durante una fiesta en La Charneca. Cerca de la medianoche el joven notó o creyó notar un jaleo fuera de lo normal mientras Mariela bailaba con otro sujeto, y entonces se desataron los demonios. Boris Alberto tomó a su flaca por un brazo y se la llevó casi a rastras, cerro abajo por esas calles bombardeadas de música afrocaribeña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegaron a la casa aquella pareja no era la misma que decidió convivir bajo el mismo techo dos meses atrás. Hubo insultos de lado y lado, un contrapunteo de ofensas en alto tono y algún empujón. Boris Alberto decidió, en medio de la contienda verbal, coger la ropa de la muchacha, meterla en un bolso y notificarle a Mariela la orden de desalojo, adiós, mujer ingrata. La muchacha no tuvo ninguna objeción pero se plantó abajo, en la acera, a gritarle algunas perlas que resonaron bien duras e hirientes a pesar de la música y los triqui traquis. El muchacho soportó un rato los gritos y las provocaciones de todo calibre, pero en una de esas se hartó de la situación y fue a resolverla como suelen resolverse las cosas cuando, en palabras de Lenin, ya se han agotado todas las vías pacíficas. El primer derechazo fue directo a la mandíbula de Mariela; el segundo fue de ésta y dio en el centro de la nariz de Boris; el tercero y el cuarto los conectó él y de pronto se armó la grande, ante la mirada de unos cuantos curiosos de esos que nunca faltan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El peso de la autoridad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mitad del combate hizo acto de aparición una patrulla de la Policía Metropolitana. No, no fue cosa de magia, es que cerca de la casa de los Fariña hay un módulo policial y el tránsito de funcionarios por allí es más o menos constante. Dos funcionarios bajaron para ponerle orden a la cuestión pero Mariela los detuvo con un argumento aplastante: esto es una pelea entre marido y mujer, no se metan. Los agentes estuvieron de acuerdo, les ordenaron a los muchachos que resolvieran sus diferencias dentro de la casa y se marcharon. Dos segundos después, como si hubiera sonado la campana para el segundo round, continuó la contienda con más ahínco que hasta el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nueva patrulla de la Metropolitana en el horizonte, nueva intervención de un funcionario. Esta vez la muchacha no dijo nada, así que imagínense un camión sin frenos por la bajada de Tazón y de paso la luz verde en todos los semáforos. El policía, un sargento que responde al nombre de Mauricio Fonseca, fue directo donde Boris Alberto y comenzó a aplicarle lo que en lenguaje discreto llamaríamos el peso de la autoridad. En un momento del forcejeo Boris logró zafarse del sargento e inició el escape de rigor hacia su casa, pero si Boris Alberto es rápido con las piernas, Mauricio Fonseca es rápido con las manos: el disparo le entró al joven por el costado derecho. Nada qué hacer. Las balas son más rápidas que cualquier hombre. El sargento, nervioso y horrorizado por lo que acababa de hacer -y ante la circunstancia de que había sido visto por un puñado de gente- aceptó primero los insultos, y después la exigencia de Ana Fariña, la madre de Boris Alberto: él mismo debía llevar a su hijo a un hospital. El muchacho fue introducido en una patrulla, y tras él subieron la madre y Mariela, a quien de pronto se le disiparon las furias y los rencores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El periplo se lo imaginan: hospitales de Lídice, Los Magallanes, Coche, el Vargas, una clínica en San Martín, y finalmente el clínico, a donde Boris llegó en taxi porque la policía no puede entrar a la UCV. Allí le realizaron una operación que comenzó a las 2:45 de la madrugada y culminó a las 9. El médico que realizó la intervención llamó a la madre de Boris para darle una palabra de estímulo, en los siguientes términos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cuántos hijos tiene usted, señora ?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ocho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, acostúmbrese a que sean nada más siete, porque éste ya no cuenta .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Palabras de un médico; imagínense qué diría un sicario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 16 de diciembre Boris Alberto regresó a su casa por decisión propia, pero dos días después tuvo que regresar al hospital porque su estado tendía a empeorar. El sargento Mauricio Fonseca recibió varias veces la visita de Ana Fariña, y no puede decirse que la trató mal. Todo lo contrario: se ofreció para costear de la recuperación del muchacho, sólo que tras comprar los primeros remedios optó por decirle a la señora que ya estaba bueno, él no podía cargar con todos los gastos. Así que intentó un último recurso: le dijo a Ana Fariña que estuviera tranquila, ella le gustaba mucho y cuando las cosas se resolvieran iban a ser muy felices. Esta lo mandó a estudiar a Japón y se sentó a languidecer, a esperar lo peor. Y lo peor sobrevino el 2 de enero: Boris Alberto falleció en el hospital.&lt;br /&gt;___________________&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;En&lt;/em&gt; El Nacional&lt;em&gt;, el 18 de enero 198, con el título&lt;/em&gt; No por mucho disculparse resucitan los muertos.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-115221443921942640?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/115221443921942640/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=115221443921942640&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/115221443921942640'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/115221443921942640'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/07/disculpas-para-qu.html' title='¿Disculpas para qué?'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-114796113267138580</id><published>2006-05-18T10:02:00.000-04:00</published><updated>2006-05-18T10:05:32.686-04:00</updated><title type='text'>Deténgase, desaparezca, muera</title><content type='html'>Ahora le tocó a San Antonio de El Valle, a la familia Sequera; específicamente, al chamo Douglas (20 años, comerciante). La zona en que vive esa familia está cruzada de escaleras y callejones, pero todavía uno puede entrar a las seis de la tarde con algo de confianza en que no le van a robar las medias sin quitarle los zapatos. Por lo tanto, no es, ni con mucho, la zona más peligrosa de El Valle, aunque tampoco es el lobby del hotel Eurobuilding; allí uno no va a toparse nunca con el antropófago de Detroit, pero tampoco con Patricia Velásquez.&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;Dicen en el sector que rara vez acuden los cuerpos policiales a realizar redadas -al menos no en la parte alta, en los callejones-, y cuando se produce uno de estos operativos, quien lo realiza es la Guardia Nacional. Así que los habitantes del lugar no guardaban, hasta febrero pasado, ningún recuerdo particularmente amargo de las policías y sus a veces brutales mecanismos. Pero hay cada tipo. Gente, por ejemplo, que se creyó el cuento de que el miedo es un buen arma de sobrevivencia. Que está segurísima de la culpabilidad inherente a todo mogote que se deje ver por los lados de las barriadas de Caracas. Provoca dejar esta nota hasta aquí, diablos. Ya ustedes saben qué fue lo que ocurrió, ya saben cómo pasaron las cosas, en qué terminó el capítulo de hoy y cómo terminarán en el futuro sus protagonistas. Pero sigamos adelante; total, estamos casi en Semana Santa, usted no tiene por qué salir mañana a la calle. Y, en caso de que a usted le diviertan estas cuestiones (lo cual es casi seguro, por que si ése no fuera el caso, no estuviera usted leyendo este párrafo tan largo), adelantémosle que hay al menos tres ingredientes inéditos, insólitos hasta la ridiculez, que salvan a este caso de ser una copia idéntica de los anteriores.    &lt;p style="font-weight: bold;" class="MsoNormal"&gt;La búsqueda&lt;/p&gt;          &lt;p class="MsoNormal"&gt;Douglas Sequera salió de su casa el viernes 6 de febrero, a eso de las 8:00 de la noche. Sus planes eran ir a buscar una película en casa de su tía para ir a verla en casa de otro familiar (quien, por cierto, es sargento de la Metropolitana), unas cuadras más arriba, en el mismo barrio. Al menos, ésa fue la explicación que dio el muchacho al salir. Sólo que, justo una hora después de haber salido, un grupo de gente fue a la casa de los Sequera para avisarle a su madre y hermanos que Douglas estaba detenido, en poder de la Brigada Motorizada. La familia, que no recibió el anuncio con mayor alarma, envió en funciones de emisario a la hermana de Douglas, de nombre Yerenaida, al módulo de la PM en San Antonio, donde no encontró a nadie, ni detenidos ni policías. Pausa necesaria para tomar aire y continuar enseguida.&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;La joven se dirigió entonces a la Jefatura de El Valle, donde le dijeron que no había allí ningún Douglas Sequera detenido; vete a la comisaría de Cerro Grande, mamita, y me saludas a mi amigo por allá, si me lo ves me lo besas. Yerenaida fue hasta Cerro Grande, lista para encontrar de una vez por todas a su hermano, pero ahí la recibieron con una mala noticia: aquí estamos recibiendo sólo menores de edad, este Douglas no puede estar aquí, no lo conozco, no me suena. Nuevo intento, esta vez en el comando de la Guardia Nacional ubicado en el puente de Coche: nada, mi amor, hoy no hemos hecho redadas y, por lo tanto, no tenemos al susodicho elemento en nuestros predios. Regreso veloz de Yerenaida a casa, telefonazo nervioso a la Comandancia General de la PM en Cotiza, donde la atendieron con la cordialidad que ustedes pueden imaginarse en un policía a las diez y media de la noche. Cero informaciones por teléfono, señora, venga y averigüe usted en persona.&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;Al día siguiente, a las siete de la mañana, Yerenaida se hizo acompañar por otra hermana y partió hacia Cotiza, a continuar con la búsqueda. Un policía les hizo el favor de revisar en una lista pero nanai, muchachas, ese hermano de ustedes no está aquí. Vuelta a la patria, por los lados de El Valle, en cuya Jefatura tornaron a darle la respuesta: cero Douglas, mija, no sabemos quién es el joven. El recorrido continuó por la Comisaría de El Valle, donde por lo menos las recibieron con grandes manifestaciones de buen humor. Ah, tú eres hermana de la joyita esa, qué jamón, qué cosa más chévere, ¿cómo te llamas tú? Bueno, Yerenaida, para mí es muy duro decirte esto, pero tu hermano se tragó 34 piedras de crack y se murió de un paro cardíaco. ¿Qué tal? ¿Ya viste Titanic? Buena película. ¿Qué vas a hacer esta noche?&lt;/p&gt;    &lt;p style="font-weight: bold;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;Súbete a mi moto&lt;/p&gt;              &lt;p class="MsoNormal"&gt;El vacilón burocrático no fue menos amargo que el vacilón efectivo de aquellos agentes, cuyos chistes sonaban tan melodiosos como una serenata de perros en los pasillos de un convento. Luego de mil instrucciones para que las chicas fueran a declarar y a revisar el expediente en la Comisaría de El Valle -donde por dos veces habían negado haber visto al muchacho-, les informaron que el cuerpo de Douglas estaba en la morgue de Bello Monte. Hasta allá fue a parar el padre del joven, para retirarlo.&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;Pero, un momento, honorables damas y caballeros. En el informe que daba cuenta del deceso del muchacho podía leerse que la causa de la muerte había sido un paro cardíaco, sin mayores explicaciones. Sin embargo, el padre de Douglas pudo ver, cuando le entregaron el cuerpo, que tenía varias contusiones en el rostro, y un par de agujeros de unos seis centímetros a ambos lados del tórax. Además, el joven había llegado allí sin ropa, ni prendas, ni dinero. Con la cantidad de dudas y temores que estos detalles les provocaron, los Sequera acudieron al hospital Vargas, desde donde se supone que había sido trasladado el cadáver de Douglas la noche anterior.&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;En el Vargas, los cuadernos en los que se registra la entrada de pacientes indicaban que Douglas Sequera había ingresado allí a las 10:00 de la noche; el informe de la policía afirma que fue reportado a la PTJ de Cerro Grande a las 10:30 (¿lo reportan a la PTJ cuando tenía media hora de muerto? Sí, cómo no). Un médico, de nombre Emilio Fumero, les aseguró que unos policías metropolitanos lo habían llevado hasta allá, y que, cuando él lo atendió, ya Douglas estaba muerto. Uno de los funcionarios que llevó al joven hasta allá responde al nombre de Eugenio Mujica, y la patrulla que lo trasladó es la número 10204.&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;Una semana después de los hechos, un joven vecino de los Sequera declaró en la PTJ que él estuvo detenido junto con Douglas y otro hombre en un módulo abandonado de la PM. Unos policías motorizados los abordaron en la calle, les colocaron sendas capuchas, los interrogaron y golpearon un rato; al declarante y al segundo sujeto los dejaron libres, pero a Douglas lo dejaron detenido, por alguna razón que se desconoce. Este testigo dice que los policías se quedaron con su carnet de trabajo, por lo cual teme una represalia de las gruesas. Por su parte, la familia Sequera Altuve dice haber recibido amenazas telefónicas por parte de alguien a quien le caen muy mal las gestiones realizadas por esta gente hasta ahora. Y peor le van a caer las que faltan: el caso pasó a manos de la Comisión de Política Interior de Diputados y está en averiguación por parte de la Fiscalía, gracias, entre otras cosas, al orden que le ha proporcionado al asunto la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;_______________________&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="font-weight: bold; font-style: italic;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En El Nacional, 05/04/1998.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-114796113267138580?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/114796113267138580/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=114796113267138580&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114796113267138580'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114796113267138580'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/05/detngase-desaparezca-muera.html' title='Deténgase, desaparezca, muera'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-114769519690484281</id><published>2006-05-15T08:11:00.000-04:00</published><updated>2006-05-15T08:13:16.936-04:00</updated><title type='text'>De Medicina a la morgue con récipe policial</title><content type='html'>Los amigos de Roger Gonzalo Padrón (29 años) lo describen como un muchacho silencioso y taciturno. Tenía varias razones para poseer ése y no otro temperamento: era de San Cristóbal, y ya se sabe que los andinos son por naturaleza retraídos (o por lo menos eso dice uno, hasta que se tropieza con la biografía de Juan Vicente Gómez y entonces el mito queda derrumbado y roto en ese piso). Además, había decidido instalarse en la señorial Valencia, ciudad industrial, ciudad grande, ciudad llena de ajetreos, inficiones y magallaneros. Repasen la escena: Roger, silencioso; Valencia, grande y ruidosa. Y aquella mamazón, mi hermano.  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Sin embargo, el joven no se fue a la capital de Carabobo vacío de ideas ni en plan aventurero: si decidió establecerse allí, fue porque había una posibilidad de ingresar a la escuela de Medicina de la Universidad de Carabobo, oportunidad a la cual el muchacho atrapó por el cuello y no soltó jamás hasta ver concretada su aspiración inicial, que no era otra sino comenzar a estudiar esa carrera que, exigente y todo, era la que le gustaba. Así que se entregó al estudio, con el mayor entusiasmo, y aprobó el primer año de la carrera mientras, como todo hombre humilde que ha entendido que la vida es un asunto de piedras y subidas, antes que de flores y cosquillitas, se rebuscaba por allí en trabajos eventuales, hasta que consiguió un chance nada despreciable como vigilante en un night club llamado ``Dimensión''. Entre tanto, ocupó una habitación discreta y económica, como todo estudiante que está fuera de su ciudad natal, pero demasiado cara teniendo en cuenta su situación económica.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;De manera que allí lo tenemos, estudiando Medicina, viendo en la universidad y en el night club más mujeres hermosas que en toda su santa vida (no hay comparación: las andinas tienen unos hermosos cachetes sonrosados, pero hasta ahí, socio, hasta ahí; nada que le plantee seria competencia a las valencianas), lleno de aspiraciones, y tan silencioso como siempre. Y aquella mamazón, mi hermano.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Al comenzar el pasado año lectivo, el segundo de su carrera, Roger dio con un empleo más estable (de vigilante en la empresa Servinca), que le proporcionaba varias ventajas fundamentales. Primero, una entrada extra de dinero; segundo, el régimen le permitía seguir estudiando y continuar su trabajo en el night club; tercero, de entrada fue asignado a una compañía llamada Primaflex, para cuidar durante las noches su sede -ubicada en la zona Industrial de San Diego, al sur de Valencia-, de modo que ya no tenía que pagar la residencia: al cabo de pocas semanas, el dueño del negocio le permitió llevarse al sitio una neverita, y asunto resuelto. Permanecer allí en las noches, y en la mañana irse a la universidad, y de paso ahorrarse la plata del alojamiento: no suena mal el negocio. Fin de aquella mamazón, mi hermano.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Pero siempre hay gente dispuesta a acabar con los mejores proyectos de vida, con las más humanas ambiciones. Por muy terrestres y humildes que éstas sean.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-weight: bold;" class="MsoNormal"&gt;Desaparecer, aparecer&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;El día martes 10 de febrero, los diarios de Valencia dieron cuenta de una noticia de ésas a las que ya se están acostumbrando los carabobeños: un hombre no identificado había sido muerto a tiros en un enfrentamiento con la policía del estado Carabobo, al ser sorprendido mientras intentaba entrar en una empresa de productos químicos en San Diego. Sí, ya lo sabemos: ese supuesto delincuente muerto no era otro que Roger Gonzalo Padrón, pero sus familiares debieron hacer malabares y padecer un par de vejaciones de las gruesas antes de dar con su paradero.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Thaís Padrón, una hermana de Roger, cuenta que el domingo 8 de febrero el joven fue a trabajar, como de costumbre, en la noche. A las 12 en punto, el supervisor de la compañía de vigilancia pasó por allí para el control de rutina, conversó con Roger y se marchó. Luego, el lunes 9, un empleado de Primaflex llegó a la compañía a las 5 de la mañana y no encontró quien le abriera; ya Roger no estaba. El empleado llamó a la compañía Servinca, para reportar la novedad, y tras una breve inspección se descubrió que dentro de la sede de Primaflex estaban todos los bienes del muchacho -su cartera, su dinero, unas llaves, el uniforme de vigilante y el revólver de reglamento-, pero no las llaves de la empresa.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Para reflexionar: Roger Padrón desapareció, se llevó las llaves del lugar donde trabajaba, y la compañía de vigilancia no formuló denuncia alguna ante los cuerpos policiales, ni reportó el abandono del trabajo ni la ausencia del muchacho. Simplemente, aceptaron como natural el hecho de que el joven se hubiera ido. Quizá la nevera que dejó les pareció una buena garantía.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Tras varios días de búsqueda, los familiares de Roger decidieron acudir al último lugar donde hubieran querido encontrarlo, la morgue. El 25 de febrero, luego de mucho negar que el cuerpo del muchacho estuviera en ese lugar, la PTJ cita a los familiares para que reconozcan un cuerpo que coincide lejanamente con la descripción que ellos habían dejado. Pero antes les habían mostrado otro cuerpo, el de un muchacho hallado en unas bolsas de basura en una autopista. Nunca les habían mostrado ni dado noticias de aquel muchacho que presentaba dos heridas de bala, y que, en efecto, resultó ser el estudiante-vigilante.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;-Bueno, ¿y desde cuándo lo tienen aquí?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;-Desde el 9 de febrero.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;-Pero él estaba reportado como desaparecido desde el 13. ¿Por qué no nos habían avisado?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;-¿Qué? ¿Ah? Eh... Espérese un momento. ­Federico! ¿A qué hora vas a bajar a comprar el café?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-weight: bold;" class="MsoNormal"&gt;Por dónde empezamos&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;El cuadro ya lo completaron ustedes mentalmente. Ya sabemos de la acuciocidad de nuestros lectores. El joven Padrón no tenía antecedentes ni entradas policiales, lo cual por sí solo comienza a desbaratar la historia de su intento de robar una compañía muy cerca de su más reciente trabajo, y también lo del enfrentamiento con la policía. Hay otras evidencias que obligan a -por lo menos- sospechar de esta especie: el informe del médico forense indica que el cuerpo de Roger presentó dos disparos. Uno de ellos lo alcanzó en el antebrazo derecho, lo cual lo habría dejarlo incapacitado para disparar, en caso de que estuviera armado. El segundo disparo, el mortal, lo alcanzó en el pecho.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Y un detalle circunstancial, pero imposible de apartar a un lado. El lugar donde fue abaleado el estudiante queda a unos &lt;st1:metricconverter productid="300 metros" st="on"&gt;300 metros&lt;/st1:metricconverter&gt; de un módulo de Coman-poli, la policía municipal, un cuerpo que, como parece ser natural que ocurra en estos días, ejerce tales niveles de autonomía que tiene conflictos de jurisdicción con la policía del estado, y se ha enfrentado por esta causa con el propio gobernador regional. Extraña, por lo tanto, que una comisión de la policía estadal haya penetrado en sus territorios y dado muerte a un ciudadano aplicado a la tarea de entrar donde no le convenía.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;¿Lo decimos en nuestro idioma, para entendernos? Bueno: qué casualidad, mi hermano. Yo nunca me meto en la casa de Pedro, y Juan tampoco, porque es su enemigo. Ah, pero el 9 de febrero a mí se me ocurre entrar en la casa de Pedro y justo ese día Juan decide hacer lo mismo. Fin de mundo. Tantas casualidades y tantos olvidos oficiales, en tan poco tiempo, son como para inquietarse un poco.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;En lo que respecta a la investigación y la polvareda que se avecina en la cordial Valencia, Thaís Padrón, hermana de Roger, acaba de introducir en la Fiscalía la respectiva solicitud de averiguación de nudo hecho. Antes de eso, estuvo investigando en la compañía donde su hermano cumplía sus guardias, y según su testimonio, al hablar con el dueño del negocio, éste tartamudeó que era una maravilla, antes de proporcionar unos detalles más contradictorios que las preferencias sexuales de Michael Jackson: que Roger se llevó las llaves de la compañía, pero no se las llevó; que las cosas de Roger las encontraron regadas en el piso el día de su desaparición. También fue Thaís a la Escuela de Medicina de la UC, donde se topó con alguien que le confesó haber visto a su hermano el día 13 de febrero. Demasiadas vertientes por donde comenzar a llegarle a la verdad, nos parece.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-114769519690484281?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/114769519690484281/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=114769519690484281&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114769519690484281'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114769519690484281'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/05/de-medicina-la-morgue-con-rcipe.html' title='De Medicina a la morgue con récipe policial'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-114660496025164876</id><published>2006-05-02T17:18:00.000-04:00</published><updated>2006-05-04T17:18:41.976-04:00</updated><title type='text'>Masacre a la carta</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;A todo el mundo le gusta ser invitado a tomarse unos tragos, a celebrar, a charlar, a compartir con el dirigente político de su preferencia. Sobre todo si el lugar de reunión es un sitio de clase, de prestigio. Carlos Eduardo Garí Altuve, un caballero de 53 años que por esas cosas de la vida está convencido de que la solución para este país se llama Claudio Fermín —a cualquiera le pasa, cómo se hace— acudió a un conocido restaurant de Las Mercedes que no podemos mencionar —porque le tenemos mucho miedo a las represalias, como ustedes saben— con el fin de participar en una reunión de apoyo a su líder. Pueden imaginarse lo sabroso que terminó poniéndose todo a golpe de 11 de la noche, sobre todo cuando el candidato comenzó a despedirse de sus simpatizantes, queridos compañeros, gracias por su apoyo y dénle durísimo, ahí los dejo en la grata compañía de esas siete cajas de Etiqueta Negra, ¿y de qué otro color iba a ser la etiqueta? La propaganda subliminal también funciona.&lt;br /&gt;Cerca de la medianoche, pues, Carlos Eduardo Garí quedó con un grupo de amigos, entre ellos tres hermanazos del alma llamados Jesús Ríos, Luis Beltrán Lara y John Rodríguez —los dos primeros son altos dirigentes del sindicato Sunep-Hacienda—, su hijo Carlos Manuel y un grupo de caballeros más. Tipo 12 y media, cuando los presentes se cansaron de contar chistes a costillas de la pobre alcaldesa de Chacao, Carlos Eduardo le pidió a su hijo que le buscara unas tarjetas personales en la camioneta, para repartirlas entre algunos recién conocidos. El muchacho se dirigió a la camioneta de su padre y sacó varias tarjetas de presentación. Mejor dicho, intentó sacarlas, porque apenas medio abrió la puerta ya tenía a un sujeto encima, metiéndole unos ganchos de izquierda de esos que duelen al respirar. El muchacho identificó al sujeto, que era el encargado de vigilar los autos de los clientes, y trató de explicarle que esa era la camioneta de su papá. Pero nada, el parquero ya le había cogido el gustico a la práctica de boxeo y toma, perro, al joven por ese buche.&lt;br /&gt;Los mesoneros y otros empleados del restaurant —que no nos atrevemos a nombrar, qué broma con este miedo, esta falta de riñones—, a falta de otra cosa más importante qué hacer, decidieron ponerle sabor a sus vidas y lo mejor que se les ocurrió al respecto fue unirse al parquero; entonces aquello se llenó de tipos empeñados en jugar fútbol utilizando como balón el cuerpo del muchacho. Este, en su angustia, pensó que la salvación estaba dentro del restaurant, y ahí sí es verdad que se empasteló la harina, pues cuando el papá del joven quiso intervenir para quitarle a aquellos engendros de encima entonces el batallón de vigilantes y mesoneros entromparon contra él y le dieron hasta en el apellido. Quince minutos después, padre e hijo eran una especie de mondongo sangriento que resbalaba por el piso, tratando de explicarle a los demás que ellos eran personas decentes y que, aún si no lo fueran, la cosa no era para tanto. ¿Y los amigos de Carlos Eduardo Garí, los valientes sindicalistas, compadres del alma? Chévere, el carrerón que pegaron marcó récord y todo, por esa avenida Río de Janeiro de mis tormentos.&lt;br /&gt;En Caracas hay donde se come y se bebe, quizá no tan sabroso, pero donde nadie le va a arruinar la cena como se la arruinaron a los Garí en el restaurant La Confiture aquella madrugada. ¡Ay Cristo!, ya se me salió el nombre. Lo siento, lo siento, les ruego que me disculpen. De verdad, lo lamento mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Marcas de guerra&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos Eduardo Garí encontró fuerzas e ingenio en medio de su desgracia para sacar el celular y marcar el 911. En 15 minutos estaba allí una patrulla de la Policía de Baruta; eficientes muchachos. Garí les explicó que aquellos tipos acababan de masacrarlos sin piedad y les exigió que los detuviera, él iba a presentar una denuncia formal. Los policías le informaron: caballero, nosotros estamos aquí como árbitros, como mediadores, no podemos meter preso a nadie. Ante la blanda actitud de los funcionarios, Garí se contentó con tomar nota de sus nombres. Se llaman Norman Sánchez y Rubén Morillo. Conócelos, pueblo, esos son tus defensores.&lt;br /&gt;Destruidos, botando más sangre que una película de Chuck Norris y humillados por mesoneros y policías por igual, Garí padre e hijo se dirigieron a la PTJ de Santa Mónica, cerca de donde viven. Allí les dijeron que no les correspondía procesar esa denuncia, pero que podían dirigirse a la PTJ de Chacao. A todas estas eran cerca de las 2 de la madrugada y ponerse a dar vueltas en aquellas condiciones no era muy recomendable, así que los heridos se dirigeron a su casa para descansar, hacer un recuento de los daños y prepararse para salir temprano a denunciar a los bravucones de La Confiture —otra vez el nombre, es que a veces no puedo evitarlo—.&lt;br /&gt;Frente al espejo, Carlos Eduardo Garí pudo constatar con alivio que el dolorcito del pecho era una simple fractura de clavícula; el hueso le sobresalía unos centímetros por encima de su nivel normal. Menos mal, no era ningún conato de infarto como él creía. También tenía el brazo izquierdo inmóvil, un boquete considerable en el párpado derecho y contusiones por todo el cuerpo. En cuanto a su hijo, debido a su juventud sufrió menos desperfectos en la carrocería, pero por el resto de sus días le quedará un horrible trauma: además de darle golpes de todo calibre, uno de aquellos sujetos lo mordió en el pecho. ¿Cómo va a explicarle Carlos Manuel a su pareja, cuando estén en la intimidad, que aquella marca pertenece a la dentadura de un hombre? Algo espantoso, abominable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los intocables&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la mañana fueron a la PTJ de Chacao, donde tomaron nota de su testimonio y los enviaron a la Medicatura Forense. Luego de los exámenes se determinó que Carlos Eduardo presentaba, además de la luxación de la clavícula, lesiones en la columna, en la rodilla, en el antebrazo izquierdo; con todo, y que debía ser operado, cosa que ocurrió cinco días más tarde. En cuanto a las diligencias del día 4, en Chacao les sugirieron que fueran a la Policía de Baruta y así lo hicieron, en compañía de sus abogados Víctor Garí y Nicolás Gallo. Allí los atendió el comisario Enrique Aranguren, quien les aseguró que lo procedente era dirigirse al módulo de Poli Baruta que queda en Las Mercedes, a media cuadra del restaurant La Confiture. Fueron hasta allá y un inspector-jefe les aseguró que enseguida iban a mandar dos patrullas para capturar a los bandidos. Pero un momento: una llamada del inspector Kemy López obligó a esperar un momento, él tenía algo que decirles a los denunciantes.&lt;br /&gt;Lo que Kemy López les dijo fue, en pocas palabras, que la policía estaba muy ocupada con los choros y los buhoneros y que ultimadamente, chico, esa denuncia no va a llegar a nada porque esa gente de los restaurantes conoce a mucha gente poderosa y nosotros no queremos problemas. Linda frase. Así que los Garí siguieron escalando la cuesta de las jerarquías y en su empeño fueron a parar a la Policía de Miranda, en el coliseo de La Urbina. Allí comisionaron a dos agentes y fueron a buscar a los agresores. Llegaron al restaurant, Carlos Manuel identificó al parquero y los agentes procedieron a detenerlo. Entonces desde dentro del restaurant surgió un terremoto de gente que intentaba impedir la acción de los policías. Una mujer que se identificó como dueña del local les dijo a los policías que cuidadito con llevarse a su parquero, yo soy muy amiga de Lazo Ricardi y Hermes Rojas Peralta, mijito. Además, el señor se cayó, dijo, refiriéndose a Carlos Eduardo Garí. Como esta es una página interactiva, vamos a pedirle a los lectores su intervención. ¿Qué respuesta le daría a la señora?:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;a) Sí, el hombre se cayó, pero dentro de una licuadora.&lt;br /&gt;b) ¿No se va a caer, con esa diabla que le estaban dando el parquero y los mesoneros?&lt;br /&gt;c) Se cayó desde un décimo piso.&lt;br /&gt;d) Cayó por inocente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ante la insistencia de los abogados de Garí, y a pesar de las presiones e insultos, el sujeto fue llevado detenido al coliseo de La Urbina. Gran triunfo del bien y la justicia. Eran las 4 de la tarde del día 4 de diciembre.&lt;br /&gt;A las 11:30, Carlos Manuel recibió una llamada, la llamada más rara del mundo: un detective llamado Alirio Natera, de Poli Miranda, le pidió que fuera hasta el coliseo para terminar el procedimiento de la tarde. “Deme su dirección para irlo a buscar”, le dijo, pero Carlos Manuel prefirió llamar a los abogados e ir con ellos para ver de qué se trataba. Cuando llegaron los hicieron pasar, no por la entrada principal sino por el estacionamiento. En medio de una oscuridad espantosa les dieron un notición: al parquero de La Confiture lo habían soltado por órdenes del director de la Policía de Miranda, comisario Hermes Rojas Peralta. “Pero ven, móntate en la patrulla para que identifiques a los otros”, insistían los agentes, con un tonito de misterio que llevó a los Garí a huir del lugar y a acudir a otras instancias.La denuncia de los Garí no aparece en el libro de novedades de la policía de Baruta, lo cual ya es una —otra— irregularidad de marca mayor. La Fiscal 58 los remitió a la Fiscal asignada a Chacao. Esta los remitió a Poli Baruta, otra vez. Allí, el director de Operaciones, Oswaldo García, les hizo un comentario entre franco y desencantado: “Los dueños de restaurantes de Las Mercedes tienen más poder que nadie.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ha habido policías lesionados, tiroteados, destituidos y presos por meterse con algunos hijitos de papá en esa zona”. Se entiende: yo te brindo el almuerzo y los tragos y tú me proteges. Nos importa un pepino si esto funciona exactemente así, pero de momento parece que Hermes Rojas Peralta, director de la Policía de Miranda, tiene algo que explicarle a sus funcionarios y a la familia Garí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;_____________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Publicada el 21/12/97 con el título&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; A falta de policías buenos son los mesoneros&lt;strong&gt;&lt;em&gt;.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Un día después de la publicación de esta crónica, el inspector Kemy López acudió a la redacción de &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;El Nacional &lt;em&gt;&lt;strong&gt;para aclarar, haciendo uso de su derecho a réplica, que el proceder de Polibaruta fue el correcto en todo momento, pues la función de las policías municipales es la vigilancia y prevención, no la investigación de hechos punibles. Indicó López que, de haber arrestado a las personas acusadas por Garí, habría usurpado funciones que le corresponden al Cuerpo Técnico de Policía Judicial.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-114660496025164876?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/114660496025164876/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=114660496025164876&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114660496025164876'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114660496025164876'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/05/masacre-la-carta.html' title='Masacre a la carta'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-114497315882060431</id><published>2006-04-13T20:03:00.000-04:00</published><updated>2006-04-13T20:08:20.256-04:00</updated><title type='text'>El profesor</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La escena no podía ser más vertiginosa, ni tampoco más cotidiana: el automóvil partió de Monte Piedad y sobrevoló la calle real de La Cañada, en el 23 de Enero; giró a la derecha en Agua Salud y desembocó en la avenida Sucre, desde donde se elevó hacia las alturas de Lídice para llegar al hospital. El chofer del vehículo tenía sus buenos motivos para no hacerle mayor caso a las luces de los semáforos ni a los pasos de peatones: en el asiento de atrás llevaba a un caballero de 28 años con una herida de bala en una mano, y a su lado a una señora con un hijo en peores condiciones que el caballero de atrás. El niño, de nueve años de edad, también iba herido de bala, pero en el tabique nasal.&lt;br /&gt;La mujer insitía en que llevaran al jovencito a una clínica por aquello de que la atención es mejor donde cobran más –la peor clínica privada de Caracas está a años luz del mejor hospital público, o al menos eso dicen– pero el chofer vio las cosas demasiado feas desde el principio y prefirió llegar rápido al primer centro donde hubiera un señor que, sin ser vendedor de perros calientes, llevara puesta una bata blanca. En Lídice los recibieron, presurosos; el hombre del tiro en la mano sólo requirió un tratamiento ambulatorio mientras que el niño entró de emergencia al quirófano.&lt;br /&gt;Mientras el muchacho estaba siendo intervenido su madre le preguntó al de la mano abaleada qué había ocurrido exactamente, cómo le habían hecho aquello a su niño. El hombre contó que había sido durante un enfrentamiento; unos sujetos habían disparado cerca de donde ellos estaban y una bala, la misma que lo hirió a él en la mano, había ido a parar al rostro del jovencito. Pocos minutos después llegaron otras personas que estuvieron presentes cuando sucedió todo, y entonces la historia cambió de rumbo: el tipo que había herido al niño era el mismo hombre del disparo en la mano. Mil dedos acusadores lo señalaron como al mal entretenido que, al manipular un arma, la accionó con tan buen sentido de las proporciones que no sólo se hirió él mismo, sino que alcanzó con el proyectil al muchacho.&lt;br /&gt;El testimonio y las negaciones chocaron pronto, pero apenas asomó por el lugar una comisión de la Guardia Nacional los familiares del niño hicieron valer su versión y el hombre fue detenido para averiguaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo un profesor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño respondía al nombre de Néstor Josué Barreto; estuvo hospitalizado durante cinco días y al cabo de ellos falleció sin haberse podido recuperar. El hombre de la pésima puntería, por su parte, se llama Jairo Arias, tiene 28 años y una fama un tanto extraña en los predios del bloque 1 de Monte Piedad. Varios vecinos dan testimonio de la desmedida afición de Arias por la enseñanza y la orientación de los menores del sector. El 31 de diciembre pasado, por ejemplo, tuvo un encontronazo de perros con los familiares de varios muchachos que lo vieron dándole clases de tiro a los jóvenes, detrás del bloque. Con semejante maestro, ya uno se imagina la calidad de los tiroteos que pueden producirse. Eso de volarse uno mismo los dedos antes de atacar al enemigo no parece ser una maniobra muy elegante que se diga.&lt;br /&gt;El cuento completo fue más o menos del siguiente tenor: Jairo Arias, en una emergencia económica, le empeñó o le alquiló su arma, una pistola calibre 7.65, a un joven nombrado Rafael Solórzano, conocido como El Pelón. Este señor acudió al bloque 1 el día que Jairo le indicó para devolverle su hierro a cambio de la cantidad de dinero convenida, y justo estaban en eso cuando a Jairo se le removió su vena de profesor de tiro y llamó al niño Néstor; éste acudió un poco temeroso al llamado y cuando estaba junto al dúo se produjo la detonación y todo lo demás. Al parecer había alguien más al lado del Pelón y Jairo en ese momento, un muchacho de apellido Benavides que acudió a declarar y contó la historia más o menos con estos detalles.&lt;br /&gt;Testimonios y adminículos aparte, lo que termina de enrarecer el panorama, según la visión de la familia de Néstor y sus abogados, es el hecho de que a Jairo Arias se le dictó una sentencia en tiempo récord: fue homicidio culposo y debía estar en prisión durante 4 meses. Su detención apenas duró 12 días, al cabo de los cuales solicitó un beneficio de suspensión condicional de la pena, cosa que le otorgaron de inmediato debido, entre otras cosas, a que no posee antecedentes penales y además, a la hora de la declaración, admitió tener responsabilidad en los hechos (el nuevo Código Orgánico Procesal Penal es así de generoso). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;_____________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Publicado el 18 de abril del 99 con el título: Buen ciudadano, mala conducta.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-114497315882060431?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/114497315882060431/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=114497315882060431&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114497315882060431'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114497315882060431'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/04/el-profesor.html' title='El profesor'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-114396412768205518</id><published>2006-04-02T03:38:00.000-04:00</published><updated>2006-04-02T03:48:47.696-04:00</updated><title type='text'>Los anillos de la BOA</title><content type='html'>&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;No soy tan engreído como para decirlo a cada rato ni tan modesto como para no recordarlo: en el año 99 me habían llegado tantas (y había publicado tantas) denuncias de brutalidad policial por parte de la policía de Aragua, que el Gobernador comenzó a mirar con atención a la institución, y al cabo de unas pocas semanas decidió disolver la Brigada de Operaciones y Apoyo (BOA). Me lo contó Teodoro Petkoff, quien, según su testimonio, se encargó de recitarle en la cara al Gobernador las muchas historias que publiqué en El Nacional. Esta en particular apareció el 13 de junio de 1999.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;p align="justify"&gt;Procedimiento de rutina: en la Central de la PTJ de Cagua, estado Aragua, alguien recibe una información –una voz temblorosa que por teléfono tenía algo de ultratumba–, toma nota de unas señas, anota una dirección, y envía a una comisión para verificar el contenido de aquel telefonazo urgente. Los agentes se arman de valor, de un poco de paciencia y de un par de barras de chocolate, y se lanzan entre bostezos y silbidos, en plena madrugada, hacia una zona de culebras y matorrales en la carretera Cagua-Villa de Cura. El reloj indica que no hace mucho comenzó a rodar el día sábado 5 de junio de 1999.&lt;br /&gt;Enrumban la patrulla a 80 por hora –así asumen las emergencias ciertos tipos– y comienzan a hablar de los calorones que están haciendo en estos días, de lo bien que le está yendo a Bob Abreu en las Grandes Ligas, de la secretaria nueva que trabaja en la comisaría, una muchacha que está más buena que meter un tenedor en la olla donde burbujea el sancocho para sacar la cabeza del jurel, echarle limón en los ojos y chupárselos con un ruido indiscreto que le remueva la perra envidia a los demás.&lt;br /&gt;¿Por qué el hastío de aquellos gendarmes? ¿Por qué los ojos vidriosos, el aspecto soñoliento, los estirones de aburrida pesadez en esa patrulla? ¿Será que Cagua es un lugar tan plácido que aquellos hombres ya acuden a ese tipo de llamados con la actitud de quien está perdiendo el tiempo? Pues no. Ocurre todo lo contrario. La llamada en cuestión se refería al hallazgo de un cadáver en el sector llamado El Huete, y eso para ellos ya no constituye ninguna novedad: el lugar es un conocido botadero de gente que ya hasta fama tiene en el ambiente policial. Así que los funcionarios acuden al sitio listos para encontrarse con el espectáculo de costumbre. Y sí, llegaron y encontraron lo que esperaban encontrar. Sólo una cosa inesperada: allí no había un cadáver sino dos. Ambos presentaban idénticas heridas de bala: entrada por la boca y salida en la región occipital. No es preciso ser un experto en balística para sospechar que ese trabajo ha sido muchas veces practicado.&lt;br /&gt;La identidad de los cuerpos ha hecho hervir la sangre de mucha gente en Aragua, pues ni Jesús Alfredo Franchi ni Richard Rodríguez Sánchez habían hecho nunca nada que les mereciera semejante final.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Yo no estaba ahí&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Jesús Alfredo tenía 25 años y Richard 26; ambos eran técnicos de refrigeración y tenían su lugar de trabajo y de residencia en Turmero. El viernes 4 asistieron a una fiesta en Cagua, rumbearon toda la noche, como es de esperar, hasta que de pronto la gente empezó como a enratonarse, la alegría empezó a disminuir y alguien dio con el motivo: las cervezas habían pasado a la historia. Hora de hacer una vaca y salir por más; eran cerca de las 11 de la noche. Quienes se ofrecieron para ir a comprarlas fueron ellos, los infortunados.&lt;br /&gt;Los vecinos de la calle Ricaurte lo han contado a todo pulmón y en repetidas oportunidades: los muchachos iban con su par de gaveras rumbo a la licorería, cuando de pronto una comisión de la Brigada de Operaciones y Apoyo de la Policía de Aragua (BOA) se detuvo junto a ellos. Ya está, se estropeó el factor sorpresa: ya el lector, muy inteligente por lo demás, se ha percatado de la razón de ser del título de esta crónica. A veces es una desventaja tener lectores tan inteligentes.&lt;br /&gt;Los agentes cumplieron con el requisito de pedirles la cédula de identidad, y luego los montaron en una patrulla. Las gaveras se quedaron en mitad de la acera y el ratón de los asistentes a la reunión recrudeció, aunque a decir verdad la cosa pasó a un segundo plano porque enseguida la gente comenzó a movilizarse para ver adónde se habían llevado a los muchachos. Fueron a varias comisarías de la Policía de Aragua: nada. Fueron a los hospitales: nada. A casa de los jóvenes: nada. A la morgue: nada. Entonces cada quien se fue a su casa a esperar el desenlace, y el mismo sobrevino a las 4:30 de la madrugada, con la llamada de la PTJ que reportaba el hallazgo de los cuerpos.&lt;br /&gt;Consultado al respecto, el jefe de la brigada responsable de haberse llevado a los muchachos, Alvaro Castellanos, dijo que a él no le constaba que los agentes del BOA se hubiesen llevado a nadie de esa fiesta, pues sólo existían unos testimonios dispersos de testigos que no daban la cara. Es decir, el BOA no tenía información de que alguno de sus integrantes hubiera detenido a nadie en ninguna fiesta. Dos minutos después de haber dicho esto, afirmó: "Tenemos información de que en esa fiesta había varios delincuentes, entre ellos uno llamado El Niño, quien está solicitado por varios cuerpos policiales". Insistimos: qué inteligente es el lector. Seguramente ya se dio cuenta de los tornillos flojos que se bambolean entre las dos declaraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Didalco: ¿estás vivo?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos días después, en vista de las denuncias que los familiares comenzaron a divulgar por la prensa regional, comenzaron las llamadas: que si déjate de estarme acusando, que si tenemos las placas del carro de tu hermano, que si cuidadito te ocurre un accidente cuando cruces la calle. El chisme fue a parar a oídos del comandante de la Policía de Aragua, y después a oídos del propio gobernador de Aragua. La última información recibida da cuenta de una acción del gobernador: el grupo BOA ha sido desmontado, desmantelado, eliminado, y hay una averiguación en marcha pues la PTJ detectó rastros de sangre en el uniforme de un funcionario de la brigada.Eh, Didalco: ¿se conformará su gestión con haber eliminado a una brigada o le meterá el ojo a la cantidad de denuncias que ha habido, sólo en este año, contra otros agentes de la Policía del Estado?&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-114396412768205518?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/114396412768205518/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=114396412768205518&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114396412768205518'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114396412768205518'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/04/los-anillos-de-la-boa.html' title='Los anillos de la BOA'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-114374059796432577</id><published>2006-03-30T13:39:00.000-04:00</published><updated>2006-03-30T13:43:17.993-04:00</updated><title type='text'>Los Muchachos del Plan</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Alberto Repillosa Rondón, 19 años de edad, con residencia en Ocumare del Tuy, estaba a punto de recibir la baja del ejército como Cabo segundo, y se desempeñaba además como efectivo de la Policía Militar. Participó en el Plan República, custodiando unas mesas electorales en Petare; finalizado el evento, a quienes participaron en él les correspondió salir unos días de permiso para visitar a sus familiares, y fue lo que hizo Alberto Repillosa: vuelta a Ocumare, recorrido por el pueblo para saludar a los familiares y conocidos y después la fiestecita familiar de rigor, en el mejor estilo de la gente de provincia: sancocho, dominó y cerveza bajo la primera mata de mago que se preste para el ritual.&lt;br /&gt;Sucedió en el barrio Santa Rosa; los testigos son varios familiares de Alberto, su novia y un grupo de vecinos que se arrimaron al sarao en el transcurso de la tarde. Una patrulla de la Policía de Miranda pasó por allí; más tarde se averiguó que un grupo de agentes fueron a llevar a su casa a un compañero que vive en la misma calle. De regreso metió un frenazo urgente frente a donde estaban Repillosa y los suyos, y comenzó una requisa sorpresa de la cual no sacaron nada que no fueran las fichas de dominó, los platos y cucharas para el sancocho, las botellas y la sorpresa de los festejantes.&lt;br /&gt;Alberto cometió la equivocación de identificarse como efectivo de la Policía Militar; equivocación, sí, porque uno de los policías, de nombre Jaime Guzmán, comenzó a desafiar al joven con todo tipo de recursos, desde el célebre “Quítame la pajita del hombro” hasta el “Ayer pasé por tu casa, tu mamá me dijo feo”, pasando por el “¿Tú sabes jugar rojo, o piragua?”. El soldado esquivó todas las provocaciones, pero de pronto, sin que hubiera pasado nada fuera de lo común aparte del aplique policial, a Jaime Guzmán se le escaparon dos tiros —¿se le puede escapar a alguien dos tiros, sin intención? Ya sabemos que es bien difícil, pero es lo que dice la declaración oficial—, que impactaron en el cuerpo de Alberto. Este fue trasladado al hospital de los Valles del Tuy por los propios policías, siempre tan considerados; lo dejaron en la puerta y se marcharon, como suele ocurrir, y Alberto Repillosa falleció pocos minutos más tarde.&lt;br /&gt;Declaración de rigor: “Lo matamos en un enfrentamiento”, pero la PTJ investigó hasta dar con la historia correcta, y pasó al afable Guzmán a las órdenes de los tribunales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte banal&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iván Darío López, de 18 años, ingresó al ejército en el mes de julio. Los planes eran los mismos que suelen imaginarse los jóvenes que se presentan en el cuartel de turno o los que de pronto caen reclutados: cumplir con el servicio militar sin mucho sobresalto, ver transcurrir las horas en medio de los ejercicios, algún empujón de alguien de mayor rango y después desquitarse con los nuevos de las camadas sigiuientes. Y más nada, a menos que el país esté al borde de alguna guerra, o a alguien se le ocurra enviar soldados a darse duro en los Teatros de Operaciones con la guerrilla.&lt;br /&gt;El caso de Iván Darío no fue ese, ni en el bueno ni en el mal pensamiento: ni le tocó ir a la guerra ni le tocó estar descansando sabroso en un cuartel, sino que en noviembre se atravesó el agite de las elecciones y a él le correspondió estar de pie todo el día en un grupo escolar del Zulia. Durante el fin de semana que le correspondió de permiso Iván Darío regresó a su casa ubicada en el sector La Batea, de Maracaibo.Acá es cuando se banaliza, o se complica, la historia. La noche del 14 de noviembre, mientras regresaba a su casa después de reunirse con unos amigos, fue interceptado por un sujeto a quien llaman simplemente Fernando. Este le dio una orden como las que jamás recibió en el cuartel: Ponte de espaldas. Iván Darío lo hizo: el tal Fernando no tiene rango alguno, pero sí cargaba un pistolón más elocuente que la voz de cualquier coronel. Y más nada: apenas el joven obedeció de aquella pistola salieron cuatro proyectiles, y los cuatro dieron de lleno en la espalda del joven López. El agresor no le quitó sus pertenencias. Detalle extra para la investigación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;_________________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;La publiqué en &lt;/em&gt;El Nacional &lt;em&gt;el 6 de diciembre de 1998, el día de las elecciones en que Hugo Chávez fue electo presidente de Venezuela.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-114374059796432577?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/114374059796432577/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=114374059796432577&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114374059796432577'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114374059796432577'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/03/los-muchachos-del-plan.html' title='Los Muchachos del Plan'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-114202564898821110</id><published>2006-03-10T17:18:00.000-04:00</published><updated>2006-03-10T17:20:49.006-04:00</updated><title type='text'>Proselitismo tragicómico</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Comenzó con un dolor leve, más bien una molestia, en la parte baja de la espalda. Miguel Piñango venía de Caracas con su esposa rumbo a Altagracia de Orituco, su lugar de residencia, y al llegar la molestia se convirtió, ahora sí, en un dolorcito más o menos insoportable. Nada más para ver de qué se trataba todo aquello fue a la policlínica del pueblo; allí le hicieron una revisión inicial y le diagnosticaron cálculos en la vesícula; le colocaron un antiinflamatorio, lo dejaron en observación dos días y le recomendaron que se hiciera una operación. Poca cosa: extraer un cálculo de la vesícula es más fácil que ganarle a Venezuela un partido de fútbol, así que vaya a hacerse unos exámenes y regrese para quitarle ese fastidio del cuerpo, ¿okey?&lt;br /&gt;Piñango, caballero de 50 años, comerciante y con un ganado pastando de sol a sol en el Guárico, fue al hospital Padre Machado para hacerse el bendito examen y el mismo ratificó lo dicho por la gente de Altagracia, esto es, tenía unas piedritas -microlitiasis, lo llaman en ese lenguaje fascinante de la medicina- en la vesícula. Por lo demás, su estado de salud ya quisieran tenerlo muchos jóvenes: el resultado de comer a la hora, de tener una familia numerosa y simpática -si ustedes vieran la sonrisa de su hija, Yorli-, de mantener un humor refrescante como todo buen llanero, de levantarse a diariamente a trabajar a las 8 de la mañana -lo cual en sí mismo no es ninguna hazaña, pero sí para alguien como uno, a quien le cuesta una barbaridad levantarse antes de las 10 y media. Con su resultado en las manos regresó Miguel Piñango a Altagracia, contento porque el cuerpo estaba funcionando como tenía que ser. Entonces decidió ir al Centro Médico Orituco, donde se realiza la operación de vesícula por laparoscopia. Allí lo atendió un médico de lo más amable, de nombre César Ramírez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sencillito, sencillito&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramírez, un hombre muy conocido en Altagracia -y que Acción Democrática está a punto de postular como candidato a la alcaldía- lo recibió con un apretón de manos de ésos que dan ánimo pero que, por otra parte, parece que le fracturan a uno los huesos. La opinión de este médico coincidía con las otras que Piñango había escuchado antes: yo lo opero el lunes, usted descansa en la clínica unas horas y al otro día se va para su casa o para la finca, a seguir tumbando toros. Además, la operación cuesta una módica suma de 650 mil bolívares con todo y los exámenes, y como aquí andamos en una onda de Imgeve puedes pagarla en dos partes. Unos días después, luego de consultar con la familia y los amigos, Piñango decidió que Ramírez era el tipo: dueño de la clínica, un prestigio ascendente, un nombre que inspira confianza. El viernes 11 de julio sería la cosa: preparó una muda de ropa y se fue a hacer la operación para acabar con la bendita molestia de la vesícula.&lt;br /&gt;Entró en el pabellón a las 7 am y salió a las 10:30; cuando Ramírez fue a visitarlo a la habitación, Piñango le dijo en mitad de la nota de anestesia: “Me jodiste”. Hay estados de la conciencia que resultan proféticos. La frase no es mía, es de Adriana Azzi.&lt;br /&gt;El sábado 12, cuando se suponía que Miguel Piñango estaría de regreso en el hogar, amaneció estropeado del cuerpo y del espíritu, así que Ramírez le sugirió que se quedara en la clínica un día más. El domingo el doctor no asistió para hacerle el último examen y Piñango tampoco estaba en buenas condiciones, así que decidió quedarse hasta el lunes 14. Ese día, a las 10 de la mañana, entra al cuarto la secretaria de Administración con una sabrosa factura de 900 mil bolívares. El lector no es estúpido, el lector se está dando cuenta: ya comienza a enrarecerse el panorama. Ramírez deja en la oficina un cheque por 400 mil, queda en pagar el resto cuando converse con el médico y se marcha con semejante malestar encima: ya no tenía el cálculo en la vesícula pero sí una piedrita en el zapato, y unas ganas horribles de aclarar las cosas con el doctor de marras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tan sencillo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día lunes y el martes Miguel Piñango no pudo ingerir alimentos normalmente porque enseguida vomitaba; era una ocasión propicia para hablar con el doctor Ramírez. Este le recetó una medicina para tomársela antes y después de comer. Hubiera sido más fácil recetársela para antes y después de vomitar, ya que el organismo de Miguel Piñango no retenía ningún alimento. Cuatro días después decidieron ir de nuevo a la clínica para ver qué demonios salió mal en la operación y Ramírez les hizo un anuncio solemne: no fue la operación, compañeros, este señor tiene algo más y ya vamos a ver de qué color son las bananas.&lt;br /&gt;Reclusión de Piñango en Emergencia, revisión profunda por parte de Ramírez y dictamen decisivo del galeno: señor, usted lo que tiene es estrés. Váyase para su casa y coma. Gran fórmula, pero Miguel Ramírez no pudo estar en su casa más de unas pocas horas, regresó con un dolor infernal y un gastroenterólogo decidió hacerle una endoscopia. Esta vez el análisis arroja otro resultado: el famoso estrés diagnosticado por Ramírez resultó ser una úlcera en el píloro. Para quienes no aprobaron el sexto grado, aclaremos: el píloro es el orificio que comunica al estómago con el duodeno, la puerta de entrada al intestino. Para resumir: si no se le desinflamaba el píloro entre el martes y el viernes, haría falta otra operación, bastante sencilla por cierto. En efecto, el doctor Ramírez debió hacer esa segunda operación, de la cual salió con un tubo de drenaje incrustado en el abdomen y en peores condiciones que hacía unas horas: los vómitos se incrementaron, su piel pasó del moreno claro al verde intenso y el acto de comer se fue convirtiendo en una epopeya dolorosa. Entonces, camarada, la operación no era ni tan sencilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un poco difícil&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de consultar desesperadamente a un médico de Caracas, los familiares de Piñango decidieron que lo mejor era trasladar al paciente a la clínica Méndez Gimón, donde evidentemente iba a estar mejor atendido. Fueron a pedirle a Ramírez que diera la autorización para el traslado, pero nada de eso, familia: el hombre bonachón del apretón de manos y la sonrisa electoral se convirtió en un Mr. Hide relampagueante: por qué se lo llevan, si conmigo está de lo mejor. Se negó a darles la autorización, dio un portazo al salir de la habitación y le quitó el saludo a la familia Piñango; ocurrió el 30 de julio. Bonita forma de ganarse unos votos.&lt;br /&gt;Al día siguiente, sin embargo, recapacitó, medio redactó un informe sin sello y sin firma, infló la cuenta hasta niveles rockefellerianos y se despidió de su impaciente paciente. Antes de darle el informe le suplicó: dame 12 horas más y te resuelvo el problema. Ustedes saben, el problemita aquél de hace un mes y pico. Piñango decidió que la última palabra la tenía la familia, y la última palabra de ésta fue que se lo llevaban a Caracas, a una clínica mejor dotada.&lt;br /&gt;Conviene apresurar el epílogo para obviar algunos detalles demasiado sórdidos -por ejemplo, explicar con qué se encontraron los médicos de la clínica Méndez Gimón cuando intentaron operar a Piñango, sería excesivo-: los médicos decidieron limitarse a realizar una limpieza, pues el estado general de aquel cuerpo era lamentable y no soportaba una intervención completa. Nueva operación el 10 de agosto, chispazos de recuperación y, finalmente, muerte de Miguel Piñango, el 26 de agosto.&lt;br /&gt;A lo que vino después ya estamos acostumbrándonos: cruce de informes médicos y maniobras legales, explicaciones del tipo “Gastroenteroanastomosis retrocólica isoperistáltica, Síndrome ictérico obstructivo con clínica de colangitis, asa yeyunal y canal pilórico”, todo para tratar de explicar cómo es que un candidato a la alcaldía de Altagracia de Orituco le destrozó las vísceras a un señor que sólo fue a sacarse una maldita piedra de la bilis. Más material de trabajo para la justicia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;_______________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Cuando fue publicada en&lt;/strong&gt; El Nacional&lt;strong&gt;, en 1998, su título era &lt;/strong&gt;Una tragicómica manera de hacer proselitismo electoral.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-114202564898821110?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/114202564898821110/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=114202564898821110&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114202564898821110'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114202564898821110'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/03/proselitismo-tragicmico.html' title='Proselitismo tragicómico'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-114040151776427040</id><published>2006-02-19T22:09:00.000-04:00</published><updated>2006-02-19T22:11:57.783-04:00</updated><title type='text'>Una de invasores</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt; &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Desde que inventó el concepto de propiedad ocurren hechos de sangre por la posesión de bienes. Los conflictos territoriales suelen ser los más dramáticos, y pueden ocurrir entre naciones y también entre gente del común, sin muchas diferencias en lo que respecta a la crueldad&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A pesar de su apellido, Manuel Chávez (39 años) no era hombre que removía las pasiones de las masas, ni le fue negada la visa de Estados Unidos, ni le quitaba el sueño a los adecos, ni llegó a ponchar nunca a Sammy Sosa con una recta de 65 millas. Era un tipo más bien anónimo, tranquilo y sedentario, criaba sus chivitos y comerciaba con el queso y la carne de sus animales allá en la península de Paraguaná. Vivía exactamente en un lugar llamado Las Carmelitas, ubicado en las inmediaciones de Pueblo Nuevo, a una hora de Punto Fijo. En otras palabras, algo cerca de las lontananzas áridas del medanal inmenso mientras los chuchubes lloran de dolor.&lt;br /&gt;Alrededor de la propiedad de Chávez, que no es muy grande, viven otras familias dedicadas a lo mismo, al pastoreo y el ejercicio de la contemplación. Y bastante hay que contemplar en esas latitudes. Por allí tienen también sus tierras los miembros de la familia Petit; el fundo de éstos se llama El Planchón, y abarca un espacio más o menos respetable, o por lo menos más grande que el de los demás. Son los duros de por allí, los que, sin tener estirpe de patriarcas ni llevar en las venas la sangre de los faraones, se la han arreglado para acumular un dinero, unas relaciones, una presencia imponente. En suma, una cuota de algo parecido al poder sin ser eso exactamente, pero que ante los ojos de las personas llanas y humildes de Las Carmelitas debe parecer inmenso.&lt;br /&gt;Un día, en su muy legítimo empeño por ampliar sus dominios, compraron una parcela colindante con una laguna de frecuente uso público, colectivo; una propiedad que la gente se había acostumbrado a ver y disfrutar como un bien común. Esa compra, de ser una transacción normal y corriente, se convirtió en punto de partida de unos forcejeos y reclamaciones de lo más molestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mientras más cerca, más lejos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suele pasar que la gente que consigue más logros que sus vecinos y semejantes termina por llenarse de enemistades y odios, algunos gratuitos, otros no tanto. Fue el caso de los Petit, que a mediados del año pasado ya tenían tantos roces con sus vecinos como dinero debajo del colchón. Por cierto, el amigo Chávez (Manuel) tuvo alguna vez un tropezón con uno de ellos, específicamente el llamado Israel, y ya sabemos que hay antipatías y enemistades que duran para siempre, sobre todo en los pueblos pequeños. Las cosas comenzaron a tornarse incómodas cuando los Petit quisieron demarcar el territorio con una cerca, y en la acción cerraron la vía de acceso a la mencionada laguna. Cuestión delicada. En Paraguaná uno puede perdonar cualquier cosa, pero no que le frustren el baño represero a mediodía.&lt;br /&gt;Por alguna razón que sólo las peleas del pasado podrían explicar, el hombre a quien más le fastidió la medida fue Manuel, quien en un arrebato de hambre justiciera desbarató aquella maldita cerca y le abrió paso nuevamente a la comunidad. Los Petit, que no son gente de dejarse amedrentar por el primer tropiezo, volvieron a levantar la cerca y colocaron un letrero para anunciarle al universo mundo que aquello era propiedad privada, jonoda, qué mamón con ñame era eso de estarles violando el territorio. Pero Manuel Chávez, quien tampoco tenía fama de ser el sujeto más cobarde de la campiña, volvió a armarse de azadón y escardilla y al día siguiente ya no existía ni letrero, ni cerca, ni lejos. Nada: si fuera por Chávez, todos los pobres del país tendrían su parcelita propia para sembrar y gozar. Guá, cómo se disfruta con sólo encontrar una situación y un nombre que confundan.&lt;br /&gt;Entonces Israel Petit entró en acción. Fue en busca de un querido amigo de Manuel, llamado José Luis Miranda, y le hizo una invitación que Miranda no pudo rechazar: ir a buscar a Manuel Chávez para matarlo. ¿Miranda, el amigo de Manuel? Sí, Miranda, un amigo de Manuel a quien éste le había cortado el saludo debido a su amistad con los Petit.&lt;br /&gt;Fue rápido, fue fácil, fue duro: Israel y Miranda emboscaron a Manuel en un camino solitario de Las Carmelitas, lo sometieron; Israel le metió un balazo y luego, en vista de que todavía se movía, le disparó dos veces más. Después se lo llevaron en la camioneta de Petit unos cinco kilómetros monte adentro, en el fundo de los Petit, y allí completaron la labor. No se ha determinado cuál fue el papel del querido amigo de Manuel Chávez en los acontecimientos, pero algo tuvo que haber hecho mientras Petit preparaba aquel soplete de acetileno y se aplicaba a desmembrar a su víctima pieza por pieza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La sabrosa libertad&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José Luis Miranda cometió un error clave en medio del error grandote y general del crimen. Parece que después del primer disparo, un habitante del sector vio a Miranda con una pistola en la mano, y éste lo invitó cordialmente a desaparecer a la cuenta de tres y a quedarse callado para siempre, porque eso que llevaba en la mano disparaba y abría huecos y todo. El hombre, que no preguntó si había otras opciones, guardó silencio durante unos días, pero luego ya no pudo más y contó el episodio.&lt;br /&gt;Mientras tanto, los hermanos de Manuel se movilizaron ante su desaparición y ante el hecho de que cada día recibían llamadas anónimas. Fueron a la PTJ, donde, después de hacerles algunas preguntas estúpidas, decidieron citar a Miranda y a Petit, los sospechosos de la cosa. Acto seguido, se produjo un interrogatorio en estos términos:&lt;br /&gt;–¿Ustedes mataron a Manuel Chávez? –dijo el PTJ.&lt;br /&gt;–No –dijeron al unísono Miranda y Petit. Eso fue todo: no había pruebas de que el hombre había sido asesinado y se acabó.&lt;br /&gt;Dos semanas más tarde, ante la presión del fiscal Omer Simoza, y después de solicitar garantías y protección para su vida, Miranda echó el cuento íntegro, de adelante para atrás. Dijo no haberse entregado antes porque Petit había amenazado con hacerle cositas a su familia si decía algo, y a él le dolía mucho su familia. Los restos del cadáver de Manuel Chávez aparecieron tres metros bajo la tierra del fundo El Planchón –y no han sido devueltos a su familia, por cierto–, Israel Petit fue ubicado, interrogado y encerrado, y Miranda salió en libertad bajo fianza.&lt;br /&gt;Sabrosa libertad. La familia duele, pero no los amigos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;En marzo del 99, en El Nacional.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-114040151776427040?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/114040151776427040/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=114040151776427040&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114040151776427040'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/114040151776427040'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/02/una-de-invasores.html' title='Una de invasores'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113951411520650200</id><published>2006-02-09T15:40:00.000-04:00</published><updated>2006-02-09T15:41:55.226-04:00</updated><title type='text'>Por odio o por amor</title><content type='html'>&lt;p align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Los suicidios con aspecto de homicidios ha sido siempre material para novelas o series de suspenso. Pero pocas veces en la realidad coinciden los detalles macabros con los engorrosos, y pocas veces también las técnicas de investigación lo resuelven todo con tanta facilidad&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edison Alfonso Manrique (colombiano de 37 años) tiene, además de un impactante nombre de pelotero, unas dotes malabarísticas respetables. Vivía con su esposa y dos hijos en el barrio La Democracia de Valencia, pero también tenía un romance a la luz de todo el mundo con una linda jovencita de 22 años. La cosa no tendría mucho de particular de no ser por el hecho de que esta muchacha, de nombre Milagros Rodríguez Avila, vivía justo en la casa de enfrente. Hombre de pelo en pecho, equilibrista o simplemente cínico, ya llevaba un año en eso sin que le importara el palabreo ni esa miradera con el rabo del ojo. Si comunidad pequeña es infierno grande, Manrique se sentía el demonio y san se acabó, que nadie se meta en la vida mía.&lt;br /&gt;Un miércoles de esos, a finales del año pasado, Edison se presentó un tanto sudoroso en casa de la familia de Milagros y abordó a Iris Rodríguez, hermana de ésta. Dijo que no la veía desde el domingo anterior, a lo cual la hermana respondió con un sobresalto porque resulta que allá en la casa tampoco la veían desde ese día. Iris y Edison pensaron brevemente dónde diablos podía estar la chica, hasta que el hombre decidió comenzar desde el principio: invitó a Iris a que fueran a buscarla en su propia casa, ubicada en la calle 23 de Enero, a pesar de que nadie respondía allí a los toques. La madre, Celia de Rodríguez, no quiso mantenerse al margen de la búsqueda y se fue a acompañar a Edison, quien no le caía precisamente muy bien por razones comprensibles. Pero en esta circunstancia era como obligante tenerlo como aliado, la Milagros andaba perdida y el manganzón era el único aliado que había para encontrarla.&lt;br /&gt;Llegaron a la residencia donde la muchacha vivía, sola, desde hacia un par de años. Notaron que había tres candados sujetando la puerta desde afuera; Manrique los partió a punta de cizalla y luego abrió la cerradura con unas llaves. Ya se sabe que él era de confianza en esa casa.&lt;br /&gt;Entraron a la sala y eso fue todo, se acabó la búsqueda: Milagros estaba allí, sentada en una silla y con el cuello sujetado con una larga soga que llegaba hasta la viga del techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Sospechoso él? ¿Y por qué?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;No hizo falta mayor esfuerzo para que la familia de Milagros, la PTJ, la opinión pública carabobeña y los consumidores de noticias rojas en todo el país comenzaran a mirar con asco y rabia a Edison Manrique. ¿Y por qué, si él la quería tanto? Bueno, nada, es que además del detalle de los candados puestos por fuera, el conocido romance, y otros revelados en son de aria por la PTJ (el cadáver de la muchacha fue hallado atado de manos y pies), estaba el testimonio aportado por algunos vecinos, según los cuales la niña se veía llorosa y deprimida desde hacía semanas, y precisamente el sábado anterior había tenido una pelea con su galán por razones que nadie tuvo la indelicadeza de averiguar. Como ustedes saben, nada le gusta menos a la gente de los barrios que andar averiguando problemas de parejas y esas historias tan desagradables. Lo que sí nadie pudo mantener silenciado entr el pecho y la espalda era que el tipo era tan celoso que no le permitía buscarse un trabajo, ni vestirse bonito, ni salir a visitar a su familia, y ni hablar de mirar por más de diez segundos a un hombre.&lt;br /&gt;Así que a Manrique comenzaron a ponérsele feas las cosas desde la primera revisión: unas uñas de hembra le cruzaban el pecho como prueba del comentado enfrentamiento, y él no tuvo reparos en reconocer que sí, cómo no, de vez en cuando tenía sus altercados con ella. Total, a las mujeres, como a las alfombras, de vez en cuando hay que darles una buena sacudida. Pero no hay nada que le haga más daño al prestigio que un intento desesperado por defenderse con argumentos delicados, como por ejemplo el que pretendió aprovechar Manrique: al parecer, Milagros ya tenía antecedentes como suicida infructuosa, y por allí andaban los informes médicos que registraban su intoxicación con una gran cantidad de pastillas. El espanto: tratar de hacerle ver a la gente que la amada de uno es una suicida.&lt;br /&gt;Otros indicios acudían en defensa de Edison Manrique, y el que parecía más decisivo era el par de cartas dejada por la joven, una para él y otra para la madre: "Te quiero mucho y te espero en la otra vida, no me velen y llévenme flores rojas", decía la primera. Y la otra: "Mami perdóname por lo que voy a hacer, a mis hermanos y a toda mi familia les pido que me perdonen".&lt;br /&gt;Pero nada tenía que aplaudir el amante, pues la PTJ se metió hasta las cejas en mil pruebas de grafología para determinar quién había escrito aquellos conmovedores papeles. Nada estaba claro bajo el cielo durante los primeros tres días de investigación; por si acaso, Manrique y su esposa permanecieron retenidos mientras los sabuesos trabajaban. Hasta que las ciencias criminalísticas le dieron la vuelta completa al asunto y arrojaron la sensacional y definitiva conclusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Elemental, pero no tanto&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con estos elementos en las manos, y otros más que sólo pueden verse en el laboratorio, la PTJ-seccional Carabobo se zambulló en el caso y dio su veredicto, una semana después del hallazgo del cadáver: Milagros Rodríguez Avila se suicidó, sí señor. Atarse de pies y manos no es cosa difícil, si uno se lo propone; en los dientes de la muchacha encontraron restos de la soga que le produjo la muerte, lo cual indica qué método utilizó para atarse. Colgar esa soga en una viga y hacerle un par de nudos ordinarios, tampoco; poner unos candados por fuera en aquella puerta, tampoco: la misma queda semiabierta y es posible colocar tres candados, y luego cerrar bien y darle dos vueltas de llave. Colgarse en aquella soga y dejarse caer en una silla tampoco es mayor cosa, si tal es la decisión y la turbación.&lt;br /&gt;Fue suicidio, según todas las evidencias. Ahora, ¿todo esto hizo Milagros para tratar de incriminar a Manrique? Es posible, pero, para efectos de la ley, nadie puede ir preso por ganarse el odio de una linda muchacha.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;__________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Esta data del 17 de enero de 1999. La publiqué en El Nacional.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113951411520650200?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113951411520650200/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113951411520650200&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113951411520650200'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113951411520650200'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/02/por-odio-o-por-amor.html' title='Por odio o por amor'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113821334773648892</id><published>2006-01-25T14:17:00.000-04:00</published><updated>2006-01-25T22:33:23.046-04:00</updated><title type='text'>Los argumentos del fuego</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Es verdad que el negocio de la comida y la bebida es inagotable: nadie dejará de comer nunca, al menos mientras haya cierta fuerza en los bolsillos. Y de la bebida, ni se diga. Se sabe de muchos que prefieren apagar el fuego de la sed o las simples ganas de caerse a tragos antes que matar el hambre. Y de gente que prefiere caerse a tragos antes que gastar los centavos en cualquier otra cosa. En resumidas cuentas y para abreviar esto de una buena vez, parece que invertir el dinero en una tasca-restaurant es una buena forma de asegurar el futuro. Es verdad que el problema inicial es tan grande como conseguir el dinero para montar ese maldito restaurant, pero ese ya es un cuento aparte.&lt;br /&gt;Salvador José Petit, de 44 años, ya había superado ese obstáculo inicial, pues desde hacía unos años era administrador de un establecimiento al que, por supuesto, le iba bastante bien. El negocio se llama El Tizón y queda en la ciudad de Coro, estado Falcón. El negocio es bueno. Los corianos comen.&lt;br /&gt;Por alguna razón que ni siquiera la compañía electrica de la región –Eleoccidente– puede explicar, un mal día se produjo un aumento de esos que lo dejan a uno pasmado y con ganas de no encender jamás un bombillo. Y, por alguna razón que sólo la gente del restaurant El Tizón puede explicar –aquí nada es explicable desde afuera–, cierta deuda que habían arrastrado desde hacía dos meses se empató con la nueva factura repotenciada del mes de enero, y hete aquí que la deuda del local ascendió a la suma de un millón seiscientos mil bolívares, una cantidad difícil de cancelar de un solo guamazo incluso para un negocio más o menos próspero como el de Petit y su gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Yo tenía una luz&lt;br /&gt;que a mí me alumbraba&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esos días, los últimos de enero y primeros de febrero, para ser más específicos, aterrizaron en la compañía de electricidad gran cantidad de reclamos, quejas y solicitudes de reconsideración de sus numeritos por parte de habitantes de Coro inconformes con el aumento; nada que no haya ocurrido antes en cualquier ciudad del país. Petit solicitó una explicación y le dieron la más sencilla del mundo: no es que Eleoccidente se esté robando la plata ni que los medidores enloquecieron y están cobrando los latidos del corazón; simplemente, aumentaron las tarifas. Y las deudas hay que pagarlas. ¿Qué posibilidades había de amortiguar ese golpe? Caray, digamos que ninguna. Pero la cosa es más bien fácil si la vemos así: usted paga lo que debe y la deuda queda eliminada.&lt;br /&gt;La molestia fue brava mientras se limitó a su ámbito de papel y palabras por cumplir, pero la bravura se convirtió en otra cosa más agria y menos publicable cuando, a los pocos días de aquella primera diligencia, el restaurant se quedó sin energía eléctrica. Fin de mundo. Nadie toma cervezas calientes, y cocinar un pollo en medio de la oscuridad es más difícil que enamorar a Ana Karina Manco llevándole serenatas de Lupe y Polo. A Salvador Petit le entró una calentera de mil pailas de azufre, pero en medio de la tembladera encontró la serenidad suficiente para idear una estrategia: le pidió a su esposa, Maritza de Petit, que fuera hasta la compañía y negociara un plan de pago razonable con los jefes.&lt;br /&gt;La señora Maritza fue hasta allá, le explicó la situación a un supervisor, le dijo que estaban dispuestos a pagar pero no de una sola vez porque no había un millón y medio de bolívares en esa caja. Y ahora, con el negocio cerrado, iba a ser un poco más difícil reunir el dinero. Así que pidió comprensión, y la obtuvo: el supervisor le partió la deuda en cuatro pedazos a ser pagados en igual número de fechas. Eso sonaba bien. Demasiado bien, dadas las circunstancias. Receta aceptada, remedio comprado. Pero, según refirieron más tarde voceros de la compañía, a pesar de las facilidades que le dieron, Petit dejó pasar la primera fecha de pago, y entonces el corte sí vino en serio y sin el consabido derecho a pataleo. Pagas o pagas; esa era la única opción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Decidido, fatal&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Otra versión, nunca confirmada, asegura que el plan propuesto por aquel supervisor fue rechazado por funcionarios superiores, con lo cual a Petit se le cerraron todas las salidas. Cosa que viene a ser lo de menos, porque el miércoles 24 de febrero Salvador José Petit se presentó en la Oficina Comercial de Coro para arreglar las cosas por su cuenta. Pidió hablar con el jefe de aquella oficina y le trajeron a Aura Rosa Namías, una gerente de esas bravas, de 33 años, quien escuchó atentamente su reclamo. El juego comenzó a trancarse desde el principio, porque cuando Aura Rosa se enteró que de el caballero estaba moroso se le puso más firme que de costumbre, con esa firmeza indomable que caracteriza a las mujeres falconianas.&lt;br /&gt;Petit transitó en tiempo récord de la actitud reflexiva a la suplicante, de la suplicante a la impotente y de la impotente a la rabiosa, a medida que la señora Namías se iba poniendo más granítica en sus negativas. Entonces llegó el momento de la furia. Salvador Petit levantó la bolsa plástica que llevaba consigo, de ella sacó un envase metálico. El Carnaval había finalizado una semana antes, pero aún así el hombre bañó con su contenido la funcionaria. El contenido no era agua, sino algo que a Aura Rosa Namías le olió vagamente a gasolina o removedor de esmalte. ¿Qué pretendía Petit? ¿Quitarle las manchas, desteñirla, blanquearla un poco? No: su intención era prenderle candela, y fue lo que hizo. Sólo que la llamarada además de envolver a la mujer lo alcanzó a él mismo y a las dos docenas de clientes que se encontraban en el lugar.&lt;br /&gt;La gente quiso hacer exactamente lo que los bomberos aconsejan hacer en esos casos: salir ordenadamente y sin dejarse ganar por el pánico, pero como el pánico no es oveja para dejarse amansar ya ustedes se imaginan el espectáculo: gritos, fuego vivo, gente quemada y asfixiada. Los únicos muertos en el hecho fueron Petit y Namías. Y los muertos no tienen una segunda ni una tercera oportunidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;_______________________&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El 14 de abril del 99 la publiqué en&lt;/em&gt; El Nacional&lt;em&gt;, con un título que ni yo mismo puedo entender ahora: La más negra de las persuasiones.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113821334773648892?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113821334773648892/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113821334773648892&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113821334773648892'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113821334773648892'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/01/los-argumentos-del-fuego.html' title='Los argumentos del fuego'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113761990894576207</id><published>2006-01-18T17:29:00.000-04:00</published><updated>2006-01-18T17:31:48.960-04:00</updated><title type='text'>Guapo, armado y apoyado</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Ramiro X, alcalde del municipio Tovar –capital Colonia Tovar– tiene encima una investigación bastante delicada, y un auto de detención más delicado aún. "Aprovechamiento de cosas provenientes del delito" no parece sonar muy fuerte en un país que ya se está acostumbrando a que sucedan crímenes más monstruosos, pero el problema con el amigo Ramiro X es que la PTJ de Maracay encontró en las bóvedas de la alcaldía de Tovar, esto es, en su oficina, un puñado de joyas. Tras una simple verificación las autoridades determinaron que esas prendas habían sido extraídas a la fuerza de la joyería Damasco, en La Victoria, por una banda armada.&lt;br /&gt;Al ser capturado e interrogado sobre el origen de aquellas joyas, el alcalde titubeó; luego dio una explicación que no convenció al comisario Juan Villamizar, de la PTJ-Maracay, y entonces sí estalló el escándalo en serio. Junto con Ramiro X fueron a parar a la cárcel el comandante de la policía municipal, Henry Perozo; Asdrúibal Martínez, José Carucí y Moisés Morón, todos funcionarios de la alcaldía.&lt;br /&gt;Es una historia extraña, torcida, de esas que mucha gente no puede creer. Pero más torcida y extraña, además de intensa, es la historia paralela, la que permitió que la anterior ganara espacios en la prensa. La que mantuvo en vilo a los cuerpos policiales de Aragua, Miranda y el Distrito Federal; la historia brava dentro de la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alcaraván, compañero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se llamaba Rubén Darío Medina Luna, tenía 34 años y vivía con su esposa y una hija en una urbanización de Valencia. Al margen de esa vida hogareña y familiar se desarrollaba su otra faceta, la perversa, la que lo llenó de dinero, comodidades, bienes y también un feo prestigio: el hombre era un consumado asaltante y llevaba encima un récord criminal bastante macabro, contentivo de ocho homicidios probados y algunos más que se le han atribuido pero nunca se le comprobaron.&lt;br /&gt;La noticia más antigua que se tiene sobre su tétrica trayectoria data del 13 de febrero de 1992. En esa oportunidad emboscó y neutralizó con su camioneta al vehículo de los hermanos Nicola y Giovanni Del Vecchio en la carretera Panamericana, antes de asesinarlos a balazos y llevarse su carro y sus bienes. Tres meses después del crimen, y tras minuciuosas labores de rastreo e identificación, la PTJ de Aragua lo identificó, dio con su paradero y lo capturó. Pero Rubén Medina no era de los que disfrutan ni se echan a dormir cuando les toca estar en una cárcel. Su inconformidad con la pérdida de su libertad la expresó de manera dramática un día de mayo de 1996, cuando logró escaparse del retén de La Planta junto con un grupo de reclusos en medio de una balacera que paralizó la autopista Francisco Fajardo.&lt;br /&gt;Como suele ocurrir en estos casos, tuvo que ocurrir esa fuga y ese vaporón ante los ojos del público para que comenzaran a salir a la luz otros interesantes datos sobre el sujeto evadido. El hombre pertenecía a una banda bautizada en el ambiente policial como "Los Alcaravanes", terror de la zona central del país. Muchos golpes se le habían atribuido, entre negocios asaltados y ciudadanos despojados de sus carros. En 1996, tras su fuga, lejos de estarse tranquilo y adoptar un bajo perfil para mantenerse lejos del brazo de la justicia, comenzó a reorganizar a su banda y ahora sí, sonó la hora de su funestagloria.&lt;br /&gt;Es posible que el vulgar ciudadano común que uno es no tenga manera de verificar in situ los procedimientos de la PTJ en este tipo de situaciones, pero lo cierto es que no hubo banco, joyería o bomba de gasolina asaltada que las autoridades no se lo atribuyeran al Rubén y su banda. Destacaba en su accionar y en el aspecto proporcionado por las víctimas y testigos de sus golpes el detalle de su armamento: parece que bastaba ver a aquellos tipos calzados con subametralladoras, fusiles de asalto y pistolones de alto calibre para que todo el mundo les entregara la cartera, las cajas registradoras, la cédula, la esposa, el dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chao suerte&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entre agosto de 1996 y finales de 1998, sin embargo, comenzó la debacle de Los Alcaravanes. Uno a uno y en diferentes lugares, siempre entre Valencia, Maracay y Caracas, fueron cayendo abatidos en enfrentamientos, diezmados por su propio método de entrompe y carnicería. Hasta marzo de este año había dos sobrevivientes de la banda. Uno, llamado David o Darío Vargas Lares –hay discrepancia en los registros– cumple condena en el retén de Tocuyito. El otro, Rubén Darío Medina Luna, todavía tenía gasolina existencial de sobra para dejar una nueva estela de sangre y malas noticias regadas en esas calles.&lt;br /&gt;El 7 de enero de este año tuvo lugar uno de los pocos momentos en los cuales Medina Luna estuvo frente a frente con la policía. Ocurrió frente a la estación de servicio Piedra Azul, en La Trinidad, aquí en Caracas, cuando Medina fue sorprendido en un carro recién robado. Una comisión de la PTJ le dio la voz de alto y el hombre respondió en su mejor estilo, con sucesivas ráfagas de ametralladora que acabaron con la vida del subcomisario Jaime José Briceño (36 años) y del funcionario José Luis Rondón (26). Poco después se produjo el asalto a la joyería Damasco de La Victoria, con saldo a su favor de 40 millones de bolívares en joyas. En este punto del relato entra en escena el alcalde de la Colonia Tovar. Fue su último gran golpe, que se sepa.&lt;br /&gt;Su ángel guardián decidió abandonarlo el pasado 5 de marzo. Una comisión de la PTJ lo siguió sigilosamente por las calles de Valencia hasta que decidieron abordarlo cerca de su residencia, en la urbanización El Parral. Iba en un vehículo Toyota Camry acompañado de otro hombre, cuando se percató de que lo seguían e intentó escapar. En un momento de la persecución decidió cambiar el procedimiento y enfrentó a tiros a los agentes, pero esta vez el marcador no le favoreció, y cayó muerto con varios disparos. Su compañero se dio a la fuga. Resulta muy simple este epílogo, pero no hay otro. A menos que uno quiera escarbar a fondo en el papel del alcalde Ramiro X, pero de esto se está ocupando la PTJ.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;_____________________&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Cuando la escribí para &lt;em&gt;El Nacional&lt;/em&gt;, el 11 de abril del 99, le coloqué por título &lt;em&gt;Un hombre muy duro con unos hierros enormes.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113761990894576207?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113761990894576207/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113761990894576207&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113761990894576207'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113761990894576207'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/01/guapo-armado-y-apoyado.html' title='Guapo, armado y apoyado'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113743944848826555</id><published>2006-01-16T15:20:00.000-04:00</published><updated>2006-01-16T15:24:08.513-04:00</updated><title type='text'>La bulla de los inocentes</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Un crimen horrendo puede no trascender ni dolerle a mucha gente. Eso depende de cuánto tenga el agraviado en la cuenta: justicia para pobres no existe, mucho menos para marginales y para familias perdidas en pueblos olvidados&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lagunillas suena a calor y también a miseria. Se es de Lagunillas y se puede esperar cualquier cosa de regular para abajo, sobre todo si uno es pobre. Algo que no es difícil: muy pocas personas son pudientes en ese pueblo. Tiene su sabor a paradoja la cuestión, porque Lagunillas queda en el Zulia, el estado más rico de Venezuela.&lt;br /&gt;A esa categoría de pobres habitantes del rico estado pertenece la familia Pacheco Urbina, una gente que le ha visto la cara a la pelazón de cerca, casi desde adentro. Para completar, viven en un barrio llamado Párate Ahí. No es que uno tenga nada contra las denominaciones de barrios, pero tenga usted la bondad de explicarme cómo coño va alguien a salir de abajo en un barrio cuyo nombre le recuerda a cada rato que nuestro lugar esta ahí abajo, sin posibilidades de surgir: Párate Ahí y no estudies, no le pongas empeño, no trabajes. Con una orden subliminal así a uno no le queda sino meterle los pocos centavos de la quincena a la lotería y a las carreras de caballos, o echarse a morir por nocaut fulminante a punta de caña blanca y tristeza.&lt;br /&gt;De más está decir que también hay delincuencia y puñaladas traperas para regalar en esos eriales, y por lo tanto –cosa que podría funcionar si no hubiera tantos tipos que enloquecen cuando les cae una chapa y una pistola en las manos– la policía tiene o cree tener una especie de salvoconducto virtual para entrarle con todo a sus habitantes. Recuerden la postura oficial de un antiguo director de la Policía de Baruta, según el cual todo lo que se mueva en Petare huele a perico y a pólvora, y por lo tanto a esa gente hay que quebrarle las patas antes de sacarle una declaración. No se extrañen, esa es más o menos la filosofía en muchas partes de Venezuela.&lt;br /&gt;A la familia Pacheco Urbina le tocó la mala un día de marzo. Tenía que tocarle. Ser marginal tiene su precio. No pretenderán que eso se pague sólo con hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ultimo out&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Fue un operativo de la Policía Municipal: cinco patrullas llegaron al barrio Párate Ahí, repartieron rolo y codazos como en cualquier película de kung-fú, pegaron de una pared a todo bicho de dos patas que arrugara la cara al recibir los golpes, y después –sólo después– comenzó el cacheo de documentos.&lt;br /&gt;Pero he aquí que a uno de los funcionarios le gustó la cara del hijo menor de los Pacheco, uno que llamaban Yoeshit Alberto (16 años a la fecha), y comenzó a preguntarle fuerte y seguido por unos malandros, por unos azotes de barrio que estaban escondidos por allí. La familia del muchacho dijo después –se ha cansado de decirlo– que él jamás tuvo trato con ningún delincuente, lo cual viene a ser lo de menos. De verdad, no importa, porque con peores lacras han salido retratados ciertos personajes muy queridos en las altas esferas y no por eso les han hecho ni una octava parte de lo que le salió a Alberto Pacheco esa tarde.&lt;br /&gt;Lo que cuentan los testigos y familiares de Alberto es más o menos ésto: el joven estaba jugando beisbol, fue detenido junto con un grupo más de peloteros, llevado al lugar donde requisaban a los demás y desguasado a tiros de pistola en presencia de una veintena de testigos. En cuestión de minutos lo introduijeron en una patrulla, el chofer arrancó con la urgencia del caso hacia el hospital más cercano –adonde no llegó con vida el joven, por cierto– y perro a ladrar: allá va el cuerpo de Yoeshit Alberto rumbo al frío de la morgue, y más tarde a la sepultura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La esquiva justicia, otra vez&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Acá es cuando la historia se nos convierte en algo terriblemente parecido a otros casos anteriores, pero vamos a reseñarlo de todas formas. Total, aquí no pretendemos que se diviertan –para eso tienen a Max Haines; hacía tiempo que no nos metíamos con él– sino que se les arruine el domingo con el relato de algunas cuestiones sucias y más o menos cotidianas. Ejemplo: al día siguiente apareció en los periódicos regionales que la poderosísima escuadra de la Policía Municipal había despachado en heroica y arriesgada acción, allá en el peligrosísimo barrio Párate Ahí. ¡Salud, zulianos! Por fin hay alguien que los protege en las calles.&lt;br /&gt;Unas cositas extras para no dejar esto por la mitad. El señor Freddy Pacheco hizo las diligencias pertinentes para recibir el cuerpo de su muchacho, y por supuesto lo recibió, pero lo recibió incompleto. Entre otras huellas menores, Alberto tenía los genitales mutilados y le faltaba la córnea de uno de sus ojos. Lo de la córnea se entiende; ya el doctor Jack Castro explicó que cuando uno muere sus familiares tienen tres horas para presentarse con una carta en la que prohíbe que le extraigan sus órganos. Está bien, a lo mejor esa córnea le estaba haciendo falta a alguien. Pero por lo demás... no sé, no sé. Mucha gente padece en el mundo por falta de bolas, pero que se sepa a nadie le han transplantado un testículo. A lo máximo que ha llegado la ciencia es a clonar una oveja, así que será bien difícil explicar por qué ese ensañamiento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La familia Pacheco Urbina tardó un poco, pero al fin hizo los trámites pertinentes. La familia Pacheco Urbina ha contado mil veces la historia de la redada, de la captura, de los tiros, de la mutilación. La familia Pacheco Urbina ha sido escuchada, y se le ha prometido que el peso de la ley caerá con toda la premura sobre los responsables del crimen. La familia Pacheco Urbina no ha tenido fortuna: ellos viven en Lagunillas. Los policías que masacraron a Alberto andan por la calle, más libres que nunca.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y Párate Ahí: justicia para pobres no existe. Después se molestan porque uno lo dice en voz alta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Publicado el 28/04/99 con el mismo título. En El Nacional, cuando era un periódico serio.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113743944848826555?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113743944848826555/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113743944848826555&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113743944848826555'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113743944848826555'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/01/la-bulla-de-los-inocentes.html' title='La bulla de los inocentes'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113665686214599391</id><published>2006-01-07T13:58:00.001-04:00</published><updated>2011-06-18T14:42:21.181-04:30</updated><title type='text'>Muy grande y muy pesado</title><content type='html'>&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El los penales suelen deambular personajes pintorescos, mentes analíticas, talentos innegables, diamantes sin pulir. El caso de hoy da cuenta de uno de los inolvidables de la cárcel de Tocorón&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Resultaría vago, inacabable y lleno de conjeturas el acto de ubicar con precisión el momento en que El Gordo Omar se inició en los menesteres del tráfico de drogas, negocio al que se había aplicado, evidentemente, hace un rato largo. Por esto, no deja de extrañar el hecho de que sólo haya sido en 1997 cuando los cuerpos policiales le echaron mano por primera vez. Y tomen nota, por favor: estamos hablando de un señor que había pasado su vida (40 hermosos y refulgentes años) entre Aragua y Carabobo; entre Cagua, Maracay y Valencia. No se trata, pues, de un nómada transnacional sino de un hombre más o menos sedentario, ubicable, más fácil de identificar que la voz de César Miguel Rondón en medio de un recital de las niñas del San José de Tarbes.&lt;br /&gt;A esta descripción somera de sus harto predecibles movimientos, es preciso agregar que el hombre no ocultaba para nada su condición de ciudadano enriquecido con alguna rapidez. Testimonios de primera mano hablan de unas fiestas fastuosas en su vivienda, ubicada en el sector La Candelaria, en Cagua; de una afición desmedida por las muchachas más bellas (que por los lados de Aragua y Carabobo abundan como el arroz), y de una presunta costumbre de cambiar de carro con la misma frecuencia con que uno se cepilla los dientes; es decir, dos o tres veces al mes.&lt;br /&gt;En descargo de los investigadores hay que señalar que el hombre tenía bien instalada y aceitada su maquinaria de defensa y protección, de modo que siempre era el primero en enterarse cuando se avecinaba una operación relámpago de las policías, y además sus redes estaban tan bien sincronizadas que más de una vez recibió serios golpes, grandes decomisos  de cargamentos cuya propiedad jamás se le atribuyó, entre otras cosas porque las mulas a su cargo jamás le habían visto la cara ni escuchado su nombre. Invisible, intocable, indetenible: la prosperidad en silencio se llamaba Omar José Moreno. Aunque díscolo y desenfadado, parecía haber acumulado tanto poder como para hacerse respetar por los jíbaros de la zona central del país, y también por la PTJ y la GN, que ya habían comenzado a percibir un tufito indeseable en el rastro del tipo. De dijo, pero jamás se probó, que en la cuenta de Moreno había que anotar una serie de ejecuciones y planes para liquidar a la competencia por la vía rápida, lo cual prueba que aparte de hábil para esconderse era un sujeto duro, aplazado con cero uno en la materia Contemplación.&lt;br /&gt;Pero siempre llega el momento de los resbalones, y el del Gordo Omar sobrevino un día de marzo de 1997. La PTJ logró al fin detectar su responsabilidad en una macoya de 40 kilos de cocaína y lo capturó sin mucho trámite. Sólo que entonces el Gordo dio muestras de estar preparado para dar pelea en otros terrenos: miren a sus abogados, qué veloces y agraciados se ven. Pero todavía tienen que pasar unos cuantos meses antes de que esa parte del asunto cobre su protagonismo. Estén pendientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Las reinas del rey&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Gordo Omar fue a parar con sus huesos y sus kilos de más a la cárcel de Tocorón, lugar en el cual las autoridades esperaban que se encontrara con otros presos más bravos y mejor instalados en la tierra que él, pero miren qué sorpresa: al llegar a la cárcel casi lo reciben con un comité de recepción, orquesta y champán incluidos: allí estaban muchos de sus viejos panas y subalternos.&lt;br /&gt;El hombre entró en aquellos pabellones como si se tratara de su casa, y a los dos semanas ya su habilidad para hacer trueque con la marimba y demás sustancias le habían dado dentro del penal el poder que ni siquiera tenía en la calle. ¿Dudan ustedes que la venta de drogas es más rentable en la cárcel que en la vía? Bueno, entérense: una porción de lo que sea puede costar en la cana el triple de lo que cuesta en la calle. La trampa es hacer un sacrificio, pasar una temporada a la sombra y después a disfrutar de lo lindo, mi gente; no hay prisión que dure cien años (a menos que los chuzos y metrallas lo alcancen a uno, en cuyo caso la prisión no dura un siglo sino para siempre). Además, Omar José Moreno encontró cancha propicia para hacer entrar unas armas y con eso armó el negocio del siglo, todo eso sin salirse de un espacio de seis por seis metros, como no fuera para ir al baño o coger un poco de sol en el patio.&lt;br /&gt;Y miren qué mala estaba la cosa allá adentro. El Gordo, en su celda de máxima seguridad, acompañado de hombres peligrosos pero fieles cuando están frente a un líder como él, se las arregló para recibir sus buenas comidas, cierto trato preferencial que ni las autoridades del penal podían detectar y mucho menos impedir, y un privilegio que ni siquiera los hombres libres podemos disfrutar: el acceso eventual al anexo femenino. Construyan ustedes la ecuación: hombre preso más mujer presa es igual a. Qué más se le puede pedir a la vida.&lt;br /&gt;Allí en el anexo conoció a una chica llamada Yuneiris Ramírez, “La China” para los papacitos. Y no sólo la conoció, sino que cada vez que entraba en el anexo la quería era a ella, no me la toquen, que me la rompen. Jamás romance alguno fue más tórrido.&lt;br /&gt;Pero no crean que El Gordo creía mucho en el amor eterno. Apenas salía del anexo femenino y llegaba la hora de la visita, el Gordo se arreglaba y se peinaba para entablar conversación con una hermana de un recluso que no tuvo reparos en presentársela; se llamaba Dayana Ceballos, 23 años, mirada inquieta, piel morena, talante imperial y con un cuerpo más bueno que un sancocho de jurel un domingo a las diez de la mañana en la orilla del río que baja por Chuspa y desemboca en Los Caracas.&lt;br /&gt;Llega diciembre de 1997; han transcurrido unos meses desde que el hombre fue capturado, y a Tocorón llega una orden de liberación a nombre de Omar José Moreno. A disfrutar, galán, del fruto de tu noble esfuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Nadie es eterno en el mundo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al igual que algunos helados de Tío Rico, que tienen su parte más sabrosa al final del vasito, la vida de El Gordo Omar llegó a sus meses culminantes de la manera más auspiciosa, aunque también más intensa y accidentada. El febrero de este año se produjeron algunas noticias, quizá no propiamente suyas, pero sí muy relacionadas con él.&lt;br /&gt;El día domingo 22, durante la visita en la cárcel de Tocorón, aquella amante suya apodada La China tuvo un ataque retardado de celos, pues se enteró de que su gordo querido había estado saliendo, ya en libertad, con aquella entrometida de Dayana Ceballos, la mujersota que él había conocido en el penal. Nadie sabe cómo, La China logró abrirse paso hasta el sitio en que estaba la visitante y la atravesó con un chuzo lleno de óxidos y filos. Dayana agonizó unos minutos y nada se pudo hacer en el patético servicio de enfermería, muy bien equipado y pulcro si lo que va a ser atendido allí va a ser un jabalí, pero definitivamente repugnante si le paciente es un ser humano.&lt;br /&gt;El Gordo se enteró de la cosa, lloró la muerte de la niña e hizo lo que mejor sabe hacer: movió sus piezas dentro de la cárcel con la celeridad de un ministerio (inglés). Marcó un número celular, pegó dos gritos, impartió una orden. El día martes 24 La China amaneció despedazada a chuzazos en su cuchitril del anexo femenino. Se dice que uno de los autores materiales del ajusticiamiento fue un querido subalterno de Omar José Moreno apodado “El Solitario”.&lt;br /&gt;Ocho días transcurren. El 4 de marzo, la Guardia Nacional investigó y detuvo a uno de sus funcionarios, un distinguido de nombre Carlos Morales Romance, implicado hasta las medias en el tráfico de armas y drogas dentro de la cárcel de Tocorón. El rastreo y la investigación que sobrevivo condujo a las autoridades hasta la puerta de la casa del Gordo Omar, quien, con mucho gusto, regresó a sus aposentos de Tocorón.&lt;br /&gt;Pero esta vez no había ni comité de bienvenida, ni champán, ni mujeres complacientes a su disposición. La secretaria del juez de su causa y un fiscal del Ministerio Público habían recibido la información de que Omar José Moreno iba a ser asesinado por una banda rival, no bien entrara en la cárcel. Los funcionarios recibieron el anuncio con un bostezo. El lunes 10 de mayo, en mitad de una protesta, una huelga de hambre y una riña colectiva, de Tocorón salieron dos cadáveres para recibir por última vez el sol de Maracay. Uno era el del célebre “Monstruo de Guarenas”; el otro, por supuesto, era el de Omar José Moreno. Se le contabilizaron 17 heridas de chuzo en todo el cuerpo. Pero qué importa el detalle. Pudo haber sido uno solo. Para la muerte no hay ofertas ni descuentos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;____________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Me la publicaron en El Nacional, pero no recuerdo ni he logrado averiguar cuándo. Supongo que fue hacia 1998. Lamento este bache informativo.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113665686214599391?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113665686214599391/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113665686214599391&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113665686214599391'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113665686214599391'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2006/01/muy-grande-y-muy-pesado.html' title='Muy grande y muy pesado'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113510476260818928</id><published>2005-12-20T14:43:00.001-04:00</published><updated>2008-06-08T17:26:01.785-04:30</updated><title type='text'>La segunda muerte de José Manuel Saher</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En los 60, decir &lt;em&gt;Este gobierno no sirve &lt;/em&gt;era apenas el preludio de la acción; había quienes manifestaban su inconformidad y luego salían a cuadrarse con la agrupación en armas que estuviera más a la mano. Había también quien anduviera por la calle hablando mal de Betancourt o Leoni, pero se le aflojaban las piernas cuando alguien le proponía salir a derribar el sistema que había hecho posibles a esos presidentes y a su circunstancia, y enseguida quedaba fichado: este es un hablador de pendejadas. Es que mi mujer va a parir y... Nada de eso. La humanidad era más importante que la familia.&lt;br /&gt;En esa época de decisiones, bravura y heroísmo actuó y se hizo conocer José Manuel Saher –Chema, para todos–, hijo del entonces gobernador de Falcón, un reconocido militante de Acción Democrática. Contra este precedente familiar, el Chema se convirtió en un cuadro de primera línea del MIR. Decíamos que la historia de hoy comienza en esos años. Precisemos: comienza en 1967, en el cerro El Bachiller, y el punto de arranque es un enfrentamiento armado entre el ejército nacional y una escuadra de aquellas huestes juveniles. Los soldados leales al gobierno acorralaron a los soñadores, los llevaron a un Teatro de Operaciones. Cuenta el anecdotario de la revolución que Chema fue torturado, despedazado en vida, y posteriormente fusilado.&lt;br /&gt;Era la guerra, eran tiempos duros, y entre escaramuza y escaramuza los hombres tenían ocasión de morir de muerte heroica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vástago&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Chema Saher dejó en el mundo de los vivos un puñado de libros (ya nos imaginamos qué clase de literatura), algunos recuerdos y un hijo al que le había puesto su nombre, José Manuel. Cuando el padre fue fusilado, el niño tenía 7 años. Acto seguido, la familia del guerrillero caído acordó salvar al infante del candelero que estaba en marcha en el país. A los pocos días del noticioso y difundido fusilamiento, el niño fue montado en un avión que se lo llevó directo y sin escalas a La Habana, Cuba. Fuera del país y más confundido que un argentino en un juego de beisbol, el niño comenzó a formarse en la tierra y en el sistema que le sirvió al padre de inspiración.&lt;br /&gt;Salto necesario de varios años, antes de decir que el joven José Manuel se empató en brigadas internacionalistas, lo cual significa continuación de lo que su padre había convertido en modo de vida. Antes de obtener su título universitario de médico obstetra ya le había tocado ver acción y ejercer su oficio en Nicaragua, El Salvador y otros países de Centroamérica. Hasta que llegó el momento del regreso a la patria. A principios de los 90 José Manuel pisó tierra venezolana, junto con su esposa; comienzan, pues, sus años de heroísmo incomprendido. ¿O de su ingenua ignorancia de los resortes que mueven hoy a la realidad venezolana?&lt;br /&gt;Estuvo unos años por Ciudad Bolívar, un poco a la sombra, un poco haciéndose sentir. Hasta que su destino explotó, en noviembre de 1997. La Guardia Nacional recibió informes de que una avioneta había sido secuestrada por tres hombres. A bordo de ella viajaba el propietario, Boris Valdivieso. Cuando la aeronave aterrizó, en una pista clandestina de Santa Elena de Uairén, un comando de uniformados la abordó y procedió a detener a los plagiarios. Uno de ellos resultó ser un caballero identificado como Danilo García Noroño. Un hombre cuya verdadera identidad era José Manuel Saher, venezolano, de 38 años de edad, médico obstetra e hijo del Chema, aquel mártir de la izquierda venezolana en los 60.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La otra muerte&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en prisión, comenzó a experimentar las distintas formas del martirio. Ustedes dirán: alguien que tuvo hígado de sobra para meterse en semejante problema con la justicia no podía esperar que le tiraran flores. Están en su derecho. Pero de todas formas no pierdan de vista la situación a partir de ahora; total, se trata de un ejemplar humano, y lo que nos tiene concentrados en él son circunstancias bastante repugnantes como para estar fijándonos en cómo pensaba el hombre.&lt;br /&gt;En sucesivas cartas a su esposa, José Manuel detalla los maltratos físicos a que era sometido cotidianamente en la cárcel. Nada fuera de lo común: patadas en los testículos, culatazos, peinilla por ese lomo y cierto tormento sicológico: cuando la tarde se ponía más fastidiosa de lo común lo encerraban en celda aparte, le metían el cañón de un fal en la boca y se ponían a relatarle historias de moscas verdes que revolotean, de gusanos que socavan el cuerpo, de zamuros que vigilan. A todas estas, sus compañeros de faena en lo de la avioneta fueron puestos en libertad al segundo mes, mientras él se quedaba en la cárcel de Vista Hermosa (interesante nombre para un penal) pasando y pagando las de Caín y Abel, todas al mismo tiempo. Entre los autores de los bofetones y amenazas, Saher menciona al distinguido Rodríguez y a un agente Sutherland a quien Dios cuide de todo mal. Más tarde, en otra carta dramática y decisiva, habría de agregar los nombres de Flores y Figuera, todos ellos Guardias Nacionales. Mientras él estaba allí, recibiendo las respectivas raciones diarias de lo mismo, sus abogados se movilizaron lo suficiente para conseguir una libertad bajo fianza. Un recurso que tropezó con varios inconvenientes, entre ellos el hecho de que el juez de la causa rechazó a los fiadores asignados porque no cumplían los requisitos. Es decir: eran fiadores pero, a los ojos de la Justicia, no eran de fiar. Eran unos limpios, pues.&lt;br /&gt;Con todo, tras unos arreglos mínimos, por fin el tribunal emitió una boleta de excarcelación, que debía ejecutarse este lunes ocho de junio.&lt;br /&gt;Pero antes del ocho de junio tenía que llegar el día seis. Seis es menos que ocho, ustedes lo saben. Era día de visita, así que su esposa, Norka Cujides, se dirigió a la cárcel para conversar con su esposo y llevarle algunas cosas, como de costumbre. Para su sorpresa, los guardianes no le permitieron la entrada al penal; Saher estaba súbitamente incomunicado, dos días antes de salir de la prisión, y los funcionarios hicieron lo posible por evitar cualquier contacto entre los esposos. No pudieron evitar, sin embargo, que José Manuel lanzara desde un piso superior una carta, una carta de la cual hay unas cuantas copias rodando por la Fiscalía General de la República y otras instancias. Una carta adicional, que da cuenta de los mismos reclamos e inquietudes, acompaña a ésta, la última, la más dramática. En todos esos escritos se nota el verbo invariable de los viejos combatientes. Es común encontrarse expresiones como “Hasta la victoria, siempre”; “Dígale al pueblo que muero con mi dignidad y mi moral muy en alto”; “Patria o Morir”. ¿Anquilosamiento o consecuencia? Quizá una mezcla de ambas cosas. Para efectos de lo que viene, eso es lo de menos.&lt;br /&gt;En fin, mucha gente tiene en sus manos la copia de un mensaje desesperado en el cual José Manuel Saher le pide a su esposa que establezca urgente contacto con alguien que ponga fin al ensañamiento que contra él han montado, entre otros, unos agentes Flores y Figuera. Estos le habían estado hablando muy seguido de la muerte, habían redoblado el acoso y las golpizas. Sólo faltaban dos días para que saliera libre, pero en dos días podían pasar muchas cosas. Así que Norka Cujides se movilizó con esta carta entre las manos, buscó a su abogado, inició contactos con el Ministerio Público.Exactamente una hora después de entregado el mensaje, las personas que se encontraban de visita en la cárcel de Vista Hermosa escucharon dos disparos. Para qué dar más explicaciones. Uno de esos disparos había entrado por el intercostal izquierdo de Saher; el otro le atravesó el cráneo de lado a lado. La versión oficial de los hechos dice que hubo una riña entre dos bandas por el control del penal. La carta de José Manuel Saher a su esposa (a quien, según cuenta, la ha estado buscado la DIM en su domicilio) cuenta otra historia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;_________________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Publicada el 14/6/98 con el título&lt;/em&gt; La segunda muerte de José Manuel Saer&lt;em&gt;; error de grafía incluido.&lt;br /&gt;Luego de publicado este escrito, varias voces autorizadas, entre ellas la del poeta Luis Alfonso Bueno, le envió una carta al autor, según la cual Chema Saher no había procreado hijos durante su corta existencia. Bueno fue amigo personal de Saher. Más que eso: fue quien dio el discurso de despedida ante su tumba, en multitudinaria manifestación, allá en Falcón; escribió una biografía suya, recopiló y publicó su diario, y todavía guarda relación con la familia de Chema, en Falcón. Su testimonio, muy autorizado por todo lo anterior, colide con el de los comandantes Douglas Bravo y Guillermo García Ponce, quienes aseveran que el fallecido en Vista Hermosa sí era hijo del guerrillero.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113510476260818928?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113510476260818928/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113510476260818928&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113510476260818928'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113510476260818928'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/12/la-segunda-muerte-de-jos-manuel-saher.html' title='La segunda muerte de José Manuel Saher'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113324373711208594</id><published>2005-11-29T01:43:00.000-04:00</published><updated>2005-11-29T01:55:37.130-04:00</updated><title type='text'>A sangre fría</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Catorce años de saber, de esperar el desenlace que ya la justicia había establecido para sus días. Karla Faye Tucker tuvo aquel momento de frenesí, aquellos minutos de locura que la llevaron a descuartizar a su antigua pareja y a la amante de éste, y esos pocos minutos bastaron para que el Estado, los órganos de la nación más poderosa de la tierra, decidieran que su vida era un elemento desechable por peligroso, prescindible por maleable.&lt;br /&gt;Ocurrió cuando todavía era una joven; 24 años que, sin embargo, habían sido vividos más intensamente que cualquiera de mayor edad. El mal día de su crimen y de su sentencia se le acabó la juventud, se le acabó la libertad y comenzó también a acabársele la vida: por una de esas crueles circunstancias de la ley norteamericana, debió esperar todo este tiempo para saber cuándo, por fin, le llegaría la hora. Y la hora llegó de súbito, un día de febrero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hubo una petición de clemencia, un alarido humano que nadie escuchó. Una inyección en el brazo y adiós ardor, adiós rencores. Método sencillo, expedito y repugnante. Quizá tanto como el otro método, el que ocurre aquí mismo, ante nuestros ojos, aunque no deseemos mirarlo de frente: ejecución extrajudicial, lo llaman, y suele venir aderezado con torturas y vejaciones de toda índole.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y conmueve, duele verificar una cuestión: la muerte de la norteamericana causó más estupor que las cientos de muertes que ocurrieron aquí en Venezuela en 1997. ¿Será auténtico, será genuino ese dolor nuestro por la sangre ajena?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;_________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lo metí en un recuadro en El Nacional, en enero del 98. Igual título, en honor del Truman Capote.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113324373711208594?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113324373711208594/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113324373711208594&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113324373711208594'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113324373711208594'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/11/sangre-fra.html' title='A sangre fría'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113286363216436851</id><published>2005-11-24T16:13:00.000-04:00</published><updated>2005-11-24T16:20:32.183-04:00</updated><title type='text'>Para capturar al fantasma</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El accidente ocurrió el 31 de diciembre de 1997, a las 9 de la noche, en la avenida Casanova de Sabana Grande. Un carrito pequeño, año 96 —no vamos a nombrar la marca ni el modelo porque no queremos problemas con los fabricantes de la Ford— venía bajando por la calle El Recreo y se disponía a cruzar hacia la Casanova, cuando de pronto por esta avenida apareció un Malibú, color marrón, año 77, ignoró la luz roja del semáforo y se clavó durísimo contra la puerta izquierda del Ford Festiva blanco. El resultado es de imaginarse: mientras al Malibú apenas se le removió un poco de barro seco del guardafango y se le estremecieron las telarañas dentro de la maletera, el otro carrito quedó desmigajado en mitad de la calle, cual promontorio de corn flakes sin esperanzas de redención.&lt;br /&gt;Es preciso que, antes de continuar, los lectores tengan muy clara en la mente la imagen del escenario: carrito noventoso vuelto leña, con dos damas heridas dentro de él; Malibú setentoso entero, aunque apagado debido al daño que sufrió el radiador, con su conductor ileso pero tan desconcertado como Pedro el día que Jesús le informó lo de las tres negaciones y el canto del gallo; detrás del carrito de las damas, un jeep conducido por un sargento técnico de la GN, amigo de ellas; alrededor, un grupo de curiosos que comenzaron a arremolinarse; y, a veinte metros del lugar, un funcionario de la DIM que se aproximaba en una moto. Es todo. No más derroche de espacio en esta página. La escena está servida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Duro de atrapar&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El conductor del Malibú se bajó del vehículo, asustado, e hizo lo que cualquier ser sensible, humano y responsable haría en una situación como ésa: miró hacia un lado, miró hacia el otro y no vio a nadie, y a la carrera pero sin ruido cruzó la calle, en dirección hacia el Centro Comercial Cedíaz. Entonces intervino Johnny Fernández, sargento técnico de la Guardia, que como hemos dicho venía detrás de las damas en un jeep, y le ordenó al caballero del Malibú detenerse. El hombre volteó, se sacó de la cintura un pistolón con mira infrarroja y le disparó dos candelazos a Fernández. Revuelo general, todo el mundo a su guarida, las mujeres y los hombres flojos a gritar y a desmayarse, Johnny Fernández a buscar su arma de reglamento y Deivy Andrade, funcionario de la DIM, a entrar también en acción.&lt;br /&gt;El tipo del Malibú continuó corriendo, pero de pronto se fijó que tenía a unos seis u ocho hombres corriendo detrás de él y reinició la huida. Deivy Andrade le dio alcance con su moto, pero el sujeto volvió a echar mano de su poderoso cañón y le disparó, dejándole de recuerdo un hueco a la moto del funcionario. Pero nada, por más que sea era 31 de diciembre y las cosas no estaban como para huir toda la santa noche, así que a escasos metros de la esquina siguiente se detuvo, entregó el arma, se dejó esposar y acompañó a Fernández y a Andrade de regreso hacia el lugar del accidente.&lt;br /&gt;Una vez en el sitio del encontronazo, Johnny Fernández acudió a socorrer a las mujeres, dos hermanas que responden a los nombres de Marjorie Josefina Blanco y Eglée Yully Blanco, y que estaban atrapadas dentro de lo que quedó del carrito en que viajaban. Había allí tres patrullas de la Metropolitana, identificadas con los números 6240, 6241 y 6340. Entonces se produjo un episodio conmovedor: los curiosos que presenciaron los hechos intentaron agredir al conductor del Malibú, y éste, para protegerse, corrió directo hacia la unidad número 6240, primero encanado que linchado, zape; Deivy Andrade le entregó a los funcionarios de esa patrulla, uno llamado José Camacho y otro de apellido Correa, la pistola del agresor, y se despidió del evento y sus animadores, por ahora.&lt;br /&gt;Entretanto, los bomberos hicieron acto de presencia en el lugar, con el teniente Gerardo Rojas al mando, y fueron ellos quienes rescataron a Marjorie y a Eglée del vehículo, para llevarlas a la Policlínica Santiago de León. Un poco más tarde, cuando ya las mujeres habían sido trasladadas, Johnny Fernández le preguntó al agente que comandaba al grupo de la PM, sargento Serrano, cuál era el nombre del detenido. Este le respondió que se trataba de Evaristo José Rodríguez, cédula venezolana número 3.378.692, lo cual no encajaba del todo bien, pues cada vez que ese señor hablaba se le salía un acento portugués que pasaba tan desapercibido como una top model en una celda del retén de La Planta. Pero bueno, había un hombre detenido y muchas cosas por hacer en la clínica; los esposos de Marjorie y Eglée fueron avisados del accidente y ambos acudieron, raudos, a recibir el año en la tristeza de un recinto hospitalario, a la salida de un pabellón. Marjorie Blanco resultó con desprendimiento de la pelvis, rompimiento de la vejiga, fractura de las costillas, el hombro derecho y los brazos, y separación de la mandíbula, y salió de la clínica el 6 de enero; A Eglée le fue peor, pues además de las múltiples contusiones en el cuerpo sufrió lesiones en el cerebro, debido a lo cual estuvo 16 días en coma. Fue trasladada al Clínico Universitario donde todavía permanece inconsciente; está delicada y necesita tratamiento neurofisiológico. El asunto sigue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Año nuevo, nombre nuevo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedamos en que hay un Evaristo José Rodríguez preso por la PM, guardianes del orden, la seguridad y el decoro en estas calles corrompidas de la ciudad capital. Pedro Rosal, esposo de Marjorie, fue el primero de enero a la Comisaría de la Metro en Quebrada Honda, donde se suponía estaba detenido el tipo, y adivinen qué. Adivinaron: el tal Evaristo no se encontraba allí, y un agente aseguró que Serrano, aquel sargento que comandaba las patrullas, tenía un informe según el cual el detenido se había escapado. Fin de mundo. Rosal corrió al Destacamento 62, al lado de La Previsora, para hablar con Serrano. Volvieron a adivinar: había cero detenidos según el sargento. Sólo que había un par de testigos claves de la entrega del agresor, nada menos que aquel Guardia Nacional y aquel DIM. Nada qué hacer. Serrano tuvo en sus jaulas a un hombre que hirió a dos mujeres y disparó sabroso contra dos funcionarios, y ahora no tenía a nadie. Cero Evaristo, cero pistola infrarroja, cero responsable del choque.&lt;br /&gt;Pero ocurre que Pedro Rosal tiene más contactos que la Cándida Eréndira, así que en pocos días le fue fácil averiguar en la PTJ y en otros entes algunas cosas inquietantes. Una: la placa del Malibú aplastacarritos (MAW-544) está registrada a nombre de Alvaro Dos Santos Da Silva, con lo que queda aclarado el misterio del acento lusitano. Dos: este hombre es dueño de un local de pool y billares ubicado en la calle Villaflor —a dos cuadras del accidente— y denominado Sunny, lo cual quiere decir que a este caballero tiene tanto dinero como bolas. Tres: a este local asisten con mucha frecuencia los Metropolitanos adscritos al Destacamento de La Previsora, quienes estuvieron muy activos mandando a callar a algunas bocas por allí después de soltar al portu, nadie sabe a cambio de qué ni por medio de qué artes. ¿Cómo lo sabes? Muy fácil: lo dijo Deivy Andrade, aquel funcionario de la DIM que participó en la persecución del primer día. Los PM cometieron la estupidez de tratar de amedrentarlo y él se lo soltó primero a Pedro Rosal, y después a la Fiscalía, a la PTJ, a la PM y a cuanta entidad ha solicitado su testimonio. Cuatro: según consta en las oficinas de la línea aérea TAP —Transporte Aéreo Portugués—, Dos Santos se marchó el 3 de enero, en el vuelo 354, para Oporto, allá en Portugal.&lt;br /&gt;Trasladémonos unos días atrás, hasta el primero de enero. Una mujer llamada Fátima de Dos Santos se presentó en el módulo de la PTJ de El Rosal para contar una historia muy triste: el Malibú de su hermano Alvaro Dos Santos había sido robado. ¿Cuándo? En diciembre. ¿Y ahora es cuando va a denunciar? Es que estábamos buscando por nuestra cuenta. Yo lo estacioné frente a la casa y se lo llevaron. ¿Dónde está su hermano? En Portugal. Se fue los primeros días de diciembre. ¿Usted cargaba el carro? No, yo no sé manejar. ¿Y no dijo que lo había estacionado frente a la casa? En fin, la mujer se volvió un sancocho de lágrimas y dejó que un hombre se encargara de las cosas.&lt;br /&gt;El hombre en quien la buena de Fátima y los suyos delegaron la responsabilidad de intentar un arreglo por otros medios fue el abogado de la familia. El 5 de enero, este caballero se comunicó con Pedro Rosal para iniciar conversaciones. Uno y otro se dijeron mutuamente lo que pensaban y se citaron para el día siguiente. Rosal acudió a la cita acompañado por una mujer a quien presentó como una amiga, pero que en realidad era una fiscal del Ministerio Público para que escuchara con atención, por si acaso. Lo que escuchó no fue nada extraordinario: el abogado le ofreció a la familia de las mujeres agraviadas 3 millones de bolívares, cantidad que, en opinión de los familiares de éstas, no alcanza ni siquiera para pagar el algodón y las gasas que necesitan para cubrir sus heridas. Parece que fue la mejor oferta que pudo hacer el abogado, y parece ser la mejor intención que tienen los Dos Santos para borrar las huellas dejadas del 31 de diciembre.&lt;br /&gt;¿Tiene esto una conclusión? Todavía no. Sólo hay material para una larga continuación: hay alguien que debería responder por dos damas que están en delicado estado físico y que debería responderle a la justicia, pero ese alguien está fuera del país. Y ese alguien estuvo alguna vez detenido, en poder de la PM. ¿Se fugó? ¿Lo fugaron?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La División de Inteligencia de la PM tiene cómo averiguarlo. Y lo hará. Por supuesto que lo hará.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;_____________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lo publiqué en El Nacional en enero de 1998. Mismo título.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113286363216436851?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113286363216436851/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113286363216436851&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113286363216436851'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113286363216436851'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/11/para-capturar-al-fantasma.html' title='Para capturar al fantasma'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113253390684722698</id><published>2005-11-20T20:42:00.000-04:00</published><updated>2005-11-20T20:45:06.886-04:00</updated><title type='text'>Perdónenlos: era jugando</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Alejandro José González Sayago, 51 años, fue secretario de Obras Públicas del estado Carabobo durante el gobierno de Henrique Salas Römer, hasta que éste abandonó ese cargo. Estamos en febrero de 1996; viene el cuento más o menos conocido: Henrique Salas Feo, acababa de arrasar en las elecciones regionales y organizó un equipo similar al del padre, con algunas excepciones. Sayago, el hombre de las obras públicas, fue uno de los que quedó fuera del equipo del nuevo gobernador, y lo odioso del asunto es que el hombre se enteró de que lo habían dejado como las guayaberas porque apareció en la prensa, no porque nadie se haya tomado la molestia de notificarle nada.&lt;br /&gt;El mismo día que los periódicos anunciaron los nombres de los nuevos directores y secretarios, Sayago fue a su oficina, metió sus cosas en tres cajas de cartón y una bolsa, le dijo adiós a su gente y se fue a matar el despecho en otros ámbitos, a ocupar un oficio menos ingrato que los forcejeos políticos: se dedicó a ejercer la docencia en el colegio “Pedro Guzmán Gago”, de Valencia. No es que sea muy cómodo tener que optar por el Gago después de salir del Feo, pero bueno, tampoco había para dónde coger. Ya se fue Cindy Crawford; nos queda Lila Morillo.&lt;br /&gt;Sayago rumió su desconcierto durante meses, llamó en varias ocasiones a Salas Römer para que al menos le explicara por qué demonios su hijo le había dado base por bolas sin tener hombre en circulación. El candidato lo toreó, le sugirió un poco de paciencia, le explicó que hay cosas inevitables en la vida y que a fin de cuentas el joven Henrique Fernando era ya como muy grandecito para estar recibiendo regaños del papá. Hasta que un buen día le dijo Está bien, Sayago, vamos a vernos la primera semana de diciembre. No olviden las fechas: primera semana de diciembre de 1996. Facilito. Ni siquiera les estamos pidiendo que memoricen un día específico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La muerte pega primero&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ex secretario, quien vivía con su hermana y su madre en Valencia, no era hombre acostumbrado a desaparecer de su hogar, ni siquiera a ausentarse durante unas horas sin avisar para dónde y con quién iba a estar. De allí la alarma de sus familiares cuando, el día viernes 29 de noviembre de 1996, anocheció y Alejandro José Sayago no se reportó como de costumbre. La espera se prolongó hasta más allá de la madrugada; Sayago no respondía las llamadas en su celular. Entonces sus hermanos supusieron o intuyeron algo: a lo mejor el Alejandro José se había ido en su automóvil (un Ford Festiva) para Chichiriviche, en el estado Falcón, donde tenía una casa de playa a la cual iba de vez en cuando a vacacionar. No se apresuraron a iniciar la búsqueda, sin embargo; faltaban todavía una cuantas horas para que la alarma les hiciera pedazos la paciencia.&lt;br /&gt;El detonante que necesitaban para lanzarse a actuar les llegó el día 30 de noviembre: una de las llamadas realizadas al celular de Alejandro fue al fin atendida por una mujer. Al escuchar la voz del hermano de González Sayago, la mujer que atendió le cedió el aparato a un hombre cuya voz sonaba como la de alguien recién rescatado del fondo de una cisterna llena de aguardiente: “Alejandro tuvo un accidente en Tucacas, más tarde va para allá. Y no llamen, no jodan más”. Enseguida unas carcajadas, el celular enmudecido y nuevamente la angustia: ¿quién había atendido el teléfono y qué clase de noticia era esa del accidente en Tucacas? Entonces dos de los hermanos de Alejandro José, entre ellos Rafael González Sayago, emprendieron el viaje rumbo a Chichiriviche.&lt;br /&gt;Llegaron a la casa de playa, tocaron la puerta, gritaron varias veces, y nadie contestó. Iban a marcharse, pero Rafael tuvo un pálpito de esos que enfrían la sangre. Treparon por una pared, forzaron una puerta. Entraron en la habitación y allí estaba, en efecto: amordazado, atado de pies y manos, hinchado y con una coloración imprecisa entre el morado, el verde y el amarillento. Sólo tenía puesto el interior; el cuarto y toda la casa estaban llenos del olor propio de los cuerpos descompuestos.&lt;br /&gt;Hasta ese día, Henrique Salas Römer siempre había llegado de primero en cuanta competencia política había participado; esta vez, la carrera del encuentro con Alejandro José Sayago se la ganó, con pocos días de ventaja, nada menos que la muerte. Y ya sabemos que contra esa dama, mi gente, no hay encuesta que valga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Carrito pa’gozá&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un protocolo de autopsia no tiene por qué ser un documento hermoso, no tiene por qué hablar de las verdes campiñas de mi tierra florida y del candoroso zumbar de las abejas en primavera, pero el que emitió el doctor Tito Zerpa en la medicatura forense de Puerto Cabello, con detalles del estado en que se encontró el cuerpo de González Sayago, resulta particularmente macabro. Aunque parezca accesorio el detalle, agregaremos que la autopsia debió realizarse en el cementerio, en presencia de los hermanos del difunto. Y ese fue apenas el primero o segundo momento de consternación para la familia desde que supieron de la muerte del profesor y ex secretario de obras públicas; sobre los demás se expondrán un par de cosas más adelante.&lt;br /&gt;En resumen, el informe anotomopatológico da cuenta de hematomas en la región occipital, el temporal izquierdo y el lado derecho del cuello; dice que presentó un doble amordazamiento, con tela de paño y con una cuerda de nylon, el cual le tapaba al occiso la boca y las fosas nasales; las manos atadas detrás del cuerpo, muy apretadas, “con aprisionamiento individual de cada muñeca, a su vez atadas al amordazamiento colocado en la boca”. Los tobillos también estaban atados con la cuerda de nylon y la tela; la cara la tenía “aumentada de volumen, de color verde oscuro” (...) “El orificio anal abierto, evertido, con la mucosa gasificada, formando burbujas”. En resumen, el protocolo de autopsia determinó que la causa de la muerte fue asfixia por sofocación.&lt;br /&gt;¿Somos morbosos, crueles, insensibles, inconscientes, ignorantes de que una lectura dominical no debe contener este tipo de cuestiones? Sí, somos todo lo anterior. Somos malos, sangrientos, insoportables, casi adecos. Lo que sucede es que más adelante hablaremos de la decisión de un juzgado que asegura que no hubo violencia contra Alejandro José González Sayago. En fin, hasta malos narradores somos; cómo se nos ocurre adelantar una cosa que debería estar más bien al final.&lt;br /&gt;Pocos días después del hallazgo y el sepelio, a Rafael González Sayago comenzaron a llegarle informaciones de buena fuente: había gente que aseguraba haber visto a unos vecinos de la familia González con el Ford Festiva del difunto, y que habían trascendido ciertas conversaciones muy reveladoras. Todo el cúmulo de indicios fue a caer en manos de la PTJ, que tras una investigación, unas detenciones y unos interrogatorios, determinó que los asesinos de González Sayago habían sido Giovanny Benito Bastelli y Reydi Mayora Escalona. El padre del primero de ellos había sido en vida amigo de la víctima, y el propio Giovanny era, en efecto, vecino de los González.&lt;br /&gt;La detención de Bastelli y Mayora, junto con tres personas más (a éstas, por aprovechamiento de objetos provenientes de un hecho punible) se produjo el 12 de diciembre; el 29 de ese mismo mes, la jueza Marbelis Rossi les dictó auto de detención por homicidio calificado y robo. En su declaración, los dos implicados contaron una historia de lo más simpática. Echenle un vistazo: ellos iban caminando tranquilamente por una calle de Valencia cuando González Sayago los llamó desde su vehículo, Hey, móntense. Ellos subieron al carro y se fueron a tomar unos tragos, pero como el local donde fueron estaba cerrado, a Sayago se le ocurrió una idea mejor: Vámonos a Chichiriviche. Y allá van los tres, rumbo a Chichiriviche.&lt;br /&gt;Una vez en la casa de la playa, comienzan a tomar whisky; qué vida tan dura, hermano. De pronto, González Sayago les dice a los otros dos que tiene sueño y se acuesta a dormir, entonces a éstos se les ocurrió (estamos detallando su declaración, no lo olviden) que sería una buena idea llevarse el carro del hombre para rumbeárselo por las calles de Valencia, y eso fue lo que hicieron. Ah, pero antes amordazaron al hombre, para que le costara un poco de trabajo salir a denunciarlos, mientras ellos se gozaban el carrito en la capital de Carabobo. Tal fue su declaración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Fechas, papeles, tribunales...&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 29 de abril de 1997, la jueza segunda de primera instancia en lo penal, Nadezka Torrealba, le dio libertad a Bastelli y Mayora, al cambiar la calificación de homicidio calificado y robo, por los de homicidio culposo y hurto simple. La jueza apoyó su decisión de cambio de calificación en algunos hechos sobre los cuales la jurisprudencia es bastante estricta y específica. Una de ellas: las declaraciones de los implicados no constituían confesión, por cuanto ellos no admitieron haber asesinado a Alejandro José González Sayago, simplemente contaron qué había sucedido la noche del 29 de noviembre. En cuanto al asunto del robo, dice la magistrada que cabe la calificación de hurto simple, por cuanto “existe el apoderamiento de la cosa mueble, sin el consentimiento del dueño con el ánimo de lucrarse, sin que mediara violencia o amenaza”. Por lo cual, concluye la jueza, los acusados cometieron el delito de hurto simple. Reconoce la jueza que los muchachos vendieron el vehículo del difunto, y por lo tanto hubo intención de lucrarse.&lt;br /&gt;Sigue la cronología: en mayo, la familia González Sayago y un fiscal del Ministerio Público apelan ese cambio de calificación; el Tribunal Superior de Coro dejan sin lugar las apelaciones. En junio, Rafael González Sayago denuncia el caso ante el Consejo de la Judicatura y ante la Fiscalía General de la República. En julio, el juez accidental Carlos Alberto La Cruz, de Coro, decide que las apelaciones de González Sayago y el fiscal del Ministerio Público eran incorrectas. A estas alturas, faltaba la indagación de los encubridores involucrados, así que en agosto el juzgado Tercero le envía una notificación a uno de los encubridores (por correo), a lo cual el ingrato no ha respondido. Septiembre: la Fiscalía General designa como fiscal del caso a Nelson Ferrer, fiscal II de Coro. Octubre: se inhibe la jueza Nadezka Torrealba. Diciembre de 1997: revisión del expediente por parte del Inspector Nacional de Tribunales de la Fiscalía.Continuamos: enero de 1998: solicitud de captura contra Omar Pérez, el encubridor que falta por declarar. Marzo, abril, mayo, junio y meses siguientes: continúa el papeleo profuso e inacabable por mil oficinas, mientras Giovanny Bastelli y Reydi Mayora se burlan de lo lindo cada vez que tropiezan en la calle con Rafael González Sayago. Tienen motivos para reírse: están libres. Ya ustedes los conocen: son aquellos chicos chéveres, simpáticos, grandes jodedores. ¿Recuerdan la travesura aquella, el “hurto simple” del carro para salir a pasear en Valencia? ¡Ja, ja, ja! ¿Y la echadera de vainas por el celular, y los hematomas? ¿Y el amordazamiento doble? ¡Ja, ja, ja! ¿Y las lesiones múltiples? ¿Y la cara aumentada de volumen, de color verde oscuro, la asfixia por sofocación? ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja! &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;____________________&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11778710#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Publicada el 9/8/98, en El Nacional, con el mismo título.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113253390684722698?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113253390684722698/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113253390684722698&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113253390684722698'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113253390684722698'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/11/perdnenlos-era-jugando.html' title='Perdónenlos: era jugando'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113224383697117012</id><published>2005-11-17T12:07:00.002-04:00</published><updated>2008-10-06T18:52:21.038-04:30</updated><title type='text'>Cómo reconocer al Cordero</title><content type='html'>&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;No fueron amigos, ni conocidos; ni siquiera vivieron en el mismo lugar. Pero ciertas manifestaciones del caos humano de nuestras ciudades se encargaron de conducir sus vidas por caminos afines, rumbo a tragedias simultáneas&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Alexis Pérez tiene 23 años, los mismos que tendría ahora José Ramón Carrillo si un loco avatar no le hubiera interrumpido la juventud; Jairo vivió hasta hace un mes en la urbanización La Rosa, en Guatire; José Ramón, en Turmero, estado Aragua; Alexis siempre ha sido un muchacho inquieto, lo mismo que José Ramón. A ambos le dio por lo mismo desde temprana edad: la droga es una tentación muy fuerte para algunas almas desprovistas de la necesaria coraza moral, y ni Alexis ni José Ramón contaban en su equipaje existencial con una familia lo suficientemente fuerte como para soportar los llamados de ese oficio tan intenso como perjudicial como lo es la sobrevivencia, a lo macho, en unas calles que son selvas de cemento. Héctor Lavoe dixit.&lt;br /&gt;Alexis tuvo sus encontronazos cuando adolescente, y antes de la adolescencia. Tan duro y parejo le dio el muchacho al cuerpo que al cabo de pocos años tuvo que ser recluido en un centro de desintoxicación, fulminado o en vías de nocáut fulminante a causa del consumo de estupefacientes; tendría 19 años cuando decidió dejarse de eso, y un año más cuando pudo decir con la frente más o menos alta que había ganado la batalla.&lt;br /&gt;Caso José Ramón Carrillo: allá en el barrio Guanarito de Turmero se había ganado una imagen de cazador de peleas, de guerrero irreductible y maloso. Ya se sabe que sobrevivir en esas condiciones hasta más allá de los 20 años es hazaña de particulares matices, así que no pierdan de vista el detalle.&lt;br /&gt;En ambos se operó idéntica transformación, nadie sabe si por azar, por reflexión propia o por insistencia de sus allegados: cuando ya ambos cruzaban la raya imaginaria de los 20 años, un súbito halo de luz descendió de los cielos y aterrizó en aquellas mentes atormentadas. El resultado del aterrizaje fue que los dos sintieron la necesidad de acercarse a Dios y lo hicieron por la vía más expedita: acercándose a los predicadores que más fuerte gritaban en sus respectivas comunidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cordero de Dios&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando estaba transcurriendo toda aquella etapa dura y semisalvaje de Alexis Pérez, para desesperación de una familia que no encontraba como mantenerlo tranquilo en el carril, vivían en San Cristóbal. Luego del impostergable paso del muchacho por las manos del Señor, decidieron trasladarse a Guatire, un pueblito ahí que no tiene ni el clima ni la descongestión ni las posibilidades de estudio o trabajo —en una palabra: ni una de las ventajas— de San Cristobal, pero sí tenía algo fundamental: quedaba bien lejos de la influencia de aquellos muérganos que le habían echado a perder el alma al buen Alexis. Después dicen que todos los andinos son dóciles y campechanos. Hasta allá fue a parar junto con su madre, una hermana y un hijo de ésta, de nombre Eduardo Pérez, de cinco años de edad.&lt;br /&gt;En cuanto a José Ramón, también le salió mudanza de ciudad, aunque terminó quedando muy cerca del Turmero de sus desmanes; su madre vivía en Maracay y allá fue a parar, no sin antes realizar una pasantía de ocho meses en el hogar Renacer. Ya se dijo que le salió terapia de desintoxicación a causa de tanta droga. Una terapia que no fue sólo física: si a punta de citas bíblicas se puede desinfectar a alguien, puede decirse que el corazón de José Ramón Carrillo quedó como para un comercial de Ace, con Carlos Sicilia incorporado.&lt;br /&gt;Una novela de Saramago hace ver que el auténtico cordero de Dios es el propio Jesús: el tipo a quien se va a inmolar con el fin de expiar culpas ajenas. Los corderos de Alexis Pérez terminaron siendo su madre y el pequeño Eduardo, su sobrino: el pasado 29 de agosto, en mitad de un arrebato de furia sólo comparable con aquellos que, años atrás, lo hacían rabiar en las calles de San Cristóbal, arremetió a puñaladas contra su confundida madre que jamás supo a qué se debía tanto frenesí. Las autoridades policiales contabilizaron 18 heridas en su cuerpo. El niño requirió menos ensañamiento. Sólo dos golpes fulminantes en el cráneo bastaron para que éste estallara con el sonido que los vecinos escucharon en su momento, sin poder identificarlo. Más tarde habrían de enterarse: la estructura y la densidad dentro de una cabeza humana son idénticas a las de una pelota de golf.&lt;br /&gt;A José Ramón le llegó la hora de los grandes titulares ese mismo día. En la tarde le comunicó a su madre que iba a visitar a su hermana en el barrio Guanarito, en Turmero. Suponía el muchacho que los viejos enemigos no estarían esperándolo, que las viejas afrentas también se habían borrado debido a la intervención divina. No fue así, por supuesto: un José Terán cualquiera, rival con una memoria que funcionaba bien, sin mayores baches, lo identificó a lo lejos. Se le acercó, sacó el arma, le dio el insulto de despedida y le disparó dos veces. Fue llevado a un centro ambulatorio con una bala en el cuello y otra en la pierna, pero nada pudo hacerse. Salvar la vida es más difícil que salvar el alma.&lt;br /&gt;Alexis fue detenido pocas horas después de su doble crimen; su actitud denotaba un extravío mental que será esgrimido como atenuante o como factor de exención de la pena. Aseguró que el niño era el Anticristo, y la madre de Alexis, una agente del maldito que intentó envenenarlo varias veces.&lt;br /&gt;Una vez en su celda, intentó cortarse las venas con los vidrios de una ventana. Intento fallido; el cordero no tiene derecho a decidir nada sobre su destino.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;_________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La publiqué en El Nacional, en octubre del 98, con el título Cómo reconocer al Cordero de Dios.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113224383697117012?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113224383697117012/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113224383697117012&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113224383697117012'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113224383697117012'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/11/cmo-reconocer-al-cordero.html' title='Cómo reconocer al Cordero'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113178719913468207</id><published>2005-11-12T05:12:00.000-04:00</published><updated>2005-11-12T05:19:59.150-04:00</updated><title type='text'>Héroes y tumbas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;¿Quién mandó al general a adelantarse hasta quedar tan cerca del enemigo, con ese traje vistoso, blanquísimo y flameante, como si se tratara del mismísimo Aquiles renunciando a la cólera para entrar en batalla? Pues eso fue exactamente lo que el general Crespo hizo, y el resultado de su osadía no tardó en producirse: sin haber comenzado siquiera la acción bélica con la que pretendía liquidar de una vez por todas a la diezmada banda de El Mocho Hernández, un anónimo francotirador sin puesto oficial en la historia le apuntó con un fusil Winchester y lo derribó para siempre con un proyectil de esos que duelen con sólo mirarlos: un caramelo calibre 45, de aquellos que utilizaban los pioneros norteamericanos para derribar búfalos a 80 metros de distancia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En el informe levantado en aquella oportunidad por el médico Isaac Capriles pueden leerse expresiones más toscas que científicas –una de las más impresionantes: “La bala le entró más abajo de la clavícula derecha y le salió un poco detrás del cuadril izquierdo”–, pero fue ese el documento que registró la muerte del controversial caudillo, y que antecedió a su traslado oficial desde la funesta mata Carmelera, en el estado Cojedes, hasta Caracas, a donde llegó el 20 de abril de 1898.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Antes de su traslado a la capital, el cadáver de Joaquín Crespo, dos veces presidente de Venezuela, debió ser embalsamado a toda prisa por medio de un rudimentario proceso que duró ocho horas: fue vaciado, curado y tratado con las pocas sustancias disponibles, relleno de algodón y cubierto con cera y cal. En esas condiciones fue sepultado en el mausoleo construido años antes –conforme al diseño de Víctor Barret de Nazarís– en el Cementerio General del Sur.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Un siglo después&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En el borde del tercer milenio, algo lejos ya de aquellos acontecimientos sobrecogedores, el sitio que el general Joaquín Crespo escogió como último aposento para sus restos y los de su familia ha perdido toda placidez. Desde mediados de los años 70, cuando el Cementerio General del Sur arribó a sus cien años de existencia, se ha hablado de la inmensa sobrepoblación de esos terrenos, de las prácticas vandálicas que se han detectado allí, como el “reciclaje” de las tumbas: cierto sindicato que vacía y revende los espacios donde reposan restos olvidados por los deudos. También se ha comentado y deplorado el desmantelamiento de los mausoleos, el hurto de las piezas de aluminio y otros metales, los mármoles e incluso las flores, para ser vendidos al mejor postor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero la faceta más tétrica de esta suerte de ejército arrasador de tumbas es la práctica de rematar restos de cadáveres, supuestamente para la realización de ritos satánicos; otras versiones –que los sepultureros del cementerio confirman con toda la naturalidad cada vez que se les aborda– hablan de la venta de trozos de huesos que algunos malandros utilizan como amuleto o “contra” para alejar las balas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El pasado fin de semana, decidida a dar una respuesta satisfactoria a los familiares de difuntos cuyas tumbas han sido saqueadas, la Prefectura del municipio Libertador, la gerencia de Cementerios Municipales de la Alcaldía, el Comando de Seguridad Urbana de la Guardia Nacional y la PM realizaron un operativo sorpresa cuyos resultados fueron elocuentes: 80 detenciones, recuperación de varios kilos de materiales robados y verificación de aquellas prácticas macabras: muchas tumbas habían sido profanadas y desmanteladas. El prefecto Ramón Flores y el gerente del cementerio, Richard Blanco, acuñaron un slogan brutal para definir la guerra que se avecina: prometieron “acabar con los zamuros, los delincuentes de cuello negro” que rondan en las noches por el lugar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entretanto, en mitad del operativo y de las declaraciones vino a colación el mausoleo del general Crespo, el más llamativo y pomposo –y quizá también el más descuidado– de todo el cementerio, y varios de los funcionarios que estaban al frente del operativo confirmaron los temores: también había sido profanado, y no ahora sino varias semanas atrás. Respuesta que hubiera dejado satisfecho a todo el mundo de no ser porque, apenas unos días antes del operativo, alguien muy bien enterado dejó caer por los lados de la División de Medicina Legal de la PTJ una delicada revelación: el cadáver del general no está en su mausoleo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;¿Dónde esta el general ?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En la Central de la PTJ nadie supo dar informes precisos al respecto y ni siquiera confirmar la noticia. En la Prefectura del municipio Libertador, tampoco: la Dirección de Inteligencia se había limitado a la persecución y captura de los responsables de un delito comprobado, pero, hasta donde se sabía, no se trataba de juzgar a los saqueadores de una tumba en particular. La GN tampoco parecía estar muy al tanto de cuestiones demasiado profundas; capturar bandidos es cosa de todos los días.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En el propio Cementerio General del Sur, en cambio, sobran los interlocutores extraoficiales: los propios sepultureros, aunque la naturaleza alegre y desenfadada de estos trabajadores suele prestarse más bien a suspicacias. Indagar por algunas cuestiones escabrosas en medio de las tumbas puede no ser agradable, pero sí muy enriquecedor si se sabe discriminar las informaciones. Así, supimos que el mausoleo de Joaquín Crespo es uno de los más visitados por fuera y también por dentro. Hace tiempo que la tumba fue violentada y mutilado el cuerpo –en vida, una mole de 1,90 metros de estatura y cerca de 100 kilogramos de peso– del mártir de la mata Carmelera. Especie difícil de creer porque, si bien una parte de la pared y la reja que circunda al monumento han sido derribadas para construir unas tumbas ajenas en el límite de su perímetro, el interior del mausoleo está cerrado con algunas cadenas y unos candados –detalle curioso al principio– sumamente nuevos, demasiado nuevos para una capilla en tal estado de abandono. Las sospechas se disipan al verificar las fechas del último difunto sepultado allí: Luis Enrique Capriles Crespo, 4 de abril de 1992.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Arriba, en la sala principal, puede verse el lugar de reposo de Ana Jacinta Crespo de Capriles, justo al lado de una escalera que comunica con la bóveda que contiene o debería contener los restos de Joaquín Crespo. Varias huellas pueden verse entre la escalera y el resto del mosaico que adorna el piso. ¿No debería permanecer intransitado el sagrado recinto del ex presidente? También puede verse un envase desechable de refresco, quizá lanzado desde afuera. Las simples sospechas quedan en segundo plano ante los testimonios directos, manidos y antiguos: frente a la tumba de Joaquín Crespo y su esposa han tenido lugar rituales de todo tenor, y durante muchos años los pies del general estuvieron expuestos a la intemperie.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hoy, no es del todo necesario acercarse a la muy intimidante y misteriosa escalera mencionada arriba. Por la parte exterior puede el visitante acercarse a una puerta cerrada con cadenas –y otro candado nuevo– que comunica con el mismo lugar. Sólo que, al acercarse uno demasiado, se percibe un aire cargado de polvos y un ruido de insectos que obliga a no insistir más en la exploración.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Ultimo paseo por Caracas&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Otras alternativas para buscar al general, para sacarle a alguien una declaración, aunque fuera una parte de la información acerca de su paradero: rastrear a sus descendientes vivos, hurgar con más ahínco en la PTJ, en Medicina Legal. Esta última opción –abordada, es verdad, tardíamente– desmenuzó todo el falso acertijo: el general Crespo había sido sacado de su tumba, es verdad, pero no por macabros asaltantes sino por una comisión de la División de Medicina Legal de la PTJ –a cuyo frente se encontraba el propio doctor Jack Castro–, a petición de los familiares y del Instituto del Patrimonio Cultural. Resultaron ser ciertas, de todas formas, algunas de las especies sacadas a la luz de manera risueña y extraoficial: los funcionarios de la Judicial sí encontraron los sellos de la tumba violentados, su tapa rodada de su sitio; el cuerpo, sepultado originalmente con su kepis, un sable y condecoraciones varias, fue hallado cubierto sólo por una especie de tejido de fique; vulgarmente, un saco de papas. Otras especies no confirmadas hablan de la mutilación del dedo meñique de la mano izquierda.El cuerpo momificado del general permanecerá bajo custodia de la PTJ mientras se realizan los muy reclamados trabajos de remodelación del espléndido mausoleo. ¿Irán a garantizar de verdad su integridad cuando la remodelación concluya y el general haya regresado de su último paseo obligado por Caracas?&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11778710#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;*&lt;/a&gt;* &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;__________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11778710#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;*&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt; Publicada el 2/2/97 con el título La delincuencia actúa sobre héroes y tumbas.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11778710#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;**&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt; Dos días después de aparecer esta crónica el Instituto del Patrimonio Cultural envió a la redacción de Siete Días una carta en la cual se acusaba al autor de haber publicado una información sesgada. Entre otras cosas, decía que "el señor Duque (...) omite la labor de rescate emprendida desde hace meses por el Instituto del Patrimonio Cultural", y "es notorio el esfuerzo reciente de las autoridades municipales y de la propia administración del Cementerio, para mejorar los servicios generales que allí se brindan, incluyendo incrementar su cuido y vigilancia". Sí señor. Estaba tan bien cuidado el cementerio que el señor Duque olisqueó, vagó, esculcó e hizo sonar rejas como le dio la gana en el mausoleo de Crespo, y nadie se acercó a preguntarle qué demonios hacía en ese lugar. De todas formas, un año después, con motivo del centenario de la muerte de Crespo, el mausoleo fue reinaugurado por el entonces presidente, Rafael Caldera, y el general instalado en lujoso ataúd.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113178719913468207?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113178719913468207/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113178719913468207&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113178719913468207'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113178719913468207'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/11/hroes-y-tumbas.html' title='Héroes y tumbas'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113168377505124229</id><published>2005-11-11T00:33:00.000-04:00</published><updated>2005-11-11T00:40:08.206-04:00</updated><title type='text'>La inútil caridad</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La camioneta de la ruta UD-4 - Metro Zoológico hizo su recorrido habitual con toda normalidad; serían las las 10:45 am del 9 de febrero. En ella iba, entre otros pasajeros, Lisett Acosta (20 años, estudiante, niña hiperactiva). Cuando llegaron a la parada de destino, los pasajeros vieron como un grupo de Policías Metropolitanos requisaban a los usuarios de las unidades que estaban delante. Cuando le tocó el turno a la camioneta donde iba Lisett, un joven que había entrado en el vehículo en el sector Vuelvan Caras le dijo al chofer Ni se te ocurra pararte: sigue manejando, y lo dijo en un tono tan macabro que al chofer no le quedaron dudas: debía seguir manejando. Pero los de la PM se dieron cuenta de la cuestión y mandaron a parar; la unidad frenó, los policías se dispusieron a entrar a la camioneta y todo el mundo a sudar, a tragar grueso.&lt;br /&gt;Uno de los PM entró, armado, y pareció identificar a alguien: Salte de ahí, le dijo al muchacho aquel, el de la orden terminante. Más se supo que aquel joven venía de asaltar un abasto en el sector Vuelvan Caras, y un pitazo a tiempo del portu había puesto a la autoridad sobreaviso. A pesar de que el joven obedeció mansamente la orden, el PM mantenía el arma en posición amenazadora, sólo que la persona a quien le apuntaba no era el atracador sino Lisett. Hubo unos segundos de tensión, el muchacho se dejó sujetar por las manos y comenzaba a dirigirse hacia afuera, cuando, en vista de que el cañón policial seguía apuntándole a Lisett, el instinto de conservación de la muchacha la llevó a decirle al policía: No dispare.&lt;br /&gt;¿Qué cosa es más traicionera? ¿La mala intención o la incapacidad para controlarse en situaciones límites? Buen cuestionario para hacérselo a aquel agente, que resultó ser el distinguido Juan Da Silva, quien, perturbado quizá por la voz de la joven y por sus propios nervios de gelatina, hizo lo contrario de lo que ésta le pedía: una detonación loca y el proyectil viajó, directo y sin escalas, hacia el ojo izquierdo de Lisett Acosta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Yo pido, yo exijo, yo solicito&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha salió de la camioneta con el rostro bañado en sangre, clamando auxilio. La bala le había perforado el ojo, y dicen por ahí que eso duele. los policías presentes se comportaron de una manera a la que ya nos estamos acostumbrando: dieron la espalda y se marcharon del lugar. Por fortuna, una pareja de jóvenes que pasaba por allí en su carro recogió a Lisett y la trasladaron a la clínica Loira, a donde llegaron en cosa de 20 minutos. La atendieron de emergencia, le hicieron el tratamiento mínimo y luego la pusieron en manos del doctor Vicenzo Pérez, quien es amigo del padre de Lisett. ¿Y quién es el padre de Lisett? Pues el conocido periodista deportivo, especialista en beisbol, Humberto Acosta. La operación que se le realizó a la muchacha fue un éxito, en el sentido de que ella está con vida, pero el ojo lo perdió por completo. Cosa terrible para una jovencita linda que inevitablemente debe andar por el mundo dando la cara.&lt;br /&gt;Días después del incidente los familiares de Lisett acudieron a la comandancia general de la PM para hablar de una posible indemnización por los daños y los gastos que ha debido echarse encima la familia. Los ingresos de la familia Acosta no son tan elevados como para soportar un trancazo millonario y los seguros no cubren lesiones provocadas por armas de fuego. La actitud del general Francisco Belisario Landis fue bastante honorable. Les explicó que no hay ninguna cláusula en la normativa de la PM que hable de indemnizaciones a civiles, pero, en su afán de paliar de alguna forma la lesión de la joven, les ofreció contratarla para algún cargo, y así proporcionarle derecho al seguro de los funcionarios; la fórmula tropezó con mil trabas burocráticas y el general Belisario tuvo que declararse incompetente para resolver la cuestión.&lt;br /&gt;Más tarde se reunieron con el entonces gobernador del Distrito Federal, Abdón Vivas Terán, quien los despachó con este ofrecimiento: Vayan a la Lotería de Caracas, para que les den una ayuda. No se percató el simpático funcionario de que Acosta no estaba pidiéndole unos centavos con qué comprar unas latas de sardinas, sino una cantidad que les ayudara con las dos operaciones que se le han hecho a Lisett, la operación que viene y el tratamiento multidisciplinario que requerirá para poder llevar una vida digna.&lt;br /&gt;En vista del desinterés oficial, la familia ha decidido elevar el caso a manos de la Fiscalía General de la República, y seguir endeudándose, recibiendo préstamos de familiares y amigos, para no caer en el mecanismo que les sugirió el buen Abdón: hacer la cola de los recogelatas e indigentes para suplicar un par de miles de bolívares, allá en la Lotería de Caracas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Noveno inning&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estas cosas venía pensando Humberto Acosta hace unas semanas, en una camioneta de la ruta Caricuao-El Silencio, cuando de pronto notó una agitación fuera de lo común alrededor de la camioneta, a la altura de El Paraíso: un grupo de policías motorizados, Los Pantaneros, le hacían señas al chofer para que se detuviera. Arrúguense, medias, ahí viene la autoridad.&lt;br /&gt;El chofer obedeció; dos policías entraron a la unidad, los demás se ubicaron afuera, en posiciones estratégicas. La orden del que dirigía las acciones dentro de la camioneta no dejó lugar a dudas sobre lo que estaba sucediendo: &lt;em&gt;Señores pasajeros, bajen la cabeza. Y tú, coñoetumadre, bájate con las manos arriba.&lt;/em&gt; Acosta hizo lo que se le indicaba y analizó la situación: estamos en el noveno inning, el equipo está ganando por una carrera pero los rivales tienen tres hombres en base, con un out; nuestro pítcher es Rafael Caldera y batea Bob Abreu. Cualquier pitcheo en falso y se pierde el partido.&lt;br /&gt;Sucede pocas veces en el beisbol de la vida, pero esta vez ocurrió: el hombre fue sacado de la camioneta sin necesidad de disparar. Caldera ponchó a Abreu y se salvó el partido, por ahora.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Publicada en El Nacional el 25 de octubre de 1998. Mismo título.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113168377505124229?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113168377505124229/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113168377505124229&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113168377505124229'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113168377505124229'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/11/la-intil-caridad.html' title='La inútil caridad'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113147403257684538</id><published>2005-11-08T14:13:00.000-04:00</published><updated>2005-11-08T14:42:21.236-04:00</updated><title type='text'>Cuando dar a luz se convierte en un castigo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;María Levis Hernández tiene 25 años; ella y su esposo, Jairo Rubén García, viven en el barrio José Félix Ribas de Petare, y entre ambos se la han arreglado para sobrevivir en el mejor estilo posible dentro de la humildad y esa mamazón hereje que ya todos sabemos. Son gente pobre, saben lo que es dar trompadas contra todo bicho en esos cerros y por lo tanto saben muy bien cómo sobrevivir a todo tipo de amarguras y violencias. Bueno, hay violencias de guantes y bata blanca que resulta un poco más difícil de enfrentar que a la de los malandros. Ya sé que ustedes quieren saber lo que pasó con ellos, pero rápido; no se preocupen, a eso vamos.&lt;br /&gt;A principios de 1997, María Levis comenzó a notar una sospechosa tardanza en la menstruación, así que hizo lo que cualquier mujer normal suele hacer en esos casos: se fue a coger color en la playa, le comentó la cosa a sus amigas más cercanas y luego acudió al laboratorio para hacerse una prueba de embarazo. Una prueba que, por supuesto, arrojó un resultado positivo. Qué esperaban ustedes. Si la puntería no le había fallado a su esposo en dos oportunidades anteriores, no tenía por qué dejarlo mal parado ahora.&lt;br /&gt;La familia celebró la noticia de que se avecinaba un tercer soldado que alborotara la casa y comenzó lo que ya ustedes saben: aquella compradera de ropa, la selección de los padrinos, las apuestas sobre el sexo de la criatura, la compra de las telas, la suegra toda brava, caramba, yo recomendándoles unas telas verdes, muy simpáticas, para que estos muérganos vengan a decidirse por aquel otro azul turquesa, qué gustico, muchacho, los hombres no deberían intervenir en estas cosas. Los ajetreos normales de la prenatalidad.&lt;br /&gt;Comenzó a controlarse el embarazo en el Materno Infantil del Este, y la cuestión transcurrió sin mayores sobresaltos hasta el quinto mes de gestación, cuando se supone les iban a revelar el sexo del nene. Ella quería varón y él hembra; hicieron una apuesta y esperaron el veredicto del ecosonograma. El doctor les dijo ganó usted, señora; y por partida doble, porque ese enredo de piernas y cabecitas que se ve en la pantalla es la pelea a mordiscos que tienen sus dos niños: María Levis tenía en el vientre un par de gemelos fuertes y rozagantes. Una vez superada la sorpresa, sacaron unas cuentas y el médico llegó a la conclusión de que aquellos infantes debían venir al mundo el 28 de septiembre de 1997. Muy sabrosa la noticia, a pesar de que ahora las compras y los gastos tenían que ser por partida doble. A acostumbrarse, mi gente, ya van a saber lo que es cambiar dos pañales y calentar dos teteros al mismo tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doctor: qué dedos&lt;br /&gt;tan sabios tienes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos días antes de esa fecha, María Levis comenzó a sentir unas molestias que le parecieron sospechosas; el día 27 ya la cuestión parecía una clara señal de que los chamos estaban buscando la puerta de salida, así que se fueron a la maternidad Concepción Palacios y entraron por emergencia. Un doctor los atendió, todo sudado porque allí es costumbre que haya treinta mujeres con los dolores y a ninguna se le puede conceder privilegios a menos que se le estén desgarrando las entrañas. Así que el forcejeo es constante y bestial, por lo cual el tipo ni arrugó la cara cuando Jairo Rubén García le dijo que su esposa estaba por dar a luz. Simplemente súbase en esa camilla, abra las piernitas y vamos a ver qué hay.&lt;br /&gt;Detalle importante: la pareja le mostró un informe del obstetra en el que podía leerse claramante que la joven presentaba alto riesgo obstétrico, embarazo gemelar de 39 semanas más 6 días y pre eclampsia leve. El doctor miró aquellos papeles con la misma intensidad con que un tiburón blanco miraría una ensalada de tomate con cebolla y pepino, y se dispuso a hacerle un tacto. ¿Y qué es un tacto? Bueno, ustedes nada más acuérdense del dicho: los ginecólogos trabajan allí donde usted disfruta. Y no me molesten más con ese tipo de preguntas.&lt;br /&gt;El hombre realizó su tacto, lo pensó dos segundos y le dijo a la pareja que volviera dentro de dos semanas. ¿Cómo? ¿Y el informe? ¿Y la pre eclampsia, que yo no sé qué diablos significa pero suena demasiado feo para dejarlo de ese tamaño? Tranquilo, galán, llévese a la hembra y me la trae dentro de dos semanas. El diagnóstico que a su colega del Materno Infantil del Este le costó meses de esfuerzo y observación, al doctor de los dedos sabios le tomó apenas medio minuto de exploración digital para rebatirlo. Qué genio, qué grandeza la de este tipo; tocando arpa debe ser una estrella.&lt;br /&gt;María Levis y su esposo salieron de allí más confundidos que un finlandés paseando a mediodía por Maracaibo, se fueron a su casa y durante unos días torearon hasta donde se pudo el malestar y las incomodidades. Un día que la muchacha amaneció más delicada que de costumbre se fueron nuevamente a la maternidad para que la atendieran de emergencia, ya estaba bueno de espera. Cuando llegó la miraron de arriba abajo y decidieron, ahora sí, ingresarla. Lo cual muchas veces no representa ningún alivio, porque como ustedes deben saber, amigas parturientas de Caracas y pueblos circunvecinos, allí el procedimiento es el que sigue: usted se mete en una habitación donde hay cincuenta mujeres pegando unos alaridos de espanto, y la regla es que las que chillen menos fuerte es porque pueden ayudar a las que lanzan los gritos más poderosos. ¿Y los doctores? Allá abajo, atendiendo a las que por fin van a dar a luz, seis horas después de haber entrado. ¿Y las enfermeras? Bueno, hay allí unas doñas tan joviales que de de vez en cuando se asoman y entablan indefectiblemente la misma conversación con las mujeres:&lt;br /&gt;—¿Te duele?&lt;br /&gt;—¡De booooooo...!&lt;br /&gt;—Ah, pero cuando lo estabas haciendo sí gozabas, ¿ah?&lt;br /&gt;No es un invento, hijos míos. Ustedes, amables lectoras de los segmentos A y B de la población, pueden preguntárselo a sus congéneres de los grupos C, D, E, F y el resto del abecedario a quienes les ha tocado parir en esa maldita buhardilla que queda en San Martín. Y no crean tampoco que es un insulto machista, inventado y difundido por borrachos de plaza. Nada de eso. Quienes así humillan a las parturientas son mujeres de cuatro piezas, tan dulces y tiernas como un caramelo de ácido muriático y algunas tan sexis como una lavadora de rodillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vidas paralelas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la muchacha entró a la Sala de Emergencias se encontraba en un estado tan deplorable que decidieron atenderla: se le pararon a un lado y le dieron las instrucciones de rigor: respira hondo, puja, mija, puja. María Levis realizó el esfuerzo de su vida hasta que lo logró: bienvenido el primer chamo al planeta más lindo del sistema solar, con la excepción de Saturno que tiene unos anillos ahí más o menos. Pero cuando estaban aupándola para que expulsara al segundo el organismo se resintió y le sobrevino un paro cardíaco. Entonces sí: a correr, muchachos hay que hacerle una cesárea. Cuchillazo profundo en el vientre, extracción del segundo bebé y, junto con él, el útero, los ovarios, trompas, ligamentos. Histerectomía, llaman a eso los galenos.&lt;br /&gt;El percance culminó con los dos bebés a salvo y María Levis Hernández derrumbada en una cama, con esperanzas nulas de recuperación. Pocas horas después entró en estado vegetativo. Cuando la subieron a la habitación, había allí una compañera de infortunio, otra joven dormida profundamente ante la mirada de su madre. Se trata de Yurimar Armas, una muchacha de 19 años.&lt;br /&gt;Una vez apaciguadas las primeras lágrimas, la gente de María Levis entabló conversación con la de Yurimar. Le hablaron de sus cuitas, del trato inhumano, del médico de los dedos maravillosos, de las candorosas comadronas. El contrarrelato de la otra señora, madre de la compañera de habitación y de sueño obligado, fue el mejor consuelo que pudieron encontrar.&lt;br /&gt;Era octubre de 1997; Yurimar estaba en estado vegetativo desde abril. Su proceso fue algo distinto, más elemental que el de María Levis: ella había tenido un primer parto en el que le practicaron cesárea, pero la segunda vez los médicos esperaban que tuviera un parto natural, pasando por alto el hecho nada despreciable de que la joven padecía de una hernia umbilical. Sólo que en el momento de ser anestesiada le perforaron la duramadre y esto le ocasionó trastornos de alta factura. Para evitar los recovecos técnicos, limitémonos a decir que a la muchacha también se le practicó una histerectomía abdominal, que como ya sabemos consiste en la extirpación de buena parte del aparato reproductor. A su esposo terminaron por botarlo de su trabajo debido a los largos permisos que debió tomarse para poder atenderla. Lo cual no es ningún alivio: sin una entrada de dinero pocas cosas pueden hacerse con los días libres, como no sea desesperarse.&lt;br /&gt;El destino común ha ubicado a estas dos muchachas en similares circunstancias: están en la misma habitación, recuperaron el conocimiento pero apenas pueden escuchar, mover los ojos, comunicarse por medio de unas señas entrecortadas y aparatosas. Los allegados de ambas acudieron al Comité de Familiares de Víctimas por Mala Praxis Médica, y ambas han colocado sus denuncias. El caso de María Levis está en el tribunal 19º de primera instancia; el de Yurimar, en el 12º penal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Lo escribí para mi página de El Nacional, probablemente en 1997 ó 1998. Pero ¿saben qué?, no recuerdo ni tengo forma de averiguar la fecha exacta. Si alguien me hiciera el favor de hacerlo por mí, se lo agradecería.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113147403257684538?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113147403257684538/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113147403257684538&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113147403257684538'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113147403257684538'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/11/cuando-dar-luz-se-convierte-en-un.html' title='Cuando dar a luz se convierte en un castigo'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-113033606595419343</id><published>2005-10-26T10:05:00.000-04:00</published><updated>2005-10-26T10:14:25.966-04:00</updated><title type='text'>¿Quién se supone que eres?</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Quizá ustedes no lo recuerden a él, pero sí a la circunstancia: el 5 de febrero aparecieron por primera vez noticias suyas en los periódicos del país, luego de protagonizar una hazaña más digna del pato Lucas que del hombre araña, o, para que lo entiendan los más jóvenes, más digna de Homero Simpson que de los Power Rangers. Luego de arrebatarle una maletín con ocho millones de bolívares a un comerciante en Quinta Crespo, discutió con un compañero de faena o con un par de nuevos atracadores –la policía no lo ha precisado aún, y acá mismo comienza a enrederse el asunto–. Al no ponerse de acuerdo los choros en cuanto a quién debía quedarse con el botín, la conversación post atraco degeneró en un intercambio de disparos entre maleantes del cual salió él, Julio Chacón Sanguino (46 años), con una bala en el cuello.&lt;br /&gt;Como suele ocurrir en estos casos, un transeúnte de nombre Ramón Angulo Mora, quien no tenía nada que ver con el atraco y mucho menos con la discusión, recibe un impacto de bala en una pierna. Aparece una comisión de la Policía Metropolitana; el maletín lleno de dinero, abandonado por los hampones que se lo habían quitado poco antes a Chacón Sanguino –ladrones robando al ladrón–, es recuperado por los agentes y devuelto a su dueño original; los policías detienen de inmediato a Chacón Sanguino y también a Angulo Mora, quien en mitad del mariquerón que se armó fue confundido con uno de los delincuentes y por lo tanto le salió su merecumbé de rolazos dentro de la patrulla.&lt;br /&gt;Ambos son llevados al hospital Vargas, donde atienden de emergencia e intervienen quirúrgicamente a Chacón Sanguino, mientras que al señor Angulo –pacífico habitante de Carora que estaba por casualidad parado frente a una quesera, esperando el camión que iba a trasladarlo a su terruño, cuando se desató el tiroteo– lo reseñaron como delincuente, le curaron la herida con la misma delicadeza que un mecánico suele emplear para tumbar una transmisión, y lo trataron como al perro más vil mientras lo llevaban a la comisaría de la PTJ de El Paraíso, a ver si confesaba su participación en el frustrado asalto.&lt;br /&gt;La buena suerte de Chacón Sanguino se comprende; el hombre estaba herido en el cuello y en esas condiciones no parecía ser muy peligroso. La mala suerte de Angulo Mora también puede comprenderse, a causa de su condición de caroreño –que lo diga Luis Alberto Crespo– y a causa también de su primer apellido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gran escondite&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de esta insólita primera parte de la historia se produjo un capítulo que, ciertamente, borró la imagen de candidez de todo el episodio y sus principales actores. Chacón Sanguino, convaleciente aún en la sala número 15 del hospital Vargas, recibió una visita a eso de las 2:30 de la madrugada, cinco horas después de concluida la operación que le salvó la vida y 16 horas después del estúpido altercado de Quinta Crespo. La súbita visita estaba integrada por un grupo comando integrado por veinte hombres que, armados hasta la médula y actuando con toda la rapidez del caso, sometieron a los policías y vigilantes destacados en el centro asistencial, fueron directo a la sala 15, se echaron en hombros a Julio Chacón Sanguino, abordaron unas camionetas estacionadas afuera y desaparecieron sin dejar huellas ni traumas en el hospital. Sólo después de esta acción se supo que el otro detenido, Ramón Angulo Mora, no tenía relación alguna con los acontecimientos; hasta aquí, la historia conocida, o por lo menos la parte reseñada en estas y otras páginas de la prensa nacional.&lt;br /&gt;Pocos días después de tanta agitación y tanto detalle asombroso y confuso, exactamente el domingo 9 de febrero, la División de Inteligencia de la Policía Metropolitana anunció la recaptura de Julio Chacón Sanguino en el barrio El Tamarindo de Guarenas. Otra de Homero Simpson: el caballero sabía que lo del rescate había sido reseñado en muy alto tono por la prensa nacional, y que por lo tanto los cuerpos policiales –instituciones a las que no les suele caer bien que se burlen de ellos de esa manera– iban a buscarlo hasta debajo de las piedras, fue a esconderse, pero, ¿dónde? ¿En una concha recóndita? ¿En un pueblo remoto de los llanos apureños? ¿En un confín de los Andes majestuosos? ¿Tres metros bajo una estatua de la Isla de Pascua? No: el audaz y superpeligroso delincuente fue a buscar refugio en casa de su concubina –Josefina Flores, 49 años– y de su cuñado –Luis Flores, 34–, o lo que es lo mismo: en el lugar donde primero y con más ahínco iban los sabuesos a montarle cacería. Los hospitalarios hermanos Flores fueron detenidos en el acto por complicidad y por otras cuestiones inaceptables de su pasado.&lt;br /&gt;Breve pausa para organizarnos: Chacón Sanguino vuelve a ser detenido, fotografiado, presentado a la prensa y puesto a buen resguardo, esta vez sin las comodidades que le habían prodigado una semana atrás en el hospital Vargas. Un aspecto curioso de toda esta odisea fue la declaración que aportó en su oportunidad el coronel Jesús Benítez, Jefe de la División de Inteligencia de la PM: la evasión de Chacón Sanguino del hospital Vargas no había sido producto –como fue informado a la PTJ y lo ratificaron en sus declaraciones el personal médico, los vigilantes y algunos pacientes compañeros de habitación del hombre en la sala 15– de una operación comando. No señor: Chacón Sanguino se escapó solito y sin ayuda, burlando a la vigilancia y caminando por sus propios medios, cinco horas después de haberle sido extraído un proyectil de la cerviz.&lt;br /&gt;Todo un varón, y además un varón cargado ya de leyenda. Lo cual no es todo pues, como veremos a continuación, lo del atraco y lo del Vargas –en cualquiera de sus dos versiones– son episodios destinados a palidecer ante la faceta mas sensacional de este Julio Chacón Sanguino, todo un dolor de cabeza antes y después de que los investigadores de la PM y la PTJ se decidieran a ponerle seriedad y entusiasmo al caso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, el otro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 10 de febrero de 1997, a raíz de la recaptura de Julio Chacón Sanguino, en varios periódicos de la capital aparecieron su fotografía, las de su concubina y su cuñado. La suya presentaba a un caballero de baja estatura, algo pasado de kilos, mal afeitado y con una cara de aflicción que sólo puede uno entender si se tiene en cuenta los trastazos que le ha tocado dar entre Caracas y Guarenas desde que tuvo aquella penosa ocurrencia –esa de tumbarle el maletín al comerciante de quesos de Quinta Crespo– hasta la fecha, pasando por el momento en que el médico Alexander Viera le hundió el bisturí en el cuello para extraerle el proyectil calibre 38. Fuera del contexto de las historias en que se ha visto involucrado, su imagen inspira más bien la simpatía del sujeto bonachón, con más afición por el churrasco y las morcillas que por las armas de grueso calibre: “Con que ese es Julio Chacón Sanguino”, dice el lector de las páginas de sucesos, conforme y convencido de estar recibiendo la revelación, la evidencia de que el tipo en efecto existe. La noticia veraz e irrefutable: una más en este doloroso renglón del cada día caraqueño.&lt;br /&gt;Pues no; rotundamente, no. Porque resulta, para variar –y para terminar de agregar las aristas, ingredientes y guirnaldas que le faltan a su ondulante trayectoria– que el gordito triste, flatulento y entregado a los placeres sensuales que la policía presentó como Julio Chacón Sanguino, peligroso antisocial evadido del Vargas y recapturado por un comando de Inteligencia de la Metropolitana, ni siquiera se llama Julio Chacón Sanguino: su verdadero nombre es Marcelo Barboza (45 años), según las conclusiones a que llegó la División Contra Robos de la PTJ luego de practicar el correspondiente fichaje dactilar. “El Gocho Marcelo”, lo llaman en el mundo que lo ha visto crecer, y entre otros momentos de mayor o menor importancia exhibe en su currículum una fuga en el año 93 del retén de Tocuyito. Desde entonces era buscado intensamente por los cuerpos policiales y miren en qué circunstancias vinieron a capturarlo: justo después de otra fuga. Hay hombres que no pueden estarse tranquilos en un solo sitio. El resto de su campaña registrada oficialmente incluye algunas gracias llevadas a cabo desde 1985, poca cosa delante de lo que pudo descubrirse después: según la PTJ, tras los interrogatorios de rigor, Barboza, el ex Chacón Sanguino, dió las pistas necesarias para la captura de la banda a la cual pertenecía –¿la misma que lo rescató del Vargas?–, y a la cual se le atribuyen entre otras menudencias el asalto al Banco Canarias de La Florida –3 de noviembre de 1996– que les reportó, según informes divulgados en su momento, 193 millones de bolívares. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;______________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Publicada en El Nacional, el 23/2/97, con el título: ¿Quién se supone que eres, Julio Chacón Sanguino?&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-113033606595419343?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/113033606595419343/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=113033606595419343&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113033606595419343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/113033606595419343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/10/quin-se-supone-que-eres.html' title='¿Quién se supone que eres?'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-112445938431186897</id><published>2005-08-19T09:48:00.000-04:00</published><updated>2005-08-19T09:49:44.323-04:00</updated><title type='text'>El super agente 004</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Es la pura verdad: el ser humano puede acostumbrarse a todo, a cogerle el ritmo a cualquier evento, a perfeccionar las técnicas para dominar equis situación. Ponga a un hombre en una situación atípica cualquiera, manténgalo metido de cabeza en ella y en poco tiempo obtendrá un especialista en esa situación atípica. Ponga a trabajar en la morgue a un hombre que se aterroriza en presencia de un cadáver y en pocos meses hará mejores autopsias que el doctor Jack Castro; ponga a Alfredo Peña en el Ministerio de la Secretaría y en breve lo hará mejor que Blanca Ibáñez –ella no era ministra, pero ahí-ahí. La costumbre, Ramón Antonio, la costumbre. Todo es cuestión de acostumbrarse y de mejorar cada día, si uno tiene empeño. A ese factor le debe la humanidad la existencia de García Márquez, Pavarotti y Omar Vizquel: pueden darse el lujo de proclamar que son los mejores en su ramo, porque bastantes horas de ejercicio le dedicaron a lo suyo.&lt;br /&gt;En vista de ello, parece mentira que todavía los policías no hayan perfeccionado un arte que ya bastante falta les está haciendo. No, no es el arte de combatir a la delincuencia; en eso, sus méritos tendrán. Pero hay cada cosa, hermanos. En esta página no se acostumbra adelantar el final de las historias para obligar al lector a seguir el hilo de la narración, pero esta vez vamos a romper con esa maldita línea; el lector decide si quiere continuar leyendo hasta el final. De todas formas, este relato es tan parecido a otros anteriores que ya nada va a causarles sorpresa. En tres palabras: un funcionario de la Policía Municipal de Plaza, en Guarenas, mató a un niño de un disparo, en presencia de medio centenar de personas, y al día siguiente quiso hacerle creer a la prensa que la cosa había sido un enfrentamiento y que el muchacho era un delincuente.&lt;br /&gt;Conclusión del segmento, antes de dar algunos detalles, para conectar esta historia con el contenido del primer párrafo: el lunes, cuando esta denuncia llegó a nuestras manos, quisimos revisar en la caja ubicada bajo nuestro escritorio –un archivo personal de casos publicados y por publicar– para ver cuántas historias de éstas, cuántos padres, esposas y hermanos han venido acá a contar cómo fue que uno o más uniformados masacraron a sus seres queridos. Me tomé la tarde sólo para contarlos; sumé 82, ocurridos entre 1996 y esta fecha (mayo de 1999). Y créanlo: esa cifra es un escupitajo de hormiga en comparación con lo que tienen en su poder la Fiscalía, las ONG, el Congreso, algunos abogados particulares, y ni hablar de los que nunca serán denunciados por miedo. ¿Será posible que a los policías no se les va a ocurrir nada distinto cada vez que pongan este tipo de tortas? ¿Estaremos condenados –nosotros y ustedes, los consumidores de noticias rojas del país– a leer siempre estos relatos con idéntica estructura? ¿Es que la práctica no les va a dictar nunca una forma distinta de asumir sus responsabilidades?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El indocumentado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven de esta vez se llamaba Miguel Alejandro Ruiz Vargas, tenía 15 años y era estudiante y jugador de bolas criollas. Y no miren con el rabo del ojo ni arruguen la cara: el chamo no tenía antecedentes ni entradas policiales. La noche del 12 de febrero había una fiesta a medio prenderse en una cancha de la urbanización Leonardo Ruiz Pineda, en Guarenas. A eso de las diez de la noche Miguel Alejandro decidió ir a esa fiesta, y allí se encontró con el capitán de su equipo; él estaba inscrito en un torneo de bolas criollas que iba a comenzar al día siguiente, razón por la cual le dejó la cédula un momento al capitán; el hombre era el encargado de inscribirlo. Cruzó un momento la calle para saludar a alguien, cuando de pronto llegó una patrulla y empezó a abordar a los presentes, ¿con qué objeto? Bueno, ni más ni menos, para pedirles los documentos.&lt;br /&gt;Miguel Alejandro, que sus buenas razones tendría para temerle a los de uniforme en su condición de indocumentado temporal –su cédula se encontraba entre él y los gendarmes– y optó por correr a esconderse mientras terminaba la redada. Entonces apareció en escena el valiente funcionario William Pérez, placa número 004 (sólo le faltaban tres números para ser James Bond; imagínense si es eficiente este tipo, perdón, este funcionario), quien atisbó al peligroso malhechor que amenazaba con escabullirse. Hizo un disparo al aire; como el muchacho no dejó de correr entonces le metió el otro en la espalda.&lt;br /&gt;Miguel Alejandro cayó inerte en medio de la calle. Hacía allá corrió la comisión policial y también la avalancha de vecinos que ignoraron la redada y la presencia de los super agentes para exigirles que llevaran al joven al hospital. Los funcionarios, muy diligentes ellos, subieron al muchacho a la patrulla 009 (excelente patrulla) y se lo llevaron al hospital “Luis Salazar Domínguez”, situado a pocas cuadras de allí.&lt;br /&gt;No hay ni que decirlo: el joven llegó sin vida al hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Curiosidades varias&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel Alejandro cayó en el pavimento y fue levantado enseguida para ser llevado al hospital, que queda a tres minutos del lugar de los hechos. Sin embargo, la patrulla se echó media hora en llegar. El cuerpo del joven estaba mojado, lleno de barro y de hematomas, como si acabaran de darle una golpiza y lo hubieran metido en un mal charco. El primer anuncio oficial a la prensa da cuenta de un intercambio de disparos y de un revólver calibre 38 que estaba en poder del joven. La policía no ha tenido la delicadeza de mostrar el arma incriminada, ni ninguna otra, para uno saber con qué estaba el muchacho enfrentando a la autoridad. Hay un informe, una prueba de la parafina que dio negativa (esto es, que dejaba establecido que el muchacho no disparó un arma en las 48 horas anteriores a su muerte). Un segundo informe, emitido después que el cuerpo estuvo paseando entre las delegaciones de la PTJ de Guarenas, Caracas y Caucagua, dice que la prueba de parafina dio positiva. Ni en la morgue ni en la funeraria quisieron que los familiares de Miguel Alejandro lo vistieran ni lo vieran de cuerpo entero. Algunos testigos han ido a declarar cuando se lo han solicitado; otros se niegan porque, según cuentan, han recibido un par de advertencias por parte de funcionarios de la Policía Municipal. El agente 004 está por ahí; unos dicen que suspendido, otros dicen que activo.&lt;br /&gt;Pero está libre, como una paloma.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;__________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En El Nacional, mayo de 1999. Mismo título.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-112445938431186897?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/112445938431186897/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=112445938431186897&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/112445938431186897'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/112445938431186897'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/08/el-super-agente-004.html' title='El super agente 004'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-112197538047541829</id><published>2005-07-21T15:46:00.000-04:00</published><updated>2005-07-21T15:49:40.486-04:00</updated><title type='text'>Los tiempos de fiesta no son para morir</title><content type='html'>&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;A veces, francamente, no se sabe qué es peor: si el malandraje, o los guardianes del orden. Si llevarse un balazo en la cabeza, o caer en la emergencia del Pérez Carreño. A Darío Alfredo Molina Escalante, que no quería más que pasar una navidad en familia, le fue mal en todos lados. Pero por una vez -una, ya es algo-, se encuentran confesos y casi que convictos tres policías que nunca entendieron ese oscuro asunto de la ley&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;p align="justify"&gt;_______________________&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Continuamos enumerando los clichés, los prejuicios, las asignaciones automáticas de etiquetas: así como de los maracuchos se dice que son casi argentinos; de los orientales, que son bebedores de aguardiente; y de las guayanesas, que son casi dominicanas; de los andinos se afirma que son cándidos, medio quedados, brutazos ellos. Uno ve a un andino de cerca y enseguida se acuerda de aquella propaganda de los niños pobres del páramo, y hasta provoca cantar aquella canción que parece definirlos tan bien: soy de Los Andes, soy todo corazón soy como el ruiseñor, etc.&lt;br /&gt;Ustedes conocen también el otro cuento, el que los pinta como sujetos peligrosos, malos para todo, poco confiables: hemos tenido tantos presidentes andinos, y Venezuela está tan mal, que la gente no soporta la tentación de atribuirle tanto desperfecto al desfile de gochos que han pasado por Miraflores, desde Cipriano hasta Ramón Jota, pasando por el paradigma de los gorilas autóctonos, ese hombre a quien Rufino Blanco Fombona llamó Juan Bisonte Gómez Iscariote. Todo lo cual explica que en Caracas y en las ciudades más grandes se les tenga como pasto fácil de las burlas, de los chistes más ingeniosos y también de los más gafos. Esta era una vez un profesor de matemática, andino, que interrogaba en clase a un alumno paisano suyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Diga usté, ¿cuántos grados tiene la circunferencia?&lt;br /&gt;–Trescientos sesenta y cinco.&lt;br /&gt;–Ajá, ¿y si la circunferencia es bisiesta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro. Un atracador llega a un banco y amenaza a los presentes: A bajarse de la mula, al que no me dé los billetes lo pincho con esta jeringa que tiene sangre contaminada del virus del sida. Un gocho que estaba allí dice que no le va a dar nada, que vaya a quitarle la plata a su mamá, no sea pingo, no sea toche, sacúdase. El asaltante dice: Àasí es la cosa?, y le vacía en un hombro la sangre repleta de VIH. Cuando el ladrón se va, el público presente se le acerca al andino: Caramba, señor, Àusted no le tiene miedo a la muerte? ÀCómo se dejó inocular esa sangre? El tipo responde: Lo que ese ladrón no sabe es que yo tengo puesto un preservativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sin derecho a la alegría&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Más temprano o más tarde llega el momento de apartar a un lado el factor chiste, el factor alegría, y de asomarse a lo amargo de estas calles, por más que uno quiera escurrirle el bulto a esas cosas. Qué le vamos a hacer. Darío Alfredo Molina Escalante nació en San Cristóbal y vivía en el barrio El Onoto de Caricuao, pero no por ser andino era estúpido, ni por vivir en El Onoto era malandro. En otras palabras, no entraba ni en el lote del profesor ni en el lote de Juan Vicente. Pero, cuando se produjo su trágica muerte, le tocó recibir el mismo tratamiento que para el venezolano común merecen ambos personajes: los diarios (ayudados, claro está, por esos informes fabulosos de fin de semana que entrega la PTJ) lo presentaron como un bandido y luego, cuando llegó el momento de la necesaria rectificación, lo olvidaron, lo ignoraron con el olvido que merecen los mansos. De allí que su muerte venga a ser noticia sólo ahora, tres meses después de su ocurrencia.&lt;br /&gt;Este Molina Escalante (33 años) se desempeñaba como chofer de camionetas por puesto allá mismo en Caricuao, y vivía de acuerdo con normas que pueden resultar extrañas en una comunidad candelosa como aquélla: nada de imponerse a fuerza de guapo y apoyado, ni de ganarse el respeto a base de demostraciones de fuerza. Sí, hombre, todavía hay gente que puede decir que vive de su trabajo, sin sonrojarse. Y todavía hay gente que, en el momento de los desastres y las injusticias, no encuentra la fórmula para explicar que eso no es un delito, sino todo lo contrario.&lt;br /&gt;El pasado mes de diciembre había decidido ir a pasar las navidades allá en el Táchira. Por consenso, varios de los Molina fijaron como fecha el 20 de diciembre, muy temprano, para reunirse en casa de uno de los primos y partir para el terruño en un vehículo de la familia. Serían las 2:30 de la madrugada cuando llegaron Darío Alfredo, su primo José Armando y su prima Marisol, a la casa de Eriberto Molina; iban en el carro del primero de ellos. Detuvieron el vehículo y se disponían a bajarse cuando, de pronto, frente a ellos, se detuvo un Zephir verde oscuro, del cual salieron tres tipos armados con pistolas y un par de bates, que en nombre de la ley les ordenaron bajarse. Porque... Àa que no adivinan? Sí, ya adivinaron: aquellos hombres se identificaron como policías. Qué novedad. Casi no han salido casos de ese tipo en esta página. Los Molina obedecieron, suavemente, dócilmente, como se supone que debe uno comportarse delante de alguien que tiene una pistola en la mano. Pero no había nada que hacer: aquellos hombres se acercaron y los marearon por completo, primero echándoles en la cara un aliento etílico, y después, a punta de batazos.&lt;br /&gt;José Armando Molina retrocedió por el lado del copiloto y aguantó la carga de su agresor, hasta que éste logró pescarlo con un soberbio impacto en la frente. Entonces no le quedó más remedio que lanzarse al vacío por un barranco ubicado a su izquierda. Darío Alfredo, por su parte, no tuvo tanta suerte, pues además del par de golpes que recibió de aquella caricatura de beisbolista que lo acosaba, cuando trató de intentar un pisa y corre para protegerse, el policía-pelotero apuntó con la pistola y lo puso out para siempre, de un disparo en el occipital. Marisol Molina y los demás familiares, que ya habían salido a la calle, se deshicieron en gritos para tratar de ponerle freno a la agresión, y lo lograron aunque un poco tarde. Uno de los hombres se acercó a Darío Alfredo, lo volteó boca arriba, y le gritó a los otros que bueno, hermanos, por qué no nos vamos a otro sitio, ya por aquí se terminó el partido y el público no está muy contento que digamos con el resultado.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Sí, eran policías&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Después que José Armando hizo maniobras de escalador para salir del barranco, los Molina levantaron el cuerpo de Darío Alfredo, quien aún estaba con vida, y lo llevaron de emergencia al primer centro de salud que les pasó por la mente: el Materno Infantil de Caricuao. Allí, por supuesto, les dijeron que no atendían ese tipo de emergencias, de modo que rodaron por esa autopista, llegaron al Pérez Carreño y allí lo atendieron maravillosamente bien, como se supone que lo atienden a uno en el Pérez Carreño: lo acostaron en una camilla y le metieron una sonda para aplicarle suero intravenoso. Y bueno, socio, espérame ahí mientras atiendo a los otros diez heridos de bala que tengo en la sala de emergencia. Allí estuvo unas horas, pero en vista de que ese pedazo de suero es de tan mala calidad que no logró repararle la masa encefálica a Darío, su gente decidió llevárselo a otro lugar. El estado del herido era lamentable, pero había que hacer lo posible por salvarle la vida.&lt;br /&gt;El último movimiento lo realizaron a las 10:30 de la mañana: traslado de emergencia a la clínica Vista Alegre, que no es que sea la gran cosota, pero uno la pone al lado del Pérez Carreño y se ve como un cisne del Danubio al lado de una garza mierdera del Guaire.&lt;br /&gt;En la clínica sobrevivió Darío Alfredo Molina unos 45 minutos más; antes de las 11:30 fue declarado muerto, y comenzó entonces la segunda parte del dolor para la humilde familia, que realizó unas diligencias mínimas para trasladar a Darío Alfredo hacia San Cristóbal, como era su plan inicial, y sepultarlo en su tierra. Así que allá estuvo en las navidades, pero no en plan celebratorio sino soportando la tristeza de los muertos.&lt;br /&gt;Mientras tanto, en el barrio El Onoto la gente se encargó de confirmar lo que ya los Molina habían visto con alguna claridad en medio del desastre: los sujetos que agredieron a José Armando y Darío Alfredo eran funcionarios de la Metropolitana, y uno de ellos vivía muy cerca de la calle donde ocurrieron los hechos. Sus nombres: sargento segundo Pedro Rivero, sargento segundo José del Valle Liendo (el autor del disparo) y otro llamado William Mujica. Los tres estaban celebrando, justo ese día, su ascenso de rango dentro de la institución. ÀDe qué sirvió esa identificación, en un primer momento? De nada, porque dos días más tarde, en los periódicos apareció una noticia según la cual a Darío Alfredo Molina lo habían matado en un ajuste de cuentas. Y su familia, quietecita allá en San Cristóbal. Esperando que llegara el 98 para regresar a Caracas y entrarle con furia a la denuncia.&lt;br /&gt;Cuidado con las trampas Las cuerdas de la justicia comenzaron a moverse con alguna fluidez para la familia Molina desde que se aplicaron a llevar a cabo los pasos correspondientes. En la PTJ de Caricuao, en los tribunales competentes, en la oficina del fiscal Aquiles Mata: en todas las instancias les abrieron las puertas, primero cuando actuaron por su cuenta, y luego cuando se hicieron acompañar por Tarek Saab, quien los asesoró y los puso en el camino adecuado. Una tía del difunto asegura haberse entrevistado con el propio comandante Belisario Landis, quien le habría garantizado una investigación profunda e imparcial, pues los funcionarios involucrados estaban ya detenidos en Cotiza. Allí mismo le dijeron que, en efecto, los agentes se entregaron motu propio y habían confesado haber matado a un inocente.&lt;br /&gt; Pero otros rumores caminan, y caminan con fuerza, por los lados de Caricuao. Un grupo de vecinos ha manifestado su alarma porque José del Valle Liendo, el autor del tiro mortal, ha sido visto deambulando (cuatro verbos seguidos y un gerundio entre ellos, qué vergüenza, qué va a decir el editor) por El Onoto, ahora, en el mes de marzo. No hay pruebas de esto, pero sería bueno dar un vistazo, por si acaso.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;__________________________&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Publicado en El Nacional en marzo de 1998, con ese mismo título.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-112197538047541829?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/112197538047541829/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=112197538047541829&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/112197538047541829'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/112197538047541829'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/07/los-tiempos-de-fiesta-no-son-para.html' title='Los tiempos de fiesta no son para morir'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111713470773813592</id><published>2005-05-26T15:06:00.000-04:00</published><updated>2005-05-26T15:11:47.750-04:00</updated><title type='text'>Según el protagonista...</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La fotografía aparecida el 17 de enero de 1993 en Ultimas Noticias no dejaba lugar a dudas: Pablo Simón Padilla, de 23 años, acababa de ser sorprendido en flagrante delito por una comisión de la Metropolitana en una tienda de electrodomésticos del boulevard del Panteón. Dice la reseña que el tipo fue despedido con silbidos y amenazas de linchamiento por todos los caminantes después de ser obligado a entregar el arma y a quedar en manos de un voluminoso uniformado.&lt;br /&gt;A juzgar por las ganas que se reflejaban en el rostro del mencionado gendarme, lo que venía ahora era un simposio de pescozones y tumbaguapos en la comisaría para que revelara quiénes lo habían acompañado en la faena. Así mismo fue, por supuesto. Cómo se iban a perder esa oportunidad de castigar a semejante joya. Pues bien, seis años y pico después de su vergonzoso debut en las páginas rojas, esa joya ha tenido el coraje de aparecerse por estos lares, con una historia o sucesión de historias que a primera vista parecen un poco demasiado exageradas, pero al mismo tiempo verosímiles, vista la cantidad de cosas raras que ocurren en estas calles y en estas cárceles nuestras.&lt;br /&gt;Un detalle le hace merecer el beneficio de la publicación, y es el hecho de que Pablo Simón Padilla no ha venido a presentarse como un inocente. Ha dicho: "Yo no soy un angelito, pero quiero que usted lave mi nombre". Imposible corroborarlo, le dijimos. Pero el testimonio va; quién quita que de cinco palabras tres resulten ser ciertas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Nuestro insólito sistema judicial&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo de enero de 1993 culminó con el primer carcelazo de su vida. Tres semanas estuvo entre la comisaría de Cotiza y la PTJ, donde "confesó", harto ya de la cantidad de batazos que le dejaron insensibles las nalgas durante varios meses, que su acompañante en aquel atraco frustrado había sido un tal Cheo, habitante de Sarría. Casi de inmediato cesó la arremetida contra su baja espalda; dos días después le anunciaron que su compinche había sido capturado y que, con sólo reconocerlo él podría irse libre, porque ellos sabían que Pablo era un buen muchacho. Pablo Simón hizo lo que le pidieron, apuntó con el índice a la cara del tal Cheo de Sarría y eso fue todo, el trámite estaba cumplido.&lt;br /&gt;Cuando salió de la comisaría tenía tantas razones para reírse como para estar preocupado: él en realidad no conocía a ningún Cheo de Sarría, así que ese sujeto que la justicia capturó y contra quien él declaró era alguien a quien, por alguna razón, querían encasquetarle el atraco del boulevard, por las malas.&lt;br /&gt;Dada la forma en que comenzó el año, Pablo Simón no podía esperar que le fuera bien en los meses restantes, así que casi ni le extrañó cuando en mayo, una vez hubo superado aquellas incomodidades físicas producto de las palizas y bofetones, sufrió otro resbalón con titular de prensa incorporado. Dicen los periódicos del 23 de ese mes que Padilla se encontraba entre los 18 detenidos durante una razzia policial realizada en los alrededores del liceo Fermín Toro, y que iba a ser puesto a las órdenes de la PTJ debido a que su expediente registraba tantas fechorías como para llenar varios archivos. El se encontraba por allí sin hacer nada malo –y tampoco nada bueno–, pero cuando entregó los documentos y radiaron sus datos del otro lado del transmisor lo que salió fue una lenguarada llena de maldiciones y de invocaciones a la virgen santísima: Pablo Simón Padilla estaba solicitado por robo a mano armada y por homicidio, y en calidad de poseedor de esos antecedentes fue encarcelado, juzgado con unas fórmulas que él, inteligente para las cosas de la sobrevivencia pero un poco ido, como el común de los mortales, en eso del palabreo jurídico, no pudo defenderse de ninguno de los cargos.&lt;br /&gt;Apenas comenzaba a acostumbrarse a la idea de que alguien estaba jugándole sucio en esas oficinas monstruosas de los tribunales, cuando lo montaron en un autobús y fue a parar con sus huesos al penal de Tocorón, allá en Carabobo. Entonces se le borró la risa con que recibió aquella bendición de enero, cuando delató al nunca bien ponderado Cheo, y admitió que una por una no es trampa.&lt;br /&gt;Pero carai, se pregunta todavía Pablo Simón Padilla, ¿a quién se supone que maté yo para merecer esto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Una frase original&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace apenas dos meses y después de mucho trajín por parte del abogado Pedro López Sucre, Pablo Simón salió en libertad; la Caracas que dejó en 1993, a los 23 años de edad, es bien distinta a la de 1999, cuando ya roza los 30 y no parece costarle mucho prometer que jamás, pero nunca jamás, volverá a meterse una pistola en la cintura para salir a aterrorizar a las gentes. En el 93, por ejemplo, cierto caballero que bien pudo haber sido su compañero de celda ahora es presidente de Venezuela; el pasaje mínimo en autobús costaba 50 bolívares y ahora cuesta 100; un almuerzo popular costaba 500 bolos y ahora no baja de 2.000; Gilberto Correa aparentaba 70 años y ahora aparenta 64. El tiempo pasa. Las sociedades y los seres humanos se transforman.&lt;br /&gt;Durante ese tiempo en la cárcel Pablo Simón Padilla aprendió muchas cosas, y él mismo se refiere a ese proceso de aprendizaje con una frase que debería acuñar, por si acaso alguien más la utiliza luego: "La calle es un curso de delincuencia, y la cárcel es la universidad". Pues bien, en la universidad a él le tocó presenciar de cerca, a pocos metros de distancia, la muerte de Omar José Moreno, alias El Gordo Omar: al conocido capo lo tasajearon a chuzazos ante la mirada de varios espectadores silenciosos. Le tocó además sentir en su cuerpo los filos de la violencia: tiene una cicatriz que le atraviesa el brazo izquierdo desde el hombro hasta el codo. Y todo –insiste– porque alguien quiso mantenerlo en silencio y lejos de los cazadores de chismes.E insiste: "Quiero lavar mi nombre, yo no he matado a nadie, escríbalo ahí". Bueno, pues lo escribimos: ese hombre no ha matado a nadie. A quién puede interesarle la verdad a estas alturas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111713470773813592?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111713470773813592/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111713470773813592&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111713470773813592'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111713470773813592'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/05/segn-el-protagonista.html' title='Según el protagonista...'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111643418989355696</id><published>2005-05-18T12:35:00.000-04:00</published><updated>2005-05-18T12:40:49.466-04:00</updated><title type='text'>El odio no prescribe</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Tucacas es un pueblo muy interesante por la sabrosura de sus playas, por aquellos paisajes bucólicos –está en toda la entrada del Parque Nacional Morrocoy– y, fundamentalmente, por quedar bien lejos de Caracas. También es un pueblo muy pequeño, y eso tiene ventajas y desventajas. Parece que hace tiempo los habitantes decidieron que eran más las primeras, y eso también trae sus consecuencias; entre ellas, el que los amores sean para toda la vida, igual que las enemistades.&lt;br /&gt;La historia de hoy –disculpen el tono de Nuestro Insólito Universo– comenzó en 1975, un año después del nacimiento de un niño llamado David Arambulén. Un tío de éste, llamado Julio Arambulén, y por cierto muy querido en la familia y en el pueblo, tuvo un lance de machos con otro caballero de nombre Ubaldo Ramones Revilla. Hubo violencia, puñales, golpes bravíos, y al final Ramones salió con la mejor parte, es decir, quedó con vida pero fue a prisión. Arambulén, en cambio, pasó a la historia como uno más de los caídos en lides sin trascendencia. A su memoria le queda el consuelo de que su familia lo lloró durante mucho tiempo. Nada más solitario que un cadáver en un pueblo lejano, bueno para estar sólo unos días; nada más triste que un adiós bajo el solazo de la una de la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La metamorfosis&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han transcurrido casi 24 años desde aquel lance fatal, y Tucacas es una cosa bien distinta a aquel caserío más o menos perdido de hace dos décadas. Aunque su número de habitantes no ha crecido tanto como para alarmarse porque vaya a desbordar las capacidades del pueblo, ahora se le ve un rostro distinto: el rostro de los pueblos que no son exactamente como Caracas pero tienen un airecito a ciudad. Hay clubes de buceo, ventas de aparatos para sumergirse en ese mar y restregarse un poco con las mantarrayas, merluzas, corocoros y tiburones; hay planes turísticos que se promocionan –mal o bien, no viene al caso– en el exterior, de modo que si usted presta atención es posible que un día se encuentre en la arena un par de aguamalas lánguidas, venosas y descoloridas. No se alarme, no se acerque a curiosear; lo más seguro es que se trate de una gringa echada al sol con el torso descubierto.&lt;br /&gt;Otras cosas de tanta o mayor envergadura han ocurrido: la descentralización, el nacimiento de la figura de los alcaldes, la creación de las Policías estadales y municipales, las nuevas fuentes de trabajo. Hacia allá vamos, pero poco a poco.&lt;br /&gt;En la familia Arambulén los tiempos han borrado ciertas heridas dolorosas, pero cómo pesan esas cicatrices. Aquel niñito llamado David, que tenía un año de edad cuando la tragedia de su tío –de quien no se acuerda, aunque sí tiene frescas las lágrimas y las historias contadas con amargura por sus familiares– hoy tiene 24 años, y hace tres comenzó a ganarse la vida como policía del estado. Entretanto, Ubaldo Ramones llegó a la muy respetable edad de 62 años y se convirtió en prestamista, de ésos a los que uno acude cuando la pelazón aprieta demasiado fuerte, y que solicitan en garantía el carro o la casa y cobran unos intereses de miedo, como si se tratara del FMI. Para él los tiempos de la puñalada habían quedado atrás l; hay otras formas menos arriesgadas de exprimirle la sangre al prójimo.&lt;br /&gt;El año pasado, un caballero de nombre Agustín Rafael Ortiz, de 37 años, le pidió dinero a Ramones y le entregó en garantía los papeles de su casa. Como buen tipo insolvente él sabía, incluso antes de pedir el dinero, que iba a ser muy difícil pagar esa deuda en el plazo establecido. La fecha de vencimiento del giro era el 31 de diciembre de 1998, y ya a finales de noviembre a Ortiz le entró la desesperación; entonces decidió que lo mejor era despachar para siempre al prestamista Ramones. Perder la casa por limpio y por torpe es tan repugnante como beberse por obligación un Gatorade de lechosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Huellas en el tiempo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvemos a David Arambulén, el ex niñito de 1975 y ahora funcionario de la policía estadal. Por uno de esos azares tan comunes en los pueblos pequeños, David y Agustín Rafael Ortiz, el endeudado, eran muy amigos. David supo de la desesperación de este último, y entonces se le ocurrió algo.&lt;br /&gt;Nada más pedestre y directo: los hombres esperaron la llegada de Ramones frente a su casa, irrumpieron por la fuerza cuando éste hubo entrado, lo inmovilizaron, lo obligaron a revelar dónde estaban los papeles de la casa de Ortiz, simularon un robo –o no lo simularon: se llevaron varias cosas para achacarle la acción al hampa común– y se llevaron al hombre en su camioneta hasta una playa lejana. Le metieron el sermón de ley; quizá David le habló de su tío Julio, de aquel duelo desgarrador de 1975, de las huellas que su muerte había dejado en la familia. Quizá el anciano pidió a gritos que no lo mataran, quizá pidió perdón, quizá lo soportó todo estoicamente. Lo único seguro es que nadie se salva de un balazo en la sien. Los hombres abandonaron la camioneta en un sitio apartado y se acabó el capítulo Ubaldo Ramones. Ocurrió el primero de diciembre del 98.&lt;br /&gt;El imbécil de la partida –que nunca falta– fue Ortiz, quien no pudo soportar la tentación de quedarse con el celular de Ramones y regalárselo a una chica. Dos meses después del crimen la novia fue fácilmente ubicada, y no hizo falta presionarla mucho para que confesara con orgullo que aquel teléfono era un regalo de su tierno Agustín Rafael. David fue interrogado también y cayó en desgracia por no saber dar detalles exactos de lo que había hecho el día del asesinato, y además había un tercer responsable, de nombre Virgilio, a quien hicieron confesar a punta de cachetadas. El primero de febrero la historia fue ensamblada tal cual, en todas sus partes.&lt;br /&gt;David ha sido destituido de su cargo y está en prisión. Por una venganza añeja. Qué manera de fastidiarse la vida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;_____________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Nacional, marzo de 1999. Mismo título.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111643418989355696?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111643418989355696/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111643418989355696&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111643418989355696'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111643418989355696'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/05/el-odio-no-prescribe.html' title='El odio no prescribe'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111618283614425291</id><published>2005-05-15T14:45:00.000-04:00</published><updated>2005-05-15T14:47:16.153-04:00</updated><title type='text'>Tan difícil como el diferendo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Tal como suele ocurrirle a cualquier muchacho de su edad (17 años), Jaime León Hinojosa Acosta se pasó la adolescencia reflexionando en torno a las múltiples posibilidades que ofrece el sistema educativo venezolano. En otras palabras, no tuvo que pensarlo mucho: mejor se dedicaba a arreglar sus asuntos pendientes y a esperar la primera oportunidad para marcharse del país, en lugar de estar gastando neuronas en averiguar qué demonios iba a estudiar mientras los demás se dedicaban a lo suyo, que consistía —siempre ha consistido, desde que el hombre es lo que es— en gozarse la vida y llenar el currículum de amores tempranos. Así, pues, tenemos a un Jaime buen estudiante, muy preocupado por el futuro y por todo lo que ello implica, pero no tanto como para dejar de apuntarle y dispararle a cuanto mogote con faldas despuntara por esas avenidas de la capital.&lt;br /&gt;El muchacho vivía en el centro de Caracas, estudiaba en el liceo Teresa Carreño, cerca de la avenida Baralt, y salía a vacilar por toda la ciudad, jugaba basquet cuando le provocaba, se tomaba unas cervezas. ¿Militancias o simpatías políticas? Ninguna. De los jóvenes de acá se ha dicho, estadísticas en mano —y se comenta a veces con tono de reproche y otras como algo de lo más normal— que cada vez están menos inclinados a participar en organizaciones políticas. Así que, en vista de lo anterior, hay que concluir que Jaime Hinojosa era un tipo normal. Entonces, ¿qué sentido tiene esta presentación, si a fin de cuentas sólo estamos hablando de un joven como cualquier otro?&lt;br /&gt;Justamente: cuesta trabajo explicarse por qué razón un joven sin compromisos grupales es desaparecido un mal día en la convulsionada Colombia, sin que se sepa quiénes son sus captores, y más trabajo aún cuesta entender cómo es que el gobierno venezolano no ha movido media uña del dedo meñique para indagar por su paradero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La caja y el acordeón&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1994, al culminar el noveno grado, se le presentó la oportunidad esperada. Tras una breve conversación con sus padres, Jaime evaluó y aceptó el reto que se le planteaba: culminar sus estudios de bachillerato en Valledupar, en el corazón del Cesar, república de Colombia, y entrarle de lleno a la carrera de Ingeniería, que de aquel lado de la cordillera tiene bastante auge y campo de acción. Si hay dudas al respecto, observen el verdor de la sierra de Perijá, del lado venezolano, y compárenlo con el gigantesco peladero que se nota en la vertiente occidental de esa misma montaña, por causa de la intensa explotación minera.&lt;br /&gt;No fue azarosa la escogencia de Valledupar como nuevo lugar de residencia del muchacho. De allí es su padre, Jaime Hinojosa Daza, quien además es primo de una leyenda de la música vallenata: Diomedes Díaz, nombrado “El Cacique de La Junta” por lo ancho del Caribe. Así que el joven no sólo estaba cambiando un país por otro y unas amistades por amistades nuevas, sino también a la changa y el merengue mierdero que se escucha acá por lo mejorcito que se le puede sacar a la caja y el acordeón.&lt;br /&gt;Se instaló en la zona residencial de Novalito, una urbanización exclusiva de la localidad, y comenzó a estudiar en el colegio Loperena, donde remató en su mejor estilo los dos años restantes del bachillerato. El seis de diciembre de 1996 era la fecha indicada para celebrar la graduación de Jaime y su promoción. Por los méritos obtenidos y por su personalidad, fue seleccionado como el bachiller que daría el discurso en nombre de los estudiantes. Pero dos días antes tenían que atravesarse los peores fantasmas, y se atravesaron.&lt;br /&gt;Salir a pasear en Caracas es peligroso por el asunto del hampa; en Valledupar el hampa ha tenido que replegarse hasta casi desaparecer, debido a problemas mayores. Nada de esto le pasó ni tenía que pasarle por la mente a Jaime León Hinojosa, a quien el espíritu fiestero lo había acompañado hasta más allá de la frontera. El cuatro de diciembre cazó una cita con una chica llamada Yuranis Rodríguez y con otro joven, Iván Martínez Villero.&lt;br /&gt;No habían recorrido 200 metros cuando un vehículo rústico de lujo los interceptó; de él bajaron unos tipos armados con unos artefactos de feria, los encañonaron, apartaron a la muchacha y se llevaron a los dos varones. Los muchachos no aparecieron al día siguiente, tampoco el seis de diciembre, día de la graduación. Los estudiantes del colegio Loperena suspendieron el acto de grado en protesta por la escalada de violencia; en esos días ya era imposible determinar cuándo los agresores pertenecen a la guerrilla y cuándo a los grupos paramilitares, al gobierno o el narcotráfico&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La búsqueda&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El proceso de rastreo, ya no de los jóvenes, sino de noticias suyas, ha resultado más complicado que el tema del diferendo. Y vaya que han rastreado por todos los medios posibles los padres de Jaime. Su progenitor, Jaime Hinojosa Daza, se ha entrevistado incluso con portavoces de las FARC, quienes le han asegurado que el muchacho no está ni estuvo en poder de la guerrilla. En los cuerpos de seguridad le han dado vagas pistas: por el tipo de vehículo que conducían los raptores, por la zona en que actuaron y por las características del procedimiento, todo indica que se trata de algún escuadrón paramilitar.&lt;br /&gt;Ultimos movimientos: Hinojosa le ha enviado cartas al Ministerio de Relaciones Exteriores, al propio presidente de la República, a los organismos venezolanos que, se supone, deben interceder por los compatriotas, por sus bienes y sus vidas. ¿Ustedes han recibido alguna vez una llamada, o aunque sea una carta del gobierno para ayudarle con algún problema? Bueno, consuélense, Jaime Hinojosa —padre e hijo— tampoco, ni en el cielo ni en la tierra.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;______________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El Nacional, noviembre de 1998. Apareció con el mismo título&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111618283614425291?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111618283614425291/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111618283614425291&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111618283614425291'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111618283614425291'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/05/tan-difcil-como-el-diferendo.html' title='Tan difícil como el diferendo'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111574066484611426</id><published>2005-05-10T11:55:00.000-04:00</published><updated>2005-05-18T12:31:35.610-04:00</updated><title type='text'>Todas las muertes del capo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Ha muerto Ricardo Paz&lt;/strong&gt;. El nombre puede no sonarle mucho a los seguidores del Miss Venezuela, pero sí le sonará bastante a quienes siguen de cerca las calamidades de los carteles de la droga. A Ricardo Paz lo relacionaban, en efecto, con el Cartel de la Guajira, y a causa de esos vínculos permanecía tras las rejas en el momento de su hora final (10 de agosto de 1999, en la cárcel de San Sebastián, departamento de La Guajira, en Colombia).&lt;br /&gt;Llórese su muerte o cause alivio entre la gente de bien, pero no se diga jamás la frase “La muerte lo sorprendió”. Antes de sucumbir envenenado con una dosis de estricnina suficiente para noquear a una manada de elefantes, a Ricardo Paz le había ocurrido todo cuanto tiene que ocurrirle a alguien para proclamar que le ha ganado la carrera a la muerte. Entre esas situaciones límite está el haber sobrevivido a varias emboscadas y haber vivido en la población de Maicao. Quien conoce ese lugar sabe de qué se trata; quien no ha ido allí jamás sólo imagínese al infierno, póngale un mercado al estilo de La Hoyada y un poco más de sol: comercios más, guerrilleros menos, ése es el mejor retrato del pueblo.&lt;br /&gt;Ricardo Paz nació en Riohacha, y pertenecía a la etnia wayúu. No hay que ser muy sabihondo para tener una idea del temperamento y la actitud ante la vida de ese pueblo; no nos extrañe entonces si Ricardo Paz se burlaba de su apellido y prefería regar el mundo de balas o hacer un postgrado en el arte de huir de ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida loca&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bien temprano conoció la violencia, y un poco más tarde el protagonismo en los titulares de los periódicos. Tendría 17 años cuando asistió a un ritual conocido entre los wayúu como “segundo velorio”: se trata de una ceremonia en la cual al difunto lo desentierran un año después de haber fallecido, para que su madre y sus parientes femeninas más cercanas procedan a separar los huesos (eternos) de la carne (corrupta) con sus propias manos, entre llantos y alaridos; un espectáculo no apto para los fans del osito Winni Pooh.&lt;br /&gt;Pero para Ricardo Paz y los suyos lo terrible no fue la asistencia a la ceremonia (muy común además en esa etnia) sino el desenlace que tuvo la misma: unos pistoleros irrumpieron en la sala donde tenía lugar el desentierro y encendieron a balazos a la concurrencia, con saldo de cuatro personas muertas. Dos de esas personas eran el hermano y la hermana menor de Ricardo. La prensa reseñó el suceso como un simple acto de venganza entre clanes adversarios (otra cuestión muy común entre guajiros), y a estas alturas no habrá forma de confirmar esta versión; por lo general los wayúu no acuden a la policía para zanjar sus diferencias sino que las resuelvgen ellos mismos. Y la policía, por su parte, no suele ponerle mucho empeño a un caso suscitado entre guajiros, la pinga, allá ellos con su cosmovisión y su &lt;em&gt;curtura&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Cuatro años transcurren; ya es 1994 y Ricardo Paz es un hombrecito de 21 años con el pellejo curtido por el sol y los malos ratos. En Maicao, espacio comercial por excelencia, el muchacho no tenía mayores alternativas: hacerse comerciante, chofer de chirrincheras (esas camionetas pick up con lona atrás que sirven, por lo general, para transportar gente brava a un lado y otro de la frontera), contrabandista o ladrón. Ninguna de las opciones le gustó; se hizo entonces vigilante de cuanta tienda quisiera contratar sus servicios. No se diga tampoco, entonces, que le faltaba vocación o ganas de trabajar.&lt;br /&gt;Pero, hablando de malos ratos, el 6 de mayo de 1994 le tocó uno bastante serio, aunque no inédito en su loca vida: aquella noche transitaba con su hermano José Alberto Paz por una de esas calles tan hermosas de Maicao, cuando de pronto varios hombres bajaron de una camioneta y los ametrallaron sin piedad. Ricardo pudo huir, protegido por quién sabe qué deidad indígena, pero a José Alberto lo dejaron convertido en un vil rayo de queso. A él mismo le juraron la muerte. Que no pensara que las balas iban a perdonarlo por los siglos de los siglos.&lt;br /&gt;Ricardo se hastió de tanta violencia y decidió buscar un lugar más humano, amable y sereno donde vivir: cruzó la frontera y se instaló en Maracaibo. Luego hizo unas diligencias, preguntó unos precios y se compró una hacienda en el verdor de Machiques.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contra balas y malas lenguas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya ustedes se han preguntado, como se lo preguntaron las autoridades en aquel momento: ¿de dónde sacó aquel jovencito los millones que le costó el fundo en la zona de Machiques? Hay historias al respecto. El propio Paz arrojó luces sobre las que menos le favorecen, como se verá más adelante.&lt;br /&gt;Una tarde, exactamente el pasado 13 de julio, se repitió la ya conocida escena: se encontraba conversando frente a la casa de unos familiares, allá en Machiques, y de repente unos hombres armados rociaron al grupo con balas de todo calibre y estuvieron a punto de freírlos a todos. Esta vez la parte negra le tocó a Ricardo Paz, quien recibió cuatro impactos de bala y debió ser trasladado a la clínica La Sagrada Familia. Allí le hicieron unos remiendos maravillosos que se le salvaron la vida, pero todavía le faltaba un round que sortear.&lt;br /&gt;Un día después de la operación llegaron a la clínica unos hombres vestidos de militar que apartaron a enfermeras, vigilantes y visitantes por igual diciendo que eran funcionarios de la DIM. Entraron a la habitación de Ricardo, tomaron posiciones y lo remataron a tiros a él y a un amigo que lo cuidaba. Afuera, una comisión de la Guardia Nacional se extrañó de oír tanto vaporón en una clínica y se acercó para ver de qué se trataba; cuando el grupo comando salió del recinto se inició una balacera de esas sabrosas, ante las cuales provoca sentarse a mirar con una bolsa de cotufas en la mano, y uno de los agresores de Ricardo pereció en el combate. También murió el amigo que lo cuidaba, con varios plomos en el cuerpo. Y el buen Ricardo Paz, señoras y señores, sobrevivió nuevamente a los cañones enemigos. Ya le iba ganando 4 a 1 a la muerte; ya iba siendo hora de convertirlo en material periodístico.&lt;br /&gt;Una vez trasladado a un hospital en Maracaibo, con dos tiros más en el cuerpo pero más vivo que el coñísimo, comenzaron a llegar reporteros de varios periódicos, deseosos de indagar en esta especie de Bruce Willis guajiro. El marabino Panorama y el semanario Crónica Policial, entre otros medios, le sacaron varias declaraciones, una de las cuales resulta, cuando menos curiosa. Ricardo Paz dijo algo así como: “Ni que yo fuera pendejo para decirles que me están buscando en Colombia”. Paz se refería a cierta banda de narcos que le tenía un riñón hinchado a él y a su familia desde que vivía en Maicao, pero las autoridades de acá hicieron otra lectura de la frase y decidieron investigar un poco más. Enviaron sus datos a Colombia, y esperaron respuesta. Del lado de allá respondieron con colosales gritos y relinchos: ese Ricardo Paz no era otro que el capo mayor del Cartel de La Guajira, y las policías de Colombia tenían años dándose de cabeza contra las paredes porque desconocían su paradero.Una semana después de los atentados contra su vida, Ricardo Paz fue deportado mansamente a Colombia. En la cárcel de San Sebastián lo esperaban los viejos enemigos con armas más rabiosas y también otras sutiles.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La que lo fulminó definitivamente vino escondida en el almuerzo del día 10 de agosto. Sin balas ni ruidos innecesarios, el veneno le destrozó las entrañas y mandó a Ricardo Paz al terreno de la leyenda.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;____________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Mundo, 20 de septiembre de 1999. Idéntico título.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111574066484611426?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111574066484611426/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111574066484611426&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111574066484611426'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111574066484611426'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/05/todas-las-muertes-del-capo.html' title='Todas las muertes del capo'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111565113976618201</id><published>2005-05-09T10:56:00.000-04:00</published><updated>2005-05-09T11:05:39.783-04:00</updated><title type='text'>Aquel primer año</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Un domingo de noviembre de 1997 publiqué estos tips en la página que me correspondía llenar en El Nacional. Hablaba allí del primer año de la sección&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;Guerra Nuestra&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;. Copio (y pego) aquí abajo el texto tal como apareció entonces. Y los tips de sucesos policiales que escribí entonces.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;_____________________&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;364 días&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entre efemérides y detalles curiosos, entre historias intrascendentes y otras impactantes; entre momentos ingratos y testimonios agradecidos, al autor de estos párrafos lo ha sorprendido el primer año de actividad en este espacio. ¿Motivo para reflexionar, para coger impulso nuevamente, para enmendar errores y ponerle más empeño a la cuestión? Correcto: un año no significa nada, no es ningún hito inmarcesible, pero en fin, si estamos de acuerdo en que cualquier ocasión es buena para ver un momento hacia atrás y darle sólido y con nobleza hacia el futuro, acepten por favor este recuento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En efecto, hace exactamente un año menos un día apareció nuestra primera crónica en esta página. En aquella oportunidad entregamos un trabajo quizá algo aparatoso, el temblor del pulso principiante como que se notó demasiado y Hugo Prieto estuvo a punto de arrepentirse de habernos llamado para reseñar los sucesos para &lt;em&gt;Siete Días&lt;/em&gt;. Un año más tarde, ya Prieto superó el primer impacto; ahora está totalmente arrepentido, el temblor de este pulso está más intenso que nunca, pero ya es como demasiado tarde para dar un paso atrás.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ni una palabra más: ustedes pueden seguir denunciando aquí sus casos, el autor de todo esto está disponible en la dirección de &lt;em&gt;Feriado&lt;/em&gt; y adiós al tono rememorativo, caramba, ni que esta fuera la columna de Abelardo Raidi.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;**Carmen Teresa Escobar tiene 65 años, vive en la calle Guaicaipuro de Artigas y se le conoce, entre otras cosas, por ser una madre abnegada que no ha escatimado esfuerzos por garantizarle el pan y otros elementos de sobrevivencia a suhija, Belkis. El martes pasado, a la doña en cuestión le cayó la Policía Metropolitana de improviso, le registró la casa sin misericordia y de repente ah, sorpresa, 20 kilogramos de malanga, mafafa, purita marihuana, pues. La doña se estremeció de pavor, lloró de lo lindo, sopesó las circunstancias, evaluó la situación y finalmente soltó lo que tenía entre el pecho y la espalda: la droga pertenecía a su hija Belkis. Los agentes buscaron a la tal Belkis en el mismo sector y la encontraron sin mayores problemas. Ambas están detenidas en la comandancia de la PM en Cotiza. Madre hay una sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**En Valencia fue hallado el cadáver de un hombre llamado Hugo Freites Gómez, de 33 años. Estaba dentro de una casa ubicada en el sector Fundación Mendoza, y su cuerpo, envuelto en bolsas plásticas y aparentemente estrangulado con una media, estaba cubierto de pétalos de rosas. El difunto era instructor de gimnasia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**No tiene nada de extraño que allanen una vivienda de vez en cuando, en busca de estupefacientes u otros efectos relacionados con actos ilícitos. Lo que sí resulta extraño es que el cuerpo policial que ejecuta el allanamiento presente el resultado de la acción con el detalle y la precisión —la honestidad, agregaríamos— con que lo hizo esta misma semana la Policía de Miranda. Ocurre que, durante un operativo en Ocumare del Tuy, fueron detenidos cuatro ciudadanos responsables de algunas cosas encontradas en varias viviendas. La lista de lo incautado, presentada a los medios, está descrita así: “10 pitillos de cocaína, 9 de basuco, 4 de marihuana y un tubo de xilocaína —ustedes saben, para el dolor de muelas—; una escopeta marca New England, calibre 16, serial 342824, 19 cartuchos, dos cartuchos para FAL, cuatro cajas de cerveza Polar, siete yesqueros, 107 mil bolívares en efectivo y seis dólares”. Además aseguran haber decomisado en otro procedimiento “un rollo de papel aluminio, dos rollos de papel plástico Envoplast, dos calculadoras marca Casio, un colador plástico y cuatro velas”. Asusta tanta minuciosidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**No sólo los anticastristas fueron objeto de un seguimiento riguroso durante la cumbre presidencial: los vascos recibieron también su ración de manoseo y persecución para ver si, por casualidad, no había entre ellos un etarra coleado y dispuesto a causar desmanes en la humanidad de alguno de los ilustres visitantes. Hubo alguna queja airada en contra de la movilización de la Disip, pero cómo se hace, lo importante era que los presidentes se sintieran seguros. Así los demás tuvieran que comerse las verdes durante unos días.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111565113976618201?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111565113976618201/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111565113976618201&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111565113976618201'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111565113976618201'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/05/aquel-primer-ao.html' title='Aquel primer año'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111559001701340061</id><published>2005-05-08T18:04:00.000-04:00</published><updated>2005-05-08T18:06:57.020-04:00</updated><title type='text'>Otro duro más</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Esteban Bocaranda, alcalde del municipio Tovar –capital Colonia Tovar– tiene encima una investigación bastante delicada, y un auto de detención más delicado aún. "Aprovechamiento de cosas provenientes del delito" no parece sonar muy fuerte en un país que ya se está acostumbrando a que sucedan crímenes más monstruosos, pero el problema con el amigo Bocaranda es que la PTJ de Maracay encontró en las bóvedas de la alcaldía de Tovar, esto es, en su oficina, un puñado de joyas. Tras una simple verificación las autoridades determinaron que esas prendas habían sido extraídas a la fuerza de la joyería Damasco, en La Victoria, por una banda armada.&lt;br /&gt;Al ser capturado e interrogado sobre el origen de aquellas joyas, el alcalde titubeó; luego dio una explicación que no convenció al comisario Juan Villamizar, de la PTJ-Maracay, y entonces sí estalló el escándalo en serio. Junto con Bocaranda fueron a parar a la cárcel el comandante de la policía municipal, Henry Perozo; Asdrúibal Martínez, José Carucí y Moisés Morón, todos funcionarios de la alcaldía.&lt;br /&gt;Es una historia extraña, torcida, de esas que mucha gente no puede creer. Pero más torcida y extraña, además de intensa, es la historia paralela, la que permitió que la anterior ganara espacios en la prensa. La que mantuvo en vilo a los cuerpos policiales de Aragua, Miranda y el Distrito Federal; la historia brava dentro de la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Alcaraván, compañero&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se llamaba Rubén Darío Medina Luna, tenía 34 años y vivía con su esposa y una hija en una urbanización de Valencia. Al margen de esa vida hogareña y familiar se desarrollaba su otra faceta, la perversa, la que lo llenó de dinero, comodidades, bienes y también un feo prestigio: el hombre era un consumado asaltante y llevaba encima un récord criminal bastante macabro, contentivo de ocho homicidios probados y algunos más que se le han atribuido pero nunca se le comprobaron.&lt;br /&gt;La noticia más antigua que se tiene sobre su tétrica trayectoria data del 13 de febrero de 1992. En esa oportunidad emboscó y neutralizó con su camioneta al vehículo de los hermanos Nicola y Giovanni Del Vecchio en la carretera Panamericana, antes de asesinarlos a balazos y llevarse su carro y sus bienes. Tres meses después del crimen, y tras minuciuosas labores de rastreo e identificación, la PTJ de Aragua lo identificó, dio con su paradero y lo capturó. Pero Rubén Medina no era de los que disfrutan ni se echan a dormir cuando les toca estar en una cárcel. Su inconformidad con la pérdida de su libertad la expresó de manera dramática un día de mayo de 1996, cuando logró escaparse del retén de La Planta junto con un grupo de reclusos en medio de una balacera que paralizó la autopista Francisco Fajardo.&lt;br /&gt;Como suele ocurrir en estos casos, tuvo que ocurrir esa fuga y ese vaporón ante los ojos del público para que comenzaran a salir a la luz otros interesantes datos sobre el sujeto evadido. El hombre pertenecía a una banda bautizada en el ambiente policial como "Los Alcaravanes", terror de la zona central del país. Muchos golpes se le habían atribuido, entre negocios asaltados y ciudadanos despojados de sus carros. En 1996, tras su fuga, lejos de estarse tranquilo y adoptar un bajo perfil para mantenerse lejos del brazo de la justicia, comenzó a reorganizar a su banda y ahora sí, sonó la hora de su funestagloria.&lt;br /&gt;Es posible que el vulgar ciudadano común que uno es no tenga manera de verificar in situ los procedimientos de la PTJ en este tipo de situaciones, pero lo cierto es que no hubo banco, joyería o bomba de gasolina asaltada que las autoridades no se lo atribuyeran al Rubén y su banda. Destacaba en su accionar y en el aspecto proporcionado por las víctimas y testigos de sus golpes el detalle de su armamento: parece que bastaba ver a aquellos tipos calzados con subametralladoras, fusiles de asalto y pistolones de alto calibre para que todo el mundo les entregara la cartera, las cajas registradoras, la cédula, la esposa, el dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Nadie es eterno&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Entre agosto de 1996 y finales de 1998, sin embargo, comenzó la debacle de Los Alcaravanes. Uno a uno y en diferentes lugares, siempre entre Valencia, Maracay y Caracas, fueron cayendo abatidos en enfrentamientos, diezmados por su propio método de entrompe y carnicería. Hasta marzo de este año había dos sobrevivientes de la banda. Uno, llamado David o Darío Vargas Lares –hay discrepancia en los registros– cumple condena en el retén de Tocuyito. El otro, Rubén Darío Medina Luna, todavía tenía gasolina existencial de sobra para dejar una nueva estela de sangre y malas noticias regadas en esas calles.&lt;br /&gt;El 7 de enero de este año tuvo lugar uno de los pocos momentos en los cuales Medina Luna estuvo frente a frente con la policía. Ocurrió frente a la estación de servicio Piedra Azul, en La Trinidad, aquí en Caracas, cuando Medina fue sorprendido en un carro recién robado. Una comisión de la PTJ le dio la voz de alto y el hombre respondió en su mejor estilo, con sucesivas ráfagas de ametralladora que acabaron con la vida del subcomisario Jaime José Briceño (36 años) y del funcionario José Luis Rondón (26). Poco después se produjo el asalto a la joyería Damasco de La Victoria, con saldo a su favor de 40 millones de bolívares en joyas. En este punto del relato entra en escena el alcalde de la Colonia Tovar. Fue su último gran golpe, que se sepa.&lt;br /&gt;Su ángel guardián decidió abandonarlo el pasado 5 de marzo. Una comisión de la PTJ lo siguió sigilosamente por las calles de Valencia hasta que decidieron abordarlo cerca de su residencia, en la urbanización El Parral. Iba en un vehículo Toyota Camry acompañado de otro hombre, cuando se percató de que lo seguían e intentó escapar. En un momento de la persecución decidió cambiar el procedimiento y enfrentó a tiros a los agentes, pero esta vez el marcador no le favoreció, y cayó muerto con varios disparos. Su compañero se dio a la fuga. Resulta muy simple este epílogo, pero no hay otro. A menos que uno quiera escarbar a fondo en el papel del alcalde de Tovar, Esteban Bocaranda, pero de esto se está ocupando la PTJ.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;El Nacional, abril de 1999. Fue publicado con el título&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; &lt;em&gt;Un hombre muy duro con unos hierros enormes.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111559001701340061?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111559001701340061/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111559001701340061&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111559001701340061'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111559001701340061'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/05/otro-duro-ms.html' title='Otro duro más'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111524616542654024</id><published>2005-05-04T18:30:00.000-04:00</published><updated>2005-05-04T18:36:05.440-04:00</updated><title type='text'>Sólo unos días</title><content type='html'>Sí, parece una notable pendejada esto de largarme sin mis archivos digitales, los que contienen las crónicas que alimentan esta página. Parece, pero no lo es: el que no tenga ahora con qué escribir crónicas rojas actuales quiere decir que estoy pasándola bien, o al menos que tengo la mente lejos del crimen y la sangre.&lt;br /&gt;Pero esto, para mi desventura y para bien de este blog, cambiará en unos días. Debo regresar a Caracas, a la realidad y al agite, y en una de esas recupero mis materiales y le entrompo nuevamente al blog. Pendientes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111524616542654024?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111524616542654024/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111524616542654024&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111524616542654024'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111524616542654024'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/05/slo-unos-das.html' title='Sólo unos días'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111499206219944484</id><published>2005-05-01T19:58:00.000-04:00</published><updated>2005-05-01T20:01:02.200-04:00</updated><title type='text'>Breve (y forzoso) receso</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Estoy fuera de Caracas y no cargo conmigo el arsenal de crónicas. Es la única razón por la cual no he incluido otras más. Desde el lunes o martes volveré a llenar esto de historias y casos criminales. Estén pendientes.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111499206219944484?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111499206219944484/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111499206219944484&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111499206219944484'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111499206219944484'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/05/breve-y-forzoso-receso.html' title='Breve (y forzoso) receso'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111464406857564432</id><published>2005-04-27T19:17:00.000-04:00</published><updated>2005-04-27T19:21:08.580-04:00</updated><title type='text'>Chiquilo, el mártir</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Tucupita, Tucupita. Ustedes saben, la capital del estado Delta Amacuro. Delta Amacuro, ustedes saben. Hasta no hace mucho se le llamaba Territorio Federal Amacuro, y la denominación sonaba –suena todavía– a asunto remoto, lejano, vagamente perceptible, pero encantador: el Delta es el lugar del país donde el Orinoco se vuelve mil pedazos, mil corrientes de agua en la que pululan los caimanes y las anacondas casi en el mismo número que los zancudos. Pero hay más que eso. Hay una población, unas estructuras, una organización, un status que le hizo merecer su elevación a la condición de estado. Así que el estado Delta Amacuro está en la misma categoría política y jurídica que los estados Mérida, Zulia o Carabobo, aunque, por otra parte, y hablando de los rubros aspecto físico y castidad, confundir a Valencia con Tucupita es como confundir a las Spice Girls con la estudiantina del Colegio Teresiano.&lt;br /&gt;Pero un momento: ¿es absolutamente deplorable y desventajosa la vida en Tucupita, como para merecer apenas una mirada de desprecio por encima del hombro? De ninguna manera. En el Delta, por ejemplo, rara vez –o quizá nunca– escuchará el visitante una ráfaga de ametralladora, cosa que sí ocurre con frecuencia a tres cuadras de Miraflores, caminando hacia el norte. Aunque guapos no faltan en ninguna parte y es costumbre que cuando se caldean los ánimos salgan a relucir hierros y machetes de diversa textura, la santa verdad es que los habitantes del Delta no están habituados a escuchar disparos, de modo que bien pueden confundir, por falta de entrenamiento auditivo, un disparo de arma de fuego con el estallido de un triquitraqui.&lt;br /&gt;Pero, de acuerdo con la denuncia que reposa en la Fiscalía General de la República, aquel viernes no hubo manera de confundirse: cerca de veinte testigos han declarado que las seis detonaciones que se escucharon en la urbanización La Paz de Tucupita no fueron de fuegos artificiales sino de plomo vivo. Y, para que no queden dudas del destino que tuvo ese plomo, allí está, reposando para siempre bajo el suelo deltano, el cuerpo de Pablo Ramón Martínez, “Chiquilo” entre los suyos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Golpe por golpe&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Este Pablo Ramón Martínez (46 años de edad, cinco hijos y fuerzas de sobra para engendrar unos cuantos más) era uno de esos caballeros que desde pequeños fueron acostumbrados a meterle mano a cuanto oficio inventó el hombre para no morirse de flojera: sabía de electricidad, albañilería, plomería, herrería y todo cuanto sea útil para mantener una casa de pie. Dos décadas atrás llegó a ese barrio llamado La Paz, donde se dio a conocer por las habilidades descritas y también por su don para organizar a la gente alrededor de proyectos que valgan la pena. Era presidente de una asociación llamada La Esperanza, formada por los vecinos de la zona, y disculpen la abundancia de detalles, pero en este caso es preciso armar con exactitud el retrato del señor Pablo Ramón Martínez. De todas formas, si no le parece interesante el relato, intente leer el escrito de Max Haines y verá que a la cuarta línea ya estará harto y se verá obligado a regresar a esta página. No hay escapatoria.&lt;br /&gt;Lo cierto es que este Chiquilo tenía un carácter templado de acuerdo a las normas de una vida llena de obligaciones y exigencias, lo cual quiere decir que era un hombre más dado a impartir órdenes que a recibirlas. Y esa característica –virtud para unos, desparpajo para otros– habría de aflorar con toda su potencia en un momento que le exigía más bien silencio y sumisión.&lt;br /&gt;Ocurrió, decíamos, un viernes en la noche. Un grupo de muchachos de La Paz habían armado una miniteca, una fiesta callejera en mitad de la vía, y la música se estaba prolongando parejo y sabroso a lo largo de la noche. A eso de las nueve, un cuerpo recién creado de la policía estadal entró en escena, mandó a apagar el equipo y todo el mundo a arrodillarse. Y tú, el catire de allá, suelta a esa flaca o te la vamos a arrancar por las malas de las manos. Cédula, manos atrás y cabeza agachada que ustedes van detenidos, fue la orden general impartida desde las patrullas, y a los muchachos, sorprendidos en pleno cénit del sarao, no les quedó más remedio que entregar sus documentos y dejarse llevar por las circunstancias. Y mira que eran amargas esas circunstancias: llevarse una ración de empujones y peinillazos delante de la chica con quien uno estaba bailando unos minutos atrás no debe ser muy sabroso, ¿ah?&lt;br /&gt;A dos cuadras del lugar, Pablo Ramón Martínez se enteró de que entre los jóvenes detenidos estaban dos de sus hijos, Franklin y José Ramón. El hombre salió a la calle, se acercó al sitio de la redada y comenzó a hablar con los gendarmes. Los muchachos no son unos delincuentes. Devuélvanmelos, yo vivo aquí cerca. No los pueden detener porque son menores de edad y yo no veo ningún funcionario del INAM o la Procuraduría. Y los policías, sordos o desinteresados ante la petición del Chiquilo. Entonces éste, acostumbrado a hacerse oír, levantó la voz. Y la levantó un poco más. Y un poco más. Hasta que el policía interpelado no aguantó la presión e intentó callarle la boca a su interlocutor con una cachetada que hizo enmudecer a todo el mundo. ¿Qué hizo Chiquilo? ¿Se quedó quieto? ¿Pidió disculpas? ¿Se puso a llorar? No: le respondió al policía con la misma fórmula, toma, directo y duro para reventarle al uniformado lo que se llama hocico.&lt;br /&gt;Entonces sucedió algo de lo cual los denunciantes mantienen y defienden una versión, mientras que la policía esgrime otra distinta –más adelante se verá cuál–: en mitad del forcejeo sonó un disparo, no se sabe si del arma de Chiquilo –un arma de la cual tenía porte legal– o del policía, pero de todas formas un disparo que hirió a Pablo Ramón Martínez. Fue el primer tiro que recibió; los otros cinco se lo propinaron los funcionarios, uno detrás de otro, como si se tratara de una competencia de tiro al blanco; fueron tres impactos en el abdomen, dos en la pierna izquierda y uno en un brazo. Y con tribuna de espectadores incorporada: decenas de testigos, entre los que se encontraban los hijos del caído, han sostenido esta versión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Si tú eres macho&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo anterior no fue lo peorcito que le ocurrió a Chiquilo esa noche. A los agentes del orden y la seguridad todavía les pareció que aquel hombre merecía una sesión de golpes y patadas, y fue lo que hicieron, en presencia de una multitud que no se atrevía a intervenir debido a la cantidad de cañones policiales que salieron al ruedo. Acto seguido, Martínez fue introducido en una de las patrullas y llevado con toda la calma del caso al hospital Luis Razetti.&lt;br /&gt;Cuando llegaron al hospital, los policías arrojaron al herido al piso y uno de ellos le gritó –palabras textuales, según cuentan tres enfermeras del hospital–: “Si es muy macho, que camine solo”. Fueron las enfermeras quienes le rogaron a los uniformados que le quitaran las esposas al moribundo. Intervención quirúrgica de emergencia que mejoró levemente el estado del herido, cruel espera de 24 horas para que se autorizara su traslado a un hospital mejor dotado en Puerto Ordaz. El sábado en horas de la noche, Chiquilo Martínez falleció en la ambulancia que lo trasladaba hacia Guayana.&lt;br /&gt;El sepelio del dirigente vecinal fue una manifestación multitudinaria en la cual, como pueden imaginarse, salieron a flote toda suerte de señalamientos y acusaciones contra los funcionarios de la policía deltana. Pero más nada, no más violencia ni agresiones físicas: tal es la naturaleza y el temperamento de la gente de Tucupita. Para su grandeza, o su desgracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Habla la policía estadal&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El teniente coronel Héctor Jesús Aguilera, comandante de la policía del estado Delta Amacuro, asumió la defensa de los funcionarios involucrados en los hechos, arguyendo que éstos fueron agredidos con un arma de fuego antes de proceder a neutralizar a Martínez. Dice la declaración oficial que los policías realizaban en el barrio La Paz un operativo de verificación de documentos entre los menores de edad presentes en la fiesta, cuando se presentó Chiquilo Martínez en una bicicleta, muy alterado y en plan agresivo, exigiendo la liberación de sus hijos. En mitad de la discusión que se suscitó, se produjo un forcejeo con uno de los agentes; Martínez desenfundó un arma y realizó dos disparos, tras lo cual “el resto de la comisión policial intervino para resguardar la integridad de los agentes y los menores presentes en el lugar”.El proceso se encuentra en un tribunal de Primera Instancia en lo Penal, a cargo de César Augusto Acevedo. Hasta la fecha, no hay ningún agente policial detenido o suspendido de su cargo.&lt;br /&gt;______________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11778710#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;El Nacional, 1999 (no tengo la fecha), con el título &lt;em&gt;Tras la masacre, el silencio.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111464406857564432?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111464406857564432/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111464406857564432&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111464406857564432'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111464406857564432'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/chiquilo-el-mrtir.html' title='Chiquilo, el mártir'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111453363233006961</id><published>2005-04-26T12:35:00.000-04:00</published><updated>2005-04-26T12:44:14.913-04:00</updated><title type='text'>Premio Historias Imposibles a estas historias (no sólo posibles sino reales)</title><content type='html'>&lt;a href="http://historiasimposibles.nquipo.com" target="_blank"&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;img alt="Blog Premiado" src="http://www.nquipo.com/images/premio.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;a&gt;Gracias a la gente de Historias Imposibles, quien le ha hecho a esta página el inesperado honor de otorgarle el premio "Blog de Cinco Estrellas".&lt;/a&gt; Les escribí a los panas en un comentario, abajo en el post &lt;em&gt;La nula importancia de llamarse Josefina&lt;/em&gt;: "ya quisiera yo que esas historias fueran imposibles (como dice el nombre de su página). Por desgracia, esas historias son no sólo posibles sino cotidianas en nuestros países latinoamericanos".&lt;p align="justify"&gt;Gracias de todos modos.&lt;a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111453363233006961?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111453363233006961/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111453363233006961&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111453363233006961'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111453363233006961'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/premio-historias-imposibles-estas.html' title='Premio Historias Imposibles a estas historias (no sólo posibles sino reales)'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111452477157372153</id><published>2005-04-26T10:08:00.000-04:00</published><updated>2005-04-26T10:14:48.186-04:00</updated><title type='text'>Un pequeño error</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Viernes 4 de julio, 5 am&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Movilización policial más intensa que de costumbre en el Tercer Plan de La Silsa. Por allí suelen producirse enfrentamientos más o menos serios por el inacabable asunto de la droga, las malas mañas, la necesidad de algunos de dárselas de guapos. Y cuando estas cosas ocurren no es extraño que un proyectil fuera de cauce equivoque las señas del destinatario y entonces ¡Pao!, allá cayó un inocente. Así que, a pesar de la bulla y la incomodidad de tener que interrumpir el sueño tan temprano, a veces es hasta bienvenido un operativo de estos de vez en cuando. Nada que decir sobre la mística policial; para eso les pagan.&lt;br /&gt;Los miembros de la familia Rondón sienten el galope tendido de la autoridad en el callejón Ricaurte, que es a donde da la entrada de su vivienda. De pronto escuchan un ruido de fábula allí mismo en su propia reja: alguien da unos golpes, después se siente un ruido bestial de metales que ceden y luego un desmigajarse de la pared cuando la reja que protege la casa es arrancada de cuajo. El señor Teófilo Rondón sale a ver de dónde viene tanto agite, y se encuentra con varios hombres uniformados que, cordialmente, le piden permiso para entrar a la vivienda. Uno de ellos sostiene la reja de la entrada en la mano, pero enseguida la arroja hacia un lado y, junto con varios colegas más, irrumpe en la casa sin esperar la autorización de Rondón. Qué más salvoconducto que ese poco de fusiles, pistolas y adrenalina fluyendo cuerpo adentro. Dos de ellos arrastran a un sujeto que, cosa extraña, va encapuchado. Le preguntan: “¿Aquí es la cosa?”, y él responde: “Sí, aquí es”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;5:10 am&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varios de aquellos hombres, identificados luego por la familia Rondón como funcionarios del Grupo BAE –por el emblema que llevaban al hombro– registran un par de habitaciones en la planta baja de la casa y luego suben hacia el segundo nivel, donde está el cuarto de José Gregorio Rondón, un muchacho recién dado de baja de la Policía Militar. De los otros funcionarios, unos custodian el cuarto al que ha sido llevada la familia –el padre, la madre y la hija, de nombre Ana Rosa– y los demás esperan en la sala y en la entrada. Desde arriba llega un diálogo un poco aparatoso:&lt;br /&gt;–Ah, tú eres la rata.&lt;br /&gt;–Ya va, señor agente, mire mis documentos, yo soy reservista.&lt;br /&gt;–Ah, tú eres reservista.&lt;br /&gt;Y enseguida un ruido de golpes y patadas, los gritos de José Gregorio. La madre del muchacho, señora Margarita, intenta salir del cuarto para intervenir en la cuestión y uno de los agentes la devuelve a la cama con una cachetada de esas que duelen, sobre todo a las cinco de la mañana y con un hijo en problemas. El encapuchado, el tipo a quien le han preguntado cosas antes de actuar, dice entonces: “Miren, mejor métanme en la patrulla porque me van a rayar”. No ha terminado de pedirles este favor cuando, desde arriba, llega la conmoción nítida de una descarga de disparos. Plomo cerrado en casa de los Rondón; abajo, los otros siguen sin dejar salir a los familiares, cuyos nervios ya han hecho crisis. Un poco para tranquilizarlos, para drenar un poco la tensión y la incomodidad, uno de los agentes comienza a entablar conversación con los miembros de la familia. Comienza por hacerles una pregunta trivial, tú sabes, nada importante, sólo para entrar en confianza:&lt;br /&gt;–Bueno, ¿y qué más? ¿Cómo se está portando El Chino?&lt;br /&gt;–¿Cuál Chino? –responde Teófilo Rondón–. Aquí vivimos puros negritos, no hay ningún chino aquí.&lt;br /&gt;–Bueno, pero a su hijo lo llaman El Chino, ¿no?&lt;br /&gt;–No, a él no lo llaman así.&lt;br /&gt;Diez segundos de silencio. Los vengadores se intercambian una mirada de hielo.&lt;br /&gt;–Vamos por partes, caballero –le dice el agente a Teófilo, ya con otro tono– ¿Esta no es la casa número 20 de la Vuelta del Mocho?&lt;br /&gt;–No, señor. Esta sí es la casa número 20, pero del callejón Ricaurte. La Vuelta del Mocho queda como a ocho cuadras, hacia arriba.&lt;br /&gt;–Ah carajo.&lt;br /&gt;Uno de los policías tose, el otro se pone pálido, el otro empieza a tararear una canción y otro sale como un trueno del cuarto para dirigirse a otro funcionario. Le dice en voz baja, pero lo suficientemente fuerte para que lo escuchen en Nueva York:&lt;br /&gt;–Bueno, nos vamos. Yo creo que nos caímos. Nos equivocamos de tipo.&lt;br /&gt;La noticia se esparce entre los miembros de la comisión policial. Hay un intercambio de susurros y de señas. Están deliberando. El cerebro, manito, esa gente pone a funcionar el cerebro. Ellos son inteligentes. Toman una decisión.&lt;br /&gt;–No se preocupe, señora, nos llevamos a su hijo un momento para hacerle unas preguntas. Y usted, señorita –dirigiéndose a Ana Rosa–, se viene con nosotros porque queremos que haga una declaración. Resulta que hemos encontrado estas armas y esta droga en el cuarto del Chino. Perdón, del joven aquí presente.&lt;br /&gt;Entonces, sólo entonces, permiten que la familia salga del cuarto. Justo para ver como desde la azotea arrojan un bulto hacia la calle. No ha clareado del todo, pero es fácil adivinar que esa cosa que han arrojado desde arriba es el cuerpo de José Gregorio. Lleva una soga amarrada al pie izquierdo. Lo introducen en una camioneta Bronco y se lo llevan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;8: 00 am&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ansiedad, angustia, confusión en la casa de los Rondón y en todo el sector. La familia de José Gregorio ha subido al cuarto del muchacho y se ha encontrado con un escenario de guerra: mucha sangre en la cama, impactos de bala en las paredes. El señor Teófilo había tenido el buen tino de anotar las señas de los carros en que llegó el pelotón de policías: patrulla número 003, patrulla número 164. Poco después ha de enterarse de que la primera pertenece a la Comisaría del Oeste, y la otra a la de Ocumare del Tuy.&lt;br /&gt;Al poco rato llega una señora vecina, enfermera del hospital Periférico de Catia, llama aparte a Teófilo y le cuenta: su hijo está en el hospital, muerto. La señora, al identificarlo, se atrevió a levantar la sábana que lo cubría, y contó cuatro impactos de bala en el cuerpo del joven.&lt;br /&gt;Comienza entonces la penosa movilización. Primero van al hospital, pero cuando llegan les informan que el cuerpo del joven ha sido trasladado a la morgue. Van a la morgue y allí está, sí, pero no pueden entregárselo todavía, hay una averiguación en marcha, etc., etc. Vuelta a la casa, nuevas noticias de Ana Rosa, que ya ha llegado: estuvo en la División Contra Robos de la PTJ junto con otros vecinos de la familia Rondón. Les hicieron algunas preguntas sobre su hermano, cuenta la joven, pero antes les dieron una charla introductoria: Cuando les pregunten, ustedes deben responder que José Gregorio era una rata, un maldito delincuente, un azote de barrio. Si no lo hacen, cuenten con 15 años de cárcel por encubridores.&lt;br /&gt;–A ver: ¿quién era José Gregorio Rondón?&lt;br /&gt;–Un azote de barrio, un delincuente.&lt;br /&gt;–Muy bien. Anote ahí, secretario. Veinte puntos para los vecinos del callejón Ricaurte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;6: 00 pm&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo en regla, todo en orden para la entrega del cadáver. Teófilo Rondón y su hija van con la gente de la funeraria La Pompa para que les entreguen el cuerpo. El funcionario de la morgue va a hacerlo, pero nada de eso, mi amor, tranquilízate: en el horizonte despunta una unidad del Grupo BAE, y dos funcionarios bajan echando espuma por la boca. La orden es dejar el cuerpo del muchacho donde está.&lt;br /&gt;–Pero éstos son sus familiares –argumenta el muchacho de la morgue.&lt;br /&gt;–Tú no has entendido, papi –dice uno de los agentes del BAE–. Si tú entregas ese cuerpo te vas a meter en rolitranco de problema. O sea. No lo entregues.&lt;br /&gt;Y el muchacho, por supuesto, no lo entregó. Nadie quiere meterse en problemas, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sábado 5 de julio, 8: 30 am&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regreso de Teófilo y los suyos a la morgue, para ver si hay otro ambiente. Sí lo hay: sin mucho trámite verifican unos documentos y proceden a entregar el cuerpo de José Gregorio Rondón, para que lo lleven a la funeraria. Les entregan un acta de defunción donde se lee un dato que no encaja: “Impacto de bala en la región intercostal izquierda”, y más nada. De los cuatro tiros que mencionó la vecina de los Rondón, nanay. En fin, lo importante es que ahora sí podrán velar y darle el último adiós al muchacho asesinado. Hey, cuidado con esas palabras, ¿cómo que asesinado? Estamos hablando del grupo BAE. Bueno, está bien, el muchacho fallecido.&lt;br /&gt;Un detallito, apenas: el empleado de la funeraria, encargado de preparar el cadáver, sale un momento y le informa al señor Teófilo: “Señor, a su hijo no le hicieron la autopsia. Ese cuerpo se nos está descomponiendo. Yo puedo hacérsela aquí, pero eso le va a costar equis cantidad de dinero”.&lt;br /&gt;Carrera extra de Teófilo Rondón en busca de esa equis cantidad de dinero. Listo el trámite, vamos a terminar, pues, con este doloroso asunto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La familia Rondón a la División de Disciplina de la PTJ, para aclarar algunos puntos oscuros. Conversaron con el comisario Gerardo Quintero, le hablaron de la declaración forzosa, de lo irregular del procedimiento. Los testigos que declararon la otra vez están nuevamente en la sede de la PTJ, cuentan esta vez la historia correcta. A Ana Rosa le pusieron en las manos un libraco lleno de fotografías; en él identificó algunos rostros: los de varios de los agentes que asesinaron a su hermano, y los de otros que intervinieron en el simulacro de interrogatorio. No está tan lejos la acción de la justicia –la verdadera–: ahora el caso está ya en manos de la jueza 45 en lo penal, Rosa Figuera Medina, y de la doctora Yadira Rangel en la Fiscalía. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;______________________&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;El Nacional, julio de 1997, con el título: &lt;/strong&gt;Manual práctico para acabar con la justicia.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111452477157372153?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111452477157372153/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111452477157372153&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111452477157372153'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111452477157372153'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/un-pequeo-error.html' title='Un pequeño error'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111444612445765002</id><published>2005-04-25T12:19:00.000-04:00</published><updated>2005-04-26T12:01:53.343-04:00</updated><title type='text'>La nula importancia de llamarse josefina</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Josefina Emilia Kurbage de Kassabji, de 29 años de edad, acudió con su esposo, Georges Kassabji, al encuentro decisivo con su médico: ya el ser que tenía en el vientre había cumplido sus 39 semanas de gestación y la pareja había puesto todo en orden para recibir a quien iba a ser su primera hija. El médico encargado de traer al mundo a la criatura fue el doctor Enoch Morón, todo un veterano que presta sus servicios como obstetra en la clínica La California, de la cual además es director. El anestesiólogo, otro caballero curtido en las lides de su especialidad, fue el doctor Jesús Berríos. El resto de la escena ustedes se la imaginan: una familia tensa y feliz, una Emilia nerviosa pero muy optimista y un equipo médico que si fuera de beisbol ya estaría celebrando el triunfo en la serie mundial. Algún día teníamos que reseñar un acontecimiento feliz en esta página, no faltaba más. Aunque éste apenas tenga una extensión de un párrafo.&lt;br /&gt;A las 8 de la mañana, con todo ya en su lugar, Josefina Emilia fue llevada al pabellón, le aplicaron la inyección respectiva para ver si dilataba y el parto se producía de manera normal, y comenzó una espera más larga de lo que Kassabji y los suyos habían previsto. A las 2 de la tarde, y luego a las 3 y media, a las 4 y a las 5, les dijeron que había que esperar un poco; la mujer iba a dilatar en cualquier momento y el parto, querido amigo, va a ser convencional y sin traumas. Tranquilo ahí, galán, yo sé lo que se siente. Si ya ha esperado nueve meses, ¿cómo no va a esperar diez horas más, ah? Tranquilícese y vamos a ver qué pasa con la niña.&lt;br /&gt;A eso de las 6 de la tarde el doctor Morón llevó a cabo el movimiento esperado por todos en el bull pent: ordenó aplicarle una mayor dosis de anestesia a Josefina Emilia para realizar la cesárea. Una lástima, el parto no pudo ser natural. A las 6:40, por fin, la mujer salió del quirófano rumbo a la habitación, y su robusta primera hija fue llevada a la sala de incubadoras para los cuidados y el procedimiento de rigor. Nuevas manifestaciones de alegría para los Kassabji. Luego de la endemoniada espera, finalmente estaba entre ellos la nueva integrante del hogar, la cosa era para celebrar. Pero, como suele suceder en estos casos, la madre regresó al cuarto en un estado físico muy delicado, y por supuesto no era celebrar sino recuperarse lo que el cuerpo le estaba pidiendo. Con frases entrecortadas y susurros inaudibles, logró comunicarle a su familia que sentía una quemazón en la espalda. Naturalmente. Nadie sale de un trance de ese tipo con ánimo de correr un maratón.&lt;br /&gt;Sólo que, hablando de maratones, Josefina Emilia no sentía las piernas. Tenía el brazo izquierdo doblado y el ojo del mismo lado se le cerraba, fuera de control. Entonces decidieron acudir al médico para ver qué se podía hacer al respecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La palabra de la ciencia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Enoch Morón fue a la habitación, dio un vistazo, hizo un par de preguntas, reflexionó durante dos segundos y emitió el primer dictamen: es el efecto de la anestesia. Le dije que estuviera tranquilo, amigo Georges. Mañana verá como se nos recupera la doña, no se preocupe.&lt;br /&gt;Viernes en la noche: el cordial Enoch se despidió, salió de la clínica y la familia Kassabji se dispuso a atender a la joven madre, que no paraba de quejarse. Transcurrió la noche, la madrugada, el sol salió para todos y Josefina Emilia seguía en el mismo estado: el brazo doblado sobre el pecho, el fogonazo en la columna, las piernas como ausentes, el ojo izquierdo caído. Fueron a buscar al doctor Morón pero no se encontraba; hizo acto de aparición entonces el anestesiólogo, Jesús Berríos, quien, en un tono tan cordial como el de Morón, dio una explicación técnica y otra folclórica. La primera, que le habían colocado anestesia en la columna y luego general, y que quizá por eso estaba reaccionando de esa forma. La segunda: esa mujer lo que está es consentida. El doctor Berríos es un sujeto muy simpático.&lt;br /&gt;Poco después llegó Morón, le colocó un suero y una sonda a la paciente porque, según él, de esa manera iba a expulsar la anestesia. La palabra de la ciencia. Tres días después, esto es, el martes, el deterioro de Josefina Emilia había alcanzado un nivel alarmante: ahora sufría de vómitos, diarrea, fiebre, dificultad para respirar y para hablar. Entonces se realizó una junta médica conformada por los doctores Morón, Berríos, Ralph Redlich y Germán Quintero. Estos últimos le dieron una noticia desconcertante a Georges Kassabji: Berríos no quiso responder qué diablos fue lo que hizo en el quirófano, o más exactamente, en la columna de Josefina. Así reza el informe de la junta médica: “La paciente permanece en la clínica bajo el cuidado de los médicos consultantes y personal de apoyo, excepto el doctor Jesús Berríos, quien notificó de motu propio su decisión de retirarse del caso”. Otra noticia terrible en labios de Quintero: Su esposa ha perdido la movilidad en el 80 por ciento del cuerpo y posiblemente no camine más. La razón: había sido mal inyectada en la columna, le habían lesionado la mielina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bravos, valientes y apoyados&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que el responsable es Berríos, dijo el esposo de Josefina; pues con él vamos a hablar. La petición de Georges Kassabji a Berríos fue muy directa: Encárguese de los gastos de recuperación de mi esposa. Más directa fue la respuesta de Berríos: No voy a responsabilizarme de nada porque mi familia es muy poderosa, mi hermano es Guardia Nacional, mi hermana es abogada, mi tía es jueza y mejor ni te cuento con quién juego dominó todos los sábados, bajo una mata de mango y con una botella de whisky a la vera. Así que no me hables, Georges: habla con mi abogado.&lt;br /&gt;Georges fue entonces a hablar con uno de los propietarios de la clínica, el doctor José Otatti, y le contó de su intención de llevar el caso a Tribunales. Es cuestión de jerarquías: si un anestesiólogo conocía a ese poco de gente poderosa, imagínense lo que el dueño del negocio le respondió a Georges: Tengo un pana de la infancia que hoy es una destacada personalidad política del país. A quien escribe estas líneas le han recomendado no publicar el nombre que pronunció Otatti para impresionar a Georges, pero demonios, ¡qué contento se va a poner el doctor David Morales Bello cuando sepa con qué fines está utilizando su nombre su queridísimo hermano José Otatti! Y ni hablar cuando sepa que además lo llamó “destacada personalidad política”.&lt;br /&gt;Tres semanas después, Josefina sufría de pérdida de la memoria, convulsionaba constantemente, no reconocía a sus allegados. Una psicóloga clínica y una fisiatra se aplicaron entonces a realizar otro tipo de exámenes, los cuales revelaron que el daño sufrido por Josefina era motor y psicológico, ya que por lo demás estaba sana. Un mes después del parto volvieron a acudir a la sabiduría del doctor Enoch Morón para que realizara una revisión, puesto que en los últimos días sólo fue atendida por un par de enfermeras. Morón hizo sus observaciones y le recomendó a Emilia y los suyos relajarse y esperar. Georges tuvo un ataque de desesperación e hizo un enérgico reclamo; entonces Morón, siguiendo la línea de sus colegas de la clínica, le respondió que estaba listo para ir a Tribunales. Esa misma noche, a eso de las 12, Josefina sufrió un paro respiratorio, por lo cual fue trasladada al hospital Domingo Luciani, sin que Morón ni nadie se dignara firmar la orden de traslado.&lt;br /&gt;Josefina Emilia Kurbage de Kassabji murió 40 días después del que se supone iba a ser el día más feliz de su vida.&lt;br /&gt;Uno de los primeros trámites que realizó Georges Kassabji después del terrible desenlace fue acudir en busca de un pronunciamiento a la Federación Médica de Venezuela, donde lo han tratado como al perro más vil: Venga después, no lo puedo atender, quédese allí, venga el domingo, espere en el pasillo. Así que, una vez agotada esa instancia, Georges ha optado por darle el gusto a aquellos médicos: por fin tendrán la oportunidad de demostrar cuán poderosas son sus influencias, pues ya el caso está en la Fiscalía y en los Tribunales. Mientras, él se limita a contar con la buena fe de la fiscal 43 del Ministerio Público y con el buen tino que pueda quedarle a la justicia venezolana.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;______________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Un año más debió lidiar Georges Kassabji en los tribunales, hasta que finalmente, en agosto de 1998, la jueza 43 penal, Norma Hernández, decidió una medida de sometimiento a juicio contra los facultativos Jesús Antonio Berríos y Enoch Morón, por homicidio culposo. En el caso de Berríos hubo imprudencia, y en el de Morón, negligencia, según el dictamen de la jueza. No ocurrió mayor cosa con ellos; homicidio culposo se paga con pena de seis meses a cinco años. Pero como ninguno tenía antecedentes penales y parece que hasta buenos ciudadanos son, entonces...&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;___________________ &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El Nacional, agosto de 1997, con el mismo título.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111444612445765002?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111444612445765002/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111444612445765002&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111444612445765002'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111444612445765002'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/la-nula-importancia-de-llamarse.html' title='La nula importancia de llamarse josefina'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111436307104763151</id><published>2005-04-24T13:16:00.000-04:00</published><updated>2005-04-24T13:17:51.056-04:00</updated><title type='text'>San Juan te lo da; el hampa te lo quita</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;William Ochoa era, en los tiempos duros de la guerrilla (años 60 y buena parte de los 70) uno de los sujetos bravos e irreductibles de La Vega. Allá en El Carmen lo recuerdan como a la sombra clandestina que un día entrompaba a los cuerpos de seguridad y a los malandros, agitaba públicamente a las masas –ya saben, esa terminología de idealistas y guerreros– y al día siguiente nadie sabía dónde encontrarlo: de concha en concha se le fue la juventud, pero no las ganas de meterle mano a todo cuanto sonara a organización de comunidades. De algo le sirvió, pues, esa ruda pasantía por el PCV y Ruptura, aquella escisión de la cual se acordarán muy bien quienes le han dado un vistazo a los avatares de la izquierda.&lt;br /&gt;Tanta energía puesta al servicio de la revolución tuvo un día un tropiezo fulminante: William conoció a una mujer que le voló los tapones, lo hizo conocer las supremas delicias –no hablaremos de detalles aquí; para eso está la columna de Alfredo Chacón– y de pronto le anunció que iban a tener un hijo. Lo que no logró ni el ejército, ni la Digepol, ni la Disip y ni siquiera los choros del barrio, lo logró una morena candelosa como la mayoría de las hijas de La Vega: ponerle un freno, aunque temporal, a tanta correría que ya sonaba a novela de aventuras. Lo demás lo hizo el avance de la historia; a finales de los 70 ya los movimientos guerrilleros no eran lo mismo de antes, y hasta los militantes más mordedores tuvieron que tomarse un reposo mientras comprendían qué rayos estaba ocurriendo con la Revolución y con el país.&lt;br /&gt;Era 1981. Buen año para traer al mundo a un recio vástago al cual le colocaron el mismo nombre del padre: William. Ya veremos que no sólo el nombre los identificaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un trago amargo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde los primeros meses de vida, William hijo era tan inquieto como cualquier chamo criado con teta y fororo. Al cumplir un año de edad sus padres parpadearon un momento, dejaron de observarlo un instante y el niño tuvo una ocurrencia más o menos inocente, más o menos fatal: agarró un frasco de easy off, el conocido limpiador de hornos –publicidad gratis– y se zampó un trago de aquel líquido como si se tratara de un tetero con unos grados de más. En cuestión de segundos el niño gritó de dolor, convulsionó, se partió en vómitos. Hubo que llevarlo de emergencia al hospital.&lt;br /&gt;En el Pérez Carreño les dieron un diagnóstico bastante grave: si el líquido había llegado al estómago era mejor irse despidiendo de la criatura. El easy off es una maravilla en la superficie de una cocina, pero en las entrañas de un muchachito la situación es un poco distinta.&lt;br /&gt;William dejó al niño en manos de la ciencia, pero muy adentro la enseñanza que le había dejado la negritud y sus códigos le hizo acudir a otros remedios. Recordó que San Juan Bautista era el abogado de las causas difíciles, recordó que aquellas fiestas de tambores no son sólo una excusa para bailar y echarse los palos, sino una manifestación profunda de la sangre y del espíritu, y le encomendó el muchacho al santo negro. Cuatro horas más tarde el médico salió a decirles que tenían una suerte bárbara, mi hermano: el chamo había expelido todo el maldito limpia hornos y las lesiones le alcanzaban sólo el esófago. A su alrededor, entretanto, había ocurrido una cosa conmovedora: cuatro niños que habían sido alcanzados por una epidemia de meningitis murieron en cuestión de horas, y William hijo salió con vida, aunque con el esófago quemado por los efectos de aquel super tetero.&lt;br /&gt;William padre le canceló la deuda a la ciencia y juró que le cancelaría también su deuda a San Juan mientras viviera, organizándole sus fiestas, bailándole, cantándole cada mes de junio; no faltaba más. Así lo ha cumplido con toda la devoción, hasta el 5 de junio de 1999.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;San Juan te lo da;&lt;br /&gt;San Juan te lo quita&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A sus 17 años William hijo se convirtió, cumpliendo la promesa del padre, en presidente de la Cofradía del santo, además de su Capitán. Pero no nos engañemos: el muchacho no sólo se ocupaba del santo y sus alrededores, sino que también le pegó la cosquilla de la militancia y helo allí, agitando y paralizando la ciudad en cuanta protesta tenía lugar en los liceos donde estudió: el Juan Rodríguez Suárez, el Luis Razetti de la avenida Morán, el Fe y Alegría de Las Acacias. Más de una vez llegó a la casa con unas feas marcas de perdigones en las costillas, y el papá tuvo más de una vez las santas bolas de reclamarle esa forma contestataria de ver la vida. Nada grave: en el fondo, al hombre lo que lo estremecía era el orgullo, porque ese tarajallo de su hijo en realidad le recordaba, ni más ni menos, sus propias escaramuzas juveniles. La sangre ñángara se hereda.&lt;br /&gt;El 5 de junio volvió a salir San Juan a las calles de La Vega; al frente de la procesión estaban ellos, William padre e hijo. A mitad del trayecto a una banda de jodedores le dio por sabotear el acto lanzándole hielo y objetos a los presentes. William hijo, en su condición de primer Capitán, cumplió con su deber: fue hasta donde estaban los saboteadores y los puso en su sitio con un par de gritos y un empujón. Los bichos al principio intentaron reaccionar, pero lo pensaron mejor al ver la estampa de ébano del William hijo y prefirieron retirarse hacia el bloque 2, no fuera a ser que aquel gentío se indignara también.&lt;br /&gt;Hay testigos que cuentan la forma en que se metieron casquillo mutuamente los tipos, nombrados en la zona Alayón, Yorner y Ramoncito. Este último, el mandamás, sugirió que lo mejor era cobrarse la ofensa, cómo podía ser posible que unos tipos tan machos como ellos se dejaran regañar por un solo muchacho. Y así, tan bravos como eran, se armaron con sendos hierros y fueron a cobrarle con sangre al William hijo.&lt;br /&gt;Llegaron al sitio donde William Ochoa y los demás guardaban los tambores, abordaron al muchacho cuando estuvo solo y le exigieron que se disculpara. William hijo les echó en cara la verdad más tajante: él no le pedía disculpas a muchachos pendejos. Entonces uno de ellos sacó el arma y lo detonó en el pecho. La autopsia reveló que ese disparo no fue mortal; San Juan se dio licencia para interceder nuevamente por la vida del joven. Pero éste dio la espalda para correr hacia la casa, y por la espalda entró el balazo que lo despachó definitivamente. William padre asegura que el muchacho herido tuvo un aliento final para pedirle que no se pararan los tambores. Fácil de cumplir; los tambores de San Juan no se detienen jamás.Alayón y Yorner tuvieron suerte de no ser linchados porque la PTJ los rescató de la turba, y han sido procesados por homicidio; el Ramoncito huyó del lugar y no lo han vuelto a ver. Pero ya volverá. Tendrá que hacerlo algún día, y entonces...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;_________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;El Mundo, agosto 1999. Título original: &lt;/strong&gt;Que no paren los tambores&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111436307104763151?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111436307104763151/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111436307104763151&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111436307104763151'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111436307104763151'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/san-juan-te-lo-da-el-hampa-te-lo-quita.html' title='San Juan te lo da; el hampa te lo quita'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111426836186177846</id><published>2005-04-23T10:57:00.000-04:00</published><updated>2005-04-23T10:59:21.866-04:00</updated><title type='text'>El horror fue su divisa</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Sin duda, hay cosas más feas en la vida que beber aguardiente, pero quién se atreve a negar a estas alturas que tomarse unos tragos es más sabroso que estar trabajando todo el día para llevar el pan a la casa. Lo que sucede es que algunas cosas terribles suelen pasar con más facilidad cuando uno está bebiendo indiscriminadamente, sobre todo si uno deja salir a los monstruos en lugar de controlarlos. Por ahí va la explicación del hipócrita terror a la caña. Nos estamos entendiendo.&lt;br /&gt;Ahí tenemos el ejemplo de los hermanos Fanny, William y Luzbeida Ortiz Alvarado. Se nos ha pedido que obviemos el hecho de que estaban consumiendo licor, la noche del 16 de octubre de 1998. Como si eso fuera malo. Además, el establecimiento donde se encontraban se llama Mi Tasquita, allá en Pro Patria, y no hay que ser muy sagaz para llegar a la conclusión de que cuando uno acude a una tasca es para caerse a palos. Bueno, ellos estaban bebiendo, conversando y bailando, más o menos desde las 6:00 de la tarde, cuando de pronto hizo acto de presencia un tipo de ésos que nunca faltan: impertinente y borracho, no como una cuba, sino como cinco Cubas, seis Puerto Ricos y cuatro Repúblicas Dominicanas. A juzgar por su aspecto, debía haber pasado ya por la fase del mono -cuando se ponen a contar chistes-, por la del turpial -cuando les da por cantar- y la del cocodrilo -cuando sueltan el llanto-. Algo bastante peligroso, es preciso decirlo, porque generalmente la fase que sigue, y la que le pone punto final a todas las demás, es la del león.&lt;br /&gt;Y lo peor: el tipo estaba vestido con un uniforme de la Guardia Nacional. Y llevaba encima su arma de reglamento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Echale semilla&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero antes de llegar todo lo lejos que llegó en su rodada, atravesó por otras fases aún sin identificación oficial, aunque bastante comunes, como por ejemplo la del maraquero. El hombre invitó a bailar a una desconocida y la pobre cometió la equivocación de aceptar; nunca en su vida había bailado merengue en ritmo de bolero, pero como todos los uniformes, inclusive los de boy scout, suelen inspirar respeto, ella tuvo que bailar la pieza hasta el final.&lt;br /&gt;Una vez que terminó con esa primera pareja, se fijó en otras, pero una a una fueron rechazándolo con las conocidas excusas del dolor de cabeza, el no sé bailar y el cansancio. Entonces la cogió con un pobre comensal que estaba ubicado en la barra, acusándolo de haberle quitado la silla. El sujeto opuso una débil resistencia, pero al ver que el uniformado sacó su arma de reglamento y se la puso a dos milímetros de la cara, se apresuró a entregarle la silla, bien limpia y pulida por si acaso. Esto ocurrió a escasos metros de los hermanos Ortiz Alvarado.&lt;br /&gt;Estos, un poco nerviosos ya por tantas payasadas, decidieron marcharse del lugar. A todas estas, los compañeros del alegre funcionario estaban también un poco fastidiados con sus impertinencias, pero permanecieron allí sin hacer nada al respecto. Y pensar que uno pone a funcionar esa correa apenas los hijos empiezan a rayar las paredes. El GN encontró en ese momento otra incauta con quien bailar y vacilar, cuando, en uno de sus locos tambaleos, tropezó a las hermanas Luzbeida y Fanny. Bravo y apoyado, le reclamó a las muchachas, quienes siguieron su camino hacia afuera acompañadas por su hermano. Entonces sí es verdad que lo mordió la indignación, ¿cómo era posible que aquellas maleducadas no le hubieran pedido disculpas?&lt;br /&gt;Salió tras ellas, le dio un empujón al portero, sacó la pistola, haló por el pelo a Luzbeida y ahí lo tienen, en plena fase del león: le dio un disparo en el rostro a la joven y emprendió veloz carrera, una carrera que, según informaciones que no han podido ser confirmadas y tampoco negadas, todavía no se ha detenido. Por su parte, los hermanos de Luzbeida tuvieron que someterse a la humillación extra de hacer un tour por los hospitales de Los Magallanes y Lídice, donde les dijeron que no podían atenderla, antes de irse hasta la clínica Attías. Allí la atendieron, la hospitalizaron durante 13 días, pero nada se pudo hacer, a pesar de los 18 millones que la familia tuvo que sacar de la nada para pagar el tratamiento. La muchacha falleció el 29 de octubre. Y la historia todavía va por la mitad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Vericuetos, como siempre&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El nombre del gracioso en cuestión es Richard Delgado García, y para el momento de su gloriosa gesta era Guardia de Honor, allá en la Casa Militar, muy cerquita de Miraflores. Dicen que fue escolta de Juan José Caldera. El detalle no importa. Ese señor no está en la obligación de olerle el aliento al personal antes de contratarlo; y además, él no lo pagaba. Pero lo que sí importa es que Delgado trató de confundir a sus superiores, específicamente al teniente coronel Sebastiani, jefe de Investigaciones, diciéndole que qué heroico estuve anoche, mi teniente. Fíjese que unos tipos querían atracar una tasca en Pro Patria y entonces vine yo y ta, ta, ta, plomo con los malos. Sebastiani, que ya tenía unas espuelas de medio metro cuando Richard Delgado todavía se orinaba en los pañales, lo bajó de la nube y después de una breve indagación decidió entregarlo al Comando Regional número 5, desde donde lo trasladaron a Villa Zoila.&lt;br /&gt;A los pocos días, apenas la jueza 31 penal, Hortensia de Perdomo, le dictó auto de detención por homicidio calificado, comenzaron los vaivenes y las sombras fantasmales a fastidiarle la vida a la familia Ortiz Alvarado. Una comisión de la PTJ del Oeste fue a buscar al asesino -ah, perdón, no hemos perdido esa manía de decir cosas feas en contra de alguna gente- y regresó con las manos vacías, pues les dijeron que Delgado estaba en una comisión en el estado Aragua. Más tarde la familia de Luzbeida acudió a Villa Zoila para informarse y, según relatan, un teniente de apellido Hernández les dijo con toda franqueza que no podían entregar a ese funcionario porque a nadie en la GN le constaba si quienes iniciaron el vaporón en la tasca de Pro Patria habían sido ellos, Luzbeida y sus hermanos.&lt;br /&gt;Nueva visita de la PTJ para que se ejecutara la decisión de la jueza, nueva negativa de la GN, hasta que el detective Piñango, de la PTJ del Oeste, confesó que ya el vacilón del los guardias le tenía una pierna hinchada y estaba pensando seriamente no volver más a buscar a Delgado.Han transcurrido cuatro meses desde el asesinato, y en la Guardia las versiones proliferan como el sorgo: en Logística dicen que ya Delgado está tras las rejas, en otras instancias dicen que hace tiempo no lo ven por allí, que posiblemente esté por los Andes. Hey, amigos de la Guardia: no se apuren mucho para entregar al compañero, si así lo desean; no informen a la prensa -¿para qué?- sobre su paradero, pero eso sí: pónganse de acuerdo y concédanle a la familia de Luzbeida aunque sea el beneficio de la verdad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;__________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Nacional, marzo de 1999. Fue publicada con ese mismo título.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111426836186177846?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111426836186177846/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111426836186177846&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111426836186177846'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111426836186177846'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/el-horror-fue-su-divisa.html' title='El horror fue su divisa'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111419701563124206</id><published>2005-04-22T15:07:00.000-04:00</published><updated>2005-04-22T17:29:06.160-04:00</updated><title type='text'>La suerte del ladrón malo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Juan Ramón Figueroa Hernández, caballero de 51 años, tiene en su haber una hazaña digna de mención. El hombre fue capaz de levantar a pulso un hogar, integrado por una esposa y seis hijos, y se ganaba la vida como obrero al servicio de la alcaldía del municipio Sotillo del estado Anzoátegui, lo cual termina de redondear su proeza: seis hijos los tiene cualquiera, pero mantenerlos bien alimentados y evitar que se salgan por el camino sucio en un barrio como El Guarataro (el de Puerto La Cruz, que no le lleva mucho al de Caracas), y además con un salario como el que devenga un obrero que trabaja en una alcaldía, equivale a darle una paliza a Oscar de La Hoya con la mano derecha amarrada a la espalda.&lt;br /&gt;Para nosotros, viles profanos que a cualquier cosa le queremos encontrar una explicación racional o científica, es tarea de titanes encontrarle una a este caso en particular, pues una simple verificación en la PTJ basta para refrendar el hecho de que, además, el señor Figueroa nunca estuvo metido en negocios extraños, o al menos no hay expediente alguno que lo acuse. Para su familia, en cambio, no hay nada más natural en la tierra, pues resulta que a Juan Ramón Figueroa le daba por predicar el evangelio en sus ratos libres (dicen sus compañeros de trabajo que también lo hacía mientras trabajaba) y dicen los entendidos que Dios otorga mejores beneficios y cobra menos intereses que cualquier prestamista.&lt;br /&gt;Solicitud de disculpas a Dios, a los evangélicos y al resto de los creyentes: el miércoles 7 de julio esa justificación de la familia Figueroa se vino estrepitosamente a tierra. A menos que el buen Juan Ramón le haya hecho alguna trampa imperdonable al Altísimo, y entonces los papeles terminaran trastocándose.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Tun-tun, ¿quién es?&lt;br /&gt;Gente de la PA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay otra persona en Puerto La Cruz cuyo expediente policial sí existe, y cuya fama es un poquito demasiado distinta a la de Figueroa. Se trata de Johnny Rojas, un joven de 25 años de quien se dice que es un conocido delincuente de El Guarataro, allá en Chuparín Arriba. Aunque la globalización y todo el asunto de los barrios en los que convive toda clase de gente hace que uno crea en cualquier cosa, en cualquier relación, parece que no había ni un maldito o bendito motivo por el cual Rojas tuviera algo en común con Figueroa: según el criterio general lo de Johnny era el malandreo y lo de Juan Ramón era la biblia.&lt;br /&gt;Así que llegó el miércoles 7 de julio y con él la apoteosis de la perra suerte. Era la 1:30 de la madrugada y en casa de los Figueroa se dormía. Uno de los hijos del matrimonio estaba hospitalizado, y la madre, Dominga de Figueroa, estaba cuidándolo en el hospital. Esa fue la razón por la cual Juan Ramón Figueroa abrió la puerta, confiada y mansamente, cuando alguien tocó a aquellas altas horas. Ante una sorpresa de la cual no alcanzó a recuperarse, quien llamaba no era su mujer sino un par de funcionarios de la Policía de Anzoátegui (PA) que llevaban consigo a nuestro amigo del párrafo anterior, Johnny Rojas. Uno de los agentes le preguntó al Johnny: “¿Aquí es?”, y el Johnny respondió: “Aquí es”. Entonces los funcionarios se dirigieron a Figueroa en un tono agrio y con unas palabras que sonarían groseras incluso en las Colonias Móviles de El Dorado. Y en aquella casa humilde pero respetable –imagínense–, donde si alguna vez se escuchó la palabra “vaina” fue porque alguien estaba leyendo El Mundo en voz alta.&lt;br /&gt;Los policías le preguntaron a Juan Ramón Figueroa dónde estaba la mercancía, y el hombre se limitaba a informarles que se habían equivocado de casa. Entonces, ante la ineficacia de las palabras, pasaron a los golpes. Bofetón y carajazo contra un hombre a quien seguramente nadie le tocaba la cara desde hacía más de 30 años. Uno de sus hijos trató de intervenir para ponerle freno a la humillación y el más gritón de los policías, que ya había sacado su arma de reglamento, lo descalabró de un culatazo. Cerca de 20 minutos duró el improvisado interrogatorio, y 20 minutos estuvo Figueroa soportando los golpes y negando su participación en nada que no fuera la prédica de la Palabra.&lt;br /&gt;Los policías se hastiaron de aquel asunto, le dieron una penúltima y una última oportunidad a Figueroa para que confesara lo inconfesable, y luego, cuando ya se sabía que el hombre no iba a decir nada interesante, y ante la explosión de gritos de la familia, uno de ellos le disparó en el pecho.&lt;br /&gt;Muchos testigos, muchos errores, mucha indignación en el ambiente. Sin embargo, los policías sintieron que debían desquitarse con alguien la pérdida de tiempo, y entonces se acordaron del buen Johnny, quien recibió su plomo en el cuello por los favores concedidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sin nombres, sin rostro&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creyentes y no creyentes debemos estar de acuerdo: suena a injusticia divina eso de que Juan Ramón Figueroa haya muerto instantáneamente con el corazón y el pulmón izquierdos perforados por un proyectil, mientras Johnny Rojas recibía una segunda oportunidad: a él la bala le lesionó una vértebra cervical y deberá permanecer en una silla de ruedas por el resto de sus días. ¿Una vida así es más cruel que la muerte? Es posible, pero nadie puede ver un partido de beisbol, ni sentado ni de pie, en lo frío de una tumba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En cuanto a los muchachos de uniforme que llevaron a cabo la faena, al comandante de la PA, Félix Abreu, no le tembló el pulso para destituirlos apenas escuchó los pormenores de la historia. Actualmente están a las órdenes de la PTJ, pero cierto código recién estrenado nos impide publicar sus nombres. En fin, caminen con cuidado, habitantes de Puerto La Cruz; ahora la muerte no tiene cara, ni nombres propios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;_____________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Mundo, julio de 1999. Título igualito.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111419701563124206?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111419701563124206/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111419701563124206&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111419701563124206'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111419701563124206'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/la-suerte-del-ladrn-malo.html' title='La suerte del ladrón malo'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111410745058301850</id><published>2005-04-21T14:16:00.000-04:00</published><updated>2005-04-21T14:18:32.776-04:00</updated><title type='text'>Madrecita del alma querida</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Ella es una de esas tipas zumbadas, sabrosonas y altaneras que bailan el guaguancó con la misma energía con que entrompan por las calles con el primero que las mire mal; hembrota candente, rabiosa, un poco vulgar ella pero con encantos suficientes para arrancarle un piropo entusiasmado a un arzobispo. Bravucona, bella, despiadada, rumbera; mil veces la han visto por las calles de Petare manejando una moto con una destreza que mete miedo, como toda ella. Pujante, decidida, implacable e indetenible, nadie la verá temblar sino ante una sola situación: con un sartén y en la mano y una hornilla enfrente. Nadie probará jamás una arepa hecha por ella.&lt;br /&gt;Un buen día, La Hembra (de ahora en adelante la llamaremos La Hembra) conoció a Rubén, un muchacho de su edad (22, quizá 23 años) a quien no le llevaba nada en eso de echar un pié y soltarse a repicar los cueros, y helos allí, enamorados un buen día de enero de 1996. En febrero la gozadera había llegado a su clímax y todo indicaba que se prolongaría hasta mucho más allá, pero de pronto la naturaleza intervino y, como en muchas historias de amantes desaforados, el Rubén calculó mal uno de sus disparos y le zampó una inesperada barriga a La Hembra, un mes después de conocerla. Así que a comprar batas y talquitos y adiós rumbas, adiós cervezas, adiós motos, adiós la calle bravía, por ahora.&lt;br /&gt;La Hembra parió en octubre una niña rozagante a quien le pusieron por nombre Yoselín, en honor de su tía que se llama María Mercedes. Por supuesto que La Hembra no estaba acostumbrada a esa vida de ama de casa sacrificada y cuidadora de niños, pero aquella criatura angelical le inspiró un no sé qué y decidió que era hora de intentarlo, pues el instinto maternal dura toda la vida.&lt;br /&gt;Bueno, hay sus excepciones. A La Hembra ese instinto le duró apenas dos meses: en diciembre sentó al Rubén en una silla y le dijo: “Mijo, usted se peló si cree que yo le voy a criar a su niña”, se la entregó con todo y ropa y adiós maternidad. Andar en moto como que es más sabroso que lavar los pañales y ponerme a coser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Una ocasión especial&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La familia de Rubén, muy comprensiva y hasta encantada con la decisión, tomó para sí a Yoselín y la convirtió en una más de la casa, quién no iba a encariñarse con una carajita tan linda. No bien cumplió la niña un año de edad, su padre, Rubén, tuvo un lance extraño en una calle cualquiera y cayó preso. Cuentan que el responsable de ese traspiés es un tal Rodrigo, quien, por cierto, en esos mismos días comenzó a salir con La Hembra y la convirtió en su pechuga. “¡Qué pasó, mamita!”, parece que fue su declaración de amor, y desde entonces viven juntos en el barrio 5 de Julio de Petare, en una vivienda que no le resultaría acogedora ni a una manada de cachicamos.&lt;br /&gt;Llega 1999; Rubén continúa preso, específicamente en La Planta; La Hembra y su Rodrigo hacen vida marital en aquella casa espeluznante y Yoselín crece sana y feliz en casa de las tías. Pero un día de mayo el instinto maternal volvió a regresar al corazón de La Hembra, quien se presentó en casa de Rubén y le dijo a los presentes que ella iba a llevarse a su hijita para pasar con ella el Día de Las Madres. Cero objeciones; aquella era su madre, cómo discutirlo, y menos en una ocasión tan especial como ésa.&lt;br /&gt;Le entregaron a Yoselín el domingo 9 de mayo en la mañana y ella prometió devolvela en la tarde. Montó a la chama en su moto y partió muy contenta. Ah, qué cara de felicidad se le notaba mientras culebreaba cerro arriba con la flor de sus entrañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La siniestra cama de Yoselín&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A La Hembra le gustó tanto la compañía de su hija que no la regresó a su hogar aquella tarde, ni tampoco al día siguiente, ni al otro, ni al otro. Una llamada de preocupación de las tías de la niña fue respondida por La Hembra en su mejor estilo: “Ella es mi hija y no tengo por qué devolverla”. Otro argumento irrebatible. Parece que alguien estaba asesorando a La Hembra en materia de leyes.&lt;br /&gt;Las tías no se rindieron tan fácil e insistieron vía telefónica; La Hembra utilizó entonces un tono más fuerte: “O me dejan en paz o va a haber plomo”, una amenaza que la gente de Rubén tomó en serio porque el Rodrigo aquél tiene fama de ser un sujeto muy violento. Nueva llamada de las tías en son de paz; La Hembra optó entonces por cambiar el número de su celular para quitarse de encima a las mujeres.&lt;br /&gt;El día 11 de junio, viernes para ser más exactos, la familia de Rubén recibió una llamada: “Vayan a la clínica Rodríguez Méndez, en Petare; la niña está muy mal”, les dijeron. Claro que Yoselín estaba muy mal; parece que tenía sacada de cuajo la uña de su dedo pulgar derecho. Ah, y también tenía hematomas en el rostro y en el cuerpo. Y una marca circular en sus nalgas, señal de que había sido obligada a sentarse durante un tiempo prolongado en una superficie cortante (después se supo que había sido una lata de leche). Y quemaduras en los brazos. Y un trozo de su bracito izquierdo desprendido de un mordisco. Y un mordisco más en el mentón, el cual casi se le desprende también por completo. Y úlceras y laceraciones en el intestino grueso, huellas claras de que la niña había sido purgada sin control. ¿Vale la pena agregar que Yoselín estaba muerta?&lt;br /&gt;Interrogados al respecto por el personal médico, La Hembra respondió con un ingenio sin igual: la niña se había caído de la cama. Un telefonazo urgente a la policía, y ella desapareció de la escena; Rodrigo pudo ser neutralizado a tiempo y capturado por las autoridades.&lt;br /&gt;Rodrigo llevó a la policía a la barraca que ocupaba con su mujer y allí la encontraron a ella, madre como sólo hay una. Ella está detenida en la Central de la PTJ, y acá es cuando acaba de retorcerse la historia, si hemos de creer en lo que se dice en los pasillos: hace unos días nadie encontraba la boleta de encarcelación y cuentan que La Hembra desplaza su sabrosura en los calabozos (ya libres de hacinamiento), protegida por un familiar del Rodrigo que casualmente, chico, trabaja en la Judicial. A Rubén, preso en La Planta, le concedieron un permiso para asistir al velatorio de su hija; pudo verla unos minutos, pero esposado y custodiado.&lt;br /&gt;La historia continúa. El epílogo (en manos del juzgado IV de Apelación) está por verse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;_______________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Mundo, septiembre de 1999. Mismo título.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111410745058301850?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111410745058301850/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111410745058301850&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111410745058301850'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111410745058301850'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/madrecita-del-alma-querida.html' title='Madrecita del alma querida'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111410613073450833</id><published>2005-04-21T13:53:00.001-04:00</published><updated>2010-10-31T12:55:45.343-04:30</updated><title type='text'>De Cuba con amor</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hiram Bravo Gómez nació en Cuba hace 35 años. Cuando joven le dio por hacerse técnico de radio y camarógrafo de televisión, con lo cual le tocó hacer lo que procede en esos casos cuando uno está en la isla de Fidel: además de trabajar en lo suyo llevó sol por ese lomo, echó machete y haló pala y escardilla para colaborar con las sucesivas zafras. Después, sin abandonar el asunto de las cámaras, se hizo deportista; entonces su vida cambió radicalmente: además de dedicarse a lo suyo llevó sol, echó machete y haló pala y escardilla para colaborar con las sucesivas zafras. Hay mucha variedad y muchas posibilidades en un sistema como el cubano.&lt;br /&gt;Con el tiempo, el empeño que le puso a sus labores en las pistas rindió sus frutos, pues al poco tiempo se convirtió en una pieza importante en carreras de fondo y cosechó buenos triunfos internacionales. El hombre estaba gozoso, le había rendido la vida y el esfuerzo había coronado con buenos laureles. Pero el afán de crecimiento personal de algunos seres humanos no tiene límites, y el de Hiram Bravo no tardó en manifestarse, quizá porque al conocer mundo se dio cuenta de que había una vida sabrosona allá afuera, esperando por gente talentosa como él. Entonces decidió esperar el próximo viaje para pedir asilo político e iniciar una nueva vida en un país con mayores auspicios, más próspero, con mejores dirigentes en las cúpulas de poder. La oportunidad se le presentó bien pronto, hacia 1991.&lt;br /&gt;El país al que viajó fue Venezuela. Vaya, clase de puntería tiene usted, caballero, mire dónde vino a aterrizar. En pocos días quedó seducido por las playas, por las mujeres, por las oportunidades de trabajo y sobre todo los tronco de dirigentes políticos que nos gastamos en esta tierra de gracia&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;strong style="font-weight: normal;"&gt;Estamos hablando de la Venezuela de 1991: segundo reinado de Carlos Andr&lt;/strong&gt;é&lt;strong style="font-weight: normal;"&gt;s P&lt;/strong&gt;é&lt;strong style="font-weight: normal;"&gt;rez&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;En el país de las mujeres&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez instalado aquí comenzó a darse cuenta de algunos cambios con respecto a sus sueños de crecimiento bomba y en tiempo récord. Por ejemplo, aquella fantasía de que basta con ser extranjero para que los empresarios caigan a los pies de uno ofreciéndole empleo, se le derrumbó por completo. Por otra parte, Hiram venía de conocer una cosa monstruosa como la burocracia cubana, pero cuando la comparó con ese pulpo inservible y colosal que es la Oni-Dex casi le dieron ganas de gritarle vivas a Fidel. Puesta al lado de la Oni-Dex, la Dirección Nacional de Inmigración y Extranjería de Cuba se ve como una lombriz de tierra al lado de una anaconda del Amazonas.&lt;br /&gt;A los pocos meses de haber llegado, y luego de probar suerte en las televisoras nacionales, decidió probar suerte en la provincia. Un par de consejos, unas diligencias bien encaminadas y de pronto el cubano se embarcó rumbo a Maracaibo, donde por fin se le encendió una luz.&lt;br /&gt;Pero en realidad no fue así de simple. Antes de conseguir algo estable trabajó como vendedor de perros calientes en una esquina: más sol para ese cuerpo, mi llave. Allí, entre salchichas y mayonesas, conoció a alguien que le movió los papeles en el canal de los Niños Cantores, lo dotó de una buena atmósfera vital y residencial para que su espíritu no fuera a resquebrajarse, y de paso lo mantuvo mientras se daba lo del trabajito. Ah, y le dio cariño, mucho cariño. Tanto, que prefirió cortar relaciones con su familia con tal de conservar a su lado al antillano. El nombre de ella –una mujer, por supuesto; en este país las mujeres suelen salvarle la vida a uno en las épocas más perras– era Milagros Montero, periodista al servicio del diario Panorama.&lt;br /&gt;¿Por qué la familia no la dejaba ser feliz al lado del hombre que amaba? ¿Acaso les molestaba que Milagros estuviera viviendo con un traidor a la causa revolucionaria de su patria? Nada de eso. La molestia tenía que ver con el hecho de que ella, no conforme con amar al tipo, lo tenía viviendo en la casa de sus padres, una familia trabajadora y con ingresos suficientes para darse un par de lujos al mes, sí, pero no tantos como para darle la sopita en la boca a un caballero que bastante fuerte y sano se veía. Además estaba lo de las peleítas: ¿qué clase de tipo era aquél, que en lugar de comportarse y morderse la lengua en consideración con la gente que le estaba prestando el techo, de vez en cuando se enfurecía y le metía sus buenos trancazos a la pobre Milagros? Cero respuestas.&lt;br /&gt;Finalmente, se dio lo de los Niños Cantores; Hiram Bravo entró contratado como camarógrafo. La familia de Milagros respiró de alivio, pero el aliento volvió a cortársele cuando, animados por el empleo del tarajallo y por la sonrisa que regresaba a la cara de los padres de Milagros, decidieron casarse. "Revergación de Judas", fue lo único que alcanzó a decir el señor Hugo Montero, el papá de Milagros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Quién? ¿Yo?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cinco años se están cumpliendo en estos días de esa boda. Pero hace un mes las cosas se deterioraron a una velocidad impresionante, nadie se explica por qué. Vivían todavía en casa de los padres de ella; les iba bien, al menos económicamente. Hasta venía un vástago en camino. Lo cual para unos es buena noticia, pero para otros es una tragedia. Parece que ese fue, precisamente, el detonante.&lt;br /&gt;La madrugada del domingo 28 de febrero, el señor Hugo Montero y su señora volvieron a escuchar la acostumbrada rebatiña y el reguero de peroles y vidrios allá arriba, en la habitación de la pareja. Pero esta vez los golpes sonaban así como más fuertes, y el padre, casi siempre fiel a la idea de que en problemas de marido y mujer no es bueno meterse, decidió salir a ver qué demonios pasaba. Entonces la vieron: Milagros estaba allí tendida en la parte baja de la escalera. El señor Hugo reaccionó con furia, pero Bravo Gómez lo repelió con unos tortazos de feria, de esos que duelen, así que el hombre fue a buscar refuerzos: se trajo a su otra hija, Marielena. Esta tampoco pudo contra el bicho, pues apenas puso un pie en la casa una gavera de refrescos voló por los aires y le partió una pierna en dos pedazos. Nada que hacer, sino llamar a la policía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los agentes se presentaron y ahí la cosa cambió. Hiram Bravo salió, todo tranquilo y todo príncipe, y se entregó a las autoridades. Le hicieron la pregunta de rigor: "Por qué le ha hecho esto a su esposa". El respondió: "Por qué le he hecho qué cosa". La "cosa" se resume en múltiples fracturas del cráneo, una en la pelvis, tres en las costillas, una en un brazo, otra en la tibia de la pierna derecha. La PTJ del Zulia trabaja ardua, incansablemente, para determinar cuál fue el móvil del crimen. Algo importantísimo que va a subirle el ánimo a la familia Montero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*&lt;strong&gt; = Estamos hablando de la Venezuela de 1991: segundo reinado de CAP.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;__________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Nacional, abril 1999. Idéntico título&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111410613073450833?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111410613073450833/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111410613073450833&amp;isPopup=true' title='16 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111410613073450833'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111410613073450833'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/de-cuba-con-amor.html' title='De Cuba con amor'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111400334749031277</id><published>2005-04-20T09:21:00.000-04:00</published><updated>2005-04-20T14:52:40.606-04:00</updated><title type='text'>La justicia de los sin ley</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En varias ocasiones se han reseñado aquí algunas situaciones muy duras que tenían que ver con la actuación de algunos funcionarios de la Policía de Aragua, sobre todo en la población de La Victoria, Zuata y sectores aledaños -Bello Monte, Las Mercedes-. Decíamos que ése es un territorio olvidado del gobierno regional. Tanto, que a falta de una autoridad vigilante cualquier valentón de chapa y pistola puede erigirse como el Robocop de esas praderas. ¿Ganas de insultar? No: allí están las cifras de Provea -entre las policías estadales, la de Aragua tiene el récord de denuncias en violaciones de Derechos Humanos, y también el récord de funcionarios procesados-, el recuento de las denuncias consignadas en la Fiscalía, la proliferación de noticias increíblemente parecidas en los diarios regionales.&lt;br /&gt;Ahora, para variar, una de esas familias sin brújula de Zuata ha aterrizado por acá, con una historia que ya reposa en los tribunales penales y en manos de la Fiscal Yubirí Quintero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Inocencia: paciencia&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hace ya algún tiempo Inocencia Contreras, una habitante de la calle Raúl Leoni de Bello Monte, se acostumbró a que, cuando tocaban a la puerta de su casa y anunciaban que era la policía, ella debía abrirles, correr a arrinconarse en un sofá y quedarse quieta hasta que los uniformados lo desordenaran todo, les hicieran preguntas de todo tenor y finalmente se marcharan con las manos vacías. No había más nada qué hacer; oponer resistencia es un delito, un delito casi tan grave como mirarle la cara a un policía o preguntarle qué demonios es lo que busca. Este asunto llevaba ya varios meses, hasta que un día alguien se dignó informarle que existía una instancia llamada Fiscalía y que lo mejor era empezar a echar el cuento, no fuera a ser que en una de esas visitas apareciera como por arte de magia, debajo de una cama, un paquete comprometedor. Ella tomó en cuenta la sugerencia, acudió a la Fiscalía y allí explicó cuán inflamadas tenía las glándulas sudoríparas por aquella situación. Sin quererlo, y sin saberlo, en lugar de espantarse el problema se estaba buscando uno mayor. A ciertos policías les molesta mucho que los investiguen y les manden a parar los apliques demasiado fuertes.&lt;br /&gt;Inocencia tiene tres hijos; dos de ellos, Miguel Angel (20) y Luis Alfredo Contreras (24) fueron paracaidistas, ambos destacados en la base aérea de Palo Negro. El otro no es paracaidista ni militar, pero a sus 16 años fiestea y baila changa de lo lindo en cuanto sarao se prende en las cercanías; se llama Angel Augusto. En cierta forma lo de la denuncia en Fiscalía funcionó, pues por un tiempo cesaron los allanamientos, pero ahora la presión tuvieron que soportarla los muchachos. Nada grave: a Angel Augusto, por ejemplo una vez lo detuvieron en la calle, se lo llevaron a una famosa laguna ubicada en las afueras y le metieron unos cuentos de terror abominables, antes de decirle que corriera bien duro si quería ganarse su libertad. El muchacho corrió y por ahí anda, bien vivo y repitiendo la historia con la voz partida de la emoción.&lt;br /&gt;El último allanamiento a la casa les cayó el 16 de octubre del año pasado. En esa oportunidad, a falta de mercancía sucia que llevarse, le metieron mano a un televisor, un equipo de sonido y un ventilador, y para no irse con las arcas tan vacías se llevaron también a Angel Augusto, sin que Inocencia pudiera hacer nada al respecto.&lt;br /&gt;Pero el muchacho, después de todo, tuvo hasta buena suerte. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;La hora del dolor&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Seis días después ya Angel Augusto había transitado por los calabozos de la Policía y de la PTJ, acusado de robo; los responsables del allanamiento le achacaban el haberse robado aquellos artefactos incautados durante el allanamiento. Sólo que Inocencia tiene la manía del orden y la organización, y se presentó en la comandancia de la policía con unas facturas demostrativas de que ella era la propietaria de aquellos corotos. Por toda respuesta, le dijeron que sí, cómo no, ella tenía razón, pero no podían soltar todavía a su hijo porque él estaba en PTJ y resulta que el expediente había que trasladarlo y blablablá, y en eso llegó el 22 de octubre, fecha en la cual se desató la parte gruesa del drama; ya verán por qué ha tenido suerte el mencionado Augusto.&lt;br /&gt;Miguel Angel, uno de los paracaidistas, andaba por el sector Bello Monte, cerca de su casa, en compañía de un menor de edad -a quien es preciso proteger silenciando su nombre- cuando de pronto vieron que una patrulla se aproximaba. El menor, que ya antes había probado peinilla pareja por estar obedeciendo órdenes de alto, prendió los motores y desapareció tras una pared, pero Miguel Angel Contreras se quedó en el sitio confiando en su condición de militar y de hombre sin antecedentes ni pecados por pagar. Así se lo hizo saber a los gendarmes cuando éstos lo esposaron y lo introdujeron en la patrulla, la cual rodó hasta una quebrada cercana; serían las 3:00 pm del 22 de octubre. A las 7:00 pm, unos vecinos se compadecieron y le avisaron a una tía, hermana de su madre Inocencia, que al muchacho acababan de darle un tiro; los matadores no tuvieron la delicadeza de hacer las cosas en silencio y decenas de personas escucharon los gritos de Miguel Angel. Inocencia llamó a la policía; allí le dijeron que lo lamentaban, pero ese detenido no estaba allí, y le recomendaron que fuera a la morgue.&lt;br /&gt;Precisamente en la morgue le dieron la información completa: el cadáver sí se encontraba allí, y estaba lleno de contusiones; los pies, amarrados con las trenzas de las botas militares; el pecho, marcado con un impacto de bala.&lt;br /&gt;Nueva visita de Inocencia a la Fiscalía. La doctora Yubirí Quintero solicitó un informe a la Policía de Aragua sobre los posibles antecedentes del joven Contreras, y desde allá le enviaron una hoja bastante sucia: robo a mano armada, azote de barrio, delitos varios. Estaba tan sucia la hoja que, en el sitio donde se leía el nombre de Miguel Angel Contreras, podía verse claramente un manchón de tipex, esa pinturita blanca con que usted borra una palabra que desea ocultar. ¿Qué nombre estaba escrito allí antes que el de Miguel Angel? Pregúntenselo a la Policía de Aragua, específicamente a los funcionarios de apellidos Soterán y Rojas, aquellos eficientes guardianes de la ley que se llevaron preso a Miguel Angel el último día de su vida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;______________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Nacional, febrero 1999. Mismo título.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111400334749031277?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111400334749031277/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111400334749031277&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111400334749031277'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111400334749031277'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/la-justicia-de-los-sin-ley.html' title='La justicia de los sin ley'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111400314324254438</id><published>2005-04-20T09:16:00.000-04:00</published><updated>2005-04-20T09:19:03.246-04:00</updated><title type='text'>El Olvido se llama Noris</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;No es nada cómodo eso de plantarse frente a un hombre, cualquier hombre, y preguntarle sin que nos tiemble la voz algo así como: “¿Tú le pegabas a tu ex mujer?” Es bastante más complicado el asunto cuando el interpelado es alguien como el ingeniero Miguel Angel Mora, un caballero que viene acompañado de una fama y de un problemón muy duro de obviar: su esposa, técnico superior en Química y empleada del laboratorio ambiental de la refinería de Amuay, en Falcón, acaba de cumplir este sábado dos años de desaparecida. Y, aunque las averiguaciones andan algo así como paralizadas –¿qué tan paralizadas? Bueno, quizá tanto como un cadáver enterrado a diez metros bajo el hielo de Siberia–, el ingeniero Mora, su esposo, no ha dejado de ser el principal sospechoso de esa desaparición.&lt;br /&gt;Por ese caso, Mora estuvo detenido en Falcón durante unos meses, ha soportado cierta avalancha de informaciones y comentarios aparecidos en la prensa regional de los estados Falcón y Zulia, y cuenta que además ha recibido amenazas de los cuerpos policiales para que declare haber asesinado a su antigua mujer. Los familiares de ella, por su parte, insisten en que todos los indicios incriminan a Miguel Angel Mora y han consignado todo lo consignable en función de procurar el encarcelamiento del ingeniero. Pero el caso se las trae; no se trata sólo de limitarse a la pregunta del primer párrafo, a la cual el ingeniero bien podría responder: “Sí, yo le pegaba, ¿y qué?, eso no significa que la haya desaparecido. Soy violento, pero no un asesino; ni tan Calvo ni con dos Otero Castillo” –no se imaginan cuánto tiempo esperé para soltar este ensayo de chiste con plena libertad.&lt;br /&gt;La mujer desaparecida se llama Noris Almeida. Vale la pena refrescar aquí los impresionantes intríngulis del caso, a ver si alguien en los tribunales deja de bostezar y arroja una luz sobre las decenas de folios del expediente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un matrimonio normal&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Noris y Miguel Angel se casaron en 1985, y de su unión nacieron dos infantes que hoy deben tener 13 y 10 años, respectivamente. Ambos eran profesionales al servicio de la industria petrolera, lo cual indica que, sin ser millonarios, tampoco eran candidatos a morirse de hambre. La dinámica de ese matrimonio era absolutamente normal: trabajaban en el día, peleaban en la noche, paseaban los fines de semana, peleaban los días feriados, celebraban sus cumpleaños, peleaban al día siguiente. Una pareja normal promedio, pues.&lt;br /&gt;Pero tanta normalidad comenzó a fracturarse en serio hacia 1992, cuando Mora estuvo detenido unos días a petición de su esposa, quien lo acusó de maltrato y agresiones. Al año siguiente, con los problemas domésticos algo recrudecidos, a Noris le llegó un chisme según el cual su esposo tenía un hijo fuera de la relación conyugal, y entonces sí se prendió el candelero de verdad, un candelero que vino a medio sofocarse en 1995 mediante una separación de cuerpos. Pero el problema continuó, ya ustedes se imaginan por qué ruta: la pensión alimenticia, el embargo del sueldo, la separación de bienes, entre ellos unos terrenos y unas viviendas que debían estar a nombre de los hijos y ya, por favor, lo que sigue es demasiado grave para detenernos en minucias peseteras.&lt;br /&gt;El 10 de julio de 1997 Noris Almeida fue vista por última vez por uno de sus hermanos. Fue en la avenida Jacinto Lara de Punto Fijo, donde un compañero de trabajo la dejó a eso de las 4:25 de la tarde. Ella entró a una entidad bancaria pero no realizó allí ninguna transacción. Simplemente desapareció, dejándole a sus dos hijos una angustia enorme y a su ex esposo el paquete del siglo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El mejor siquiatra del mundo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas la mujer cumplió una semana sin dejarse ver por ninguna parte la familia comenzó a movilizarse por todos los medios, no sólo para buscarla, sino también para orientar a las autoridades y a la opinión pública en el sentido que a ellos más los convencía, que no era otro sino el que apuntaba a la cara de Miguel Mora. Hablaron de llamadas fantasmas, amenazas, hostigamiento en su casa y en el trabajo. Parece que todo el mundo, incluso la afectada, sabía de antemano que había alguien por allí dispuesto a hacerle daño, un daño ligeramente más profundo que aquél causado por los pescozones.&lt;br /&gt;Mora fue investigado, reseñado por la prensa, sometido a un puñado de pruebas y exámenes. Uno de ellos tuvo su laberinto particular y su momento gracioso. Un día, cuenta Miguel Mora, su abogada lo abordó para conversar sobre el caso, y luego de un largo tartamudeo –circunloquio, lo llaman los seres bien hablados– le dijo que había un médico que se había ofrecido para hacerle un examen siquiátrico por la módica suma de 700 mil bolívares. Vaya examen; por semejante suma deberían revelarle a uno hasta el futuro. Pero la oferta incluía algo mejor: la garantía de que su estado mental iba a salir muy bien. Fácil: tú me das 700 mil bolívares y yo certifico que tú no estás loco. El problema era que el caballero que había hecho la propuesta no era siquiatra sino médico forense, así que aceptar aquello equivalía a pagarle a un mecánico para que nos opere el hígado.&lt;br /&gt;Mora se armó de valor, se dirigió al Congreso de la república y, escoltado por su tocayo el diputado Miguel Angel Paz, denunció a su abogada y al forense, y de paso hizo públicas la cantidad de amenazas y presiones que estaba recibiendo por la desaparición de Noris.El forcejeo está planteado en estos términos: los familiares de Noris acusan a la PTJ de Punto Fijo por no presionar lo suficiente a Miguel Angel Mora; éste, en cambio, acusa a la PTJ por presionarlo demasiado. En eso han transcurrido dos años y dos días, Noris y su circunstancia están a punto de quedarse en lo más oscuro del olvido y la justicia continúa actuando, como de costumbre, a la velocidad del rayo. Qué esperanza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;______________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Mundo, julio de 1999. Título original: El olvido se llama Noris Almeida.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111400314324254438?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111400314324254438/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111400314324254438&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111400314324254438'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111400314324254438'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/el-olvido-se-llama-noris.html' title='El Olvido se llama Noris'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111393440103750222</id><published>2005-04-19T14:12:00.000-04:00</published><updated>2005-04-19T14:16:44.620-04:00</updated><title type='text'>La justicia los prefiere libres</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Zaraza no sólo es lo que mienta Luis Alberto Crespo: un pueblo lleno de fantasmas, hastío y calorones, donde el escaso viento juega con las hojas hirsutas y el horizonte se pierde en crepúsculos marchitos. No. También es un pueblo habitado por hombres que lanzan coñazos, y mujeres por las cuales esos mismos hombres están dispuestos a hacer derramar varias ollas de mondongo en plena calle. Se acabó la poesía: en Zaraza hay tres policías que asesinaron a un ciudadano, ya tienen su respectivos autos de detención y sin embargo andan sueltos, libres, orondos, impolutos. Mala estrategia ésta de adelantar el final de la crónica en el propio primer párrafo, pero en este caso no hay más remedio.&lt;br /&gt;Sucedió como en cierto caso Mamera, tenebroso e inolvidable: hacia diciembre de 1997, en las calles de Zaraza se hablaba muy fuerte y seguido de la relación entre un Gerardo Pimentel (comerciante, karateca, 29 años) y cierta chica intocable entonces, e innombrable ahora; una mujer que resultó ser la compañera de vida de un funcionario de la policía de Guárico llamado Aquiles García (un García que nada tiene que ver con el de la semana pasada, valga la aclaración). Gerardo, quien pasaba sus días en el mercado campesino de La Romana, vendiendo mercancías, tomó conciencia del peligro que lo acechaba, pero ni modo, no había forma de huir ni de esconderse en una localidad en la que todos se conocen, y en la cual una historia tan engorrosa (sin importar si era falsa o no) tenía que convertir en protagonistas estelares a un par de ciudadanos que nada querían con la publicidad ni con las cámaras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sin control&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Aquiles García se llenó de toda la furia que puede uno imaginarse. Anduvo un tiempo por ese pueblo con ganas de reventarle el páncreas al primer Pimentel que se atravesara, pero el uniforme pesa, y el agente en principio se limitó a hacerle unas señas y unos aspavientos desde lejos al karateca-comerciante; nada serio.&lt;br /&gt;El panorama comenzó a enturbiarse y a apartarse del control del policía cuando García decidió probar otros métodos de intimidación, tipo redadas relámpago durante las cuales Gerardo Pimentel fue a parar a una celda o simplemente salía a dar involuntarios paseos en una patrulla llena de tombos. Un método eficaz; los golpes no dejan marca si se propinan donde no hay hueso, y los insultos y amenazas no sirven para nada en un tribunal si no hay registros patentes de que en realidad fueron proferidos. Así que Pimentel siguió preocupándose en serio, pero después de mucho temblar y mucho arrepentirse se tropezaba con idénticas conclusiones: qué hacer, si todos los días, fatalmente, debo regresar al mercado.&lt;br /&gt;El mal día llegó el 19 de diciembre del 97, a eso de la 1 de la madrugada: Gerardo Pimentel se encontraba en el mercado cuidando su mercancía, ya que su puesto de ventas había sido robado y destruido días atrás, cuando de pronto apareció una patrulla de la policía del estado; de ella bajaron Aquiles García junto con otros agentes (posteriormente fueron identificados dos de ellos, de nombres Máximo Banco y José Daniel Solórzano) y le dieron su respectiva zaparapanda de golpes y patadas dentro del local. Pimentel logró zafarse y correr unos metros, pero hasta la mitad de la calle fueron a perseguirlo los policías. Cinco comerciantes del mercado de La Romana, un chofer de autobús y dos transeúntes vieron en vivo y directo el fin del drama: Aquiles García obligó a Pimentel a que se arrodillara, le apuntó con el arma de reglamento en la frente y ahora sí: Pimentel dejó este mundo lleno de fantasmas, hastío y calorones, sin haber recibido una oportunidad de olvidarlo todo y marcharse a buscar otros amores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Todos pagan&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Varios minutos después, cuando los curiosos y amigos de la víctima tenían un rato mirando su cadáver, apareció una segunda patrulla de la policía de Guárico y sus ocupantes comenzaron a trabajar. Siete personas fueron detenidas, llevadas a prisión y golpeadas con saña durante varios días. Cinco de esas personas estuvieron en la cárcel hasta el siete de enero, todo porque los fiscales y demás gente apta para la defensa estaba de vacaciones. Durante el carcelazo trataron de conminar a los detenidos para que dijeran que lo del mercado había sido un enfrentamiento, y que Pimentel era un reconocido delincuente. Dos de ellos aceptaron quedarse callados y no declarar nada de lo que vieron, pero los otros tres, porfiados como buenos llaneros, sí prestaron su testimonio.&lt;br /&gt;La familia de Pimentel acudió a un buen abogado de la localidad, de apellido Zamora, para que hiciera de acusador formal ante los tribunales. Su papel duró pocas semanas, pues el hombre recibió tantas amenazas telefónicas y visitas sorpresivas en su casa que decidió apartarse del caso, no sin antes explicarle a los Pimentel que la vida era más importante que cualquier caso, ¡qué va! Acto seguido, la familia del hombre asesinado acudió a la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz y a otras instancias en busca de asesoramiento; asesorados por ellos pusieron a funcionar los resortes del Ministerio Público, y hete aquí que el 27 de marzo un tribunal de Guárico les dicta auto de detención a los agentes García, Banco y Solórzano.&lt;br /&gt;El primero de ellos estuvo vagando sabroso por la vida hasta que se entregó, en el mes de junio del presente año. El funcionario está detenido en un comando de su propio cuerpo en San Juan de los Morros, y se cuenta que jamás será trasladado a ninguna cárcel porque hace poco le dio un derrame cerebral. En cuanto a los cooperadores inmediatos del hecho, Máximo Banco está trabajando en lo suyo, feliz y sin remordimientos, en Valle de La Pascua; y José Daniel Solórzano está cobrando su sueldo como si nada, aunque lo han suspendido de su cargo porque nunca le dio la gana de presentarse y dejar que se cumpla el auto de detención.El expediente reposa (tibio, somnoliento) en una gaveta de la Fiscalía General de la República.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;____________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Nacional, noviembre 1998. Mismo título.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111393440103750222?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111393440103750222/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111393440103750222&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111393440103750222'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111393440103750222'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/la-justicia-los-prefiere-libres.html' title='La justicia los prefiere libres'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111367973308282460</id><published>2005-04-16T15:27:00.000-04:00</published><updated>2005-04-16T15:28:53.086-04:00</updated><title type='text'>Vidas no tan paralelas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Darwin Amílcar Sánchez, de 18 años de edad, era uno de esos muchachos lacónicos a quienes hay que sacudir de vez en cuando para que reaccionen: Despierta, hijo, estamos cruzando una avenida. Todo un caso de temperamento taciturno. Habitaba en Maracay, en el barrio Fuerza Aérea, por lo cual parecía un poco paradójico que no fuera un avión, como suelen serlo los jóvenes que han crecido en barriadas más o menos duras. Línderson Alexander Vielma (24 años), en cambio, vivía en el barrio Bolívar, allá mismo en la capital de Aragua, y ya desde los 12 años estaba claro que no había nacido para aguantarle una mirada fea a nadie. Muchacho hiperactivo, muchacho sobreestimulado, muchacho con las pilas en su lugar, trató de entender que es mejor estar del lado de los buenos, pero le costó un poco; al final decidió que estar del lado de los malos no era tan constructivo pero sí era bien sabroso, y en ese lado fue cayendo poco a poco. Pero para eso falta todavía un buen tramo de la historia.&lt;br /&gt;Darwin Sánchez avanzó en sus estudios hasta donde pudo, esto es, hasta los primeros años del bachillerato; de repente, la ya conocida agilidad de su alma se le contagió a todo el conjunto (al cuerpo, al espíritu, al esqueleto; a las ganas, pues), y de pronto su familia decidió, por eso mismo y también porque la situación en la casa apretaba fuerte, que no era mala idea que el Darwin atendiera un puesto de venta de víveres en el mercado de mayoristas, y así se cumplió. Línderson Vielma, por su parte, parece que alguna vez supo lo que era un cuaderno, un lápiz y un libro, pero esa vidita le pareció demasiado desprovista de situaciones extremas, las que a él le daban nota, y decidió que en la calle, mi hermano, estaba el sabor.&lt;br /&gt;Darwin creció entre vendedores y respaldado por una familia que no aspiraba a que el muchacho llegara a ser millonario; es decir, jamás le exigió que debía hacerse diputado, o galán de televisión, o dueño de un taller mecánico, pero sí le explicaron muy bien que el pan que mejor sabe es el que uno obtiene con el sudor de la frente (aunque si uno lo obtiene con mantequilla, sabe un poco mejor). Línderson quizá también recibió instrucciones al respecto, pero que va, socio, hay esfuerzos que se pierden. Antes de empezar a salirle el vello debajo del mentón ya andaba inventando cositas malas en compañía de dos muchachos casi tan simpáticos como sus respectivos apodos: Pabembúa y Merrecuque. A él mismo le calzaron un alias que completaba la musical combinación: Perolón. Oye qué rico suena: Perolón, Merrecuque y Pabembúa. Canción siniestra e inolvidable para los habitantes de Maracay.&lt;br /&gt;El drama de las versiones&lt;br /&gt;Faltan aún un par de detalles para completar los retratos: Darwin había tenido algunas noviecitas, cómo no, la timidez tampoco era tanta como para sentenciarlo a una vida pajiza y solitaria; hace un año encontró la forma de coronar con una querencia más sólida que las otras, se casó en íntima y sencilla ceremonia y se instaló a vivir con su pareja en el mencionado barrio Fuerza Aérea de Santa Rita. La venta de alimentos no hace millonario pero sirve para levantar un hogar. Seguro que sí, todavía se puede, aunque es más difícil que enamorar a una estudiante de Derecho con las canciones de Ricardo Arjona.&lt;br /&gt;Por su parte, Línderson Perolón Vielma también había tenido su historial amoroso más o menos intenso, o mejor dicho, bárbaramente más intenso que el de Darwin. Poco tiempo ha, tuvo unos encuentros decisivos con su amada y le zampó un par de morochos que hoy en día andan por ahí, creciendo, jugando, dándole un vistazo al mundo.&lt;br /&gt;Mientras él se dedicaba a procrear, a Pabembúa lo liquidaron a tiros unos malandros -en diciembre del 98-, y Merrecuque se dejó atrapar en una mala jugada y está preso en Tocuyito. Desde hacía meses, Línderson se encontraba bajo régimen de presentación en el tribunal Séptimo Penal de Aragua; esto es, andaba libre pero debía presentarse regularmente para que un juez le viera la cara y lo dejara ir dos horas después. Esto, en la terminología legal, significa que para la justicia no es la peor bestia de los pantanos, pero es bueno vigilarlo de cerca, no se vaya a resbalar en un barrial de ésos y termine peor que otros tipos más peligrosos.&lt;br /&gt;El 11 de febrero de este año, dos noticias simultáneas adornaron las páginas rojas de la prensa local: un par de choros, ratas irrecuperables del rebaño de Dios, habían sido muertos a balazos en enfrentamientos con la Policía Estadal. Los nombres de estos delincuentes muertos en combate eran, por supuesto, Línderson Vielma, alias Perolón, y Darwin Amílcar Sánchez, sin alias ni nada.&lt;br /&gt;Lo de Perolón fue reseñado así: andaba en una moto robada por los lados del puente de Paraparal, vio aproximarse a una patrulla y la atacó a tiros. Dice el parte policial que la patrulla fue alcanzada por cinco proyectiles, y uno de los funcionarios "se desmayó"; no se ha podido averiguar si el desmayo le sobrevino por un impacto de bala u otra razón, pero eso es lo que dijo la policía. Los agentes respondieron al ataque y Línderson cayó con tres balas en el cuerpo. Los policías se lo llevaron desesperadamente al hospital de La Ovallera, pero falleció en el camino.&lt;br /&gt;Capítulo Darwin Sánchez: una comisión policial tocó a la puerta de su casa, él les abrió; los funcionarios se lo llevaron en una patrulla, y una hora más tarde, un vecino le hizo a sus padres el favor de avisarles que Darwin estaba muerto en un centro ambulatorio. La madre de Darwin fue con otro vecino hasta el Comando donde se supone se generó la orden de capturar al muchacho -vaya usted a adivinar por qué maldito y recóndito motivo-, y como resultado de su diligencia por poco dejan detenido al acompañante. Más tarde, en un ataque de cordura, alguien se dignó llevarlos a donde estaba el cadáver del joven, y allí estaba, perforado con seis disparos en el cuerpo.&lt;br /&gt;Al cierre, con Línderson: la mamá del muchacho reconoció, en un gesto gallardo pero desesperado, que su muchacho no era ningún lindo gatito, pero juró por el Dios del cielo que aquel ataque contra la patrulla fue pura fábula. Que a Línderson lo metieron a la fuerza en una patrulla mientras llamaba por un teléfono público, y horas después apareció acribillado a balazos.Nada que hacer. En esa raya exacta que separa lo verdadero de lo falso, existe todavía una franja, que es la de las versiones. Una franja que, como la raya amarilla del metro, uno puede respetarla o ignorarla con un salivazo, si así lo prefiere. Pase lo que pase.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;___________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El Nacional, febrero de 1999. Publicada con el mismo título.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111367973308282460?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111367973308282460/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111367973308282460&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111367973308282460'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111367973308282460'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/vidas-no-tan-paralelas.html' title='Vidas no tan paralelas'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111367889191372632</id><published>2005-04-16T15:11:00.000-04:00</published><updated>2005-04-16T15:26:23.130-04:00</updated><title type='text'>Señales en la tierra</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Seguramente hay fechas más oportunas para acudir a una oficina de la PTJ que un día 30 de diciembre; y seguramente Antonio Castellanos tenía conciencia de esto, pero aún así lo hizo: fue a la delegación de la PTJ en Trujillo, estado Trujillo, el 30 de diciembre de 1998. No tenía la culpa, el pobre hombre, de que su esposa Raiza Coromoto Briceño (28 años) también hubiera escogido precisamente esos días para desaparecer del hogar. Al menos ésa fue la explicación que le dio el caballero a los judiciales, quienes le pusieron a su denuncia toda la atención del caso y comenzaron a hacer las preguntas pertinentes.&lt;br /&gt;Los datos facilitados por Castellanos no aportaban mayor cosa: su mujer había dado a luz un mes atrás, su salud mental no había sufrido percances, no había razones para pensar que podía tener enemigos en la vida, no tenía bienes de fortuna. En fin, no era una persona "desaparecible", si cabe el término. Y la circunstancia en que fue descubierta la desaparición tampoco decía mayor cosa: Castellanos llegó un día a su casa y encontró solo al niño. Y nada más. De Raiza, ni huellas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;La mujer de Antonio camina así&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No hay que perder de vista que estamos en Trujillo, una ciudad que no se caracteriza precisamente por que allí desaparezcan personas todos los días. Así que la PTJ comenzó a investigar. ¿Por dónde? Bueno, empecemos por la casa.&lt;br /&gt;La residencia donde vivía la pareja es una construcción modesta ubicada en La Vichú, un sector semi-rural donde tampoco es muy común que se den situaciones particularmente asquerosas. Detrás de la casa se prolonga un patio inmenso, que da a un lugar apartado de la vía pública. Sólo por no dejar, los detectives realizaron por allí una exploración a vuelo de pájaro, sin resultados. Después agotaron el trámite de preguntarle a los familiares y vecinos del sector cuándo habían visto a la mujer de Antonio por última vez, y entonces sí obtuvieron algo más concreto: el día 30, Raiza fue vista en su casa o cerca de ella, y no había dado pistas o motivos para pensar en un viaje o en una decisión tan tremenda como marcharse del hogar y dejar al Antonio con ese incendio prendido: para quienes no estén informados, un niñito de un mes llora sabroso, sobre todo en la madrugada.&lt;br /&gt;La investigación continuó mientras hubo pistas de las cuales agarrarse y testimonios que pudieran interesar, pero de repente el serrucho se trancó, el friito de enero atacó el ánimo de los detectives y el asunto de la desaparición se fue quedando en el limbo, hasta que los familiares de la muchacha reaccionaron con fuerza y adiós friito de enero: ya había llegado el día 20 y Raiza no aparecía por ninguna parte. Nueva activación de las diligencias por parte de los judiciales, citación a Antonio Castellanos para que fuera a ampliarles el cuento, y extraña cuestión: Antonio no aparecía tampoco. Ni los vecinos ni los familiares de Raiza tenían noticias del paradero del hombre. Entonces la PTJ comenzó a abordar la trama por otro flanco. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;El lobo, el lobo...&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hace dos semanas los habitantes de Valera, allá mismo en Trujillo, tuvieron un estremecimiento interior debido a la ocurrencia de un espantoso asesinato. Una muchacha de nombre Dasmery del Valle Parra, quien estaba desaparecida desde el día sábado 6 de febrero, fue encontrada muerta en unos matorrales al lunes siguiente. Su cuerpo presentaba signos de violación y estrangulamiento; las manos estaban atadas a su espalda con las correas de su cartera, y su cabeza estaba amarrada con una prenda íntima. Hasta la fecha no había ninguna información sobre el victimario o sobre algún sospechoso del crimen, pero la comunidad reaccionó con fuerza e indignación: no podía ser posible que se saliera con la suya un perro capaz de asesinar de aquella forma a una muchacha decente.&lt;br /&gt;La ciudad de Valera no es la ciudad de Trujillo, pero hasta allí llegó el retumbar de las voces que clamaban justicia. Una de esas voces, por cierto, era conocida para los funcionarios de la PTJ: una tarde se apareció en la delegación Antonio Castellanos, indignado porque ese tipo de cosas ocurrían en una ciudad como ésta, otrora reducto de paz e idilios convertidos en canción. Después de la descarga aprovechó para contar lo nervioso que estaba porque Raiza Coromoto todavía no aparecía, y entonces los policías lo precisaron con más ahínco. Sucede que la familia de Raiza le había contado a los sabuesos lo mal que Antonio trataba a su mujer, las agrias discusiones por cualquier razón, el deseo de ella de abandonar esa casa que se le había vuelto tan insoportable como esas promociones de TV que dicen "Llame ya al teléfono que ve en pantalla". En 15 minutos el hombre estaba convertido en una mata de nervios, aunque sin aflojar la versión final de la historia, y la PTJ tuvo que echarle una ayudadita llevándolo arrastrado hasta la casa donde hasta poco antes vivía con su pareja.&lt;br /&gt;Fueron al patio, observaron bien los alrededores, en las zonas de fuga. Un detective se fijó en un rectángulo perfecto de grama seca, rodeado de grama fresca y verde, y el funcionario al mando, el inspector Sixto Peña, ordenó que cavaran en ese lugar. Y ya no hubo finta posible para Antonio: el cadáver de Raiza Coromoto Briceño fue encontrado cuatro metros debajo de la tierra, devastado por la cal viva. Nos disculpan este aparatoso final sin intriga ni suspenso, pero así es como corresponde: esto no es una novela policial.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;___________________&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El Nacional, febrero de 1999. Mismo título.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111367889191372632?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111367889191372632/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111367889191372632&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111367889191372632'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111367889191372632'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/seales-en-la-tierra.html' title='Señales en la tierra'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111357881018785490</id><published>2005-04-15T11:21:00.000-04:00</published><updated>2005-04-15T11:26:50.193-04:00</updated><title type='text'>Nuestros dos desaparecidos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El teniente Douglas Ronald Barrera, oficial del ejército guatemalteco y ex agregado militar de la embajada de su país en Venezuela, es hombre recio, de carácter. No podía esperarse otra cosa de alguien a quien le ha tocado pergeñar en un cuerpo castrense como el de ese país, destruido por una guerra que “oficialmente” ya terminó, pero cuya crueldad sigue arrastrando seres humanos hacia la locura y la muerte. Un ejemplo de cuán reciamente templó la contienda bélica los nervios de Barrera (cuyo segundo apellido, de paso, es Guerra) es el episodio que sigue, registrado hacia el mes de octubre de 1984.&lt;br /&gt;Ocurre que el teniente Barrera, quien entonces ostentaba el grado de capitán, tenía un chivito, una mascota con la cual jugaban sus hijos. El animal permanecía a buen resguardo en la colonia militar “Lourdes”, las residencias en la que habitaban Barrera y su familia en Ciudad de Guatemala. Un mal día, el chivito en cuestión se salió de la casa y comenzó a husmear por las residencias vecinas, hasta que llegó a la del teniente Eduardo García. Este, quien al parecer odia a los cuadrúpedos, echó mano del primer martillo que encontró en el camino, trotó a marcha redoblada unos quince metros y con el mismo impulso jaló y le conectó un rolitranco de martillazo entre cacho y cacho a la mascota del capitán.&lt;br /&gt;Douglas Barrera, enfurecido, obvió la cuestión del superior rango de su vecino el matacabras, y fue a reclamarle. Como la esposa de éste insistió en que estaba de viaje y que de chivos no tenía ninguna noticia, el capitán acudió al jefe de la sección de Inteligencia de la Fuerza Aérea (en la cual estaba destacado) mediante una desgarradora carta de la cual conservamos una copia fotostática. Entre otras cosas, el capitán Barrera denuncia ante su superior la conducta “cruel, inhumana e irracional contra un pobre animal incapaz de hacerle daño a alguien”.&lt;br /&gt;Preguntas inevitables: ¿qué importa la muerte de un maldito chivo en Guatemala, donde la intolerancia se ha llevado a la tumba a más de 80.000 personas? ¿Qué relación guardan Barrera y su temperamento con la desaparición de los jóvenes venezolanos José Alberto y Víctor Camarda, dos de aquellos muchachos que solían jugar con el chivito de marras?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Las huellas de José Alberto&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decíamos que el capitán Barrera fue agregado militar en Venezuela. Durante su estancia aquí conoció a Carmen Atencio, venezolana, divorciada y con dos hijos. Con esta dama se casó y la llevó junto con sus hijos José Alberto y Víctor a vivir a Guatemala, específicamente a la colonia “Lourdes”, escenario de la acción descrita antes. En ese mismo lugar, una zona cercana a una base militar y habitada exclusivamente por militares, se produjo la desaparición del menor hijo de Carmen Atencio, José Alberto. Los detalles al respecto son oscuros; simplemente se sabe que el muchacho transitaba con su moto por el área de la colonia y de pronto no se le volvió a ver más. Se produjo una búsqueda más o menos intensa (estamos hablando de un país en el cual se han contabilizado más de 30 mil desaparecidos desde 1975 hasta la fecha), se realizaron las diligencias mínimas y así, sin más, el caso y las huellas de José Alberto Camarda fueron borrándose sin remedio.&lt;br /&gt;Un año después del extraño incidente, la madre y el hermano de José Alberto decidieron redimensionar las denuncias y acudieron a las instancias internacionales, entre ellas la embajada y los medios de comunicación de Venezuela. La historia completa fue reseñada en El Nuevo País, órgano al que acudió la señora Carmen Atencio en 1989, y en esa ocasión el capitán Barrera se limitó a decir: “Mi esposa ha dicho la verdad. No puedo decir más, porque mi condición de militar me prohíbe acceder a cualquier entrevista”. Esa verdad dicha por la señora Atencio era tan simple como brutal: según testigos, a José Alberto lo secuestraron en una zona custodiada con toda la rigurosidad del caso por efectivos militares, y hasta la fecha no ha aparecido. Fue todo; nada más había que agregar, al menos por los momentos.&lt;br /&gt;Pero sí tuvo que agregar algo más el capitán Barrera, durante una interpelación que le hizo la Misión de las Naciones Unidas que funciona en Guatemala. En esa oportunidad dijo estar seguro de que su hijastro fue asesinado por un militar retirado de alto rango. Después de eso se produjo su divorcio de la señora Atencio y no ha vuelto a saberse más nada de su paradero, salvo que anda por los lados de Perú en misión diplomática. Linda actitud de un caballero que tanta bravura demostró cuando la muerte de su chivito.&lt;br /&gt;Asediado por el dolor y la indignación, el hermano mayor de José Alberto, Víctor Camarda Atencio, se aplicó a la búsqueda de su hermano en territorio guatemalteco, a partir de 1989. Al voluntarioso joven, casado y con dos hijas, se le vio entonces recorrer bases militares, oficinas diplomáticas y policiales, además de los medios de comunicación de ese país, para tratar de crear un clima de consideración para con el caso (uno en más de 30 mil, no hay que perder esto de vista). No había mucho que inventar, el campo de rastreo estaba bien restringido y delimitado; los militares de ese país eran, para qué dudarlo, los principales sospechosos, y contra ese ente descargó el muchacho toda su energía, con ayuda de una madre que de pronto se vio desamparada por Barrera Guerra, quien de pronto fue ascendido a teniente.&lt;br /&gt;En compañía de quien alguna vez fue su padrastro acudió el joven a una guarnición militar, donde le correspondió escuchar en vivo un diálogo escalofriante, entre Barrera y un general. Ante la inquisición sobre el caso de Víctor, el alto jerarca preguntó a su vez a Barrera: “Teniente, usted sabe perfectamente qué ocurrió con ese joven”. Pero Barrera, nuevamente, optó por enmudecer. El silencio tiene su precio, y su carrera dentro del cuerpo castrense podía quedar en entredicho debido a algunos detalles inconvenientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Desapariciones, cuerpos, testigos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Víctor Camarda optó por continuar solo con la averiguación y la denuncia, no había ni siquiera por qué insistir en pedirle ayuda a un aliado táctico tan inútil como el ex padrastro. El 26 de enero de 1994, el joven de 26 años cumplidos transitaba por una calle de Ciudad de Guatemala en compañía de un amigo guatemalteco, de la misma edad, llamado Mynor Luna. Al detenerse en un semáforo, un grupo de hombres armados los interceptaron, se los llevaron en un automóvil y, por varios días, fueron dados por desaparecidos. Sólo unos pocos días duró, en un principio, la ausencia de Víctor. Su esposa, Flor de María, recibió una llamada suya el día 31 de enero. De aquella conversación conserva intactos los detalles:&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;—Por ahora estoy bien&lt;/strong&gt; -le dijo Víctor.&lt;br /&gt;—Estaba asustada, creí que te habían secuestrado. ¿Te tienen los militares?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;—Bueno, algo así, después te cuento lo que pasó. A Mynor lo soltaron el domingo, yo me voy para la casa esta tarde.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Ese domingo de gloria no llegó jamás, pues Víctor no repitió la llamada y Mynor Luna tampoco se reportó con sus familiares y conocidos. El 18 de febrero, unos campesinos encontraron dos cuerpos mutilados a varios kilómetros de la capital, justo en un desfiladero conocido como “La Chifurnia”, célebre justamente por haber servido de zona de liberación de cadáveres en otras ocasiones. Acá se oscurece aún más la historia, puesto que las autoridades comunicaron que la dactiloscopia no permitió identificar a aquellos cuerpos, pero los familiares de Víctor Camarda aseguran, tres años después, que uno de los cuerpos es el del mayor hijo de Carmen Atencio; para apoyar su declaración presentan una carta enviada por el gobierno de Guatemala a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.&lt;br /&gt;Las noticias más recientes del caso las proporciona la Misión de las Naciones Unidas para Guatemala: Mynor Luna, el joven con quien fue visto Víctor Camarda el día de su captura a manos de desconocidos, vivió un tiempo de Miami y ahora reside nuevamente en Ciudad de Guatemala. Tienen su dirección: calle B, 18-61, zona 15, Vista Hermosa II, y hay un teléfono: 69-3839. El muchachio no se ha presentado a declarar, y la Misión de la ONU “presume que posee valiosa información”. Tienen una dirección, un teléfono, un testigo, pero no han podido sacarle una sola palabra a ese caballero. Parece que la democracia guatemalteca tiene un trabajito por allí, algo así como una deuda con su similar venezolana, o al menos con una familia destrozada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;El Nacional, noviembre de 1997. Publicada con el título:&lt;/em&gt; Dos desaparecidos le debe Guatemala a Venezuela.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111357881018785490?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111357881018785490/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111357881018785490&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111357881018785490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111357881018785490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/nuestros-dos-desaparecidos.html' title='Nuestros dos desaparecidos'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111352631200174041</id><published>2005-04-14T20:50:00.000-04:00</published><updated>2005-04-14T20:54:44.376-04:00</updated><title type='text'>Tigres fieros, los de Aragua</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La familia Bastardo Henríquez es de las que piensan en las ciudades de la provincia como la mejor cura contra el desnalgue en que se ha convertido Caracas. Por eso, hace unos años, decidieron marcharse a Maracay, a ver si veían luz aunque fuera en los bombillos del alumbrado público; los de la zona en que vivían, aquí en la sucursal de Kosovo -vivían en El Observatorio, en el 23 de Enero- hacía rato habían pasado a peor vida a fuerza de pedradas y disparos.&lt;br /&gt;Mientras estuvo en El Observatorio, al joven Luis no le fue todo lo bien ni todo lo mal que puede esperarse: ni se convirtió en narco ni se dejó atracar todos los días, ni mató ni lo mataron, ni se ganó la fama de exterminador ni la de pazguato: simplemente vivió y dejó vivir. Lo cual demuestra que no todo lo que se mueve en las barriadas es mala yerba. Aun así, la familia tuvo la necesidad de cambiar de ambiente y fue a parar al barrio tocayo, el Veintitrés maracayero. Esto, en 1996.&lt;br /&gt;Ya tendrían ocasión de verificar lo celestial que pueden llegar a ser las poblaciones pequeñas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Mayo, 1999&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El sector donde instalaron su residencia resultó ser uno de los más visitados por la Policía del Estado Aragua en plan de requisa, lo cual sería muy bueno de no ser porque la filosofía de aquellos funcionarios parece ser la del viejo tango: Por 10 buenos, un malevo. Esto es, palo contra todo lo que se mueva y después averiguamos si es malandro o zanahoria, antes de soltarlo como a la conocida toalla sanitaria: como si nada. Tres años transcurrieron desde la llegada de la familia a Maracay; el muchacho fue creciendo otra vez entre gente buena y gente dura, le puso el empeño suficiente para llegar hasta los 17 años y hasta el cuarto de bachillerato -estudiaba en el Pedro Emilio Coll-, ligó fortuna con una jovencita que de tanto quererlo se acostumbró a visitarlo cada día en su casa. Es hora de decirlo: Luis Bastardo no tiene expediente alguno en la PTJ ni en ningún otro cuerpo policial. Pero aunque lo tuviera...&lt;br /&gt;Llegamos al 11 de mayo de 1999; Luis fue a clases en la mañana, regresó a las 12:30, realizó su faena doméstica como siempre y se acostó a dormir hasta cerca de las 5:00 de la tarde. A esa hora anunció que iba a casa de su abuela -sí, ya lo sabemos, suena a Caperucita Roja, no es nuestra culpa-. Horacio Quiroga recomienda no usar frases como "Fue la última vez que lo vieron con vida", pero esta vez es preciso desobedecer al maestro, porque esa fue la última vez que Luis Bastardo Henríquez fue visto con vida.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;El show de siempre&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al día siguiente, 12 de mayo, la madre comenzó a llamar a todas partes porque Luis no había ido a dormir a su casa, y tampoco a casa de la abuela. Por puro instinto acudió al módulo de la Policía de Aragua ubicado allí mismo en San Vicente, donde la recibió un inspector nombrado Mata Rosales. Cuando el funcionario se enteró del motivo de la visita de la señora, la amabilidad se le esfumó en medio de un griterío y le dijo a la doña, muy indignado él, que Luis había muerto en un enfrentamiento con la Policía Estadal. La madre, en medio de la turbación, captó un detalle: el inspector le había dicho que ese joven, Luis Bastardo Henríquez, estaba indocumentado en el instante de los hechos, registrados a las 9:30 de la noche en una estación de servicio algo retirada del barrio San Vicente. ¿Y cómo supo su nombre entonces el buen inspector? Fácil: Luis Bastardo Henríquez tenía cara de Luis Bastardo Henríquez y por eso Mata Rosales sabe de quién se trata. Sí, Luis.&lt;br /&gt;La madre y otros familiares llegaron al Hospital Central de Maracay, donde se suponía estaba el cuerpo del muchacho, y en efecto ahí estaba. El oficial de guardia les informó que el joven había ingresado a eso de las 10:40 de la noche -una hora y 10 minutos después del proclamado tiroteo- y falleció cinco minutos después de su ingreso. Además, había llegado al hospital sin sus pertenencias: ni documentos, ni ropa, ni nada; apenas un par de botas. Tenía cuatro heridas de bala, cada una con su respectivo círculo de pólvora alrededor: dos en el intercostal izquierdo, uno en la pierna y otro en el brazo del mismo lado. El jueves 13 recibió la humillación post mortem de rigor, pues en la prensa regional -El Siglo, El Aragüeño y El Periodiquito- apareció publicado que Luis Bastardo era un hampón que acababa de robarse una moto, y que, al ser descubierto, había respondido con disparos a la voz de alto de los gendarmes.&lt;br /&gt;Pero, como suele pasar, en aquella estación de servicio hubo testigos de lo ocurrido, y han declarado lo siguiente: el joven fue violentamente abordado por una comisión policial e introducido en una patrulla a puñetazos. Cuando el automóvil oficial comenzaba a moverse, sonó un disparo. Nadie escuchó los otros tres.&lt;br /&gt;Ahora el epílogo, para que usted, gobernador Didalco Bolívar*, se dé un gustazo tomando medidas. En el barrio San Vicente, un grupo de vecinos ha decidido recolectar firmas para exigir que el agente Mata Rosales sea trasladado a otra parte, pues más de un caso de hostigamiento hay pendiente en contra de dicho funcionario. El lunes pasado, un vecino del sector -no estamos autorizados para revelar su nombre, pero lo tenemos en reserva- fue detenido, amenazado y vejado en el módulo de San Vicente durante varias horas. La razón: los policías querían mandar a parar la fulana recogedera de firmas. El vecino detenido llevó de regreso al barrio un mensaje: si la gente de allí insiste en denunciar al funcionario, ciertos habitantes escogidos tendrán algunos problemitas extras en sus vidas. La gente de San Vicente no es gitana, no está sola: la denuncia está en la Subcomisión de Derechos Humanos del Congreso, y en la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;*= Recuerden que son las referencias de la época.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;______________________&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Nacional, mayo de 1999. Publicada con el mismo título&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111352631200174041?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111352631200174041/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111352631200174041&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111352631200174041'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111352631200174041'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/tigres-fieros-los-de-aragua.html' title='Tigres fieros, los de Aragua'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111352524134280059</id><published>2005-04-14T20:31:00.000-04:00</published><updated>2005-04-14T20:34:01.346-04:00</updated><title type='text'>El único idioma de la muerte</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Holanda: uno escucha ese nombre y enseguida le viene a la mente el amplio verdor de los valles, las vacas mugientes que pastan a la espera de una campesina de mejillas sonrosadas que las ordeñe, el trinar de mil pajaritos, la neblina espesa cubriendo esa vegetación serena y florecida y aquel frío sabroso para meterse temprano en la cama y fabricar hasta tres muchachos por año. Se le acaban a uno las palabras para describir a Holanda; trasladémonos entonces –todos nosotros, que jamás hemos ido y quizá nunca vayamos a ese país– a la estampa dibujada en las latas de leche La Campiña: así es Holanda. Así de fresca, así de bucólica, así de campestre. Bueno, al menos eso es lo que nos han pintado desde niños, quizá para contrastar nuestra realidad cotidiana con esa otra, tan ajena a nosotros.&lt;br /&gt;Cuenta cierta improbable leyenda que en Holanda –el tercer país menos corrupto, según aquella famosa lista en la cual nosotros aparecemos de octavos– nadie se pasa un semáforo en rojo, nadie le mienta la madre al prójimo; nadie, por muy borracho que esté, es capaz de rozarle el trasero a una mujer ajena. Nadie grita, lanza botellas o se faja a puño limpio con la policía –una policía bastante inútil, en consecuencia– para vender aguacates en las calles de Amsterdam. Ninguna persona, salvo los futbolistas –que por lo general no son holandeses genuinos sino negritos incorporados– y los Hooligans –que tampoco son holandeses sino animales–, tienen licencia para ser algo rudos y meter una que otra zancadilla, y cuando lo hacen enseguida tienen al árbitro al lado con una tarjeta roja o amarilla en la mano.&lt;br /&gt;Holanda es el país ideal para aplicar el COPP, pues si un juez le ordena a un ciudadano que se presente tres veces a la semana en su tribunal para pagar penitencia por su mal comportamiento, el ciudadano obedece. Ah, pero eso sí: si a ese ciudadano se le pierden sus documentos y su dinero, sólo tiene que reportar lo perdido, y el Estado le devolverá todo, centavo a centavo. Haga usted la prueba aquí: vaya adonde el ministro Arcaya y dígale: “Viejo, se me perdió la cartera con la cédula y diez mil bolos”, a ver qué le responde, y a ver qué puede hacer el Estado por usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La felicidad es un cuerpo Caribe&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el mundo quiere vivir en un país tan organizado, pero pocos quieren vivir en un país tan aburrido. El dilema se le presentó quizá desde hace mucho tiempo, pero con fuerza decisiva en mayo del año en curso, a Karl Gustav Bauer, un caballero de 45 años que posiblemente se comió la luz roja del semáforo alguna vez en su vida.&lt;br /&gt;Pero en vista de que tal infracción no da tanta nota, y además existe el riesgo de llevarse por delante a otro vehículo y perder el choque, el hombre cogió un catálogo de viajes y destinos turísticos, leyó con mucha atención sobre el temperamento más explosivo y el sol más brillante del mundo, y se topó con el mar Caribe; buscó con atención a ver dónde florecen las mujeres más bellas, y en cierto folleto leyó sobre Venezuela. Hurgó más en el folleto para enterarse del lugar donde las mujeres no paran de mover esa lengua, y entendió que su paseo debía incluir a la isla de Margarita. Qué más se le puede pedir a la vida: sol, música, explosión de colores, mujeres buenísimas que lengüetean hasta dormidas con un zí zí zí zí que en holandés no significa nada, pero en margariteño tampoco.&lt;br /&gt;El hombre llegó a la isla a finales de mayo. Disfrutó un mundo de las playas, enloqueció con alguna que otra morena ocasional y de pronto dio con la tipa que le desmoronó de verdad el aplomo, una chica llamada Esmeralda –el nombre es falso; el COPP no me deja imprimirle más realismo a esta historia–. Con ella aprendió a pronunciar nuevas palabras en castellano que él, un estudioso del idioma, no recordaba haber visto en ningún diccionario: vergatario, empanaecazón, cangrejera. Sobre todo esta última, tan difícil de modular.&lt;br /&gt;Gustav, que tenía previsto permanecer un mes en Venezuela, sacó unas cuentas y decidió quedarse un tiempito más, pues al parecer encontró la forma de comprar mercancía a precios irrisorios y revenderla en varios puntos; la versión es un poco oscura, sólo se cuenta con lo dicho por esta niña, Esmeralda. Se instaló con ella en el aparto hotel Crystal Garden de Porlamar, siguió disfrutando de la apoteosis de sus vacaciones laborales e hizo planes extras con la nena, a quien una vez le comentó lo feliz que era al lado de una venezolana. Esmeralda le respondió que lamentaba decepcionarlo, pero ella no era de Venezuela sino de Colombia. El le preguntó si eso quedaba también en el Caribe, y ella le dijo que sí. Asunto cancelado; la felicidad no es tan específica y puede alcanzarse con cualquier espécimen del Caribe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un solo idioma&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En eso se le fueron las semanas. Gustav y Esmeralda hicieron planes para visitar a Colombia, comprar algunas cosas –testimonio de ella– y luego continuar el paseo en Holanda. El estaba emocionado y con ganas de darle más largo y seguido al viajecito, que bastante placer le había proporcionado. Ella, feliz y con sus documentos en regla. Hasta que llegó el sábado 7 de agosto, y entonces se presentó la intrusa, la que nunca falta.&lt;br /&gt;Esa intrusa venía escondida celosamente en la cacerina de una pistola calibre 3.57, y esa pistola estaba a su vez en manos de un sujeto muy intranquilo, ocupante de una camioneta Grand Blazer. La camioneta penetró en estacionamiento de las residencias Crystal Garden; de ella bajaron dos hombres, entre ellos el inquieto poseedor de la 3.57, y ambos subieron directo a la habitación donde el holandés hacía sus prácticas de lengua –castellana, margariteña, colombiana–. Al llegar a la puerta tocaron y preguntaron por Esmeralda. Ella, sorprendida, abrió para ver de qué se trataba, y muy tarde descubrió que se trataba de un par de pistoleros que la apartaron a un lado, entromparon al holandés y lo hicieron mirar por última vez el cielo de Margarita; la muerte se la causó un impacto en el costado izquierdo.&lt;br /&gt;Hay historias, versiones, hipótesis, conjeturas. La PTJ de Nueva Esparta, muy reservada ella en estos últimos meses, ha dejado filtrar por allí que la Esmeralda, quien resultó ilesa en el lance, es la principal sospechosa. Al menos es la testigo principal del homicidio, y ya esto le dará bastante que hablar en las sesiones con los hombres de la Judicial.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Mundo, agosto 1999, mismo título.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111352524134280059?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111352524134280059/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111352524134280059&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111352524134280059'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111352524134280059'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/el-nico-idioma-de-la-muerte.html' title='El único idioma de la muerte'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111352488507567328</id><published>2005-04-14T20:24:00.000-04:00</published><updated>2005-04-14T20:28:05.080-04:00</updated><title type='text'>La historia semioculta de un caso conocido</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hoy hace exactamente un año tuvo lugar, en la ciudad de La Victoria, una fiesta de ésas que muchos de sus asistentes olvidan apenas se acaba la última cerveza, pero para otros –y para un joven de 22 años en especial– resultó la fiesta de su vida, la inolvidable, aquella cuyo recuerdo ha de sobresaltarlo por el resto de sus horas. Ese día, sábado para más señas, el muchacho se dedicó a responder con sonrisas a las miradas de fuego que desde hacía rato le lanzaba aquella nena, allá en el rincón. El joven de la película trataba de hacerse el indiferente de vez en cuando, pero la muchacha, cuentan, estaba más buena que la maña de pasarle la lengua al plato después de comerse un pollo al horno con puré, y ante semejante hembra uno no puede hacerse el duro por más de diez minutos, por mucho que la vida le haya endurecido los nervios.&lt;br /&gt;De modo que el chamo –no lo olviden: 22 años es justo la edad a la que uno anda por la calle apuntándole a cuanta fiera se asome por esos montes de Venus y de Júpiter– se dejó de estupideces, sacó a la niña a bailar y en pocos segundos quedó sellado el romance, aderezado con el tierno, bucólico fondo musical:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y que no me digan en la esquina:&lt;br /&gt;El venao, el venao,&lt;br /&gt;que eso a mí me mortifica:&lt;br /&gt;El venao, el venao&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo demás vamos a resumirlo en pocas líneas: la chica desapareció como la Cenicienta, antes de la media noche, pero en lugar de un zapato le dejó al chamo una invitación: Dame tu teléfono, papi, y nos vemos mañana. Al día siguiente lo llamó y, fiel a su papel de hembra devastadora y fatal, fijó el lugar de la cita sin aceptar enmiendas o contrapropuestas. El muchacho dijo para su adentros ¡Qué mantequilla!, acudió al lugar como si fuera a encontrarse con Dios. Al llegar, en lugar de la nena quienes estaban esperándolo eran unos tipos demasiado feos que lo sometieron, amordazaron e introdujeron en un carro con destino desconocido para él y para el país, durante 46 días. ¿Quién no recuerda ese caso? ¿O es que la memoria nuestra es tan frágil como para no recordar el secuestro del joven Diego Antonio Sigala?&lt;br /&gt;Luego viene el rescate a manos del inspector de la PTJ Vladilo Polaskaya y las sorprendentes revelaciones y conjeturas que sobrevinieron después, con la captura de los supuestos involucrados en el secuestro –por ejemplo, las relaciones del caso con la explosión del gasoducto en Tejerías (1993), donde murieron 51 personas, entre ellas un hermano de Diego–. Todo lo anterior es más o menos fácil de rescatar del olvido con un esfuerzo mínimo, pero, ¿a quién le suenan, sin salirse del mismo caso, los nombres de Isabel Rodríguez y Manuel José Martínez?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los datos ocultos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de la aparente resolución del caso, ocurrieron –y siguen ocurriendo– cosas relacionadas con éste, algunas de ellas realmente graves, aunque no han sido objeto de la misma gigantesca difusión que el secuestro. Los personajes mencionados arriba, Isabel Rodríguez y Manuel José Martínez, fueron los primeros detenidos como sospechosos del plagio; fueron solicitados además Eduardo Peña La Cruz, Carlos Bastidas y Luis Bastardo, pero en Rodríguez y Martínez recayeron las acusaciones como cómplice y autor intelectual, respectivamente. La primera estuvo recluida unas semanas y luego dejada en libertad, al no comprobársele mayor participación en el asunto. Queda, entonces, Manuel José Martínez purgando el peso de toda la culpa, desde noviembre de 1996.&lt;br /&gt;A los intersticios jurídicos del caso volveremos más tarde; ahora conviene detenerse a revisar algunos hechos, confirmados clínicamente en estudios posteriores y verificados o en proceso de verificación por parte de la Fiscalía. Desde el momento en que fue capturado por la Disip, cerca de la UCV, a Martínez comenzaron a golpearlo con saña, y estén seguros de que eso de “golpear con saña” es un eufemismo necesario para que la sangre no gotee cuando usted levante esta página. En nuestras manos ha caído el testimonio escrito del detenido, así como un informe médico que da cuenta de su estado actual. Creemos pertinente hacer una relación del contenido de ambos documentos.&lt;br /&gt;Antes, una precisión. Pocos días después del rescate de Sigala en una casa de Duaca, estado Lara, un funcionario policial declaró a la prensa nacional que a Martínez lo habían llevado al lugar para que los guiara, cosa a la que éste siempre se negó. Declaró también, con aire triunfal, que para obligarlo a decir algunas cosas habían tenido que “Hacerle un trabajo psicológico y darle unos caramelitos”. Diez meses después ya reposa en la Fiscalía un informe que da cuenta de qué clase de trabajo psicológico y qué clase de caramelos fueron los que recibió el detenido.&lt;br /&gt;El día que fue capturado, Martínez tenía un ataque de migraña. ¿El lector no sabe lo que es migraña? No se deprima por eso, más bien alégrese: sólo los migrañosos sabemos de qué se trata. Confórmese con saber que durante un ataque de migraña uno es capaz de elegir la muerte, si lo pusieran a escoger. Bueno, Martínez fue llevado en esas condiciones a la sede de la Disip en el Helicoide, allí fue desnudado y arrojado en una celda durante unas tres horas, y luego sometido a un interrogatorio de esos que, según uno ha oído y leído, sabían llevar a cabo muy bien los agentes de la Seguridad Nacional: le cubrieron los ojos con una venda, le aplicaron tirro industrial en abundancia y encima de todo esto una capucha que le cubrió el rostro durante varios días. Luego fue colgado de las esposas y embestido por varios hombres con golpes de todas las marcas, colores y modelos. Manuel José Martínez conoció, durante varios días, mecanismos de ablandamiento como la electricidad, el submarino –tome una bolsa plástica, rocíe su interior con insecticida, introduzca la cabeza del interrogado en ella y golpéelo en el estómago durante uno o dos minutos–, el teléfono –ponga la palma de su mano en el oído izquierdo del interrogado; luego, con la otra mano también abierta, golpee violentamente el oído derecho–. En un momento de alguna de esas sesiones decidieron, por fin, interrogarlo. Las preguntas tenían un tono y un contenido muy singulares:&lt;br /&gt;–¿Hugo Chávez está detrás del secuestro de Sigala? ¿Chávez está preparando un golpe militar? ¿Qué vínculos tiene Chávez con la guerrilla colombiana? ¿Cuánto armamento tiene Chávez en su poder?&lt;br /&gt;Está clarísimo que el principal interés de los interrogadores era encontrar a Diego Sigala. Manuel José Martínez, que sabe tanto de Hugo Chávez como yo de los sentimientos de Pamela Anderson, respondió negativamente a todo, cosa que le valió la recepción de otro saco de caramelitos de la marca que ya ustedes saben.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Actúan los fiscales&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mañana cualquiera, a Manuel José Martínez lo bajaron de los ganchos en que lo tenían colgado, lo lavaron, lo peinaron y le advirtieron: Cuidadito con lo que vas a decir, allá afuera hay una gente de la Fiscalía que quiere verte. Los fiscales ordenaron su traslado a la medicatura forense de Bello Monte y le preguntaron, mientras lo miraban por encima sin tocarlo siquiera, cómo lo habían tratado, cosa a la que Martínez respondió con lujo de detalles. Los fiscales tomaron nota en una libreta, y entonces actuaron: le dieron una palmada en el hombro a Martínez, le dijeron adiós, lo entregaron nuevamente a sus captores y no regresaron jamás, su labor había concluido. Hay que ver lo que se esfuerza alguna gente para cobrar un sueldito que le garantice el miserable plato de espaguetis con sardinas de todos los días.&lt;br /&gt;Por supuesto que después de la actitud del detenido, las autoridades, en agradecimiento, le propinaron su ración extra de golpes, teléfonos y submarinos. Un ligero cambio se operó, sin embargo, quizá por la autoridad que inspira la gente de la Fiscalía: ahora no lo colgaron por las muñecas sino por los tobillos, y ahora no se limitaron a golpearlo sino que arremetieron contra él por la parte del cuerpo que es preciso cuidar para mantener sin mácula la hombría. La palabra “violación” aparece varias veces en el expediente que maneja el Ministerio Público. Luego, lo trasladaron a la sede de la PTJ en La Victoria, donde lo dejaron dormir, esta vez sin colgarlo, por primera vez en nueve días.&lt;br /&gt;Al día siguiente –continúa el testimonio– lo llevaron vendado y encapuchado a un lugar que, de acuerdo con los sonidos que percibía, era una fábrica o una zona industrial. Allí le dieron otra ración de lo mismo y continuaron con el interrogatorio, destinado exclusivamente a averiguar el paradero de Diego Sigala:&lt;br /&gt;–¿Qué militares están conspirando con Hugo Chávez? ¿Cuántas veces se ha reunido con la guerrilla colombiana?&lt;br /&gt;Nueva negativa de Martínez, nuevo tour por el dolor, ahora bajo las aguas de un río cercano en el que fue sumergido varias veces, luego sacado, revivido, normalizado su pulso por medio de técnicas paramédicas y vuelto a sumergir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que viene&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez satisfecha la curiosidad de la mayoría de los consumidores de noticias, a Martínez lo trasladaron a la cárcel de Alayón, donde, según él mismo relata, le han dado un trato “humano”, es decir, lo han tratado de cualquier forma que no sea la anterior. Pocos meses después de habérsele dictado un auto de detención como autor intelectual del secuestro, un tribunal superior penal estudió la apelación y cambió la calificación: ahora está preso por complicidad, con lo cual la pena debería serle rebajada.&lt;br /&gt;En cuanto a su condición clínica, el informe de los especialistas del centro de Alayón revela que sufre de severos daños psíquicos y la recomendación es recluirlo en un lugar que cumpla con las condiciones mínimas para garantizar su recuperación. Esto ocurrirá algún día, cuando la División de Medicina Legal de la PTJ, en Bello Monte, certifique el contenido que aquel informe. Y esto, a su vez, ocurrirá si en Bello Monte deciden obviar que en la PTJ de La Victoria a este hombre se le aplicó también –¿recuerdan?– el respectivo tratamiento con caramelos. Tigre no come tigre.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Nacional, septiembre de 1997, con el mismo título&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111352488507567328?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111352488507567328/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111352488507567328&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111352488507567328'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111352488507567328'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/la-historia-semioculta-de-un-caso.html' title='La historia semioculta de un caso conocido'/><author><name>JRD</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18119601934974051334</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='27' src='http://1.bp.blogspot.com/-jnXons2X3eY/TxHjtOZhtMI/AAAAAAAABHM/48gSqnp8zA0/s220/jrd3.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11778710.post-111352460911142036</id><published>2005-04-14T20:14:00.000-04:00</published><updated>2005-04-14T20:23:29.116-04:00</updated><title type='text'>Rumbo a Las Ánimas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Club Social Colombo-Venezolano es un nombre que suena a espacio para el encuentro cordial, el diálogo constructivo, la hermandad y todas esas cosas propias del buen vivir y el convivir. Pero, por razones muy injustas y lamentables de la xenofobia que carga implícita nuestro lenguaje cotidiano, el que un lugar sea llamado, por fuerza de la costumbre, El Club de los Colombianos, ya lo remite a uno a otra cosa bien distinta. Cuando un lugar pasa a llamarse así las partidas amistosas de dominó se convierten en truco y ajilei, los buenos modales en brinco y puñalada, y las jornadas de beneficencia en certámenes de piña y berracura donde el que tiene mejor suerte sale con cuatro dientes menos y una ceja partida en tres. El ejemplo no es abstracto; en el barrio Primero de Mayo de Maracay queda ese fulano Club de la fraternidad binacional que en boca de las masas es conocido simple y llanamente como el perro Club de los Colombianos.&lt;br /&gt;El sitio, como puede cualquiera imaginarse, tiene sus asiduos comensales, sus visitantes de ocasión y los transeúntes que llegan una vez y se retiran despavoridos al primer intercambio de botellazos. Entre los asiduos se encontraba Douglas José Martínez González, 21 años, muchacho inquieto y un poco difícil de carácter. La Policía del estado Aragua asegura que el expediente del joven registra antecedentes por drogas y robo. Un hermano suyo, de nombre Juan Carlos, es un poco menos inquieto y su expediente no está manchado, pero también le gustaba el agite propio del Club de los Colombianos, lo cual ya dice mucho de su visión del mundo. Meter a un joven impoluto en el Club de los Colombianos es como remojar una galleta óreo en un vaso de aguardiente de cocuy El Jirahara —48 puntos de grado alcohólico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El guardián&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con ese par de niños traviesos a su cargo debió lidiar la señora Gloria Martínez, la madre, en su casa ubicada en el barrio Las Animas de Palo Negro, desde toda la vida. No es que le molestara la condición de muchachos duros que se les había formado en el pellejo a los chicos (total, eso viene a ser una condición vital en ciertos sectores de las ciudades en crecimiento), pero sí la atacaba cierto escalofrío de alerta cada vez que uno de los hijos le decía que iba a estar en el Club de los Colombianos.&lt;br /&gt;El domingo 29 de noviembre fue uno de esos días propicios para el escalofrío: Douglas José se calzó la pinta de costumbre, se puso pachuco, ensayó unos pasos de baile y le dijo a doña Gloria que iba para allá, donde ya sabemos. El estaba ya muy grandecito para que la madre viniera a negarle el permiso, así que la señora Martínez lo tomó como una notificación y lo vio partir con el desenfado de los muchachos que no le temen a nada.&lt;br /&gt;Pero los nervios, el sexto sentido de las mujeres (sobre todo de las madres) son una cosa seria, así que a eso de las doce de la media noche la señora Gloria no soportó la tensión de la ausencia del joven Douglas, y tomó una decisión: decirle a Juan Carlos, el otro hijo, que por favor fuera a buscarlo. Juan Carlos ya estaba durmiendo cuando la madre lo abordó.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Hijo, anda a buscar a tu hermano, que me tiene preocupada.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;-Negativo. Estoy durmiendo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Es que creo que le ha pasado algo, insistió la madre.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;-El se puede cuidar solo. Ya es un hombrecito.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;-Pero es que está en el Club de los Colombianos.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Juan Carlos saltó como un resorte, se puso una ropa medio simpática ahí a la velocidad de Frijolito, se desperezó, se perfumó y salió a la calle, no sin antes recordarle a la madre lo dispuesto que estaba siempre a satisfacer sus deseos.&lt;br /&gt;-Para mí es un honor ir en busca de Douglas, le dijo.&lt;br /&gt;Y se marchó, ya sin sueño, a cumplir su rol de fiel guardián.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Todos lo vieron;&lt;br /&gt;nadie lo ha visto&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Juan Carlos cumplió con su cometido, por supuesto, después de respirar un poco el aire del Club, tan caro a sus sentidos. Estuvieron allí un rato más y luego salieron a la calle rumbo a su casa, acompañados por un par de amigos a quienes también les gusta la guachafita, el vallenato y las barranquilleras. Tomaron la calle Ricaurte e iban directo al barrio Las Animas, cuando de pronto apareció frente a ellos el Malibú, el bendito Malibú fantasma que un trío de testigos dice haber visto, pero de cuyas placas y demás señas nadie se acuerda.&lt;br /&gt;Del automóvil salió un sujeto que no le permitió reaccionar a nadie: quietos ahí y plomo con ellos, como quien dispara contra una bandada de jabalíes. Juan Carlos cayó primero, con una bala en el intercostal derecho; a Douglas José lo fulminó un disparo en la región axilar del mismo lado; Jairo garcía, uno de los acompañantes, resultó herido en un brazo y en el tórax, y a un cuarto joven le dio tiempo de pegar el carrerón del siglo y desaparecer del mapa del estado Aragua. Al terminar su faena, el matador montó en el vehículo y en él se marchó; había otros tres ocupantes en el carro.&lt;br /&gt;La Policía de Aragua llegó poco después del tiroteo y acordonó el lugar. Lo acordonó tan bién que no le permitió a los familiares de Douglas José y Juan Carlos se aproximaran a ellos para intentar algo por sus vidas. El asunto es que Juan Carlos aún se movía y convulsionaba al llegar sus familiares, pero para efectos del operativo policial la zona debía ser despejada y el muchacho falleció en mitad de la calle.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Y la ambulancia? ¿Hay ambulancias en Maracay? Sí, les aseguramos que las hay. ¿Y por qué llegaron dos horas después de haber sido solicitadas? Bueno, cuando una situación de estas va a terminar mal termina mal y fuera, no hagan preguntas tan candorosas y pregúntense más bien por qué, cuando a los investigadores se les pregunta cuán hondo van a investigar, ellos responden: “Ese es un pase de factura”. Como si por esa causa ya no hubiera nada que hacer.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El Nacional, diciembre 1998; no conservo el título original con que fue publicada.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11778710-111352460911142036?l=guerranuestra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guerranuestra.blogspot.com/feeds/111352460911142036/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11778710&amp;postID=111352460911142036&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111352460911142036'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11778710/posts/default/111352460911142036'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guerranuestra.blogspot.com/2005/04/rumbo-las-nimas.
